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¿Afecta
la crisis al negocio de la música?
Seguro. ¿De qué
manera? Eso ya es más
discutible. Considero que el
bajón se refleja más
en la venta de discos que en
la asistencia a conciertos porque,
desgraciadamente, un álbum
lo tienes al alcance de la mano
en Internet por los métodos
que ya conocemos pero que, por
supuesto, no apoyamos. Sin embargo,
la posibilidad de ver a un grupo
encima de un escenario no es
algo que surja todos los días.
Sin embargo, sí que es
cierto que este momento difícil
a nivel mundial no ha repercutido
en el número de tours
que se han montado en otoño.
Dentro del metal, en sus distintas
vertientes, no hay semana que
no pasen dos o tres actuaciones
por los puntos habituales de
nuestro país (País
Vasco, Barcelona y Madrid) y
esto es, queramos o no, insostenible.
Tanto que determinadas giras
están avocadas al fracaso
y no hay que ser un mago para
adivinarlo. Y es una pena porque
algunas son tan interesantes,
a priori, y excelentes, en la
práctica, como ésta.
El “No
Reunion Required Tour”
ha llevado un largísimo
periplo por el viejo continente.
No exento de dificultades ha
sufrido la cancelación
del segmento ruso, el cambio
de local a última hora
en alguna fecha rumana y un
sinfín de incidencias
de las que algún día
nos enteraremos. Su capítulo
final les traía por la
península ibérica.
Tres formaciones marcadas por
la tralla pero muy distintas
entre sí, lo cual es
de agradecer. Por un lado, Nominon
y su death metal sueco de la
vieja escuela; posteriormente,
los germanos Holy Moses con
la gran Sabina Classen al frente
y, para acabar, Benediction,
una leyenda del death británico
que nunca han tenido el reconocimiento
y popularidad que sus discos
demandaban.
Llegar a las
afueras de la sala y ver la
cola que había para entrar
resultaba desolador. Como el
concierto se retrasó
una hora sobre lo previsto,
una vuelta por los bares colindantes
tampoco daba pie a la esperanza.
Unos cuantos metaleros desperdigados
pero nada que ver con el ambiente
de las grandes ocasiones donde
aquello es un hervidero. La
tarde había mejorado
después de día
y medio de frío polar
(para ser octubre) pero ni eso
animó al personal que,
por ejemplo, sí había
acudido en masa a ver a Nile
un mes antes. Ellos se lo perdieron.
Poco más
de ocho decenas de asistentes
nos juntamos. Además,
se dio una circunstancia curiosa.
Se podían dividir casi
por tercios en tres tipos de
gente: los que iban estrictamente
por Holy Moses, quienes acudieron
a la llamada de las bandas de
death metal y los que nos encontrábamos
entre medias. Esto supuso que
cuando saltaron Nominon a escena,
la parte de las primeras filas
estuvieran completamente vacías.
Ni tan siquiera las peticiones
de la banda de que se acercase
el público fueron muy
atendidas.
La carrera
de los de Jönköping
se parte en dos mitades. Su
época de demos que culmina
en el debut, “Diabolical
bloodshed”, de 1999, y
cuatro años después,
donde su producción discográfica
empieza a ser más asidua
con álbumes completos,
Ep´s y compartidos. Lo
último, el notable “Terra
necrosis” y un peculiar
EP llamado “Legioes em
Portugal”. De Nominon
no esperéis pasajes progresivos,
ni guiños egipcios o
cambios de ritmo trepidantes.
Ellos son un quinteto radicado
en la ortodoxia del género
dentro del estilo de la parte
este de Suecia, es decir, el
clásico sonido Estocolmo.
Tienen una característica
muy buena que les da bastante
dinamismo y es que no se centran
exclusivamente en, por ejemplo,
el lado más cañero
y oscuro, como podrían
ser Grave del “Into de
grave”, sino que lo mezclan
con trozos más rítmicos
a lo Unleashed que, incluso,
les llevan por el camino del
thrash death.
El concierto
comenzó con “Release
in death”, el tema de
apertura de “Terra necrosis”.
Desde la nota inicial Nominon
salieron a darlo todo. Ninguno
destaca por una habilidad especial
con su instrumento pero sí
que, en conjunto, forman un
paquete muy sólido que
se basa en la contundencia.
Los riffs y la base rítmica
atronaron mientras que la voz
de Daniel Garptoft lucha por
emerger entre la avalancha.
El sonido fue aceptablemente
bueno. No era nítido
pero sí que se distinguían
bien, muy crudo e ideal para
lo propuesta de Nominon.
Los derroteros
de la descarga estaban predeterminados
porque ya habían anunciado
el repertorio unos días
antes de empezar el tour, si
bien hubo ligeras alteraciones.
“Among the beasts &
ancient slumber”, una
de las mejores de la última
entrega, animó a unos
cuantos a practicar headbanging.
Encima de las tablas, al quinteto
escandinavo les pasa como a
su música: no son excepcionales
pero dan lo que buscas en ellos,
sabes que no te van a defraudar.
“Hordes of flies”
supongo que será especialmente
recibida por nuestros vecinos
ya que es una de las dos canciones
de “Legioes em Portugal”,
si bien es una canción
perteneciente a “Recremetation”,
su segundo trabajo.
Nominon atacaban
cada corte sin parar nada más
que para tomar un respiro. Con
“Malicious torment”
bucearon en su ya lejano pasado.
Este era el primer tema de “Diabolical
bloodshed” disco que,
por cierto, estaba agotado y
ha sido reeditado coincidiendo
con la gira. En el puesto de
merchandise tenían copias
del álbum. Con Black
chapel” volvieron a la
actualidad de “Terra necrosis”
y se marcharon recurriendo otra
vez a “Recremation”
en “Submit to evil”.
Todo esto en apenas veinticinco
minutos, demasiado poco. Fue
un visto y no visto. Por lo
menos, uno o dos cortes más
se hubieran agradecido. No obstante,
apelemos al refrán de
“lo bueno, si breve, dos
veces bueno” para aseverar
que Nominon cumplieron con creces
el papel asignado en la velada.
Después
de tan corta actuación,
me temí que el resto
del show estuviera condicionado
por limitaciones temporales.
A lo mejor con un grupo que
tenga pocos discos, este asunto
se minimiza pero con una trayectoria
como la de Holy Moses es para
echarse a temblar. ¡Qué
paradojas tiene la vida! Veinticinco
años para venir a España
y en dos ha aparecido tres veces
por aquí. Primero, en
el Martorell de octubre de 2006
y en este mismo ejercicio, teloneando
a Obituary en enero y, ahora,
con este No Reunion Required.
Para colmo, según anunció
Sabina Classen en febrero regresarán
sustituyendo a Metal Church
en la gira de Over Kill.
Siempre existe
un buen motivo para ver a los
germanos pero en esta ocasión
estaba más que justificado
porque era la presentación
de su novísimo trabajo,
“Agony of death”,
editado por Wacken Records.
Con tan solo dos semanas en
el mercado aún no había
tenido oportunidad de escucharlo.
A muchos asistentes les sucedía
lo mismo así que Holy
Moses fueron inteligentes y
solo nos dieron breves pinceladas
de un disco que está
teniendo críticas contrapuestas,
por lo que he podido leer.
Con los acordes
reggaes típicos de cada
descarga suya, el quinteto teutón
saltó a las tablas de
Caracol. ¿He dicho quinteto?
¡Sí! Una de las
claves para que disfrutáramos
de un excelente concierto fue
la, por fin, vuelta a esta formación
con dos guitarristas. Oliver
Jaath ha cambiado el bajo por
las seis cuerdas entrando el
joven Thomas Neitsch hasta completar
la poderosa plantilla de Holy
Moses. Esto repercute directamente
en la contundencia porque cuando
Michael Hankel hacía
un solo, el conjunto queda algo
flojo y vacío, máxime
cuando en estudio las dobles
guitarras están por todos
los sitios.
Para variar,
“Master of disaster”
dio el pistoletazo de salida.
Sabina, esta vez con camiseta
y vaqueros, sin la chupa y vestido
que trajo con Obituary, sigue
igual que hace diez meses aunque
ese “flotador” de
la barriga dudo ya que se lo
quite. ¡Sus buenas cervezas
le habrá costado! En
estos compases iniciales, el
sonido de la música le
tapaba un poco pero, progresivamente,
este impedimento se mejoró
y pudimos gozar en todo su esplendor
no solo con el carisma sino
también con la voz de
la pequeña y luchadora
oriunda de Aquisgrán.
El escaso público congregado
en la sala se animó más
que con Nominon e incluso media
docena de “valientes”
formaron un minipogo que se
mantuvo en prácticamente
toda la descarga, dando lugar
a más de una situación
simpática.
El repertorio
no difirió mucho de su
visita con Obituary, esto es,
centrándose en “The
new machine of Liechtenstein”
y “Finished with the dogs”.
Lo malo es que casi no cambiaron
canciones de estos discos, únicamente
el orden. “SSP (Secret
service Project)” es una
de esas fijas que menciono.
Sirvió de preámbulo
a “Bloodbound of the damned”
de su reciente “Agony
of death”. Para mi gusto
no desentonó nada respecto
al resto. Con Sabina en sus
habituales registros guturales
entre un torrente de riffs.
Todo lo contrario sucede con
“Lost in the maze”,
uno de mis temas preferidos
del grupo, de los más
oscuros y denso, con una atmósfera
casi doom en su concepción.
Sin embargo,
la característica principal
de Holy Moses es la tralla y
por ello “Nothing for
my mum” y “Life
destroyer” fueron bien
recibidas. La primera siempre
es un vehículo para demostrar
las habilidades con las baquetas
del gran Atomic Sétif
mientras que “Life´s
destroyer” incide más
en su vertiente americana dentro
del thrash. Una pequeña
pausa para lanzar una intro
que antecedió a la segunda
y última referencia de
“Agony of death”.
“Through shattered minds”
sigue la línea “Lost
in the maze” pero queda
lejos en cuanto a inspiración.
No me terminó de convencer.
Sabina nos
anunció un retorno al
material antiguo, que es en
lo que se basan sus actuaciones,
y recordó los días
de “World chaos”,
tal vez el disco que les pudo
hacer dar el salto a la segunda
división del género.
Como en la anterior visita,
en vez deleitarnos con el increíble
tema título escogieron
“Summer kills” que
está muy bien pero te
deja con una sensación
un tanto agridulce, por lo menos
a mí porque “World
chaos” es mi favorita
de siempre. No obstante, poco
importaba porque Holy Moses
se estaban saliendo y tenía
a la gente de su lado, más
aún cuando la Classen
apuntó que el próximo
tema solo lo iban a tocar en
España. Era “Finished
with the dogs”, que les
quedó un tanto caótica
pero sobresalió por la
brutalidad que le imprimieron.
No andaba lejos
el final porque ya llevaban
cuarenta minutos pero restaba
algún que otro clásico
como “Def Com II”,
tercera y última referencia
a “The new machine…”.
Para mantener el equilibrio
con “Finshed…”
no podía faltar su canción
más conocida, “Current
of death”. El adiós
vino de la mano de “End
of time”, perteneciente
a “Strenght power will
passion”. No es habitual
que sea un corte tan reciente
el que despida su show pero
así lo eligieron y la
ejecutaron de forma brillante,
por lo que ninguna queja.
Casi cincuenta
y cinco minutos en un tiempo
que, sinceramente, no esperaba.
Por lo que había leído
en otros sitios tocaban menos
por lo que podemos darnos por
contentos. Es verdad que el
set list resultó repetitivo,
que no sé por qué
se olvidan tanto de “Queen
of Siam” y que eché
de menos la fiesta que se monta
con “Too drunk to fuck”
pero eso son nimiedades porque
la conclusión y el resumen
es claro: Holy Moses estuvieron
sobresalientes. De las tres
veces que les he visto, la mejor.
Muy complicada
la papeleta que les quedaba
a Benediction tras el huracán
Classen. Para colmo, el ambiente
frío no ayudaba. Como
dijo su vocalista Dave Hunt
en un pasaje del concierto,
es extraño que en veinte
años solo tres veces
se hayan pasado por nuestro
país. Por eso me parece
todavía más lamentable
la paupérrima asistencia.
¡Que hablamos de una de
las diez bandas más importantes
de death metal británico!
Aún quedan en mi retina
los recuerdos de su paso por
el Atarfe Vega Rock de 2005.
Como entonces comenté,
la autosugestión jugó
un papel decisivo en mi bondadosa
percepción de una descarga
que a la mayoría de los
presentes les pareció
deficiente. Quizá por
esto, me encontraba en Caracol
prevenido, sin saber bien qué
esperar y con las dudas lógicas
de cómo estaría
de inspirado el quinteto de
Birmingham
Con la intro
de su novísimo “Killing
music” fueron saltando
estos veteranos de la escena.
Siete años desde “Organised
chaos” son muchos pero,
en este largo período,
por ejemplo Dave Hunt ha estado
dedicado en cuerpo y alma a
los alabados Anaal Nathrakh.
De Darren Brookes y Peter Rew,
la dupla de guitarristas padre
del invento, poco se ha sabido.
Llegado este punto y mientras
el grupo animaba a cierto sector
de la audiencia a acercarse
al escenario, atacaron “The
grey man” con un sonido
muy meritorio, notable aseguraría.
Cada instrumento en su sitio
y todo en regla. Con los hados
de su parte, todo quedaba en
las manos de los británicos.
Una de los
temores que tenía se
centraba en el repertorio. Tienen
la maldita manía de no
acordarse de su pasado (al menos,
esto ocurrió en Atarfe)
con lo que sus seguidores se
van apagando. Si bien el set
list no fue, ni mucho menos,
el que yo hubiera escogido,
en el haber de Benediction está
el que hicieran una parada en
todos sus trabajos. Por sacar
la puntilla aún más,
solo faltó algo del EP
“Dark is the season”.
Lástima porque el tema
que le da título es excepcional
y solía tener cabida.
Ahora bien, la proporción
no fue la que a muchos nos hubiera
ilusionado. No obstante, e igual
que en el caso de Holy Moses,
el concierto resultó
tan apasionante que esto queda
en el olvido.
“Contropolis
(rats in the mask)” fue
un aperitivo para que, por fin,
cruzáramos el Rubicón.
El salto que pegué cuando
sonaron los acordes de “Nightfear”
casi hace que me lesione. Por
mucho que la opinión
generalizada hable de los dos
primeros discos, en mi corazón
metalero el espacio estará
eternamente reservado para “Trascend
the Rubicon”. En su momento,
1993, recibió una publicidad
como pocos álbumes de
death metal pero su reflejo
en ventas no estuvo a la altura.
El género estaba decayendo
dando paso al emergente black,
que resultaba más atractivo
(por eso de la quema de iglesias,
los asesinatos y demás)
para muchos fans ocasionales
de los sonidos extremos.
“Nothing
on the inside” reivindicó
la valía del discutible
“Organised chaos”
(con todo, para mí un
buen trabajo) y “Shadow
world” dio un paso más
atrás hasta llegar a
“Grind bastard”,
obra que de no haber salido
en 1998 habría logrado
bastante más repercusión.
Hay que apuntar que Dave Hunt
estuvo bastante simpático
y comunicativo toda la noche,
amenizando los respiros entre
temas con comentarios de agradecimiento
a los fans, humor inglés
o loas a la ciudad de Madrid.
Claro que lo mejor era cuando
de su boca salían palabras
en su idioma como “Unfound
mortality”, segunda visita
a “Trascend the Rubicon”
y que provocó el pogo
más populoso de la velada
(¿veinte personas?).
No se puede decir que Hunt sea
como Dave Ingram porque estaríamos
negando una realidad pero sí
considero que superó
la prueba. En Granada me pareció
demasiado hardcore para Benediction
pero tres años y medio
después, y en unas condiciones
óptimas, pienso que da
la talla.
El concierto
seguía transcurriendo
de manera apabullante y nunca
acudiendo dos veces al mismo
disco. Así, enlazaron
la nueva “The must die
screaming” (muy old school)
con el pequeño clásico
“The grotesque”,
del EP del mismo nombre, la
adictiva “Agonised”
de “Grind bastard”
y la parada en “The dreams
you dread” vía
“Sáneles theory”.
Esto significaba un poco de
casi todo, excepto de lo más
lejano, de sus orígenes.
“Burying the hatchet”
supuso la mejor aparición
de un tema de “Killing
music” mientras con que
“The dreams you dread”
cayó la composición
más rápida que
jamás hayan escrito.
Toda la interconexión
con el público recae
en Hunt. Brookes y Rew estuvieron
sobrios pero, en ocasiones,
sonrientes. Mientras, Frank
Healy y el retornado Neil Hutton
se permanecían en segundo
plano dedicados a dar empaque
a sus compañeros. Parecía
que el concierto entraba en
una dinámica un tanto
más monótona pero
“I bow to none”
se encargó de calentar
los ánimos de nuevo para
que “Dripping with disgust”
y la punkarra “Suffering
feeds me” fueran preludio
del instante hilarante del show.
Dave Hunt, casi en un spoken
word, hizo una apología
de las mentiras que todos los
grupos hacen cuando se marchan
del escenario y vuelven a salir
para hacer un teórico
bis. Como bien sabemos la mayoría,
esto no es cierto porque lo
tienen totalmente programado
pero es una tradición
y como tal se hace. Estrictamente
hablando, un bis sería
salir a tocar un tema no preparado,
cosa que muy rara vez sucede.
Hunt atacó esta actitud
y señaló que ellos
preferían quedarse en
el escenario e interpretar tres
canciones más, mejor
que irse, esperar unos minutos
y volver para ejecutar solo
una.
El tipo tuvo
su gracia y fue aplaudido por
aquellos que entendieron su
disertación. Por lo tanto,
restaban unos pocos cortes y,
ojo, aún nada había
sonada de los dos primeros,
que ese es el gran error que
tuvieron, en mi opinión.
“Killing music”
implicó la sexta y última
visita a su nueva entrega y,
sí, se acordaron finalmente
que antes de 1993 ya existían
concluyendo la actuación
con la genial “Jumping
at shadows” de “The
grand leveller” y la no
menos grande “Subconcious
terror” de su debut homónimo
tras casi hora y media, que
para un grupo de metal extremo,
es una pasada. Objetivamente,
Benediction superaron la prueba
con nota. Otra cosa es el estadio
ideal que más de uno
soñaba pero, encima del
escenario de Caracol, dieron
una lección.
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Benediction

Nominon



Holy Moses






Benediction




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