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SPANYA S.A
Miquel Silvestre (Ediciones Barataria)

Un escarabajo arropado por la bandera nacional, el capital revestido de patriotismo, la patria convertida en una Sociedad Anónima. La portada de la nueva novela de Miquel Silvestre nos aporta mucha información de lo que vamos a encontrar en el interior. Sólo nos resta por conocer el contexto de esta fábula política en el que nos trasladamos a un futuro, como siempre no muy lejano y marcado por el cambio climático, en el que en el éxtasis del liberalismo, la economía de mercado ha convertido a los estados en empresas y a los ciudadanos en accionistas. Es la Gran Transformación.

En ese contexto nuestro país se ha convertido en el gran basurero de una de las multinacionales que dominan el mundo. Y el mundo vuelve a estar dividido entre parias poseedores de una única acción y una privilegiada clase dirigente. Con estas premisas Miquel hace desfilar a una galería de personajes extraños, con intenciones aviesas y marcadas por un fin predestinado en un mundo en el que el capital no deja nada al azar. Como diría nuestra querida Bruja Avería, “viva el mal, viva el capital”.

Los personajes son el eje central de la novela y por eso el esfuerzo para su creación es notable. En el estercolero que se ha convertido nuestro país podemos encontrar mutantes en plan “Super Yoni”, escarabajos alienígenas con alma de poeta, violentas promesas frustradas de narcodeportistas, fascistas de nuevo cuño, adictos a la polución, profesores convertidos en líderes callejeros y al Gran Transformador, mantenido con vida artificialmente durante siglos. Una galería nada desdeñable de personajes que nos ayudan a tener una visión completa de esta fabulación.

Todas esas premisas configuran el tablero de Spanya SA, una novela en la que también hay influencia del cómic, detalles que recuerdan a Acción Mutante y por supuesto a las grandes novelas de Huxley y Orwell. Todo pasado por el particular tamiz de Miquel Silvestre, de su querencia por lo raro y de su escepticismo que le convierte en un irónico vocacional. Su prosa sigue siendo rica y ágil, al servicio de una imaginación fértil, apta para abordar una novela tan arriesgada como ésta, que tiene el aroma concentrado de muchos ingredientes de platos distintos, que al final acaban por configurar un guiso especial.

Todo parece un sueño, como en la obra de Calderón en la que se confrontaba libertad y destino, sueño y realidad. Aquí también hay Segismundos, bueno, Mundos Segis, y por tanto está presente la preocupación por los temas universales que siempre nos han atribulado, sólo que con un envoltorio diferente, en el que además nos podemos esparcir un rato sin perder de vista la el trasfondo y moraleja que toda fábula posee. Y esta no es una excepción.


Daniel Vega