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Jueves, ocho
y media de la tarde. Atasco
en la salida de la M30 a la
madrileña calle de Pío
XII. A pesar de que la capital
de España no es precisamente
una ciudad libre de tráfico,
no era normal esta retención.
Pronto me di cuenta de que todo
era debida a la visita del,
en esos días, Presidente
del Gobierno en funciones a
la Nunciatura del Vaticano en
Madrid para “tomar un
caldito”, Zapatero dixit.
Está claro que las fuerzas
divinas se habían conjurado
para que yo llegara tarde al
concierto de Behemoth…
¡Cómo
pasa el tiempo! La primera vez
que los polacos tocaron aquí,
los sobrinos de Nergal, una
estampa clásica en sus
actuaciones, eran dos y pequeños.
Ahora, parece que la familia
ha crecido porque ya son tres
los niños que acompañaron
a su padre en la visita que
rendía la banda de su
tío para presentar “The
apostasy”. El propio Nergal
siempre menciona este asunto
cuando gira por estas tierras.
Él mismo estuvo un verano
trabajando en el sector de la
construcción antes de
que Behemoth elevaran su status,
hablamos de los época
pre “Satanica”,
quizá el álbum
que supuso un antes y un después
en su ya dilatada trayectoria.
Dos formaciones
bien distintas les acompañaban.
Hace meses fueron anunciados
Kataklysm pero rápidamente
los canadienses se bajaron del
carro siendo, finalmente, Devilish
Impressions y Suicide Silence
los encargados de abrir la velada.
Cuando los compatriotas de Behemoth,
Devilish Impressions, saltaron
a las tablas de Ritmo y Compás,
aún no había llegado
a la sala por lo antes comentado.
Únicamente pude presenciar
dos temas y medio pero suficiente
para forjarme una impresión
de lo que fue su descarga, algo
que me corroboró mi compañero
David Ortego que sí pudo
ver la media hora de que dispusieron.
El quinteto
de Opole es una formación
heterodoxa en cuanto a su concepción
musical. Podríamos decir
que su base es un black a medio
tiempo pero sobre ella introducen
distintos elementos como el
death, para dar contundencia,
o los teclados aunque estos
metidos de una forma que más
que buscar melodía crean
una atmósfera fría
y distante. Incluso, se atreven
con algún loop, muy ligero
y breve, que reafirma ese aire
“industrial” del
grupo. Lo poco que vi no me
gustó en demasía.
Si bien es cierto que el escenario
de Ritmo y Compás es
muy pequeño, no se puede
decir que Devilish Impressions
fueran el movimiento personificado,
más bien todo lo contrario.
Muy estáticos y pasotas.
Su propuesta
tampoco caló entre la
gente. Con canciones que no
son ni rápidas ni lentas
necesitas una buena dosis de
enganche, sea en los riffs,
melodías, voces,…
ya que no puedes apelar ni a
la violencia sonora ni a las
emociones. Desgraciadamente,
los polacos adolecieron de esa
capacidad de atracción
necesaria. Es más, parecía
que estaban en la gira más
por obligación que por
devoción. Salieron a
cumplir el expediente y punto.
No conozco ninguna de sus dos
obras, “Plurima mortis
imago” y la reciente “Diabolicanos”,
pero dudo que, salvo causalidad,
las vaya a adquirir o buscar.
De lo poco que oí no
estuvo mal “I am the son
of god” y otras como “Har
magedon” pasaron con más
pena que gloria. Seguramente
sea un grupo que valga bastante
más de lo que demostraron
pero en esta velada Devilish
Impressions dejaron indiferente
a la gran mayoría.
Justamente
con un calificativo opuesto
se podría definir a Suicide
Silence. El quinteto estadounidense
parecía colado “de
rondón” en este
tour porque su música
es radicalmente distinta a la
de Behemoth o Devilish Impressions.
Suicide Silence afrontan el
death metal desde un plano brutal
y mezclándolo con el
hardcore en eso que se hace
llamar deathcore. Podríamos
mirar hacia los interesantes
Despised Icon para encontrar
concomitancias si bien considero
a estos últimos superiores
a nuestros protagonistas.
