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¡Nos
vamos a tener que hacer un calendario!.
Esta frase es la más
repetida últimamente
entre muchos de los aficionados
al metal de la capital en todas
sus vertientes gracias a la
cantidad (y calidad) de conciertos
que podemos degustar. A veces
uno piensa que están
un poco mal repartidos ya que,
por ejemplo, llevábamos
dos semanas parados y en una
se han concentrado hasta seis
actuaciones de relumbrón.
Y claro, eso puede suponer coincidencia
como pasó este día
que cerraba el mes más
corto del año. Por un
lado House Of Lords y por el
otro la descarga que nos ocupa.
A la banda de James Christian
la habíamos visto dos
veces en los últimos
ocho meses por lo que decidimos
centrarnos en la presentación
de “Aurora consurgens”,
la nueva obra de Angra, y, sobre
todo (por lo menos yo), en los
excelentes Firewind. Como aperitivo
probaríamos a los británicos
Powerquest.
Como bien en
sabido por el público
madrileño, los conciertos
en sala parece que los hayan
programado los Lunnies aunque
entre semana esto se agradece.
Sin embargo, cuál sería
mi sorpresa que a las ocho de
la tarde ni tan siquiera se
habían abierto las puertas
colgando de ellas un cartel
que rezaba: “El concierto
comenzará tarde por razones
técnicas”. Mal
presagio. La cola formada tampoco
era descomunal lo que no hacia
prever una entrada de gala,
algo que no me cogía
de sorpresa, baste recordar
la anterior visita de los brasileños.
Faltaba un
cuarto de hora para las nueve
de la noche cuando, por fin,
se permitió el acceso
a Copérnico. Según
bajamos las escaleras y entramos
a la sala propiamente dicha,
observamos que el cableado y
los micrófonos estaban
aún sin colocar. A toda
prisa los técnicos adecentaron
un poco las tablas para que
saltaran Powerquest. Sinceramente,
es una banda de la que oí
hablar mucho pero que no me
había acercado a ella
debido a la falta de interés
en el estilo que practican.
Surgieron de la disgregación
de Dragonheart (la banda que
se convertiría en Dragonforce)
si bien Powerquest optaron por
el europower metal más
ortodoxo frente a los solos
frenéticos de Herman
Li y Sam Totman. Por lo tanto,
por mucho que no estuviera familiarizado
con su música sabía
lo que me iba a encontrar, dragones,
fantasían, melodías
felices, agudos...
Efectivamente,
entre un sonido deficiente el
quinteto de Southampton le echó
ganas entre una parroquia que
sin conocer sus canciones sí
que les dio una calurosa acogida.
Se notaba que la gente tenía
ganas de conjuntos en vivo porque,
generalmente, la indiferencia
hubiera marcado su actuación.
Esto implicó que la formación
inglesa lo diera todo si bien
su propuesta me parece atávica,
aburrida y, hasta cierto punto,
mediocre. Los descendientes
de italianos, Alessio Garavello
y Andrea Martongelli, son los
que manejan el cotarro en Powerquest;
el primero toca la rítmica
y es un vocalista correcto,
sin más; en cuanto a
Andrea no me parece la panacea
como guitarrista pero sí
que efectuó algún
solo decente como en “Magic
never dies”, en mi opinión
la más destacada de las
cuatro composiciones que interpretaron,
escaso bagaje para desgranar
cuatro cd´s, en particular
su inminente “Master of
illusion”.
Ya digo que
en aproximadamente veinticinco
minutos no hubo demasiado lugar
al desencanto pero la verdad
es que no me dijeron nada, ni
tan siquiera la final “Neverworld”,
su canción emblema que
les despidió de un cariñoso
público que, parece,
quedó satisfecho con
lo que allí acaeció.
Supongo que será una
cuestión de gusto. Voluntariosos
sin más.
Reconozco que
si Firewind no hubieran estado
anunciados probablemente habría
terminado en Ritmo y Compás
con House Of Lords (que, por
cierto, creo que al menos en
Barcelona hicieron un play back
de escándalo) pero en
el último año
mi amor por la banda de Gus
G. ha crecido exponencialmente.
Quizá sea su último
“Allegiance” el
álbum que menos me ha
impactado pero su debut “Between
heaven and hell” y “Forged
by fire” son soberbios.
En el pasado Lorca Rock sólo
pude ver la mitad de su descarga
por lo que tenía muchas
ganas de presenciar sus evoluciones.
Desgraciadamente ésta
tampoco iba a ser la ocasión
idónea por tres motivos:
El ser teloneros acortaba un
montón su repertorio;
encima, los mencionados problemas
técnicos les hicieron
eliminar un tema, en este caso,
el inspirado (o plagio, según
se mire) en los Whitesnake de
finales de los ochenta, “Ready
to strike”; para colmo,
Apollo Papathanasio tuvo que
dejar la gira por lo que el
buen Henning Basse de Metalium
resultó el sustituto
de urgencia. Aunque parezca
lo contrario, esto último
no era especialmente importante
porque en cuatro discos Firewind
han tenido tres cantantes y,
además, el orondo Basse
siempre cumple.
