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DOKKEN + KINGDOM COME

Sala Heineken (Madrid) 13-10-2007

Una vocalista sin canciones; un montón de clásicos sin cantante. Aun a riesgo de ser largo, bien podría usarse como titular de lo acontecido en medio del puente del Pilar en esta gira denominada “Defenders of rock”. Desde estas páginas se ha ensalzado la figura de Don Dokken a pesar de que es una persona que durante treinta años no ha tenido una relación especialmente dulce con los medios de comunicación. Con este reportero siempre ha sido exquisito en el trato. Es más, las dos veces que les he visto me habían encantado, en particular la segunda. Si bien Don está limitado en la voz, hacía lo que podía y aprobaba, lo que unido a la excelencia de sus músicos suponía que presenciáramos actuaciones notables. El Dokken que vimos en Madrid esta noche distó mucho de lo que debe ser un profesional.

Los encargados de abrir la velada fueron Kingdom Come, como ya nos anunció Don en la entrevista que mantuvimos con él hace unos meses. Medio año después de su gira como cabezas de cartel regresaban a nuestro país aunque en esta ocasión la afluencia de gente era infinitamente superior aunque, desgraciadamente para las huestes de Lenny Wolf, no era precisamente con ellos con quienes querían disfrutar. Con la experiencia de lo sucedido en marzo, fracaso de público y frialdad general, Lenny tenía una magnífica ocasión para ofrecer a los fans lo que pedían: Canciones de “In your face”. Aunque en su momento el debut de Kingdom Come tuvo más repercusión (en especial por las acusaciones de plagiadores de Led Zeppelín), es “In your face” el disco que ha quedado en la memoria colectiva de los amantes del hard rock. Sin embargo, Wolf sigue como “don erre que erre” empecinado en mostrar la faceta más moderna de su banda, algo que me parecería estupendo si no fuera porque sus discos son bodrios infumables en su gran mayoría.

Con tres quintos de la sala llena y una audiencia que no sabía bien con qué se iba a encontrar, Kingdom Come saltaron a escena en formación de cuarteto porque recientemente han sufrido la baja de Yenz Leonhardt lo que implica que Lenny Wolf haga de segundo guitarrista casi todo el rato. Repasando las notas de su show primaveral comprobé que todo lo que sonó esta noche ya había sido interpretado entonces. Ni un ápice de novedad o improvisación. “Gotta move now” volvió a servir de bienvenida y curiosamente fue lo más actual que tocaron ya que pertenece a su penúltima obra, “Perpetual”. El sonido no era malo y la voz de Wolf perfecta, clavando cada una de las notas.

De lleno en el mundo de álbumes oscuros y desconocidos para la masa de Kingdom Come, “Only rainbows know” es, para mí, de la más destacables de su etapa media. En “Get it on”, la primera conocida por algunos, hicieron algo bien y es que retomaron su espíritu original y no la alteración extraña que regrabaron en “Ain´t crying for the moon”. Un pequeño problema con la batería de Hendrik Thiesbrummel tuvo como consecuencia que la intro de “Mother” terminara sin que la banda comenzara a tocar. Directamente saltaron a “Show down”, otra más de “Master seven”, dejándose en el zurrón la maravillosa “Ain´t crying for the moon” que estaba pintada en el set list e, incluso, tenían el teclado en el escenario pero imagino que por falta de tiempo se quedó en el aire. También manda narices que nada toquen de su última obra de estudio, ¡menuda defensa! “Should I” nos adentró en los difíciles momentos de “Hands of time” cuando su pequeña popularidad ya había caído en picado encontrándose desubicados a pesar de editar ese buen trabajo.

Con todo en orden, retomaron la prescindible “Mother” que fue el anticipo de uno de los dos instantes mágicos de la descarga, “What love can be”. Esta balada en clave blues de su debut me parecerá siempre emotiva, sentimental y melancólica. Con Lenny dejándose el alma y sintiendo cada estrofa, la ovación resultó más que merecida. Una pena que Kingdom Come no dispongan de excesivas composiciones brillantes y encima no las utilicen porque esas cuerdas vocales siguen dando para mucho. Como la cosa debía ser que apremiaba, se saltaron “Twilight cruiser” para encarar otra de su primer álbum, “Living out of touch”, con ese deje zeppeliano tan característico.

