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A veces no
sé a qué jugamos.
Nos hemos estado quejando durante
eones de la falta de conciertos
en España y ahora que
los tenemos, también
ponemos el grito en el cielo.
Si alguien no le apetece ir
a un concierto, por repetido,
no va y punto, pero que no protesten
si regresamos al ostracismo.
Esto es lo que precisamente
pasó esta noche. Domingo,
tormenta espeluznante durante
la tarde y la tercera actuación
de los germanos Destruction
en la provincia en el plazo
de ocho meses, supusieron que
apenas un centenar de personas
acudieran a la llamada del thrash
europeo más aguerrido.
El propio Schmier estaba sorprendido
por la poca respuesta pero,
sinceramente, creo que fue más
bochornoso el que en diciembre
no llenaran esta minúscula
sala cuando era su primera actuación
de cabezas de cartel por aquí
en un cuarto de siglo de historia.
El motivo de
la descarga era exactamente
igual que el de Amon Amarth.
Los teutones habían sido
contratados para un festival
en Barcelona y decidieron alargar
unas cuantas fechas más
por la península. A lo
mejor cuando alguien haya visto
el título en la sección
musical de esta revista habrá
pensado: “Crónica
repetida”. Pues no, porque
Omission volvieron a ser los
elegidos para calentar el ambiente.
Sin embargo, en esta ocasión
había un aliciente más
que eran los thrasher madrileños
Rancor, la pujante formación
que ya es veterana en ofrecer
notables actuaciones en este
local. Desgraciadamente para
todos, no llegaron a tocar.
El motivo es bastante pueril.
Su batería Jaime es zurdo
(¿qué culpa tenemos?
¡Discriminación
positiva ya!) por lo que los
señores técnicos
de Destruction se negaron a
acoplar el kit a sus necesidades.
Por lo que cuentan, ofrecieron
soluciones alternativas (como
montar otro equipo) pero fue
inútil. Ante la pasividad
de los componentes de Destruction,
Rancor se quedaron sin saltar
a escena por un par de roadies.
La situación
es del todo punto vergonzosa
y provocó una reacción
contraria de unos cuantos que
se “solidarizaron”
con Rancor de una forma curiosa.
Al terminar Omission abandonaron
las primeras filas e hicieron
una especie de huelga de palmas
caídas. Presenciaron
el concierto de los germanos
pero sin la más mínima
intensidad lo que provocó
una paradójica estampa
con aproximadamente veinticinco
personas dándolo todo;
un sector intermedio de otras
tantas viviéndolo pero
sin tanta pasión; y un
último espectro “agazapado”
entre las sombras. Entiendo
la actitud aunque no la comparta
al 100%. Eso sí, viéndolo
desde la perspectiva del grupo
también comprendería
que Destruction no volvieran
a pisar Madrid en una buena
temporada.
Incidentes
destacables aparte, deberíamos
comenzar a hablar de las actuaciones
en sí que, como no podía
ser menos, tuvieron un contratiempo
adicional en Omission. Marco,
el guitarra solista, fue baja
por un problema creo que familiar,
quedándose en trío
la formación liderada
por Miguel Herranz “Patillas”.
Para ser honestos, únicamente
se notó en los solos
esta ausencia porque las rítmicas
de Miguel arrasaron. Acaban
de grabar una demo titulada
“Yells that destroys”
y fue “Pure fucking hate”,
su apertura, el que dio inicio
a la gran avalancha sónica
con que nos suelen deleitar.
Como ya se comentó en
la anterior ocasión,
sus armas de destrucción
masiva se basan en un thrash
(con algún tinte de black
tradicional) oscuro, underground,
rapidísimo y demoledor.
Llevan consigo la herencia de
los grandes nombres europeos
de mitad de los ochenta y los
enlazan con la escena de extremo
oriente y Oceanía de
los tres lustros pasados.
A pesar de
que saturaron un poco, el sonido
no fue tan embarullado como
en diciembre y a mí,
personalmente, me gustaron más
sus prestaciones. El repertorio
fue bastante parecido aunque
si no me equivoco tocaron un
poco más. Así,
“Primitive instincts”
es toda una declaración
de principios, “Architects
of fear” se fundió
con la versión del “Sodomy
and lust” de Sodom y la
más novel “Legions
of youth” de su reciente
maqueta que sigue la línea
marcada por “Day of your
death arrives”. Precisamente,
la instrumental que daba título
a ésta fue la que más
adoleció de la falta
de Marco pero con la llegada
de la excelente, una vez más,
“Satanic feelings”,
muy Hellhammer en letra y concepción,
la velada alcanzó su
momento álgido.
Las postrimerías
de su show vieron como se interpretaban
“The light in my dark”,
“Traitor” y otro
homenaje, en este caso el “Into
the crypt of Rays” de
Celtic Frost para lo que contaron
con la colaboración a
las voces de Ares de Wolfencross
y que también anduvo
por Greenfly. Creo que de las
versiones podemos hacernos una
idea de la propuesta de Omission.
Considero que ellos son mejores
técnicamente que los
primeros Sodom o Celtic Frost
aunque no alcancen, obviamente,
la magia de estos. Al igual
que concluí nuestra anterior
reseña en directo de
estos madrileños, diré
que me sorprende que no tengan
aún contrato o alguien
que les saque un disco porque
nivel, experiencia y canciones
buenas les sobran.
En el rato
que pasó entre las dos
actuaciones me dio la impresión
de que alguna gente se marchó.
Entre cien personas, en cuanto
faltan diez ya se nota y quizá
estos fueran los miembros de
los grupos teloneros y sus acompañantes
pero la dispersión en
un sitio tan pequeño
como Ritmo Y Compás era
significativa. Con el salto
de la primera intro, el trío
alemán bajó las
escaleras que separan el camerino
del minúsculo escenario
y entre tímidos aplausos
arrancaron con “The butcher
strikes back”. Peculiar
manera de comenzar porque le
dieron la vuelta a la tortilla
respecto a diciembre ya que
entonces terminaron con ella.
Bien ecualizado, no hubo ningún
problema en ese aspecto. Schmier
tenía dos micrófonos
en vez de los tres habituales
y el telón era exactamente
el mismo, la portada de “Metal
discharge”.
Recuperando
el curso de hace unos meses,
“Nailed to the cross”
continuó el orden de
descarga y ya las dos primeras
filas corearon su estribillo
con contundencia. Tras esta,
Schmier procedió al protocolario
saludo, hizo alusión
a que la escasa presencia de
público no mermaría
sus prestaciones y señaló
que acababan de regrabar muchos
de sus clásicos en “Thrash
anthems” habiendo procedido
a su lavado de cara que se reflejaría
en la ejecución de los
temas. El primero fue “Mad
butcher” y, sí,
sonó como en “Thrash
anthems” pero lo hizo
mejor que en diciembre por lo
que quedé contento. Una
segunda intro, esta vez familiar
al grupo, anunció “Total
desaster”, con lo que
sus cartuchos más añejos
se quemaban deprisa.
No hubo excesivo
margen para la variedad en el
set list. Es más, estaba
prevista “Deposition (our
heads will roll)”, uno
de los dos cortes nuevos de
“Thash anthems”,
pero al final no lo interpretaron.
La que sí, por fin, cayó
fue “Cracked brain”
que con Schmier está
mejor que en el disco homónimo
con André Grieder a las
voces. El equilibrio entre sus
dos etapas no fue tan similar
ya que los ochenta prevalecieron
sobre el siglo XXI. No obstante,
sí que, por ejemplo,
“The defiance will remain”,
siguió reivindicando
que no existen tantísimas
diferencias de calidad entre
los Destruction de entonces
y los de ahora.
