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DIMMU BORGIR + DAWN OF TEARS + ELDERDAWN

Sala La Riviera (Madrid) 10-10-2007

Definitivamente nunca se sabe qué puede pasar o no pasar en un concierto en España. Normalmente, estos asuntos más propios de alienígenas se circunscriben a los festivales patrios, tan cutres y mal organizados ellos, que siempre nos deparan alguna desagradable sorpresa en forma de cancelación, pésimo sonido, recorte de actuaciones y demás. Sin embargo, los hechos acaecidos esta tarde de miércoles (y también la del viernes del Pilar en una Zaragoza en plenas fiestas patronales) nos demuestran que todo es susceptible de empeorar.

A priori nos encontrábamos un interesante cartel un mes antes del inicio de la gira. Por una parte, Dimmu Borgir, en pleno cenit de popularidad; en la otra esquina los excelentes Amon Amarth y como árbitros Hatesphere, la banda danesa con un brutal directo. Sin embargo, la primera en la frente llegó con la caída de estos últimos antes del tour por una reestructuración casi total de la formación. Los suecos Engel les sustituían en una gran oportunidad para un grupo cuyo debut se editó el 31 de octubre aunque sus componentes son conocidos y veteranos ex miembros de The Crown, Gardenian, Evergrey…

Pues bien, la mañana del evento Internet echaba humo y el rumor de que el autobús de los dos teloneros se había averiado en Lisboa se confirmó poco más tarde. Aquí hay dos opciones: Que las bandas permanezcan en Portugal hasta el arreglo pegándose la juerga padre o que managers, grupos y promotores reaccionen con urgencia contratando un autobús “normal”, si bien no para hacer una gira, sí para cubrir esta eventualidad. Obviamente, se optó por la primera privando al público madrileño de dos descargas interesantes. Hay que señalar que el promotor ofreció la posibilidad de devolver el dinero a aquellos agraviados que querían, sobre todo, ver a Amon Amarth. Ignoro cuánta gente eligió quedarse en su casa pero con que fueran una veintena casi salía mejor la contratación del vehículo alternativo.

A todo esto, entre las soluciones de emergencia, se contactó con dos conjuntos madrileños que, sin comerlo ni beberlo, se encontraron con que se iban a enfrentar a la mayor audiencia de su vida. Desde luego, tanto Elderdawn como Dawn Of Tears afrontaron con coraje el reto aun sabiendo que la empresa no era sencilla. Sólo por ello merecen un gran aplauso.

Es más, Elderdawn, los primeros en aparecer, tenía una vicisitud incluso más importante. A pesar de que contaban con la ventaja de que habían tocado el día anterior, recientemente han perdido a su cantante Hellvoice con lo que si cabe las cosas se presentaban más complicadas para el quinteto que tiene una curiosa mezcolanza de instrumentos: dos guitarras, batería, teclados y violoncello. Disponían de poco tiempo y el sonido no les acompañó en exceso pero creo que no desentonaron si bien considero, en mi modesta opinión, que les falta dar un paso hacia delante en el plano compositivo. Tal vez sea culpa del defectuoso sonido pero no pude apreciar bien los matices (si existen) porque teclado y batería tapaban el resto.

Para quienes no estén familiarizados con su propuesta, comentar que Elderdawn practican black metal con muchas melodías y caracterizado por la omnipresencia de los teclados. Aunque la voz principal es rasgada, de vez en cuando surge otra normal para crear atmósferas vocales. En general es un grupo cañero si bien meten algún que otro cambio de ritmo. No podría afirmar cuáles son las cuatro canciones que tocaron aunque creo que alguna formará parte de su debut, “Empty words”, que saldrá en los próximos meses. Nunca había visto a Elderdawn y no me impresionaron, tampoco las circunstancias ayudaron. Considero que esa noche no era la idónea para juzgarles.

A Dawn Of Tears sí que había tenido ocasión de oírles porque he estado en un par de conciertos suyos. Comenzar diciendo que a ellos no les pesó la responsabilidad y salieron a comérselo. Las tablas en escena que tienen ayudaron a que el público se mostrara un poco más participativo que con Elderdawn. Su disco “Descent” está disponible para descargar en su página web y pienso que se trata de un interesante trabajo, en el que con habilidad funden melodías con potencia y momentos casi memorables como la genial “The pit and the pendulum”.

He de hacerles una doble crítica constructiva porque les considero una más que notable formación. La primera es conjunta: Creo que aún no han logrado reproducir las atmósferas vibrantes de “Descent” encima de un escenario. Un grupo siempre es más cañero en directo pero Dawn Of Tears no deberían perder esos matices que los hacen grandes en estudio. La mencionada “The pit and the pendulum” o “Echoes of eternal life” fueron ejemplos de esto que comento. La segunda cuestión está relacionada con el vocalista J. Alonso. Que me perdone pero en vivo utiliza unos registros más agresivos, menos death y más blackeros. Esto no es malo en sí mismo pero hace que parezca diferente a lo que estás acostumbrado a oír en tu casa.

Descargaron durante poco más de veinticinco minutos cuatro cortes de “Descent” con un sonido mejor que Elderdawn si bien no del todo nítido. Afortunadamente las guitarras sí que cobraron protagonismo con Dawn Of Tears y el conjunto floreció algo más. Reitero que, en mi criterio, el quinteto no ha logrado la excelencia en directo para reflejar lo que las canciones expresan pero desde luego considero a estos madrileños una banda realmente buena dentro del ya de por sí sobresaliente panorama extremo de nuestro país.

Aunque sea jugar a hacer un poco de historia, hacía mucho que Dimmu Borgir no se presentaban por estos lares. En dos ocasiones se habían asomado con anterioridad. En la gira de “Spiritual black dimensions” tocaron en la minúscula La Sala de Carabanchel con Dark Funeral, los mediocres Evenfall y unos Dodheimsgard que dieron uno de los peores conciertos a los que jamás he asistido. Posteriormente, volvieron con “Puritanical Euphoric Misanthropia” y teloneros de superlujo, Destruction y Susperia. Curiosamente, en esta segunda venida, ni tan siquiera llenaron la sala Copérnico algo que me sorprendió negativamente pues pocos meses después vi cómo lideraban un festival belga con diez millares de individuos a sus pies.

Muy diferentes son las cosas en 2007. Dimmu Borgir han trascendido al metal extremo y se han convertido en un grupo para el consumo masivo de metaleros y góticos con ínfulas tralleras. No pasa nada ni pierden la esencia ni tonterías varias. Mejor para ellos que tendrán cuentas corrientes más lustrosas y estómagos bien alimentados (que se lo cuenten a Shagrath). Desde aquellos tres primeros contactos, los he visto dos veces más, ambas en el Graspop, y a diferencia del resto, allí estuvieron muy bien, con un sonido rozando la perfección, muchas ganas y una audiencia entregada. Sin embargo, lo importante en los noruegos es que ellos se dejen la piel y no salgan a cumplir. En Madrid, hicieron una faena de aliño que se convirtió en silencio por el deficiente sonido.

Es una lástima porque las expectativas generadas eran enormes. Joy Eslava, con capacidad para mil personas, se quedó pequeña y se trasladó la velada a La Riviera que si bien no presentaba sus mejores galas y algunas zonas no se abrieron, sí que acogió a mil quinientas almas que estaban allí exclusivamente por Dimmu Borgir.

Con la Intro las manos de la gente se alzaron poniendo los clásicos cuernos con los que también nos saludaron los cinco noruegos y Tony Laureano, el baterista yankee que lleva sustituyendo unos cuantos meses a Hellhammer. Era significativo el grado de excitación de las masas que se empezaron a mover a ritmo de “Progenies of the great apocalypse”, la apertura de “Death cult armageddon”, álbum que tuvo rápido protagonismo, ya que continuaron con “Vredesbyrd”, pero que se diluyó y permaneció en el ostracismo hasta el adiós.

El sonido era infame y deslucía cualquier atisbo de brillantez. Todo se reducía a Mustis y sus teclados, Laureano y Sagrath. De las guitarras, ni rastro, y de la voz de Vortex nunca se supo a pesar de los gritos que pegaba el bajista. Parece mentira que estos muchachos, con un montón de discos a sus espaldas y una fama mundial (recordemos que desde A-Ha ningún grupo noruego debutaba en el top50 de la lista estadounidense), no tengan un técnico competente. A lo largo de la actuación se arregló un poco la cosa y pudimos escuchar algo a Silenoz y Galder pero no se alcanzó el mínimo exigible.

