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Definitivamente
nunca se sabe qué puede
pasar o no pasar en un concierto
en España. Normalmente,
estos asuntos más propios
de alienígenas se circunscriben
a los festivales patrios, tan
cutres y mal organizados ellos,
que siempre nos deparan alguna
desagradable sorpresa en forma
de cancelación, pésimo
sonido, recorte de actuaciones
y demás. Sin embargo,
los hechos acaecidos esta tarde
de miércoles (y también
la del viernes del Pilar en
una Zaragoza en plenas fiestas
patronales) nos demuestran que
todo es susceptible de empeorar.
A priori nos
encontrábamos un interesante
cartel un mes antes del inicio
de la gira. Por una parte, Dimmu
Borgir, en pleno cenit de popularidad;
en la otra esquina los excelentes
Amon Amarth y como árbitros
Hatesphere, la banda danesa
con un brutal directo. Sin embargo,
la primera en la frente llegó
con la caída de estos
últimos antes del tour
por una reestructuración
casi total de la formación.
Los suecos Engel les sustituían
en una gran oportunidad para
un grupo cuyo debut se editó
el 31 de octubre aunque sus
componentes son conocidos y
veteranos ex miembros de The
Crown, Gardenian, Evergrey…
Pues bien,
la mañana del evento
Internet echaba humo y el rumor
de que el autobús de
los dos teloneros se había
averiado en Lisboa se confirmó
poco más tarde. Aquí
hay dos opciones: Que las bandas
permanezcan en Portugal hasta
el arreglo pegándose
la juerga padre o que managers,
grupos y promotores reaccionen
con urgencia contratando un
autobús “normal”,
si bien no para hacer una gira,
sí para cubrir esta eventualidad.
Obviamente, se optó por
la primera privando al público
madrileño de dos descargas
interesantes. Hay que señalar
que el promotor ofreció
la posibilidad de devolver el
dinero a aquellos agraviados
que querían, sobre todo,
ver a Amon Amarth. Ignoro cuánta
gente eligió quedarse
en su casa pero con que fueran
una veintena casi salía
mejor la contratación
del vehículo alternativo.
A todo esto,
entre las soluciones de emergencia,
se contactó con dos conjuntos
madrileños que, sin comerlo
ni beberlo, se encontraron con
que se iban a enfrentar a la
mayor audiencia de su vida.
Desde luego, tanto Elderdawn
como Dawn Of Tears afrontaron
con coraje el reto aun sabiendo
que la empresa no era sencilla.
Sólo por ello merecen
un gran aplauso.
Es más,
Elderdawn, los primeros en aparecer,
tenía una vicisitud incluso
más importante. A pesar
de que contaban con la ventaja
de que habían tocado
el día anterior, recientemente
han perdido a su cantante Hellvoice
con lo que si cabe las cosas
se presentaban más complicadas
para el quinteto que tiene una
curiosa mezcolanza de instrumentos:
dos guitarras, batería,
teclados y violoncello. Disponían
de poco tiempo y el sonido no
les acompañó en
exceso pero creo que no desentonaron
si bien considero, en mi modesta
opinión, que les falta
dar un paso hacia delante en
el plano compositivo. Tal vez
sea culpa del defectuoso sonido
pero no pude apreciar bien los
matices (si existen) porque
teclado y batería tapaban
el resto.
Para quienes
no estén familiarizados
con su propuesta, comentar que
Elderdawn practican black metal
con muchas melodías y
caracterizado por la omnipresencia
de los teclados. Aunque la voz
principal es rasgada, de vez
en cuando surge otra normal
para crear atmósferas
vocales. En general es un grupo
cañero si bien meten
algún que otro cambio
de ritmo. No podría afirmar
cuáles son las cuatro
canciones que tocaron aunque
creo que alguna formará
parte de su debut, “Empty
words”, que saldrá
en los próximos meses.
Nunca había visto a Elderdawn
y no me impresionaron, tampoco
las circunstancias ayudaron.
Considero que esa noche no era
la idónea para juzgarles.
A Dawn Of Tears
sí que había tenido
ocasión de oírles
porque he estado en un par de
conciertos suyos. Comenzar diciendo
que a ellos no les pesó
la responsabilidad y salieron
a comérselo. Las tablas
en escena que tienen ayudaron
a que el público se mostrara
un poco más participativo
que con Elderdawn. Su disco
“Descent” está
disponible para descargar en
su página web y pienso
que se trata de un interesante
trabajo, en el que con habilidad
funden melodías con potencia
y momentos casi memorables como
la genial “The pit and
the pendulum”.
He de hacerles
una doble crítica constructiva
porque les considero una más
que notable formación.
La primera es conjunta: Creo
que aún no han logrado
reproducir las atmósferas
vibrantes de “Descent”
encima de un escenario. Un grupo
siempre es más cañero
en directo pero Dawn Of Tears
no deberían perder esos
matices que los hacen grandes
en estudio. La mencionada “The
pit and the pendulum”
o “Echoes of eternal life”
fueron ejemplos de esto que
comento. La segunda cuestión
está relacionada con
el vocalista J. Alonso. Que
me perdone pero en vivo utiliza
unos registros más agresivos,
menos death y más blackeros.
Esto no es malo en sí
mismo pero hace que parezca
diferente a lo que estás
acostumbrado a oír en
tu casa.
Descargaron
durante poco más de veinticinco
minutos cuatro cortes de “Descent”
con un sonido mejor que Elderdawn
si bien no del todo nítido.
Afortunadamente las guitarras
sí que cobraron protagonismo
con Dawn Of Tears y el conjunto
floreció algo más.
Reitero que, en mi criterio,
el quinteto no ha logrado la
excelencia en directo para reflejar
lo que las canciones expresan
pero desde luego considero a
estos madrileños una
banda realmente buena dentro
del ya de por sí sobresaliente
panorama extremo de nuestro
país.
Aunque sea
jugar a hacer un poco de historia,
hacía mucho que Dimmu
Borgir no se presentaban por
estos lares. En dos ocasiones
se habían asomado con
anterioridad. En la gira de
“Spiritual black dimensions”
tocaron en la minúscula
La Sala de Carabanchel con Dark
Funeral, los mediocres Evenfall
y unos Dodheimsgard que dieron
uno de los peores conciertos
a los que jamás he asistido.
Posteriormente, volvieron con
“Puritanical Euphoric
Misanthropia” y teloneros
de superlujo, Destruction y
Susperia. Curiosamente, en esta
segunda venida, ni tan siquiera
llenaron la sala Copérnico
algo que me sorprendió
negativamente pues pocos meses
después vi cómo
lideraban un festival belga
con diez millares de individuos
a sus pies.
Muy diferentes
son las cosas en 2007. Dimmu
Borgir han trascendido al metal
extremo y se han convertido
en un grupo para el consumo
masivo de metaleros y góticos
con ínfulas tralleras.
No pasa nada ni pierden la esencia
ni tonterías varias.
Mejor para ellos que tendrán
cuentas corrientes más
lustrosas y estómagos
bien alimentados (que se lo
cuenten a Shagrath). Desde aquellos
tres primeros contactos, los
he visto dos veces más,
ambas en el Graspop, y a diferencia
del resto, allí estuvieron
muy bien, con un sonido rozando
la perfección, muchas
ganas y una audiencia entregada.
Sin embargo, lo importante en
los noruegos es que ellos se
dejen la piel y no salgan a
cumplir. En Madrid, hicieron
una faena de aliño que
se convirtió en silencio
por el deficiente sonido.
Es una lástima
porque las expectativas generadas
eran enormes. Joy Eslava, con
capacidad para mil personas,
se quedó pequeña
y se trasladó la velada
a La Riviera que si bien no
presentaba sus mejores galas
y algunas zonas no se abrieron,
sí que acogió
a mil quinientas almas que estaban
allí exclusivamente por
Dimmu Borgir.
Con la Intro
las manos de la gente se alzaron
poniendo los clásicos
cuernos con los que también
nos saludaron los cinco noruegos
y Tony Laureano, el baterista
yankee que lleva sustituyendo
unos cuantos meses a Hellhammer.
Era significativo el grado de
excitación de las masas
que se empezaron a mover a ritmo
de “Progenies of the great
apocalypse”, la apertura
de “Death cult armageddon”,
álbum que tuvo rápido
protagonismo, ya que continuaron
con “Vredesbyrd”,
pero que se diluyó y
permaneció en el ostracismo
hasta el adiós.
El sonido era
infame y deslucía cualquier
atisbo de brillantez. Todo se
reducía a Mustis y sus
teclados, Laureano y Sagrath.
De las guitarras, ni rastro,
y de la voz de Vortex nunca
se supo a pesar de los gritos
que pegaba el bajista. Parece
mentira que estos muchachos,
con un montón de discos
a sus espaldas y una fama mundial
(recordemos que desde A-Ha ningún
grupo noruego debutaba en el
top50 de la lista estadounidense),
no tengan un técnico
competente. A lo largo de la
actuación se arregló
un poco la cosa y pudimos escuchar
algo a Silenoz y Galder pero
no se alcanzó el mínimo
exigible.