Abandonaron por un minuto las tablas para volver con los ¿bises?, por llamarlos de alguna forma. “Pushing hard” quiso dar a entender que su pervivencia y conexión con el pasado era evidente ya que significaba la cuarta del “Kingdom Come” que caía. No obstante, hay que matizar que con respecto al tour de marzo, todas las que quitaron eran posteriores a “Hands of time” por lo que la percepción podría ser errónea. El adiós y la única parte en que la gente vibró y acompañó al grupo llegó con, lógicamente, “Do you like it”, el tema más celebrado y conocido de la banda. Aquí sí todos acompañábamos coreando el estribillo. Wolf y los suyos dejaron un buen sabor de boca por esta canción, no por una actuación global técnicamente impecable pero a la que le faltó lo mismo de siempre, grandes composiciones que encumbraran a unos notables músicos y un sobresaliente vocalista. Hasta que Lenny no recapacite y nos dé lo que deseamos, esto no cambiará. Me temo que sea tarde…

Con Dokken eso que había pasado con Kingdom Come sabíamos que no se repetiría. Don Dokken entiende que sus fans añoran otra época (él también seguramente) y les da lo que aprecian de verdad. Considero que lo hace de un modo exagerado porque no estaría de más rescatar alguno de los notables temas que compuso esta última década como “Change the world” pero bueno, esto es lo que hay, cualquier que acudiera a sus dos anteriores visitas tenía claro que no profundizarían en los años oscuros.

En la espera entre bandas, me preguntaba si variarían el repertorio porque si algo les puedo achacar cuando presencié sus descargas es que se hicieron muy repetitivos tirando de las mismas y parándose poco en, por ejemplo, el genial “Back for the attack”. También observamos cómo, además de preparar los instrumentos, aparecían entre los amplis minis de cubata junto a las típicas botellas de agua. Este “atrezzo” iba a tener un papel protagonista en la velada porque Don recurría una y otra vez al güisqui con cola dando una imagen de borrachín lamentable que se exaltaba aún más con el cigarrito y las gafas de sol.

Sin abarrotar pero con una buena entrada (los días de los pabellones no volverán, amigo Don), arrancaron con la habitual “Kiss of death”. El sonido era bastante bueno, únicamente la guitarra de Jon Levin quedaba un poco por debajo del resto pero se corrigió paulatinamente. Sólo hubo que escuchar las dos primeras estrofas y el estribillo para llegar a una afirmación recurrente: “¡Cómo ha perdido este hombre!” Esto que aplicamos por ejemplo a un familiar que hace tiempo que no vemos, sería perfectamente extrapolable al viejo Don. Nunca fue un prodigio, ni en los ochenta ni hace dos años, pero al menos no hacía el ridículo. Con todo el dolor de mi corazón, dado el respeto y la admiración que profeso por él, ésta es una realidad constatable, Don Dokken dio pena.

Todo lo contrario podríamos decir de su banda. Mick Brown siempre es el apoyo del jefe, con sus bromas y su buena labor tanto a la batería como a las voces. Barry Sparks es un gran bajista pero, sobre todo, un tremendo corista que si no fuera por él las cosas serían muchísimo peores. De Jon Levin poco más que decir. Aparte de una presencia escénica impecable, clava todos y cada uno de los solos de George Lynch y eso únicamente puede conllevar alabanzas. Es perfecto para su puesto.

El hecho de encadenar clásicos no implica que puedas llevar un orden aleatorio porque no es lo mismo tocar “Into the fire” al principio que al final, máxime si se hace seguida de “Dream warriors”, otra de las preferidas de sus seguidores. Por supuesto, que con estas dos canciones la sala se vino abajo y todos cantaron al unísono esos estribillos tan significados. Personalmente tengo cierta fobia a “The hunter”. Es una buena canción pero, en mi opinión, palidece ante otras enormes composiciones que se quedan fuera, incluso del propio “Under lock and key”. No digo “Lightning strikes again”, que dejaría a Don por los suelos, sino “Don´t lie to me” o “Jaded heart”, pero el caso es que fue single y eso es intocable para ellos si hablamos de sus tres primeras obras.

