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“Tres manos en la fuente” es el noveno título
de la serie creada por Lindsey Davis. Su protagonista,
Marco Didio Falco, debe investigar los asesinatos de
mujeres acaecidos en la ciudad de Roma, y las únicas
pistas de las que dispone son los miembros amputados
de las víctimas.
No es la primera ni la última,
sino la décima de las cerca de veinte novelas
con las que Lindsey Davis nos deleita con su estilo,
su conocimiento minucioso de la antigua Roma, y unas
tramas bien construidas.
El estilo fresco que su autora imprime
en la narración, tanto en los diálogos
como en las descripciones, en el retrato de los personajes
centrales y habituales de las historias y en las relaciones
entre todos ellos, convierte a estas novelas en un ejemplo
de lectura divertida y de calidad.
Destaca asimismo la forma en que la
autora ha transmitido los conceptos corrientes de la
época (los esclavos, el circo romano, las legiones,
la superioridad romana), no con una mentalidad crítica
desde la perspectiva moderna, sino con el sentido de
lo cotidiano.
Así para Falco y los demás
es normal la celebración de los Juegos Romanos
o los Juegos en honor de Augusto, con espectáculos
de fieras y gladiadores, o el empleo de los esclavos
para todo tipo de trabajos.
Por otro lado, Lindsey Davis hace uso
de un lenguaje moderno combinado con conceptos modernos,
en expresiones como “Vete al Hades”.
Nos encontramos en la década
de los años 70 D.C., y Vespasiano acaba de estrenarse
como emperador, tras el año de los Cuatro Emperadores
y la consiguiente crisis de poder en Roma. Una vez superados
los excesos de Nerón, Vespasiano impondrá
su época de sobriedad.
El propio Falco, ciudadano romano,
ex-legionario, investigador, informante, y ocasional
dramaturgo y poeta, relata en primera persona, con un
tono irónico e incluso ácido, las conspiraciones,
los asesinatos, el contrabando y los chantajes, que
son algunas de las tramas en las que el protagonista
se ve inmerso, acompañado de su inseparable Helena
Justina.
La autora británica nos acerca por los dominios
del Imperio, desde Britania hasta Siria o el reino Nabateo
(actual Jordania), pasando por Germania e Hispania.
Pero sobre todo destaca el detalle con el que la autora
nos describe la ciudad de Roma, sus calles, los templos,
foros, termas, edificios de apartamentos, los barrios
ricos y los barrios pobres, el Tíber y sus inmediaciones,
los palacios de los emperadores, así como la
zona de la Campiña o la bahía de Nápoles,
introduciéndonos en una época fascinante,
aquélla en que Roma fue la dueña del mundo.
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