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Una vocalista
sin canciones; un montón
de clásicos sin cantante.
Aun a riesgo de ser largo, bien
podría usarse como titular
de lo acontecido en medio del
puente del Pilar en esta gira
denominada “Defenders
of rock”. Desde estas
páginas se ha ensalzado
la figura de Don Dokken a pesar
de que es una persona que durante
treinta años no ha tenido
una relación especialmente
dulce con los medios de comunicación.
Con este reportero siempre ha
sido exquisito en el trato.
Es más, las dos veces
que les he visto me habían
encantado, en particular la
segunda. Si bien Don está
limitado en la voz, hacía
lo que podía y aprobaba,
lo que unido a la excelencia
de sus músicos suponía
que presenciáramos actuaciones
notables. El Dokken que vimos
en Madrid esta noche distó
mucho de lo que debe ser un
profesional.
Los encargados
de abrir la velada fueron Kingdom
Come, como ya nos anunció
Don en la entrevista que mantuvimos
con él hace unos meses.
Medio año después
de su gira como cabezas de cartel
regresaban a nuestro país
aunque en esta ocasión
la afluencia de gente era infinitamente
superior aunque, desgraciadamente
para las huestes de Lenny Wolf,
no era precisamente con ellos
con quienes querían disfrutar.
Con la experiencia de lo sucedido
en marzo, fracaso de público
y frialdad general, Lenny tenía
una magnífica ocasión
para ofrecer a los fans lo que
pedían: Canciones de
“In your face”.
Aunque en su momento el debut
de Kingdom Come tuvo más
repercusión (en especial
por las acusaciones de plagiadores
de Led Zeppelín), es
“In your face” el
disco que ha quedado en la memoria
colectiva de los amantes del
hard rock. Sin embargo, Wolf
sigue como “don erre que
erre” empecinado en mostrar
la faceta más moderna
de su banda, algo que me parecería
estupendo si no fuera porque
sus discos son bodrios infumables
en su gran mayoría.
Con tres quintos
de la sala llena y una audiencia
que no sabía bien con
qué se iba a encontrar,
Kingdom Come saltaron a escena
en formación de cuarteto
porque recientemente han sufrido
la baja de Yenz Leonhardt lo
que implica que Lenny Wolf haga
de segundo guitarrista casi
todo el rato. Repasando las
notas de su show primaveral
comprobé que todo lo
que sonó esta noche ya
había sido interpretado
entonces. Ni un ápice
de novedad o improvisación.
“Gotta move now”
volvió a servir de bienvenida
y curiosamente fue lo más
actual que tocaron ya que pertenece
a su penúltima obra,
“Perpetual”. El
sonido no era malo y la voz
de Wolf perfecta, clavando cada
una de las notas.
De lleno en
el mundo de álbumes oscuros
y desconocidos para la masa
de Kingdom Come, “Only
rainbows know” es, para
mí, de la más
destacables de su etapa media.
En “Get it on”,
la primera conocida por algunos,
hicieron algo bien y es que
retomaron su espíritu
original y no la alteración
extraña que regrabaron
en “Ain´t crying
for the moon”. Un pequeño
problema con la batería
de Hendrik Thiesbrummel tuvo
como consecuencia que la intro
de “Mother” terminara
sin que la banda comenzara a
tocar. Directamente saltaron
a “Show down”, otra
más de “Master
seven”, dejándose
en el zurrón la maravillosa
“Ain´t crying for
the moon” que estaba pintada
en el set list e, incluso, tenían
el teclado en el escenario pero
imagino que por falta de tiempo
se quedó en el aire.
También manda narices
que nada toquen de su última
obra de estudio, ¡menuda
defensa! “Should I”
nos adentró en los difíciles
momentos de “Hands of
time” cuando su pequeña
popularidad ya había
caído en picado encontrándose
desubicados a pesar de editar
ese buen trabajo.
Con todo en
orden, retomaron la prescindible
“Mother” que fue
el anticipo de uno de los dos
instantes mágicos de
la descarga, “What love
can be”. Esta balada en
clave blues de su debut me parecerá
siempre emotiva, sentimental
y melancólica. Con Lenny
dejándose el alma y sintiendo
cada estrofa, la ovación
resultó más que
merecida. Una pena que Kingdom
Come no dispongan de excesivas
composiciones brillantes y encima
no las utilicen porque esas
cuerdas vocales siguen dando
para mucho. Como la cosa debía
ser que apremiaba, se saltaron
“Twilight cruiser”
para encarar otra de su primer
álbum, “Living
out of touch”, con ese
deje zeppeliano tan característico.
