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Parece mentira
la mitad de año que hemos
vivido. Grupos que ni en el
mejor de mis sueños podía
imaginar ver tocando en España
después de tanto tiempo
han pasado por aquí ofreciendo,
en la mayoría de los
casos, sensacionales actuaciones.
Y & T, L.A. Guns, Enuff
Znuff, Danger Danger,... lástima
la suspensión de Bang
Tango y Faster Pussycat. Ahora
era el turno de Dokken. Si en
1990 me hubieran preguntado
cuál era mi banda favorita
del momento diría que
ellos y eso que ya se habían
autodestruido por las constantes
peleas entre George Lynch y
Don Dokken.
Lo que íbamos
a presenciar en esta velada
era una especie de “Best
of...” de casi toda su
carrera con lo que sus mayores
hits sonarían para deleite
de los fans del grupo. Antes
de ver a los americanos tuvimos
la ocasión de presenciar
la descarga de Furia Animal.
Esta banda, de la cual reseñamos
su últimos trabajo hace
unos cuantos meses, practica
un heavy metal contundente que,
a veces (no muchas), se ve impregnado
por el power. Creo que la labor
de guitarras es lo más
destacable de un conjunto que,
para variar, falla en su vocalista.
Tocaron composiciones de sus
dos álbumes hasta la
fecha, presentaron algún
tema nuevo y cerraron con la
versión del “Hotel
California” de The Eagles
que ya hicieran en el disco.
Vagamente recuerdo que, en el
comentario que hice de ellos
en su momento, señalé
que hay canciones que no les
puedes alterar el tempo porque
pierden su magia y su sentido.
Considero que “Hotel California”
es una de ellas por lo que para
nada me agrada su metalización.
A mí, personalmente,
Furia Animal no me convencieron
pero quizá no estaban
en el lugar idóneo.
Era el momento
de Dokken. No quiero dejar de
mencionar, inicialmente, que
hay que desterrar, de una vez
por todas, la teoría
de que en Macumba no se puede
lograr un sonido perfecto. Un
10 para los técnicos,
todo estaba en su sitio; la
batería, la guitarra,
los coros,... una gozada en
este aspecto. El segundo enigma
a descubrir era el estado de
forma de la voz de Don. La prueba
la pasó con notable alto.
Evidentemente no es el mismo
de hace 20 años pero
sus cuerdas vocales se mantienen
en buena forma. La tercera pregunta
giraba en torno a la banda ya
que sólo permanecen el
cantante y el baterista “Wild”
Mick Brown como miembros originales.
Sin embargo, los otros dos componentes
cumplieron de maravilla, en
especial el excepcional guitarrista
John Leven, con un estilo muy
semejante al de Lynch como el
propio Don me había anticipado
en la charla que tuvimos con
él la tarde anterior.
La velada comenzó
con la alucinante “Kiss
if death” de su cuarta
entrega “Back for the
attack”, uno de sus temas
más cañeros y,
desgraciadamente, el único
que sonó de ese magnífico
trabajo. A partir de aquí,
clásico tras clásico
con especial atención
a “Tooth and nail”.
Cinco de los cortes del mismo
fueron interpretados con maestría.
De todos, me atrajo sobremanera
“Alone again”, balada
en la que Don dio el 150% de
sí mismo ante la atónita
mirada de las 800 o 900 personas
allí reunidas. Más
que nada para que no digan también
tocaron un tema de su último
y regular disco. Sin embargo,
del, en mi opinión, notable
“Erase the slate”,
de 1999, cero patatero. Lo más
moderno fue la groovy “Too
high too fly” del altamente
minusvalorado “Dysfunctional”.
Después
de escasamente 63 minutos de
concierto desaparecieron del
escenario.
Sí,
la descarga había sido
increíble y memorable
pero, sinceramente, era una
tomadura de pelo. Imaginé
que haría cuatro o cinco
bises pero no. Únicamente,
“In my dreams” (como
siempre digo, el estribillo
perfecto del hard rock melódico)
y la potente “Paris is
burning” que dieron colofón
a un excelente show pero tan
escaso que supo a muy poco.
Sólo con un par de canciones
más, por ejemplo, la
imprescindible “Dream
warriors” y “Unchain
the night”, hubieran provocado
el éxtasis colectivo.
Por el contrario, todos nos
quedamos con las ganas de mucho
más... aunque, claro,
eso quiere decir que habíamos
disfrutado un montón
y que Dokken no habían
venido a arrastrar su gloria
pasada por los escenarios españoles.
No obstante, el mal endémico
de los repertorios escasos se
ha expandido tanto que hasta
los incombustibles Rolling Stones
han bajado en medio hora su
minutaje.
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