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ANGRA + FIREWIND + POWERQUEST

Sala Copérnico (Madrid) 28-II-2007

¡Nos vamos a tener que hacer un calendario!. Esta frase es la más repetida últimamente entre muchos de los aficionados al metal de la capital en todas sus vertientes gracias a la cantidad (y calidad) de conciertos que podemos degustar. A veces uno piensa que están un poco mal repartidos ya que, por ejemplo, llevábamos dos semanas parados y en una se han concentrado hasta seis actuaciones de relumbrón. Y claro, eso puede suponer coincidencia como pasó este día que cerraba el mes más corto del año. Por un lado House Of Lords y por el otro la descarga que nos ocupa. A la banda de James Christian la habíamos visto dos veces en los últimos ocho meses por lo que decidimos centrarnos en la presentación de “Aurora consurgens”, la nueva obra de Angra, y, sobre todo (por lo menos yo), en los excelentes Firewind. Como aperitivo probaríamos a los británicos Powerquest.

Como bien en sabido por el público madrileño, los conciertos en sala parece que los hayan programado los Lunnies aunque entre semana esto se agradece. Sin embargo, cuál sería mi sorpresa que a las ocho de la tarde ni tan siquiera se habían abierto las puertas colgando de ellas un cartel que rezaba: “El concierto comenzará tarde por razones técnicas”. Mal presagio. La cola formada tampoco era descomunal lo que no hacia prever una entrada de gala, algo que no me cogía de sorpresa, baste recordar la anterior visita de los brasileños.

Faltaba un cuarto de hora para las nueve de la noche cuando, por fin, se permitió el acceso a Copérnico. Según bajamos las escaleras y entramos a la sala propiamente dicha, observamos que el cableado y los micrófonos estaban aún sin colocar. A toda prisa los técnicos adecentaron un poco las tablas para que saltaran Powerquest. Sinceramente, es una banda de la que oí hablar mucho pero que no me había acercado a ella debido a la falta de interés en el estilo que practican. Surgieron de la disgregación de Dragonheart (la banda que se convertiría en Dragonforce) si bien Powerquest optaron por el europower metal más ortodoxo frente a los solos frenéticos de Herman Li y Sam Totman. Por lo tanto, por mucho que no estuviera familiarizado con su música sabía lo que me iba a encontrar, dragones, fantasían, melodías felices, agudos...

Efectivamente, entre un sonido deficiente el quinteto de Southampton le echó ganas entre una parroquia que sin conocer sus canciones sí que les dio una calurosa acogida. Se notaba que la gente tenía ganas de conjuntos en vivo porque, generalmente, la indiferencia hubiera marcado su actuación. Esto implicó que la formación inglesa lo diera todo si bien su propuesta me parece atávica, aburrida y, hasta cierto punto, mediocre. Los descendientes de italianos, Alessio Garavello y Andrea Martongelli, son los que manejan el cotarro en Powerquest; el primero toca la rítmica y es un vocalista correcto, sin más; en cuanto a Andrea no me parece la panacea como guitarrista pero sí que efectuó algún solo decente como en “Magic never dies”, en mi opinión la más destacada de las cuatro composiciones que interpretaron, escaso bagaje para desgranar cuatro cd´s, en particular su inminente “Master of illusion”.

Ya digo que en aproximadamente veinticinco minutos no hubo demasiado lugar al desencanto pero la verdad es que no me dijeron nada, ni tan siquiera la final “Neverworld”, su canción emblema que les despidió de un cariñoso público que, parece, quedó satisfecho con lo que allí acaeció. Supongo que será una cuestión de gusto. Voluntariosos sin más.

Reconozco que si Firewind no hubieran estado anunciados probablemente habría terminado en Ritmo y Compás con House Of Lords (que, por cierto, creo que al menos en Barcelona hicieron un play back de escándalo) pero en el último año mi amor por la banda de Gus G. ha crecido exponencialmente. Quizá sea su último “Allegiance” el álbum que menos me ha impactado pero su debut “Between heaven and hell” y “Forged by fire” son soberbios. En el pasado Lorca Rock sólo pude ver la mitad de su descarga por lo que tenía muchas ganas de presenciar sus evoluciones. Desgraciadamente ésta tampoco iba a ser la ocasión idónea por tres motivos: El ser teloneros acortaba un montón su repertorio; encima, los mencionados problemas técnicos les hicieron eliminar un tema, en este caso, el inspirado (o plagio, según se mire) en los Whitesnake de finales de los ochenta, “Ready to strike”; para colmo, Apollo Papathanasio tuvo que dejar la gira por lo que el buen Henning Basse de Metalium resultó el sustituto de urgencia. Aunque parezca lo contrario, esto último no era especialmente importante porque en cuatro discos Firewind han tenido tres cantantes y, además, el orondo Basse siempre cumple.