Abandonaron
por un minuto las tablas para
volver con los ¿bises?,
por llamarlos de alguna forma.
“Pushing hard” quiso
dar a entender que su pervivencia
y conexión con el pasado
era evidente ya que significaba
la cuarta del “Kingdom
Come” que caía.
No obstante, hay que matizar
que con respecto al tour de
marzo, todas las que quitaron
eran posteriores a “Hands
of time” por lo que la
percepción podría
ser errónea. El adiós
y la única parte en que
la gente vibró y acompañó
al grupo llegó con, lógicamente,
“Do you like it”,
el tema más celebrado
y conocido de la banda. Aquí
sí todos acompañábamos
coreando el estribillo. Wolf
y los suyos dejaron un buen
sabor de boca por esta canción,
no por una actuación
global técnicamente impecable
pero a la que le faltó
lo mismo de siempre, grandes
composiciones que encumbraran
a unos notables músicos
y un sobresaliente vocalista.
Hasta que Lenny no recapacite
y nos dé lo que deseamos,
esto no cambiará. Me
temo que sea tarde…
Con Dokken
eso que había pasado
con Kingdom Come sabíamos
que no se repetiría.
Don Dokken entiende que sus
fans añoran otra época
(él también seguramente)
y les da lo que aprecian de
verdad. Considero que lo hace
de un modo exagerado porque
no estaría de más
rescatar alguno de los notables
temas que compuso esta última
década como “Change
the world” pero bueno,
esto es lo que hay, cualquier
que acudiera a sus dos anteriores
visitas tenía claro que
no profundizarían en
los años oscuros.
En la espera
entre bandas, me preguntaba
si variarían el repertorio
porque si algo les puedo achacar
cuando presencié sus
descargas es que se hicieron
muy repetitivos tirando de las
mismas y parándose poco
en, por ejemplo, el genial “Back
for the attack”. También
observamos cómo, además
de preparar los instrumentos,
aparecían entre los amplis
minis de cubata junto a las
típicas botellas de agua.
Este “atrezzo” iba
a tener un papel protagonista
en la velada porque Don recurría
una y otra vez al güisqui
con cola dando una imagen de
borrachín lamentable
que se exaltaba aún más
con el cigarrito y las gafas
de sol.
Sin abarrotar
pero con una buena entrada (los
días de los pabellones
no volverán, amigo Don),
arrancaron con la habitual “Kiss
of death”. El sonido era
bastante bueno, únicamente
la guitarra de Jon Levin quedaba
un poco por debajo del resto
pero se corrigió paulatinamente.
Sólo hubo que escuchar
las dos primeras estrofas y
el estribillo para llegar a
una afirmación recurrente:
“¡Cómo ha
perdido este hombre!”
Esto que aplicamos por ejemplo
a un familiar que hace tiempo
que no vemos, sería perfectamente
extrapolable al viejo Don. Nunca
fue un prodigio, ni en los ochenta
ni hace dos años, pero
al menos no hacía el
ridículo. Con todo el
dolor de mi corazón,
dado el respeto y la admiración
que profeso por él, ésta
es una realidad constatable,
Don Dokken dio pena.
Todo lo contrario
podríamos decir de su
banda. Mick Brown siempre es
el apoyo del jefe, con sus bromas
y su buena labor tanto a la
batería como a las voces.
Barry Sparks es un gran bajista
pero, sobre todo, un tremendo
corista que si no fuera por
él las cosas serían
muchísimo peores. De
Jon Levin poco más que
decir. Aparte de una presencia
escénica impecable, clava
todos y cada uno de los solos
de George Lynch y eso únicamente
puede conllevar alabanzas. Es
perfecto para su puesto.
El hecho de
encadenar clásicos no
implica que puedas llevar un
orden aleatorio porque no es
lo mismo tocar “Into the
fire” al principio que
al final, máxime si se
hace seguida de “Dream
warriors”, otra de las
preferidas de sus seguidores.
Por supuesto, que con estas
dos canciones la sala se vino
abajo y todos cantaron al unísono
esos estribillos tan significados.
Personalmente tengo cierta fobia
a “The hunter”.
Es una buena canción
pero, en mi opinión,
palidece ante otras enormes
composiciones que se quedan
fuera, incluso del propio “Under
lock and key”. No digo
“Lightning strikes again”,
que dejaría a Don por
los suelos, sino “Don´t
lie to me” o “Jaded
heart”, pero el caso es
que fue single y eso es intocable
para ellos si hablamos de sus
tres primeras obras.
Desde hace
un par de giras, Don se ha vuelto
a enfundar la guitarra aunque
sólo la utiliza en los
temas más antiguos, es
decir “Breaking the chains”
y “Paris is burning”,
que cayeron juntos. Debido a
su potencia, siempre son de
agradecer sus interpretaciones
aunque ya que habían
editado hace nada el “From
conception: Live 1981”
se podían haber tirado
el rollo y recuperar “Night
rider” o “Young
girls” pero eso es pedir
peras al olmo. “Alone
again” fue acogida con
vítores pero se quedó
en eso. Don aportó carisma
pero su ejecución careció
de sentimiento y emotividad.
Es tan buena que me gustó
pero lejos de su inmensa brillantez.
No sé
qué es más difícil,
que Don Dokken recupere su voz
o que dejen de martirizarnos
más de quince minutos
con “Too high to fly”,
que se ha convertido en condición
sine qua non de sus giras. ¡Con
lo bueno que es “Dysfunctional”
y que no den cancha a “The
maze”, “Long way
home” o “Nothing
left to say”! El cantante
aprovecha para echarse un pitillo
entre bambalinas dejando a los
músicos en una especie
de jam que acaba por hastiar
al más paciente. Eso
sí, les sirve para “rellenar
huecos” y llegar hasta
los noventa minutos de actuación.
El curso normal se recupera
con la brutal “Unchain
the night” que incomprensiblemente
mutilan en su inicio yendo directamente
a la parte cañera dejándonos
sin disfrutar el genial cambio
de ritmo. Aquí Don está
fatal y sólo Sparks y
Brown son capaces de salvarle
la cara.
Todo es cuestión
de opiniones pero el trío
de temas que completan la actuación
(a falta de bises) me parece
desastrosamente elegido por
varios motivos. Para mí,
no son imprescindibles, tampoco
himnos clásicos salvo
“It´s not love”
(que a mí no me va),
y para colmo, el vocalista daría
la talla tan poco como si tocaran
las geniales “Heartless
heart” o “Turn on
the action”. Como ambas
son de “Tooth and nail”
podrían suplir a “Just
got lucky” (según
Don “la canción
que Mick odia porque es pop”)
y la evitable “When heaven
comes down” pero no, para
qué ensayar un poco más
y ofertar algo distinto a tus
fans. Como “It´s
not love” también
se pueden alargar para entretenerte
y descansar la garganta, pone
el punto y seguido.
La gente, quizá
autosugestionada, quizá
deseosa de que el concierto
diera un giro de 360 grados,
pide más. Aplaude, canta,
grita… Feliz y pensando
que ha cumplido de cine, irrumpe
Don Dokken sonriente: “Spain
is the best” y bla, bla,
bla. En las pocas decisiones
que le aplaudo, me gusta que
retomen el show con “Tooth
and nail”. Lástima
que su voz, a estas alturas,
esté en algún
lugar de California. Con “In
my dreams” hay menos problemas
porque como es casi todo coro
y ahí tiene a Sparks,
Brown y el público, además
del increíble solo de
Levin, el concierto concluye
de forma decente.
Escasamente
catorce canciones en una hora
y media eterna. Olvidémonos
de las ausencias enumeradas
en la crónica y de la
práctica totalidad de
“Back for the attack”
(cuando pienso en “Night
by night”, “Sleepless
nights”, “Cry of
the gypsy” y demás
me pongo enfermo), me da mucha
pena ver a Don Dokken en este
estado calamitoso. Quizá
para la mayoría esto
sea suficiente pero no para
mí. Dokken es uno de
los grupos que me han marcado
y no debo consentir, como fan,
esta situación. Ojalá
tenga en breve una nueva ocasión
de entrevistar a Don porque
se lo pienso comentar. Me ha
demostrado en las tres charlas
anteriores que encaja bien las
cuestiones complicadas pero
no sé si ésta
lo será demasiado. Decepción
y añoranza.
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Dokken

Kingdom Come






Dokken




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