Como ya es
habitual en ellos, se montaron
un medley con “Antichrist/Sign
of fear/Release from agony”
siendo esta última la
única que sonó
en su totalidad. “Metal
discharge” es otro de
esos nuevos himnos que a los
seguidores les gusta corear
y otra intro anticipó
la celebrada “Curse the
gods” donde casi hasta
los de atrás de la sala
tuvieron que claudicar en su
huelga. A Marc, Mike y Schmier
les vi como siempre, con ganas
y muy profesionales. Dieron
un buen espectáculo y
se dejaron la piel. Comento
esto porque los detractores,
es decir, los que los idolatran
pero esa noche no estaban de
su parte por lo mencionado con
Rancor, afirmaban que se les
vio a medio gas, sensación
que no tuve en ningún
instante de la noche. Es más,
me lo pasé mejor que
en diciembre aun sin parecerme
mi concierto soñado de
Destruction.
Una vez terminada
“Curse the gods”,
llegó un rato sobresaliente
porque sin ser sus hits más
conocidos y alabados, tocaron
seguidos una serie de cortes
de los ochenta que les tengo
mucho cariño. Me refiero,
entre otros, a “Death
trap” con su particular
melodía de guitarra,
la ideal para hacer headbanging
“Life without sense”
y una más técnica
“Unconscious ruins”.
La cuarta de las intros resultó
previa a “Thrash ´till
death”, con la gente levantando
su puño para reivindicar
un género que algunos
han querido enterrar o desprestigiar
muchas veces en estas dos décadas.
“Thrash ´till death”
supuso solamente un buen respiro
para otros dos temas clásicos
de esos “entrañables”
como “Reject emotions”
del EP “Mad butcher”
e “Invencible force”,
la apisonadora que abría
“Infernal overkill”.
Como esto “consistía”
en un negar el pan y la sal
a Destruction (¿o no?
Evidentemente no), aquí
voy a tirar una lanza por el
trío de Weil Am Rhein.
Schmier nos preguntó
qué canción nos
gustaría escuchar. Pensaba
que alguien diría “Black
death” o “United
by hatred” con lo que
les hubieran puesto en un compromiso
pero el más avispado
soltó “Machinery
of lies”. Puedo dar fe
que no estaba prevista. El vocalista
comentó: “Buena
elección”. Miró
a sus compañeros y dijo:
“¿Lo intentamos?”.
Tanto Marc como Mike asintieron
y así esta composición
de “All hell breaks loose”
fue una de las sorpresas de
la velada.
A partir de
aquí, empezaron a pedir
cosas con tan “mala pata”
que el siguiente dijo “Eternal
ban” que era la que estaba
la siguiente en el orden de
la actuación. Aquí
lo tuvieron fácil Destruction
y Schmier aprovechó para
dar su discurso de la unidad
del metal aunque visto lo que
había pasado con los
pobres Rancor, quedó
un poco vacío y falso.
Era muy tarde ya y el recital
estaba terminando porque con
“Eternal ban” se
metieron en el camerino. Entre
los que estaban apagados porque
querían, el cansancio
del resto y demás, me
temía que la audiencia
abandonara la sala. Los teutones
tiraron de manual porque rápidamente
enchufaron la última
intro de la noche para ejecutar
“Soul collector”
y despedirse con la inevitable
“Bestial invasion”
tras más de noventa y
cinco minutos inapelables.
Quienes consideren
que Destruction estuvieron regular,
o bien no son objetivos o eran
ellos los que tenían
un mal día. Creo que
de las seis veces que les he
visto, si no me ha parecido
la mejor, a escasa distancia
se ha quedado. En unas circunstancias
poco propicias (por su culpa
o debido a sus colaboradores,
por supuesto), con un público
en buena parte poco receptivo
y la escasa presencia de fans,
ellos pasaron con nota la prueba.
Supongo que ahora llega el momento
de descansar de los alemanes
en directo durante un buen período
de tiempo. Cuando lleguen las
vacas flacas, veremos como protestan
aquellos que prefirieron quedarse
en su casa…
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Destruction

Omission




Destruction




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