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TREN NOCTURNO A LISBOA

Pascal Mercier (El Aleph Editores)

Como decía Sabina en un célebre concierto, cuando él era más joven, “los trenes eran esos animales mitológicos que simbolizaban la huída, la fuga, la vida, la libertad”. Quizás se pudiera aplicar esa percepción al protagonista de esta novela, al profesor Gregorius que sufre una metamorfosis interna menos “kafkiana” que la de su homónimo literario, pero metamorfosis a fin de cuentas. Un cambio imprevisto, sorpresivo e intempestivo que impulsa al profesor de griego a dejar toda su vida en Berna para coger un tren y dirigirse a Lisboa.

El arranque de la novela de Pascal Mercier es fantástico, arrebatador, pero lo que parecía convertirse en una historia preciosista de cómo un hombre cambia y es capaz de perseguir un sueño etéreo, se convierte en un relato literario de primer orden que a la par incluye interesantes reflexiones filosóficas. La historia de Gergorius cede foco a la de Amadeu Prado, autor de un diario que cae en las manos del profesor y cuya vida se convierte en una obsesión para él, hasta tal punto de seguir su rastro por la ciudad lusitana. Nos encontramos por tanto ante un apolillado profesor de instituto, un personaje de apariencia grisácea que de repente se convierte en un ávido e intrépido investigador de la vida de Amadeu, médico aristócrata de vida interior atormentada.

La inmersión en la vida de Amadeu a través de los testimonios de las personas que vivieron con él, pero sobre todo a través de sus propios escritos, aportan esa parte de reposada reflexión filosófica de alguien cuyo potencial intelectual le lleva a reflexionar y plasmar en papel las cuestiones que le atormentan. En este sentido, la novela es un compendio de grandes cuestiones planteadas por el ser humano y que son difíciles de responder: “¿Es el alma un lugar de hechos fehacientes? ¿O son los supuestos hechos únicamente la sobra falaz de nuestras historias?”;”¿Es cierto que todo lo que hacemos surge del miedo a la soledad? ¿Es por eso que renunciamos a todas las cosas de las que nos arrepentiremos al final de la vida? ¿Es ése el motivo por el cuál decimos tan pocas veces lo que pensamos?”...

El deleite por la buena literatura que despliega Mercier se complementa con la reflexión a la que nos lleva sus dudas sobre la existencia. Mientras experimentamos esa evocación romántica del viaje en tren, mientras disfrutamos con la expresión de la belleza y singularidad de Lisboa, mientras acompañamos gustosos a Gregorius en las indagaciones sobre la vida de Prado, a la vez nos preguntamos sobre la soledad, el alma, el sentido de la vida.

El periplo de Gregorius tras los pasos de Amadeu atrapa al lector al que le seducen historias interesantes y bien contadas, pero también a los lectores inquietos a los que, como a estos protagonistas, les asaltan dudas filosóficas de manera natural cuando reflexionan sobre la vida. Esa cercanía es la que hace de “Tren Nocturno a Lisboa” un libro especial, hecho para ser degustado con sosiego y capacidad de reflexión.

Daniel Vega