Desde hace un par de giras, Don se ha vuelto a enfundar la guitarra aunque sólo la utiliza en los temas más antiguos, es decir “Breaking the chains” y “Paris is burning”, que cayeron juntos. Debido a su potencia, siempre son de agradecer sus interpretaciones aunque ya que habían editado hace nada el “From conception: Live 1981” se podían haber tirado el rollo y recuperar “Night rider” o “Young girls” pero eso es pedir peras al olmo. “Alone again” fue acogida con vítores pero se quedó en eso. Don aportó carisma pero su ejecución careció de sentimiento y emotividad. Es tan buena que me gustó pero lejos de su inmensa brillantez.

No sé qué es más difícil, que Don Dokken recupere su voz o que dejen de martirizarnos más de quince minutos con “Too high to fly”, que se ha convertido en condición sine qua non de sus giras. ¡Con lo bueno que es “Dysfunctional” y que no den cancha a “The maze”, “Long way home” o “Nothing left to say”! El cantante aprovecha para echarse un pitillo entre bambalinas dejando a los músicos en una especie de jam que acaba por hastiar al más paciente. Eso sí, les sirve para “rellenar huecos” y llegar hasta los noventa minutos de actuación. El curso normal se recupera con la brutal “Unchain the night” que incomprensiblemente mutilan en su inicio yendo directamente a la parte cañera dejándonos sin disfrutar el genial cambio de ritmo. Aquí Don está fatal y sólo Sparks y Brown son capaces de salvarle la cara.

Todo es cuestión de opiniones pero el trío de temas que completan la actuación (a falta de bises) me parece desastrosamente elegido por varios motivos. Para mí, no son imprescindibles, tampoco himnos clásicos salvo “It´s not love” (que a mí no me va), y para colmo, el vocalista daría la talla tan poco como si tocaran las geniales “Heartless heart” o “Turn on the action”. Como ambas son de “Tooth and nail” podrían suplir a “Just got lucky” (según Don “la canción que Mick odia porque es pop”) y la evitable “When heaven comes down” pero no, para qué ensayar un poco más y ofertar algo distinto a tus fans. Como “It´s not love” también se pueden alargar para entretenerte y descansar la garganta, pone el punto y seguido.

La gente, quizá autosugestionada, quizá deseosa de que el concierto diera un giro de 360 grados, pide más. Aplaude, canta, grita… Feliz y pensando que ha cumplido de cine, irrumpe Don Dokken sonriente: “Spain is the best” y bla, bla, bla. En las pocas decisiones que le aplaudo, me gusta que retomen el show con “Tooth and nail”. Lástima que su voz, a estas alturas, esté en algún lugar de California. Con “In my dreams” hay menos problemas porque como es casi todo coro y ahí tiene a Sparks, Brown y el público, además del increíble solo de Levin, el concierto concluye de forma decente.

Escasamente catorce canciones en una hora y media eterna. Olvidémonos de las ausencias enumeradas en la crónica y de la práctica totalidad de “Back for the attack” (cuando pienso en “Night by night”, “Sleepless nights”, “Cry of the gypsy” y demás me pongo enfermo), me da mucha pena ver a Don Dokken en este estado calamitoso. Quizá para la mayoría esto sea suficiente pero no para mí. Dokken es uno de los grupos que me han marcado y no debo consentir, como fan, esta situación. Ojalá tenga en breve una nueva ocasión de entrevistar a Don porque se lo pienso comentar. Me ha demostrado en las tres charlas anteriores que encaja bien las cuestiones complicadas pero no sé si ésta lo será demasiado. Decepción y añoranza.


Dokken


Kingdom Come

 

 

 


Dokken

 

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego