Principal / Planeta Sonoro / Crónicas / Dream Theater + Symphony X
DREAM THEATER + SYMPHONY X

Palacio de los Deportes – Madrid 03-11-2007

Hablar de un grupo como Dream Theater siempre me produce cierta urticaria. Diga lo que diga se va a malinterpretar. Eso poco me importa pero sí que cuido el utilizar determinadas expresiones porque reconozco que leyendo se puede entender algo que no sea acorde con la realidad. El quinteto de Nueva York regresaba a los escenarios madrileños después de unos cuantos años en que sus apariciones por nuestro país se circunscribieron a festivales como Lorca Rock y, recientemente, al Monsters Of Rock de Zaragoza. Inmersos en plena presentación de “Systematic chaos”, el local elegido fue nada menos que el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. El aforo de este recinto es de quince mil personas pero no estaba todo abierto sino que las gradas altas permanecieron cerradas y otra grada supletoria se comió parte de la pista. No sé exactamente en cuánto se quedaría (calculo que ocho mil cabrían) pero sí que se llenó casi por completo para la descarga, no sólo de Dream Theater sino también de Symphony X, grupo que, personalmente, me gustan mucho más que los cabezas de cartel y autores de uno de los mejores álbumes de 2007, “Paradise Lost”.

Las colas para entrar era tremendas pero las puertas fueron abiertas más una hora antes del inicio para que, poco a poco, todo el mundo pudiera acceder y no perderse ni un minuto de actuación de los de Middletown, Nueva Jersey. En estos grandes tours de pabellones el telonero sufre restricciones de espacio y sonido, es algo normal porque las estrellas llevan escenarios especiales, con diferentes atrezzos y demás historias. Lo digo porque es fundamental para comprender la sensación que me dejaron Symphony X. Sólo les había visto una vez de teloneros de Stratovarius y me decepcionaron. Lo achaco a que ese día no estarían acertados porque hay gente que me comenta que son máquinas. Este era el momento de comprobarlo.

Las luces se apagaron y se disparó la intro “Oculus ex inferni”, esa grandilocuente pieza que da comienzo a “Paradise lost”. Se escuchaba perfectamente pero hete tú aquí que salen los norteamericanos empiezan a tocar la bestial “Set the world on fire” y, desde donde yo estaba, directamente no se oía. Como le comenté a un amigo era como si estuviéramos fuera de un local escuchando lo que sonaba dentro. Para colmo, el micrófono de Russell Allen falló y tuvo que sustituirlo en esta primera toma de contacto por uno auxiliar. Reitero que esta es la impresión que obtuve en la grada de fondo. Supongo que cuanto más cerca de las tablas estuviera el público más alto sonaría. Si bien se pudo corregir un poco este desaguisado, la falta de vatios y el embarullamiento me impidieron gozar de Symphony X. Eso sí, no fue óbice para contemplar a uno de los cantantes más grandes (no sólo en tamaño) con los que me he topado.

Por supuesto, hablo de Russell Allen. La demostración que dio este hombre fue descomunal. Todos los músicos de la banda poseen reputación, en particular los dos Michael, Romeo y Pinella, pero Allen se lleva la palma. Michael Romeo es un excelente guitarrista, como ya hemos comentado apasionado de Yngwie por su regusto neoclásico, y Pinella toca los teclados de forma brillante (aunque esta noche poco tuviera que hacer por las circunstancias). Junto a ellos, Mike LePond y Jason Rullo completan lo que es Symphony X. Mas Allen es el maestro de ceremonias. Está en su mejor momento y él lo sabe. Simpático, alternando el inglés con una especie de spanglish gracioso y en constante interacción con la audiencia.