Con la sala
poblada (hubo buena entrada
pero ni mucho menos lleno, unas
doscientas personas, tirando
por lo alto) y una pequeña
pero bulliciosa representación
de fans de Suicide Silence,
los californianos salieron como
un torbellino. Es ahí
donde sus seguidores comenzaron
a hacer estragos. Con las primeras
notas de “Unanswered”
las primeras filas, en su zona
central, vieron como se desplegaban
contorsiones, pogos, puñetazos
al aire y demás historias,
más propias de la escena
hardcore que otra cosa. A mí
muchas de ellas me parecen bien,
aunque no las practique, pero
otras me resultan excesivas.
No es de extrañar el
hueco que se formó para
deleite de los aficionados del
grupo.
El sonido era
atronador lo que hizo de Suicide
Silence una máquina devastadora
comandada por su peculiar vocalista.
Match Lucker es un tipo delgado,
con flequillo y lleno de tatuajes,
que por la escena se mueve de
forma casi compulsiva, sacando
fuerzas de no sé dónde
para berrear con unas cuerdas
vocales que navegan entre el
aullido y la guturalidad. Durante
treinta y cinco minutos desgranaron
buena parte de su debut, “The
cleansing”, editado por
Century Media, rescatando únicamente
“Swarm” de su EP
homónimo de 2005.
Reconozco que
es un estilo que no me llama
la atención lo más
mínimo pero el quinteto
se dejó la piel y contrastó
con la tibieza de Devilish Impressions.
“Bludgeon to death”
o “The price of beauty”
no estarán en mi lista
de canciones favoritas pero
tampoco hacen prisioneros en
el camino. Se nota que esta
gente se ha pateado unos cuantos
escenarios y lleva eso de las
actuaciones en vivo en la sangre.
Sus seguidores se lo pasaban
en grande con el tremendo riff
de “No pity for a coward”,
de las más destacadas,
y es que para mí el dúo
de guitarras, Mark Heylmun y
Chris Garza, deudores de Morbid
Angel (para variar), poseen
bastantes cualidades, metiendo
incluso algún solo como
en “Green monster”.
Con una parte
de la gente ansiando más
tralla deathcoreta y otra (la
mayoría) deseando que
concluyera se despidieron Suicide
Silence con “Destruction
of a statue”. Desde luego
no era el público más
adecuado para ganar nuevos fans
pero estoy seguro de que con
su bestial exhibición
estos chicos consiguieron impactar
a más de uno. Para aficionados
al death más brutal,
moderno y actual, con influencias
harcdcore.
Sinceramente,
el descanso entre bandas vino
bien porque Suicide Silence
nos habían noqueado aunque
para nada podían alterar
a Behemoth, que era la razón
por la que casi todos estábamos
allí. Como decía,
Nergal y los suyos son asiduos
a nuestro país si bien
han dado alguna espantada que
otra (recuérdese Atarfe
2006) forjándose una
impresión de sobrados
o chulos que no por cierta deja
de ser anecdótica ya
que cada vez que dan un concierto
suelen cumplir como el que más.
Con tiempo
suficiente para haber asimilado
“The apostasy” se
puede afirmar que éste,
octavo álbum de su dilatada
trayectoria, es un excelente
disco, muy en la línea
de “Demigod” y,
en mi opinión, por encima
de “Zos Kia Cultus”,
aunque sin llegar a la dupla
mágica formada por “Thelema.6”
y “Satanica” que
fue donde mejor combinaron los
dos mundos extremos entre los
que han evolucionado, el black
primigenio y el death actual.
No obstante, su carrera es inmaculada
porque considero que jamás
han editado un trabajo flojo
o prescindible.
Con la intro
“Roma 64 C.E.” nos
aprestamos a vivir otra descarga
salvaje del cuarteto de Gdansk
(Danzig en alemán, ¿os
suena?), capital de Pomerania
(región germanófila
por excelencia) y embrión
de Solidaridad, el famoso sindicato
liderado por Lech Walesa que
puse en jaque al general Jaruzelski,
presidente en la etapa final
del comunismo en el país.
Seth, Inferno, Orion y Nergal
bajaron las escaleras del camerino
y atacaron “Slaying the
prophets ov Isa” bajo
un sonido demasiado alto que
no permitía distinguir
con nitidez los instrumentos
aunque sí la combinación
vocal tan característica
en Behemoth en la que tanto
Seth como, sobre todo, Orion
dan réplica a Nergal
en estribillos y alguna estrofa
potenciado la frescura y variedad
de sus canciones.
Aunque el repertorio
tenía como eje sus dos
últimas entregas, pronto
interpretaron la genial “Antichristian
phenomenon” para júbilo
de una audiencia bastante animosa
que aplaudía cada canción.
El tema “Demigod”
se ha asentado bien entre los
seguidores y sirvió de
aperitivo para el clásico
“From the pagan vastlands”.
Es curioso lo que pasa con este
corte, el más carismático
de su primera etapa. No sé
si es porque la cantidad de
blackers es cada vez menor en
sus giras o porque la ejecución
es un poco descafeinada respecto
a la original de “Sventevith
(Storming near the Baltic)”,
el caso es que “From the
pagan vastlands” ha quedado
como algo menor en sus shows.
Por ejemplo, la siguiente “Conquer
all” fue recibida con
más entusiasmo, no en
vano, y si mal no recuerdo,
incluso se llegó a filmar
un videoclip.
En esta primera
mitad fue “Demigod”
el disco más solicitado
porque tras una nueva, “Prometherion”,
llegó el turno de “Slaves
shall serve”, otra de
las más celebradas del
mencionado trabajo. A estas
alturas, el sonido había
mejorado y podríamos
calificarlo de notable, con
lo que el disfrute era máximo
ya que Behemoth se estaban dejando
las narices en el minúsculo
escenario presidido por un micro
con forma de pentagrama o pentáculo
desde donde Nergal con su coraza
“apostolaba” a su
pléyade de seguidores.
“As above
so below” fue la única
parada que hicieron en “Zo
Kia Cultus” dentro de
un set list muy equilibrado
y bien escogido en el que únicamente
eché de menos que cayera
algo de “Pandemonic incantations”
aunque esto no es exclusivo
de esta gira porque ya hace
unos cuantos añitos que
“The thousand plagues
I witness” o “Driven
by the five-winged star”
dejaron de tener presencia en
sus directos. Lo que sí
hicieron bien fue la mezcla
entre tradicional y actual porque
a “At the left hand ov
god” le sucedió
la repescada “Summoning
(of the ancient ones)”
que, para mí, fue un
guiño de cara a la galería
de Nergal porque es una canción
“intrascendente”
en su carrera que salió
únicamente en la demo
“From the pagan vastlands”,
aunque también aparece
en el recopilatorio “Demonica”.
La ejecución de “Summoning”
también quedó
un tanto deslucida por la parte
vocal, muy poco black.
“Christgrinding
avenue” fue la última
parada en “The apostasy”
y se lo agradecimos porque es
de los mejores cortes del disco,
quedándoles muy bien
además. Afrontábamos
ya la parte final con la siempre
vitoreada “Christians
to the lions” de la que
suelo comentar que conjuga su
calidad con el supuestamente
impactante título porque
en “Thelema.6” hay
unas cuantas aún mejores,
no sólo “Antichristian
phenomenon” sino también
“Pan Satyros”, “Natural
born philosophers” y alguna
otra. No obstante, entiendo
que es imprescindible como así
se erige, de la misma manera,
la increíble “Sculpting
the throne ov Seth” de
“Demigod” con el
más brillante estribillo
que jamás ha compuesto
el grupo.
Para acabar,
era el momento de parar en “Satanica”
y provocar el éxtasis
entre los asistentes con “Decade
of Therion”, sin duda
el himno de Behemoth, y la hipnótica,
genial y rítmica “Chant
for Eschanton 2000” en
donde Nergal se enfundó
una máscara cuan Bruce
Dickinson en “Powerslave”.
Algo más de una hora,
casi sin interrupciones, nos
habían deparado un concierto
notabilísimo. Nergal
será lo que sea pero
subido a las tablas sabe dar
a sus fans lo que piden…
y la gente pedía algo
más, no con mucha intensidad
pero sí con la suficiente
para que el cuarteto regresara
para desconcertar al personal
con una impagable y cachonda
versión del “I
got erection” de los noruegos
Turbonegro. El público
quedó un poco descolocado
y decepcionado con el bis pero
Behemoth ya habían rendido
tributo alguna vez a Hank von
Helvete, Happy Tom, Euroboy
y demás degenerados de
Turbonegro y, para colmo, si
os fijáis en la larga
lista de revisiones de clásicos
que han hecho los polacos encontraréis
nombres tan dispares como David
Bowie, Nine Inch Nails o Danzig.
A mí me provocó
hilaridad ver el careto del
respetable y, además
de con la sensación de
haber vivido un muy buen concierto,
salí con una sonrisa
en la boca. No se puede pedir
ni exigir mucho más.
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Behemoth

Devilish Impressions


Suicide Silence


Behemoth



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