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BEHEMOTH +SUICIDE SILENCE + DEVILISH IMPRESSIONS

Sala Ritmo Y Compás (Madrid) 14-02-2008

Jueves, ocho y media de la tarde. Atasco en la salida de la M30 a la madrileña calle de Pío XII. A pesar de que la capital de España no es precisamente una ciudad libre de tráfico, no era normal esta retención. Pronto me di cuenta de que todo era debida a la visita del, en esos días, Presidente del Gobierno en funciones a la Nunciatura del Vaticano en Madrid para “tomar un caldito”, Zapatero dixit. Está claro que las fuerzas divinas se habían conjurado para que yo llegara tarde al concierto de Behemoth…

¡Cómo pasa el tiempo! La primera vez que los polacos tocaron aquí, los sobrinos de Nergal, una estampa clásica en sus actuaciones, eran dos y pequeños. Ahora, parece que la familia ha crecido porque ya son tres los niños que acompañaron a su padre en la visita que rendía la banda de su tío para presentar “The apostasy”. El propio Nergal siempre menciona este asunto cuando gira por estas tierras. Él mismo estuvo un verano trabajando en el sector de la construcción antes de que Behemoth elevaran su status, hablamos de los época pre “Satanica”, quizá el álbum que supuso un antes y un después en su ya dilatada trayectoria.

Dos formaciones bien distintas les acompañaban. Hace meses fueron anunciados Kataklysm pero rápidamente los canadienses se bajaron del carro siendo, finalmente, Devilish Impressions y Suicide Silence los encargados de abrir la velada. Cuando los compatriotas de Behemoth, Devilish Impressions, saltaron a las tablas de Ritmo y Compás, aún no había llegado a la sala por lo antes comentado. Únicamente pude presenciar dos temas y medio pero suficiente para forjarme una impresión de lo que fue su descarga, algo que me corroboró mi compañero David Ortego que sí pudo ver la media hora de que dispusieron.

El quinteto de Opole es una formación heterodoxa en cuanto a su concepción musical. Podríamos decir que su base es un black a medio tiempo pero sobre ella introducen distintos elementos como el death, para dar contundencia, o los teclados aunque estos metidos de una forma que más que buscar melodía crean una atmósfera fría y distante. Incluso, se atreven con algún loop, muy ligero y breve, que reafirma ese aire “industrial” del grupo. Lo poco que vi no me gustó en demasía. Si bien es cierto que el escenario de Ritmo y Compás es muy pequeño, no se puede decir que Devilish Impressions fueran el movimiento personificado, más bien todo lo contrario. Muy estáticos y pasotas.

Su propuesta tampoco caló entre la gente. Con canciones que no son ni rápidas ni lentas necesitas una buena dosis de enganche, sea en los riffs, melodías, voces,… ya que no puedes apelar ni a la violencia sonora ni a las emociones. Desgraciadamente, los polacos adolecieron de esa capacidad de atracción necesaria. Es más, parecía que estaban en la gira más por obligación que por devoción. Salieron a cumplir el expediente y punto. No conozco ninguna de sus dos obras, “Plurima mortis imago” y la reciente “Diabolicanos”, pero dudo que, salvo causalidad, las vaya a adquirir o buscar. De lo poco que oí no estuvo mal “I am the son of god” y otras como “Har magedon” pasaron con más pena que gloria. Seguramente sea un grupo que valga bastante más de lo que demostraron pero en esta velada Devilish Impressions dejaron indiferente a la gran mayoría.

Justamente con un calificativo opuesto se podría definir a Suicide Silence. El quinteto estadounidense parecía colado “de rondón” en este tour porque su música es radicalmente distinta a la de Behemoth o Devilish Impressions. Suicide Silence afrontan el death metal desde un plano brutal y mezclándolo con el hardcore en eso que se hace llamar deathcore. Podríamos mirar hacia los interesantes Despised Icon para encontrar concomitancias si bien considero a estos últimos superiores a nuestros protagonistas.

