| Este
pequeño libro recoge cuatro historias de derrota
durante la guerra civil. Son cuatro relatos que remueven
el alma y que desprenden la hiel y el sufrimiento de
los perdedores. La derrota trasciende de la mera pérdida
de la batalla, incluso del sustento ideológico
que la justifica. Es una derrota vital, que arruina
proyectos de vida en una España que no se asomará
a la paz, a la justicia y a la libertad durante mucho
tiempo. Los personajes lo saben, conocen al enemigo
y experimentan el inicio de la represión brutal
que sucedió a la victoria franquista. De ahí
su actitud de derrota sincera, que se traduce en una
espeluznante pérdida del instinto vital.
La virtud del libro y por tanto de
su autor, Alberto Méndez, es que para transmitirnos
ese horror, esa pérdida de libertad irreparable
para este país, lo hace sin necesidad de darnos
una clase de historia o de abundar en datos o estadísticas.
Méndez personifica la derrota en cuatro hombres
y lo hace con una fuerza narrativa contundente, jugando
con estilos diferentes con una gran riqueza léxica,
al servicio siempre de la expresión del sufrimiento.
La sensación de derrota comienza en el alma de
estos hombres capaces de predecir el alcance de la tragedia,
que no ha hecho más que comenzar con el fin de
la guerra, por la visión de un futuro cierto
y desolador.
Un capitán del ejército
nacional que se rinde al darse cuenta de que su ejército
no quiere vencer, sino exterminar al enemigo. Un joven
poeta atrapado junto a su mujer y su hijo recién
nacido en montañas santanderinas de camino al
exilio. Un preso que inventa la muerte heroica del hijo
de un oficial fascista, para prolongar su vida, como
en las mil y una noches. Un relato final de la angustia
de una familia en la que el hombre, antiguo profesor
de instituto, vive escondido para no ser apresado por
los vencedores. Estos son los cuatro nombres propios
que ilustran la tragedia de la victoria del dictador
y de la brutal represión que desplegó
en los primeros años de su mandato. Historias
que acaban por entrecruzarse porque son parte de un
mismo puzzle, de un ambiente plomizo común, pero
que por sí mismas contienen una fuerza inusitada
y que hacen de Los Girasoles Ciegos un libro único,
estremecedor y bello a pesar del dolor que encierra.
Alberto Méndez publicó
ésta, su única obra, poco antes de morir.
Después fue galardonado a título póstumo
con el Premio Nacional de Narrativa en 2005 por Los
Girasoles Ciegos. Un premio sin duda merecido. Lástima
que no podamos disfrutar más de esa pluma deliciosa
y preclara.
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