Por este motivo
y porque llegó el turno
de “In sorte diaboli”,
la euforia inicial se calmó
tanto que no se recuperó
salvo en instantes puntuales.
No digo que los temas nuevos
sean peores que el resto pero
es cierto que los fans, aun
teniendo medio año de
vida, no se encuentran tan cercanos
a otras composiciones más
añejas en la carrera
de Dimmu Borgir. En “The
serpentine offering” observamos
algo que llegó a ser
mareante. El grupo había
llevado una pantalla para proyectar
imágenes que no sólo
desaprovechó sino que
exasperó al más
pintado porque acabé
de la repetición del
videoclip de los cruzados hasta
las mismísimas narices.
“The chosen legacy”
continuó la presentación
de la reciente obra y tuvo una
buena acogida. De las nuevas,
la más aplaudida.
Para mí,
lo más destacable de
la velada ocurrió al
interpretar “Grotesquery
conceiled”, la mejor canción
de “Spiritual black dimensions”,
y “A succubus in rapture”.
Con ésta disfruté
muchísimo porque fue
la única vez donde el
espíritu Dimmu de los
inicios brotó. Veamos,
el sexteto ha ido evolucionando
su propuesta a terrenos más
rápidos y modernos pero
en los días de “For
all tid” y sobre todo
del genial “Stormblast”
(en su concepción primigenia,
obviamente), Dimmu Borgir eran
un grupo más de atmósferas
y pasajes etéreos. En
“Enthroned darkness triumphant”
aún quedan restos de
esos orígenes y “A
succubus in rapture” es
exponente claro. Además,
Mustis sí supo rescatar
esa aura.
Incomprensiblemente,
abandonaron para tomarse un
respiro y nos dejaron en compañía
de “Fear and wonder”,
la intro de “Puritanical…”
que se me hizo eterna. Era evidente
que llegaba una de las favoritas
del respetable, “Blessing
upon the throne of tyranny”,
aunque probablemente más
de uno esperaba “Kings
of the carnival creation”.
Eso sí, donde hubo unanimidad
fue en “Spellbound (by
the devil)”, todo un clásico
del grupo y jaleada por todos
los presentes a pesar del par
de acoples que atormentaron
nuestro oídos. Claro
que no había llegado
el verdadero tormento del show
porque este mérito se
lo adjudicamos a “Sorgens
kammer”. Al menos Shagrath
tuvo de la decencia de presentarlo
como un tema de “Stormblast”
pero en formato regrabado de
2005. Irreconocible y casi indecente
el tratamiento que se da a estas
adaptaciones. Casi preferiría
que le hubieran cambiado el
nombre al álbum y santas
pascuas. En este dislate andábamos
cuando el sexteto del norte
anunció que la siguiente
sería la última
canción. Miro el reloj
y, efectivamente, apenas se
había rebasado la hora
de actuación. El honor
recayó en “The
insight and the catarsis”,
otro de los buenos cortes del,
en mi opinión, irregular
“Spiritual black dimensions”.
Los momentos de euforia que
se suelen vivir cuando una banda
abandona las tablas no fueron
tales. Hubo aplausos y demanda
de más pero casi porque
era obligatorio pedirlo no por
el éxtasis sobrevenido.
No tardaron
demasiado en regresar para interpretar
su nuevo single, “The
sacrilegious scorn”, al
tiempo que las pantallas proyectaban
el videoclip de este tema que,
personalmente, me parece de
los más insustanciales
de “In sorte diaboli”.
Aún me choca pensar cómo
un corte tan sencillo y, teóricamente,
alejado de la grandilocuencia
de Dimmu Borgir como “Puritania”
siempre cae en sus giras pero
me alegro porque le tengo bastante
aprecio. Sus tres minutos fueron
el presagio del final. Aquí
no hay sorpresas porque sin
“Mourning palace”
no cabría velada de los
noruegos. Lo entiendo pero en
él se representa el paradigma
de Dimmu Borgir en 2007. Todo
muy previsible, sin capacidad
para el asombro, planificado
de antemano, gélido y,
por qué no, distante.
Para mí,
un concierto regular, aprobado
raspado. Es decir, sacaron la
asignatura, cumplimentaron el
expediente y hasta la próxima
ocasión. De la misma
forma que ellos pasaron página,
la mayoría nos aplicamos
el cuento y nos preparamos para
afrontar el puente del Pilar…
con un poquito más de
sueño que de costumbre.
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Dimmu Borgir


Dawn Of Tears




Dimmu Borgir








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