“Allegiance” abrió el fuego y desde el inicio vimos cómo el teclado de Bob Katsionis no se oía con el consiguiente cabreo del griego. Encima, su guitarra tampoco es que resultara nítida pero ahí el “capo” Gus tiene que tener prioridad. Técnicamente, Gus es excelso y se nota la herencia de guitar hero que tiene mas su protagonismo podría calificarse de vital pero sin cargar ni saturar. Respecto a Henning su apariencia de borrachín de taberna no le impidió afrontar con éxito estos primeros compases ya que incluso en “Insanity” se lució. Por su parte, la base rítmica fue desigual ya que Mark Cross es una garantía pero el bajo de Petros Christo estaba muy alto, sobre todo en la segunda mitad del show.

En cualquier caso, yo seguía con ganas y me estaba gustando, sólo esperaba que el set list fuese equilibrado, algo que no sucedió. En un salto en el tiempo, nos remontamos a “Burning earth”, su segunda entrega, de la que cayeron la melódica y magnífica “Brother´s keeper” y la poderosa “I am the anger”. Buena señal a pesar de que “Burning earth” no es mi favorito. Una vez ejecutado los músicos se quedaron solos para atacar “Fire and the fire” la cañera instrumental en la que Gus reclama que se organice un pit aunque creo que el muchacho andaba un poco equivocado en esto ya que su audiencia y su música no son las más adecuadas para esto. Eso sí, los tíos insistieron hasta que casi al final del concierto dividieron al público en dos y bajo el grito de “Attack!” se medio consiguió este hecho más propio de sonidos más tralleros.

Con Basse de nuevo al mando de las operaciones recordaron su debut solamente con la genial “Destination forever” en la que el bueno de Henning la pifió de mala manera. Una de mis preferidas y, sin duda, la peor de la velada. Apenas llevábamos media hora, y casi nadie se percató de que encarábamos la recta final con dos más de “Allegiance”, la accesible e insustancial “Falling to pieces” donde, por fin, se escuchó el teclado de Katsionis, y “Till the end of time”, de las mejores del disco pero que no considero colofón apropiado máxime cuando flotaba en el ambiente “Tyranny”. Firewind me gustaron pero se quedaron, de nuevo, a medio camino. No sé qué capacidad de convocatoria tendrían pero quizá necesiten arriesgarse a dar el salto y montar una gira de cabezas de carteles en pequeños locales. Tienen álbumes suficientes, potencial artístico e instrumental. Mientras, me seguirá faltando algo.

Así como el cambio entre Powerquest y Firewind había sido rápido, la espera hasta Angra se hizo eterna. Todos compartían esa noche batería pero si no me fijé mal, Aquiles Priester es zurdo con lo que había que variar la composición interna del kit lo que derivó en que los brasileños no aparecieran hasta las once menos diez de la noche. Eso sí, la “fanaticada” que tenían en las primeras filas se volvió loca cuando lanzaron la intro de “Unfinished allegro” porque qué mejor manera de ganarse a los pocos escépticos que allí había que con “Carry on” (lastimosamente mutilada a la mitad), probablemente su corte más conocido. Desgraciadamente a Edu Falaschi no le escuchamos en este tema aunque con los precedentes no seré quien afirme que deseaba verle “sufrir” con los agudos.

Angra son dos bandas en una, dos carreras bajo un mismo nombre y, sin embargo, ambas de calidad. Esto tiene sus pros y sus contras ya que dentro de su personalidad te ofrecen un concierto variado pero también la idiosincrasia de sus vocalistas crea, en ocasiones, un contraste excesivamente grande. Con tres álbumes en cada lado (Matos y Falaschi) uno pensaría que el repertorio estaría equilibrado pero son los discos con Edu los que predominan porque son los actuales y porque de lo contrario, quizá se echaran de menos algunas cosas que los brasileños han sabido hacer olvidar a sus seguidores gracias a una inteligente evolución, no siempre valorada por el metalero medio que lloraba de emoción cuando empezaron con “Angel´s cry”.

