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TOKIO BLUES (Norwegian Word)
Haruki Murakami (Tusquets Editores - Colección Andanzas)

Creo que Tokio Blues es el primer libro de un autor nipón que leo. Reconozco que soy lego o un ignorante de la cultura japonesa. Mi mayor acercamiento ha sido a través del cine y poco más. Supongo que esto es fruto de un prejuicio cultural involuntario y sin mucho sentido, más aún cuando Haruki Murakami demuestra que lo de la globalización no es un verso, sino una realidad que se ha gestado durante décadas, o quién sabe, incluso siglos. La novela comienza con el atribulado protagonista ya adulto, metido en un avión y recordando su adolescencia cuando escucha Norwegian Wood, la canción de los Beatles que sirve de subtítulo a la novela. Watambe podía haber sido entonces, sueco, inglés, americano o ibicenco.

La novela tiene por tanto un sesgo occidental, algunos dirían universal, con escasas referencias a Japón, más allá de su geografía, gastronomía y ciertos hábitos de sus protagonistas. Consideraciones culturales a parte, Tokio Blues es una historia agridulce que explora los sentimientos del protagonista con la perspectiva del paso de los años. Sentimientos potenciados por un alma adolescente atribulada por situaciones extraordinarias que vive su entorno íntimo. Watambe no deja de ser un chico normal, lacónico, sincero, en pleno proceso de cambio en gran medida por los problemas de las chicas a las que ama. Watambe se convierte así en el único sendero por el que transcurre la novela, no hay caminos paralelos, ni historias al margen, sólo las del protagonista y las de las misteriosas ninfas a las que ama. Si nos preguntamos entonces porqué la novela se ha convertido en un auténtico best seller, una razón es la prosa de Murakami, que cultiva con un estilo directo, ágil, utilizando siempre frases cortas y certeras, con las que poco a poco nos va haciendo participes de las frustraciones de Watambe, de sus dudas, del agitado periplo vital que experimenta en su adolescencia. Quizás también nos atraiga porque el libro parece a veces una sucesión de atractivas postales del sufrimiento amoroso, alternadas con otras llenas de sensualidad y con la ciudad de Tokio de fondo, una ciudad que recuerda a esas instantáneas de las calles de Nueva York o París donde parece que afloran con más facilidad complicadas historias amorosas.

Pero tampoco hay que olvidar que se trata de una crónica de los años que cambian definitivamente a una persona, una imagen poderosa a la que estamos acostumbrados en la literatura, pero que no deja de atraernos. Watambe es víctima de las enrevesadas historias de sus seductoras amadas y desde el principio se tiene la sensación de que todo lo que le ocurre en la novela supone un paso en esa metamorfosis que desembocará en ese Watambe trajeado y absorto que viaja en un avión años después. En ese sentido, las alusiones musicales del título y subtítulo de la novela son más que acertadas. Lo que encontramos en este libro es la balada de un hombre al que el amor le cambia para siempre.