Con la sala poblada (hubo buena entrada pero ni mucho menos lleno, unas doscientas personas, tirando por lo alto) y una pequeña pero bulliciosa representación de fans de Suicide Silence, los californianos salieron como un torbellino. Es ahí donde sus seguidores comenzaron a hacer estragos. Con las primeras notas de “Unanswered” las primeras filas, en su zona central, vieron como se desplegaban contorsiones, pogos, puñetazos al aire y demás historias, más propias de la escena hardcore que otra cosa. A mí muchas de ellas me parecen bien, aunque no las practique, pero otras me resultan excesivas. No es de extrañar el hueco que se formó para deleite de los aficionados del grupo.

El sonido era atronador lo que hizo de Suicide Silence una máquina devastadora comandada por su peculiar vocalista. Match Lucker es un tipo delgado, con flequillo y lleno de tatuajes, que por la escena se mueve de forma casi compulsiva, sacando fuerzas de no sé dónde para berrear con unas cuerdas vocales que navegan entre el aullido y la guturalidad. Durante treinta y cinco minutos desgranaron buena parte de su debut, “The cleansing”, editado por Century Media, rescatando únicamente “Swarm” de su EP homónimo de 2005.

Reconozco que es un estilo que no me llama la atención lo más mínimo pero el quinteto se dejó la piel y contrastó con la tibieza de Devilish Impressions. “Bludgeon to death” o “The price of beauty” no estarán en mi lista de canciones favoritas pero tampoco hacen prisioneros en el camino. Se nota que esta gente se ha pateado unos cuantos escenarios y lleva eso de las actuaciones en vivo en la sangre. Sus seguidores se lo pasaban en grande con el tremendo riff de “No pity for a coward”, de las más destacadas, y es que para mí el dúo de guitarras, Mark Heylmun y Chris Garza, deudores de Morbid Angel (para variar), poseen bastantes cualidades, metiendo incluso algún solo como en “Green monster”.

Con una parte de la gente ansiando más tralla deathcoreta y otra (la mayoría) deseando que concluyera se despidieron Suicide Silence con “Destruction of a statue”. Desde luego no era el público más adecuado para ganar nuevos fans pero estoy seguro de que con su bestial exhibición estos chicos consiguieron impactar a más de uno. Para aficionados al death más brutal, moderno y actual, con influencias harcdcore.

Sinceramente, el descanso entre bandas vino bien porque Suicide Silence nos habían noqueado aunque para nada podían alterar a Behemoth, que era la razón por la que casi todos estábamos allí. Como decía, Nergal y los suyos son asiduos a nuestro país si bien han dado alguna espantada que otra (recuérdese Atarfe 2006) forjándose una impresión de sobrados o chulos que no por cierta deja de ser anecdótica ya que cada vez que dan un concierto suelen cumplir como el que más.

Con tiempo suficiente para haber asimilado “The apostasy” se puede afirmar que éste, octavo álbum de su dilatada trayectoria, es un excelente disco, muy en la línea de “Demigod” y, en mi opinión, por encima de “Zos Kia Cultus”, aunque sin llegar a la dupla mágica formada por “Thelema.6” y “Satanica” que fue donde mejor combinaron los dos mundos extremos entre los que han evolucionado, el black primigenio y el death actual. No obstante, su carrera es inmaculada porque considero que jamás han editado un trabajo flojo o prescindible.

Con la intro “Roma 64 C.E.” nos aprestamos a vivir otra descarga salvaje del cuarteto de Gdansk (Danzig en alemán, ¿os suena?), capital de Pomerania (región germanófila por excelencia) y embrión de Solidaridad, el famoso sindicato liderado por Lech Walesa que puse en jaque al general Jaruzelski, presidente en la etapa final del comunismo en el país. Seth, Inferno, Orion y Nergal bajaron las escaleras del camerino y atacaron “Slaying the prophets ov Isa” bajo un sonido demasiado alto que no permitía distinguir con nitidez los instrumentos aunque sí la combinación vocal tan característica en Behemoth en la que tanto Seth como, sobre todo, Orion dan réplica a Nergal en estribillos y alguna estrofa potenciado la frescura y variedad de sus canciones.

Aunque el repertorio tenía como eje sus dos últimas entregas, pronto interpretaron la genial “Antichristian phenomenon” para júbilo de una audiencia bastante animosa que aplaudía cada canción. El tema “Demigod” se ha asentado bien entre los seguidores y sirvió de aperitivo para el clásico “From the pagan vastlands”. Es curioso lo que pasa con este corte, el más carismático de su primera etapa. No sé si es porque la cantidad de blackers es cada vez menor en sus giras o porque la ejecución es un poco descafeinada respecto a la original de “Sventevith (Storming near the Baltic)”, el caso es que “From the pagan vastlands” ha quedado como algo menor en sus shows. Por ejemplo, la siguiente “Conquer all” fue recibida con más entusiasmo, no en vano, y si mal no recuerdo, incluso se llegó a filmar un videoclip.

En esta primera mitad fue “Demigod” el disco más solicitado porque tras una nueva, “Prometherion”, llegó el turno de “Slaves shall serve”, otra de las más celebradas del mencionado trabajo. A estas alturas, el sonido había mejorado y podríamos calificarlo de notable, con lo que el disfrute era máximo ya que Behemoth se estaban dejando las narices en el minúsculo escenario presidido por un micro con forma de pentagrama o pentáculo desde donde Nergal con su coraza “apostolaba” a su pléyade de seguidores.

“As above so below” fue la única parada que hicieron en “Zo Kia Cultus” dentro de un set list muy equilibrado y bien escogido en el que únicamente eché de menos que cayera algo de “Pandemonic incantations” aunque esto no es exclusivo de esta gira porque ya hace unos cuantos añitos que “The thousand plagues I witness” o “Driven by the five-winged star” dejaron de tener presencia en sus directos. Lo que sí hicieron bien fue la mezcla entre tradicional y actual porque a “At the left hand ov god” le sucedió la repescada “Summoning (of the ancient ones)” que, para mí, fue un guiño de cara a la galería de Nergal porque es una canción “intrascendente” en su carrera que salió únicamente en la demo “From the pagan vastlands”, aunque también aparece en el recopilatorio “Demonica”. La ejecución de “Summoning” también quedó un tanto deslucida por la parte vocal, muy poco black.

“Christgrinding avenue” fue la última parada en “The apostasy” y se lo agradecimos porque es de los mejores cortes del disco, quedándoles muy bien además. Afrontábamos ya la parte final con la siempre vitoreada “Christians to the lions” de la que suelo comentar que conjuga su calidad con el supuestamente impactante título porque en “Thelema.6” hay unas cuantas aún mejores, no sólo “Antichristian phenomenon” sino también “Pan Satyros”, “Natural born philosophers” y alguna otra. No obstante, entiendo que es imprescindible como así se erige, de la misma manera, la increíble “Sculpting the throne ov Seth” de “Demigod” con el más brillante estribillo que jamás ha compuesto el grupo.

Para acabar, era el momento de parar en “Satanica” y provocar el éxtasis entre los asistentes con “Decade of Therion”, sin duda el himno de Behemoth, y la hipnótica, genial y rítmica “Chant for Eschanton 2000” en donde Nergal se enfundó una máscara cuan Bruce Dickinson en “Powerslave”. Algo más de una hora, casi sin interrupciones, nos habían deparado un concierto notabilísimo. Nergal será lo que sea pero subido a las tablas sabe dar a sus fans lo que piden… y la gente pedía algo más, no con mucha intensidad pero sí con la suficiente para que el cuarteto regresara para desconcertar al personal con una impagable y cachonda versión del “I got erection” de los noruegos Turbonegro. El público quedó un poco descolocado y decepcionado con el bis pero Behemoth ya habían rendido tributo alguna vez a Hank von Helvete, Happy Tom, Euroboy y demás degenerados de Turbonegro y, para colmo, si os fijáis en la larga lista de revisiones de clásicos que han hecho los polacos encontraréis nombres tan dispares como David Bowie, Nine Inch Nails o Danzig. A mí me provocó hilaridad ver el careto del respetable y, además de con la sensación de haber vivido un muy buen concierto, salí con una sonrisa en la boca. No se puede pedir ni exigir mucho más.


Behemoth

 

 

 


Devilish Impressions

 


Suicide Silence

 

 

 

 

 

 

 


Behemoth

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego