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Lejos de África son las memorias
que la Baronesa Karen Blixen escribió poco después
de verse obligada a abandonar su granja en Kenia, debido
a la caída del precio del café, tras 17
años de regentarla. Este período de tiempo,
de los 29 a los 46 años (1914-1932), marca su
existencia por el resto de sus días. África
pasa a ser parte de ella y ella de África. A
través de este libro dará a conocer en
la primera mitad del s. XX en el “mundo civilizado”
una nueva visión, mucho más romántica,
del viejo continente africano, de sus gentes, de sus
paisajes y de su naturaleza salvaje. Pero también
muestra, en calidad de pionera, cómo varió
durante esas dos décadas el país, con
la llegada cada vez más abundante de europeos,
quienes tomaban siempre posiciones de poder y superioridad
frente a la población nativa.
Ella misma sufre cambios durante estos
17 años y nos deja vislumbrar su evolución
personal. En el momento de la partida, el conocimiento
de sus sirvientes, que conviven con ella y forman su
familia, es tan profundo como las diferencias culturales
y educacionales que los separaban a su llegada al país.
Sus deseos de poseer la naturaleza africana la movían
a salir de safari frecuentemente para llevar a cabo
su mayor pasión, cazar leones.
Este sentimiento se torna en los últimos años
en un anhelo por contemplarlos en libertad y ataca firmemente
la captura y el transporte hacia Europa de diferentes
especies (jirafas, leones, flamencos,…) camino
de los zoológicos que se convertirán en
sus celdas, si es que consiguen llegar a su destino
con vida. Reconoce su gratitud a su querido amigo Denys
Finch-Hatton por permitirle el mayor placer de su vida
en la granja: volar con él sobre África
y observar su grandeza.
No olvida mencionar el poder de atracción
que poseía su casa tanto sobre sus aparceros
en la granja como sobre sus amigos, para los que suponía
un lugar de descanso obligado en el camino. Así,
su casa se convierte en un personaje más en su
vida, por sus reuniones, sus cenas, sus visitantes,
su mobiliario y todo lo que este espacio supone.
El encanto de Lejos de África
y de Isak Dinesen radica en su maravillosa narración.
Destila melancolía; alegría y goce del
que sabe que ha disfrutado de la vida, de aquel que
ha sido feliz; y sobre todo la intensidad de los sentimientos.
Lo destila como vapores que te atrapan y te hacen viajar
a Kenia y ser parte de la lectura, de su vida.
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