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Llevar en
activo (aunque con altibajos
y etapas confusas) un cuarto
de siglo, ser una leyenda de
un género, tener editados
más de una decena de
trabajos, estar en un buen momento
de forma compositivo o ser una
banda más que notable
en directo parece que no sirven
para nada. ¿Por qué
lo digo? Sencillamente, me resulta
lamentable ver a una formación
mítica como Destruction
“condenados” a tocar
en una caja de cerillas como
Ritmo y Compás, y encima
no agotar las entradas. Mejor
para los que lo pudimos disfrutar
pero es paradigmático
cómo Kreator descargan
ante casi dos mil personas o
ver hace poco que el gran Thrash
Attack Festival, compuesto exclusivamente
por formaciones patrias del
estilo, congregaba a tanta o
más audiencia. ¡Ojo!
Que conste que los dos últimos
casos son lo normal, es decir,
sería de tontos no reconocer
que la banda de Mille Petrozza
ha regresado a la cumbre con
el genial “Enemy of god”
y, por otra parte, es bonito
ver disfrutar al público
con conjuntos como Legen Beltza,
Angelus Apátrida, Rancor
o Killem, algo que nunca había
sucedido en este país
dentro del thrash metal, contar
con una escena prolífica
y de gran calidad. Todo ello
no quita para que me dé
pena lo que le ocurrió
a Destruction pero, como comento,
dichosos nosotros que lo disfrutamos.
Se abrieron
las puertas con algo de retraso
pero el acceso se hizo rápido
y en quince minutos ya estaban
sobre las tablas de la sala
los madrileños Omission,
un cuarteto liderado por el
incombustible Miguel Ángel
Hernanz, “Patillas”,
y que cuenta entre sus filas
con el no menos legendario Julito,
bajista de Muro. Su música
se podría calificar de
thrash underground mezclado
con proto black. Me explico.
Omission no es una formación
thrash al uso sino que indagan
en la base más oscura
y cañera del género.
Esto nos lleva a una recreación
de los primeros días
de Kreator, Sodom o Bathory,
es decir, el origen de lo que
luego se conoció como
black metal. Por lo tanto, además
de estos grupos, en las partes
más aceleradas adivinaríamos
retazos de combos japoneses
(Sabbat, Abigail) o australianos
(Destroyer 666, Gospel Of The
Horns), todos ellos inspirados
en los antes mencionados pero
llevados a un punto más
extremo.
Desgraciadamente
el sonido embarullado les jugó
una mala pasada. Tan bien me
habían hablado de ellos
que mi sensación fue
agridulce. La impresión
conjunta es, sin duda, positiva
pero no tan impactante como
la que me dejaron la primera
vez que les vi los manchegos
Angelus Apátrida o los
semidesconocidos madrileños
Unsouled. Desgranaron los temas
de su demo autofinanciada, “Day
of your death arrives”,
todos ellos de duración
media, muy potentes pero con
amplio espacio para el desarrollo
instrumental, en particular,
con unos solos interesantes
y currados. De entre todas las
canciones interpretadas, destacaría
la brutal “Architects
of fear”, con un ritmo
trepidante, “Primitive
instinct”, probablemente
la que mejor estructura tenga,
y mi favorita (al menos esa
noche), “Satanic feelings”,
muy a lo Hellhammer, primeros
Celtic Frost en el riff de guitarra.
Entre medias, un trozo del “Wake
up dead” de Megadeth y
la despedida con “Sodomy
and lust”, de Sodom, en
la que, como le decía
a un amigo, les sobraba guitarra
y media porque, evidentemente,
Omission tienen un nivel infinitamente
superior del que tenían
Tom “Angelripper”
y demás en 1984.
Reitero que
mi sensación fue buena
pero no tan apasionante como
prometía, en parte por
lo dicho del sonido. La voz
de “Patillas” a
veces me resulta un poco chillona
(parecida a los inicios de Mille
Petrozza). En mi opinión,
una pequeña moderación
en este aspecto daría
sus frutos. No obstante, Omission
es una formación a seguir
atentamente. Han estado en muchas
batallas y se les nota. Sólo
falta que alguna discográfica
apueste por ellos porque creo
que pueden sacarles rendimiento.
El bueno de
Schmier, cantante y bajista
de Destruction, gusta de tener
tres micrófonos para
poder moverse por el escenario.
Lástima que Ritmo y Compás
sea tan pequeño que sólo
había un par de metros
de separación entre ellos.
Sea como fuere, eso importa
poco al trío de Lörrach,
localidad germana en los estertores
de la preciosa Selva Negra y
a escasos kilómetros
de la suiza Basilea. Los teutones,
en esta segunda etapa, han conseguido
una estabilidad siempre necesaria.
A los incombustibles Schmier
y Mike Sifringer, se les unió
hace un lustro el batería
Marc Reign que aporta contundencia
y algún que otro poderoso
coro.
Después
de la espera con el cambio de
rigor, la intro calentó
los ya de por sí enfebrecidos
ánimos de la audiencia,
ávida de presenciar la
primera descarga completa de
Destruction en Madrid. Antes
en la capital, y que yo recuerde,
únicamente la primitiva
gira apoyando a Motorhead y
el tour de teloneros de Dimmu
Borgir. Asimismo, yo les había
visto en esta última
y, luego, en Atarfe 2004 y,
unos meses después, en
el Graspop. Siempre con repertorios
sesgados de diez u once temas.
Ahora nos aprestábamos
a otra cosa distinta, con más
tiempo para las sorpresas y
las típicas como, a la
postre, así sucedió.
Sin contar
los años en los que Schmier
dejó el grupo (aunque
se decía que iban a recuperar
“Cracked brain”),
los dos períodos de los
alemanes quedan parejos en ediciones,
cuatro y cuatro (si bien “Sentence
of death” es un EP que
podríamos contar como
uno si lo sumamos al otro EP,
“Mad butcher”),
por lo que el repertorio suele
estar equilibrado con ligera
tendencia lógica a apoyarse
en los álbumes de los
ochenta.
“Collector
of souls”, que abre su
último “Inventor
of evil”, fue la encargada
de dar la salida a esta ceremonia
de reivindicación del
thrash en su vertiente teutona.
El sonido en la primera parte
de la actuación no fue
demasiado bueno ya que saturaba
pero, poco a poco, se corrigió
para catalogarlo de correcto
aunque sin alardes. “Nailed
to the cross” continuó
la descarga con los fans gritando
eso de “Nailed to the
fucking cross!”. La interacción
controlada fue un punto extra
que ganaron Destruction y es
que Schmier sabe como llevar
a sus seguidores sin necesidad
de ser cargante. Bajo mi criterio,
el momento más flojo
de la noche fue una interpretación
un tanto deslabazada e insulsa
del mítico “Mad
butcher”. Ni Mike estuvo
bien con la guitarra ni Schmier
en la voz quedando el conjunto
demasiado confuso y sin fuerza.
Como se suele decir, hasta el
mejor escribano hace un borrón
porque con la actual “The
defiance will remain”
lo corrigieron quedando como
una de las más destacadas
de la velada.
Me gustaría
comentar una cosa que, espero,
no se malinterprete. Amo a Destruction.
Es más, si me dieran
a elegir entre la “triple
entente” alemana, tendría
mis dudas porque si bien Kreator
son los más avanzados
compositivamente y Sodom quedan
como entrañables y “garrulos”
(en el buen sentido), Destruction
siempre han sido una mezcla
de ambas tendencias. Sin embargo,
creo que todavía está
por llegar el día que
yo vea al trío en un
concierto memorable, es decir,
a la altura de muchas de sus
canciones. El de esta noche
se acercó pero no alcanzó
las cotas que equivalgan a la
estima que les tengo. La prueba
de ello es que siempre que les
veo me gustan más como
tocan los temas de la segunda
etapa que la mayoría
de sus cortes referencia que
siguen siendo mis favoritos
en estudio. Espero haberlo dejado
claro.
Me encantó
al continuidad que le dieron
a las canciones, no había
grandes parones ni momentos
de vacío. Así,
nos adentramos en una parte
más tradiciones con composiciones
primigenias pero, digamos, para
fans, esto es, no las más
conocidas. Correcto, sin más,
el medley de “Antichrist
/ Release from agony”
que, como siempre comentamos,
es mejor que tocaran por separado,
sobre esta última que
me parece genial. En el medley
solía aparecer la tremenda
“Reject emotions”
(del EP “Mad butcher”)
pero no intuí su ejecución.
Esta dupleta quedó casi
unida a “Unconscious ruins”,
otro gran tema de “Release
from agony”. Fue en este
punto donde Schmier nos comentó
la inminente salida del anunciado
“Thrash anthems”,
regrabación de catorce
temas suyos de los ochenta más
dos cortes nuevos. “Eternal
ban”, la siguiente en
aparecer esta noche, queda en
“Thrash anthems”
como bonus track pero en Ritmo
y Compás fue recibida
de forma estelar, no tanto “Live
without sense”, canción
que es una de mis favoritas
sobre todo por su peculiar estribillo
que Schmier clavó.
Así
como en estudio uno ve muchas
diferencias entre los Destruction
del siglo XXI y los de antaño,
sobre todo por las producciones,
la unicidad del sonido hace
que “Thrash till death”
o “Desecrators of the
new age” no desentonen
después de la avalancha
añeja que les precedía.
Lo que nos esperaba era que
nos deleitasen con la gloriosa
“Death trap” de
“Infernal overkill”,
el disco del que tiraron más
en la descarga. Curiosamente
mutaron el orden del álbum
ya que tras “Death trap”
cayó “Invincible
force”, justo al revés
que en aquel mítico trabajo.
El segundo
y último punto negativo
llegó con el sólo
de batería cortesía
de Marc aunque reconozco que
les sirvió para tomarse
un respiro para encarar la traca
final del directo. “Tormentor”
atronó por su fiereza
y “Metal discharge”
hizo cantar a unos asistentes
ya extenuados por el calor pero
que demostraron conocer igual
de bien o más los temas
actuales. Quitando “Mad
butcher” quedaban por
interpretar los tres temas más
conocidos de Destruction. La
larga y perfectamente estructurada
“Curse the gods”
supuso otro instante álgido
del show con un Mike que estuvo
más atinado que en otras
ocasiones con su guitarra. Con
“Bestial invasion”
el público se dejó
las últimas fuerzas que
le quedaban en el “pit”
y gritó el estribillo
del tema con Schmier jaleando.
Una breve pausa amenizada por
la intro de “Sentenced
of death” y llegó
“Total desaster”,
mi preferida, con los ánimos
un tanto aplacados porque el
físico no daba para más.
Aún así, Schmier
pidió un último
esfuerzo, no sin antes dar las
gracias a los asistentes, para
la última de la noche,
“The butcher strikes back”,
ya convertida en final de concierto
habitual y único tema
de “All hell´s break
loose” ejecutado.
En total más
de hora y media, diecinueve
canciones y un repertorio bien
escogido. Quizá me faltó
“United by hatred”,
“Our opression”
o alguna referencia a “Cracked
brain”. También
hubiera molado que recuperaran
las simpáticas sintonías
de “La pantera Rosa”
o el “En forma”
de Glenn Miller que utilizaron
en el directo “Live without
sense”. Son pequeños
detalles que no ocultan una
impresión general notable,
casi sobresaliente diría
yo, pero que hubieran significado
el concierto redondo, brutal
y memorable que espero ver de
Destrution. Se quedaron en una
gran actuación. ¿Les
exijo mucho? Tal vez, pero porque
pueden. Ojalá vuelvan
pronto.
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Destruction

Omission

Destruction





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