“Allegiance”
abrió el fuego y desde
el inicio vimos cómo
el teclado de Bob Katsionis
no se oía con el consiguiente
cabreo del griego. Encima, su
guitarra tampoco es que resultara
nítida pero ahí
el “capo” Gus tiene
que tener prioridad. Técnicamente,
Gus es excelso y se nota la
herencia de guitar hero que
tiene mas su protagonismo podría
calificarse de vital pero sin
cargar ni saturar. Respecto
a Henning su apariencia de borrachín
de taberna no le impidió
afrontar con éxito estos
primeros compases ya que incluso
en “Insanity” se
lució. Por su parte,
la base rítmica fue desigual
ya que Mark Cross es una garantía
pero el bajo de Petros Christo
estaba muy alto, sobre todo
en la segunda mitad del show.
En cualquier
caso, yo seguía con ganas
y me estaba gustando, sólo
esperaba que el set list fuese
equilibrado, algo que no sucedió.
En un salto en el tiempo, nos
remontamos a “Burning
earth”, su segunda entrega,
de la que cayeron la melódica
y magnífica “Brother´s
keeper” y la poderosa
“I am the anger”.
Buena señal a pesar de
que “Burning earth”
no es mi favorito. Una vez ejecutado
los músicos se quedaron
solos para atacar “Fire
and the fire” la cañera
instrumental en la que Gus reclama
que se organice un pit aunque
creo que el muchacho andaba
un poco equivocado en esto ya
que su audiencia y su música
no son las más adecuadas
para esto. Eso sí, los
tíos insistieron hasta
que casi al final del concierto
dividieron al público
en dos y bajo el grito de “Attack!”
se medio consiguió este
hecho más propio de sonidos
más tralleros.
Con Basse de
nuevo al mando de las operaciones
recordaron su debut solamente
con la genial “Destination
forever” en la que el
bueno de Henning la pifió
de mala manera. Una de mis preferidas
y, sin duda, la peor de la velada.
Apenas llevábamos media
hora, y casi nadie se percató
de que encarábamos la
recta final con dos más
de “Allegiance”,
la accesible e insustancial
“Falling to pieces”
donde, por fin, se escuchó
el teclado de Katsionis, y “Till
the end of time”, de las
mejores del disco pero que no
considero colofón apropiado
máxime cuando flotaba
en el ambiente “Tyranny”.
Firewind me gustaron pero se
quedaron, de nuevo, a medio
camino. No sé qué
capacidad de convocatoria tendrían
pero quizá necesiten
arriesgarse a dar el salto y
montar una gira de cabezas de
carteles en pequeños
locales. Tienen álbumes
suficientes, potencial artístico
e instrumental. Mientras, me
seguirá faltando algo.
Así
como el cambio entre Powerquest
y Firewind había sido
rápido, la espera hasta
Angra se hizo eterna. Todos
compartían esa noche
batería pero si no me
fijé mal, Aquiles Priester
es zurdo con lo que había
que variar la composición
interna del kit lo que derivó
en que los brasileños
no aparecieran hasta las once
menos diez de la noche. Eso
sí, la “fanaticada”
que tenían en las primeras
filas se volvió loca
cuando lanzaron la intro de
“Unfinished allegro”
porque qué mejor manera
de ganarse a los pocos escépticos
que allí había
que con “Carry on”
(lastimosamente mutilada a la
mitad), probablemente su corte
más conocido. Desgraciadamente
a Edu Falaschi no le escuchamos
en este tema aunque con los
precedentes no seré quien
afirme que deseaba verle “sufrir”
con los agudos.
Angra son dos
bandas en una, dos carreras
bajo un mismo nombre y, sin
embargo, ambas de calidad. Esto
tiene sus pros y sus contras
ya que dentro de su personalidad
te ofrecen un concierto variado
pero también la idiosincrasia
de sus vocalistas crea, en ocasiones,
un contraste excesivamente grande.
Con tres álbumes en cada
lado (Matos y Falaschi) uno
pensaría que el repertorio
estaría equilibrado pero
son los discos con Edu los que
predominan porque son los actuales
y porque de lo contrario, quizá
se echaran de menos algunas
cosas que los brasileños
han sabido hacer olvidar a sus
seguidores gracias a una inteligente
evolución, no siempre
valorada por el metalero medio
que lloraba de emoción
cuando empezaron con “Angel´s
cry”.
Todo esto se
podría resumir en la
siempre tomada como declaración
de intenciones “Nova era”,de
“Rebirth”, que ya
nos permitió distinguir
los registros del excelente
frontman que es Edu. Todos los
instrumentos se oían
pero no llegó a haber
nunca un ensamblaje de sonido
perfecto. Más que por
motivos técnicos, yo
lo achaco a que la tardanza
les hizo salir muy acelerados.
El concierto ganó en
dinamismo pero perdió
en cohesión. Eso sí,
individualmente, todos impolutos.
La teórica estrella,
Kiko Loureiro, es quizá
el que menos destaca. Muy técnico
y preciso pero demasiado frío
y distante. Por el contrario,
Rafael Bittencourt está
más activo y entregado
dando una mejor sensación.
Con todo, para mí la
base rítmica es la que
me alucina con Felipe Andreoli
y su bajo de seis cuerdas, más
el brutal Achiles con una pegada
y ecualización propia
de bestias como Gene Hogland
(no me extraña la camiseta
del “Symbolic” de
Death que llevaba). No se me
olvida el papel secundario pero
eficiente de un teclista del
que no conozco su nombre. En
otras ocasiones fue Gunter Werno
de Vanden Plas pero no en este
gira.
Angra presentaban
“Aurora consurgens”
y la potente “Voice commanding
you” fue la primera parada
en el reciente álbum.
No es una canción que
me agrade y palidece ante “Waiting
silence” de “Temple
of shadows”, un disco
que con el paso del tiempo ha
ganado adeptos y que considero
que la propia banda le tiene
especial aprecio porque fue
un tanto incomprendido en algunos
medios especializados. En un
set list tan corto (como ahora
veréis) casi no queda
lugar a la sorpresa pero sí
que hubo una referencia al hoy
olvidado (para mí, con
razón) “Fireworks”,
último trabajo con Andre
Matos. De él rescataron
el corte que lo habría,
“Wings of reality”,
de largo el mejor de aquella
obra, recibido con júbilo
por más de uno ya que
si no me equivoco desde los
años de Matos este álbum
quedó en el baúl
de los recuerdos.
Al sexteto
parecía que les habían
puesto las pilas del conejito
porque sin solución de
continuidad sonaron las notas
de “Z.I.T.O.”, otra
de las no esperadas, aunque
aquí muestro mi disconformidad
porque si bien es una canción
que me gusta bastante, dentro
del contexto de “Holy
land” hay otras infinitamente
más logradas como el
tema título, “Make
believe” o, como en la
gira anterior, “Carolina
IV”. Los minutos siguientes
se centraron en un par de composiciones
que marcan el camino que han
seguido Angra en estos últimos
años. La “alegría”
y candidez de sus inicios (no
exenta de genialidad) se ha
ido tornando en madurez y, por
qué no, oscuridad. Prueba
de ello son “Ego painted
grey” de “Aurora
consurgens” y “Angels
and demons” de “Temple
of shadows”, diferentes
en su concepción y acabado
pero ambas desbordantes en cuanto
a carisma. Probablemente, la
parte de la noche donde Falaschi
estuvo mejor.
Como todo ying
tiene su yang, “Nothing
to say” quedó completamente
deslavazada (algo grave porque
esta canción es memorable)
y Edu falló estrepitosamente
en más de una nota. Tampoco
en la emotiva “Rebirth”
se lució pero es un tema
tan especial que podemos pasar
por alto este aspecto puntual.
Por cierto, antes de “Nothing
to say” en el tour suelen
venir haciendo una batucada
que por razones de premura de
tiempo no cayó. Personalmente,
no me importó demasiado,
más me fastidió
que no sonaran cosas como “Acid
rain”.
Uno mira el
reloj y ve que llevan una hora
tocando aunque se han marchado
los músicos del escenario.
Rápidamente salta una
intro, ubicándose en
su lugar todos los componentes
menos Edu que queda en segundo
plano. Arranca su reciente single,
“The course of nature”,
y en medio de las tablas aparecen
dos individuos con el pelo rubio
oxigenado y pinta de extras
de pelis ochenteras como “Calles
de fuego” y dos muchachas
espectaculares, una baila y
con la otra hacen un “truco”
de magia como si la clavaran
en una especie de palo metálico.
El efecto es un tanto cutre
pero se agradece el detalle
visual. Entre medias, lógicamente,
interpretan este tema bastante
directo y contagioso. Se vuelven
a marchar...
Sería
raro si no supiéramos
los condicionantes. Rozábamos
la medianoche y con la intro
“Deus le volt!”
culminan su descarga con la
notable “Spread your fire”,
cuyo estribillo es muy coreado.
Son setenta y cinco minutos
únicamente. Escaso, escasísimo
diría yo. Faltaban un
montón de canciones fundamentales.
Indagando en su periplo europeo,
en relación con el día
que más se estiraron
quedaron por sonar “Heroes
of sand”, “Salvation:
suicide” y la versión
con la que se despiden (“Smoke
on the water” de Deep
Purple o “Come together”
de The Beatles). Entiendo las
circunstancias acaecidas pero
por “h” o por “b”
no me dejó buen sabor
de boca la actuación
de Angra en Madrid. Si la ocasión
precedente fue el sonido ésta
la duración. Mala suerte
pero de seis veces que he presenciado
sus shows, nunca he salido con
una sonrisa de oreja a oreja,
y eso que esta noche no dudo
de que fueran una apisonadora
pero de un grupo con tanta clase
espero algo más.
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Angra

Powerquest


Firewind


Angra



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