Por este motivo y porque llegó el turno de “In sorte diaboli”, la euforia inicial se calmó tanto que no se recuperó salvo en instantes puntuales. No digo que los temas nuevos sean peores que el resto pero es cierto que los fans, aun teniendo medio año de vida, no se encuentran tan cercanos a otras composiciones más añejas en la carrera de Dimmu Borgir. En “The serpentine offering” observamos algo que llegó a ser mareante. El grupo había llevado una pantalla para proyectar imágenes que no sólo desaprovechó sino que exasperó al más pintado porque acabé de la repetición del videoclip de los cruzados hasta las mismísimas narices. “The chosen legacy” continuó la presentación de la reciente obra y tuvo una buena acogida. De las nuevas, la más aplaudida.

Para mí, lo más destacable de la velada ocurrió al interpretar “Grotesquery conceiled”, la mejor canción de “Spiritual black dimensions”, y “A succubus in rapture”. Con ésta disfruté muchísimo porque fue la única vez donde el espíritu Dimmu de los inicios brotó. Veamos, el sexteto ha ido evolucionando su propuesta a terrenos más rápidos y modernos pero en los días de “For all tid” y sobre todo del genial “Stormblast” (en su concepción primigenia, obviamente), Dimmu Borgir eran un grupo más de atmósferas y pasajes etéreos. En “Enthroned darkness triumphant” aún quedan restos de esos orígenes y “A succubus in rapture” es exponente claro. Además, Mustis sí supo rescatar esa aura.

Incomprensiblemente, abandonaron para tomarse un respiro y nos dejaron en compañía de “Fear and wonder”, la intro de “Puritanical…” que se me hizo eterna. Era evidente que llegaba una de las favoritas del respetable, “Blessing upon the throne of tyranny”, aunque probablemente más de uno esperaba “Kings of the carnival creation”. Eso sí, donde hubo unanimidad fue en “Spellbound (by the devil)”, todo un clásico del grupo y jaleada por todos los presentes a pesar del par de acoples que atormentaron nuestro oídos. Claro que no había llegado el verdadero tormento del show porque este mérito se lo adjudicamos a “Sorgens kammer”. Al menos Shagrath tuvo de la decencia de presentarlo como un tema de “Stormblast” pero en formato regrabado de 2005. Irreconocible y casi indecente el tratamiento que se da a estas adaptaciones. Casi preferiría que le hubieran cambiado el nombre al álbum y santas pascuas. En este dislate andábamos cuando el sexteto del norte anunció que la siguiente sería la última canción. Miro el reloj y, efectivamente, apenas se había rebasado la hora de actuación. El honor recayó en “The insight and the catarsis”, otro de los buenos cortes del, en mi opinión, irregular “Spiritual black dimensions”. Los momentos de euforia que se suelen vivir cuando una banda abandona las tablas no fueron tales. Hubo aplausos y demanda de más pero casi porque era obligatorio pedirlo no por el éxtasis sobrevenido.

No tardaron demasiado en regresar para interpretar su nuevo single, “The sacrilegious scorn”, al tiempo que las pantallas proyectaban el videoclip de este tema que, personalmente, me parece de los más insustanciales de “In sorte diaboli”. Aún me choca pensar cómo un corte tan sencillo y, teóricamente, alejado de la grandilocuencia de Dimmu Borgir como “Puritania” siempre cae en sus giras pero me alegro porque le tengo bastante aprecio. Sus tres minutos fueron el presagio del final. Aquí no hay sorpresas porque sin “Mourning palace” no cabría velada de los noruegos. Lo entiendo pero en él se representa el paradigma de Dimmu Borgir en 2007. Todo muy previsible, sin capacidad para el asombro, planificado de antemano, gélido y, por qué no, distante.

Para mí, un concierto regular, aprobado raspado. Es decir, sacaron la asignatura, cumplimentaron el expediente y hasta la próxima ocasión. De la misma forma que ellos pasaron página, la mayoría nos aplicamos el cuento y nos preparamos para afrontar el puente del Pilar… con un poquito más de sueño que de costumbre.


Dimmu Borgir

 



 

 

 

 

 


Dawn Of Tears

 

 

 

 

 

 

 


Dimmu Borgir

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: Javi Falcón