Todo esto se podría resumir en la siempre tomada como declaración de intenciones “Nova era”,de “Rebirth”, que ya nos permitió distinguir los registros del excelente frontman que es Edu. Todos los instrumentos se oían pero no llegó a haber nunca un ensamblaje de sonido perfecto. Más que por motivos técnicos, yo lo achaco a que la tardanza les hizo salir muy acelerados. El concierto ganó en dinamismo pero perdió en cohesión. Eso sí, individualmente, todos impolutos. La teórica estrella, Kiko Loureiro, es quizá el que menos destaca. Muy técnico y preciso pero demasiado frío y distante. Por el contrario, Rafael Bittencourt está más activo y entregado dando una mejor sensación. Con todo, para mí la base rítmica es la que me alucina con Felipe Andreoli y su bajo de seis cuerdas, más el brutal Achiles con una pegada y ecualización propia de bestias como Gene Hogland (no me extraña la camiseta del “Symbolic” de Death que llevaba). No se me olvida el papel secundario pero eficiente de un teclista del que no conozco su nombre. En otras ocasiones fue Gunter Werno de Vanden Plas pero no en este gira.

Angra presentaban “Aurora consurgens” y la potente “Voice commanding you” fue la primera parada en el reciente álbum. No es una canción que me agrade y palidece ante “Waiting silence” de “Temple of shadows”, un disco que con el paso del tiempo ha ganado adeptos y que considero que la propia banda le tiene especial aprecio porque fue un tanto incomprendido en algunos medios especializados. En un set list tan corto (como ahora veréis) casi no queda lugar a la sorpresa pero sí que hubo una referencia al hoy olvidado (para mí, con razón) “Fireworks”, último trabajo con Andre Matos. De él rescataron el corte que lo habría, “Wings of reality”, de largo el mejor de aquella obra, recibido con júbilo por más de uno ya que si no me equivoco desde los años de Matos este álbum quedó en el baúl de los recuerdos.

Al sexteto parecía que les habían puesto las pilas del conejito porque sin solución de continuidad sonaron las notas de “Z.I.T.O.”, otra de las no esperadas, aunque aquí muestro mi disconformidad porque si bien es una canción que me gusta bastante, dentro del contexto de “Holy land” hay otras infinitamente más logradas como el tema título, “Make believe” o, como en la gira anterior, “Carolina IV”. Los minutos siguientes se centraron en un par de composiciones que marcan el camino que han seguido Angra en estos últimos años. La “alegría” y candidez de sus inicios (no exenta de genialidad) se ha ido tornando en madurez y, por qué no, oscuridad. Prueba de ello son “Ego painted grey” de “Aurora consurgens” y “Angels and demons” de “Temple of shadows”, diferentes en su concepción y acabado pero ambas desbordantes en cuanto a carisma. Probablemente, la parte de la noche donde Falaschi estuvo mejor.

Como todo ying tiene su yang, “Nothing to say” quedó completamente deslavazada (algo grave porque esta canción es memorable) y Edu falló estrepitosamente en más de una nota. Tampoco en la emotiva “Rebirth” se lució pero es un tema tan especial que podemos pasar por alto este aspecto puntual. Por cierto, antes de “Nothing to say” en el tour suelen venir haciendo una batucada que por razones de premura de tiempo no cayó. Personalmente, no me importó demasiado, más me fastidió que no sonaran cosas como “Acid rain”.

Uno mira el reloj y ve que llevan una hora tocando aunque se han marchado los músicos del escenario. Rápidamente salta una intro, ubicándose en su lugar todos los componentes menos Edu que queda en segundo plano. Arranca su reciente single, “The course of nature”, y en medio de las tablas aparecen dos individuos con el pelo rubio oxigenado y pinta de extras de pelis ochenteras como “Calles de fuego” y dos muchachas espectaculares, una baila y con la otra hacen un “truco” de magia como si la clavaran en una especie de palo metálico. El efecto es un tanto cutre pero se agradece el detalle visual. Entre medias, lógicamente, interpretan este tema bastante directo y contagioso. Se vuelven a marchar...

Sería raro si no supiéramos los condicionantes. Rozábamos la medianoche y con la intro “Deus le volt!” culminan su descarga con la notable “Spread your fire”, cuyo estribillo es muy coreado. Son setenta y cinco minutos únicamente. Escaso, escasísimo diría yo. Faltaban un montón de canciones fundamentales. Indagando en su periplo europeo, en relación con el día que más se estiraron quedaron por sonar “Heroes of sand”, “Salvation: suicide” y la versión con la que se despiden (“Smoke on the water” de Deep Purple o “Come together” de The Beatles). Entiendo las circunstancias acaecidas pero por “h” o por “b” no me dejó buen sabor de boca la actuación de Angra en Madrid. Si la ocasión precedente fue el sonido ésta la duración. Mala suerte pero de seis veces que he presenciado sus shows, nunca he salido con una sonrisa de oreja a oreja, y eso que esta noche no dudo de que fueran una apisonadora pero de un grupo con tanta clase espero algo más.


Angra

 

 

 

 

 

 


Powerquest

 

 

 

 

 

 


Firewind

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Angra

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego