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Cuando uno
ya creía que esto no
iba a ser posible, por fin,
sucedió. Después
de cuatro años, Amon
Amarth regresaron a la capital
de España, y lo que es
mejor, para encabezar su propio
show. Como consecuencia de una
actuación en un festival
catalán, aprovecharon
el fin de semana para bajar
a Madrid. Era rara su situación
porque en Europa son una formación
consolidada. En particular,
países como Alemania
los tienen en un pedestal y
sólo hace falta ver su
DVD para comprobar la cantidad
de gente que son capaces de
reunir. Además, ellos
deberían tener (aunque
fijo que no se acuerdan) una
espinita clavada porque su anterior
visita, en aquel tour con Vomitory,
Callenish Circle, Sins Of Omission
y Arise, no me convencieron
porque únicamente estuvieron
tres cuartos de hora encima
de las tablas de Ritmo y Compás.
No es que esperase
masas ingentes y colas que doblaran
la manzana pero no más
de una treintena de metaleros
aguardaban la apertura de puertas
en Copérnico. Posteriormente
la cosa cambió ya que
los fans fueron entrando con
cuentagotas hasta que la sala
presentó, antes de la
salida de los suecos, un aspecto
importante, no tanto como en
otras naciones del viejo continente,
pero sí lo suficientemente
caldeado para que los asistentes
pasáramos calor.
Los gallegos
Dark Embrace fueron elegidos
como teloneros. Ante una audiencia
escasa y muy fría saltaron
al escenario con ganas de agradar
pero a mí se me hicieron
infumables. Hay que loar la
variedad de su música.
En un tema son black metal con
melodías, al siguiente
meten pasajes death y en algún
otro llegaron a asimilarse al
doom con una estructura lenta
y oscura. Sin embargo, hubo
dos situaciones que acrecentaron
mi mala sensación. Ante
todo, sus composiciones. En
general bastante largas, considero
que no llegaban al nivel mínimo
exigible en este tipo de grupos.
Si dura tres minutos, no hay
demasiado problema, pasa rápido,
pero si dura siete, aquello
se te hace interminable. Pero
también hay otra razón
y es que no me gusta nada la
voz de Oscar Asunder, me produce
rechazo. No digo que cante mal
o que no tenga presencia escénica,
todo lo contrario, sencillamente
no me entra.
En los casi
cuarenta y cinco minutos de
actuación desgranaron
gran parte de su debut, “The
rebirth of darkness”,
y terminaron con una, en mi
opinión, lamentable versión
del “Creeping death”
de Metallica, justo lo que faltaba
para darme la pobre impresión
que me quedó. A lo mejor
no estuvieron inspirados pero
creo que mi problema es que
no conecto con su propuesta
a diferencia de otros compañeros
de región como Unreal
Overflows o Kathaarsis. Y eso
que Dark Embrace han sacado
el disco en la alemana Armageddon.
Para ser una
banda de metal extremo, la expectación
que había en los momentos
previos a la salida de los vikingos
era máxima. La gente
se agolpaba en las primeras
filas y mostraba su desencanto
cuando caían los minutos
y el quinteto no salía.
Después de más
de media hora, y al son de la
introducción, Amon Amarth
aparecieron en Copérnico
de la mano de “Valhalla
awaits me” que abre su
última entrega “With
Oden on our side”. El
sonido estaba excesivamente
alto llegando a crear una bola
que se corrigió paulatinamente
si bien durante estos compases
iniciales las voces del enorme
Johan Hegg quedaban muy en segundo
plano. Ellos se presentaron
con los instrumentos y su actitud,
ni telones ni vikingos peleando
ni otros aderezos.
El quinteto
de Tumba es otra de esas formaciones
que gustan de presentar sus
nuevos discos con profusión
sabedores de que, si bien cada
seguidor tendrá su favorito,
la mayoría considera
que la carrera de Amon Amarth
siempre se ha mantenido en unos
parámetros de calidad
muy elevados. “Runes to
my memory” provocó
otra demostración de
fervor de un público
entregado que vibró con
“Death in fire”,
una de las múltiples
referencias a “Versus
the world” donde, ya sí,
pudimos deleitarnos con las
excelentes melodías y
riffs de Olavi Mikkonen y Johan
Söderberg.
Con “With
Oden on our side” y, sobre
todo, con la magnífica
“Asa Tor” quedó
demostrada la gran acogida de
su material más actual
ya que no había diferencias
entre el entusiasmo experimentado
en el público en estas
o en joyitas tipo “The
sound of eight hooves”
o la bestial “For the
stabwounds in our backs”,
que ha sido recuperada en el
repertorio gracias a “Wrath
of the norsemen”, su triple
DVD. El momento para el desarrollo
épico llegó con
“Fate of norms”
a pesar de que estaba convencido
de que sería “Versus
the world” la protagonista
porque es uno de los tres mejores
cortes de Amon Amarth y lo dejaron
en el cajón guardado.
Hablando de preferidas, el único
punto negro a una noche casi
inmaculada fue la interpretación
de su clásico de “The
avenger”, “Bleed
for ancient gods”, un
tanto acelerada y sin darle
la atmósfera de batalla
que crearon en estudio. Además,
no es la primera vez que les
pasa en este corte concreto.
No obstante, si de esto es de
lo único que me puedo
“quejar” es que
el concierto funcionó.
Bueno, también podríamos
utilizar la ya manida descompensación
en el repertorio pero es algo
con lo debemos convivir quienes
conocimos cuando empezaban a
grupos emergentes o recientemente
consolidados.
“An ancient
sign of comino storm”
siguió con la caña
imparable y con un Hegg al que
sólo le faltaba el hacha
y los cuernos exhibiendo su
barba y el torso desnudo. “Where
the silent gods stand guard”
cosechó vítores
y aplausos por doquier y “Cry
of the black birds” fue
la referencia última
a “With Oden on our side”.
Llevaban un poquito más
de una hora cuando Johan se
mostró agradecido por
la tremenda acogida del público
madrileño y dio pasó
a la despedida, cómo
no, con la inquebrantable “Victorious
march”, el himno por excelencia
de los suecos y la audiencia
botando y cantando como si la
conquista de Lindisfarne les
fuera en ello.
Cuando regresaron
a escena, volvieron a destacar
la entrega de sus seguidores
y atacaron el único bis
de la noche, “Pursuit
of vikings”, quizá
su tema más accesible
y el que definitivamente les
abrió las puertas a otra
división más elevada
del metal en sitios como Alemania.
No sería la que yo elegiría
para cerrar pero comprendo que
lo hagan. Casi ochenta minutos
es tolerable para un grupo de
sus características porque
puedo asegurar que fueron bastante
intensos. Sin pedir demasiado
se podían haber estirado
un poco más y regalarnos
“Versus the world”
que era ansiada por la mayoría.
Como veréis no pido el
cielo (o el Valhalla en este
caso) ni canciones de “Sorrow
through the nine worlds”
o “Once sent from the
golden hall” sino algo
más tangible y factible.
En cualquier caso, ningún
reproche a una actuación
que calificaría, cuanto
menos, de notable.
Diría,
para concluir, que no os los
perdáis en la gira de
otoño con Dimmu Borgir
pero no será igual porque
allí ejercerán
de teloneros. Ojalá que
no pasen tantos años
para que puedan encabezar de
nuevo un show en estas tierras,
tan alejadas de la esfera vikinga
pero tan cercanas en el caluroso
recibimiento que les dispensaron
en esta velada. Estoy convencido
que ellos quedaron satisfechos.
Nosotros también.
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Amon Amarth

Dark Embrace

Amon Amarth


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