Como no disponían de demasiado tiempo, tiraron de “Paradise Lost” y de material muy heavy, siguiendo la tendencia de sus últimas obras. “Domination” es un trallazo poderosísimo que si no fuera por el mal sonido sería apabullante y en “The serpent´s kiss” se adivinaron las ligeras mejorías y pudimos saborear algo más de esta canción, moderna y pesada en el contexto Symphony X. Para continuar desgranando “Paradise lost” por orden, le correspondería el hipotético turno al maravilloso tema título. Visto el cariz metalero de la descarga tenía mis dudas pero sí, en una interpretación memorable de Russell Allen, “Paradise lost” acongojó a más de uno. ¡Qué manera de jugar con el micrófono y qué forma de entonar las melodías vocales! Sólo por esto ya había merecido la pena la asistencia.

En algunas fechas de la gira se habían decantado por tocar sólo tres de “Paradise lost” y, posteriormente, interpretar “The odyssey”, la monumental pieza de veinticuatro minutos que cierra su penúltima entrega. Creo que era un error porque si bien es magnífica te limita demasiado un repertorio ya de por sí corto. Por ello, en el poco tiempo que les restaba ofrecieron una pincelada de lo que es la banda, siempre decantándose por su vertiente más heavy. “Inferno (Unleashed the fire)” estuvo bien pero no lo suficiente porque no pude apreciar el dueto Romeo – Pinella que quedó un tanto lejano.

Para dar carpetazo a los cuarenta y cinco minutos fijados se remontaron a “The divine wings of tragedy”, su obra cumbre (hasta “Paradise lost” que probablemente la iguala). Eligieron los dos primeros cortes, la genial “Of sins and shadows” y “Sea of lies”. Me quedé con las ganas de escuchar “The accolade”, una maravilla de canción, pero con ese set list sólo había lugar para una lenta. Mentiría si no dijera que me llevé, de nuevo, una pequeña decepción. Es imposible disfrutar un concierto en esas condiciones. Saqué cosas muy positivas, sobre todo gracias a Allen, pero de Symphony X espero tanto que ojalá regresen el año que viene en una gira propia donde nos hagan disfrutar de toda su magia y talento, en especial Romeo que tengo muy mala suerte con él. Me gustaron pero lejos de lo que pueden alcanzar.

Nada más concluir Symphony X se encendió un semáforo en rojo en la parte de arriba de la instalación que ocupa el escenario. Curioso y simpático detalle. Mientras esperábamos, se nos amenizaba con versiones orquestales de un disco titulado “A string quartet tribute to Dream Theater”. La media hora habitual y semáforo en ámbar, rugido espectacular del público congregado en el Palacio de los Deportes. La pantalla gigante de fondo empezó a proyectar imágenes de toda la carrera de Dream Theater, desde sus días en Majesty. Decorado con lo que yo creía que eran hormigas pero parece ser que son arañas y con un bonito juego de luces, las tablas fueron pisadas por primera vez por el quinteto entre la salva de aplausos esperada.

“Constant motion” fue el conejillo de indias. Al ser un tema cañero, para comenzar es idóneo por la excitación del público pero, al mismo tiempo, sirve a los técnicos para ecualizar porque de lo que escuchamos en “Constant motion” al resto distó un abismo. En ésta a LaBrie se le intuía en la primera estrofa, se le oía en la segunda y al terminar todo estaba en su sitio, instrumentos y voz. Personalmente, esta inspiración – plagio de Metallica no es de mis preferidas pero sí que en vivo cala entre los seguidores mucho más que en el contexto de “Systematic chaos”.

Aunque habrá gente que no esté de acuerdo conmigo, me gustó el repertorio escogido por una razón. Se centraron casi en exclusiva (excepto un tema y el bis) en canciones de los tres discos que más trillados tengo de los neoyorkinos: el último, “Images and words” y “Scenes from a memory”. Precisamente con éste continuó el show, la fantástica “Strange Deja Vu” con la pantalla mostrando composiciones artísticas un tanto psicodélicas. Como banda es indudable su capacidad técnica pero si he de apuntar un nombre sería el de Jordan Rudess. Desde su posición habitual o cuando se cuelga en teclado en forma de guitarra y se une a sus compañeros, es el que más espectáculo da.

La labor de Rudess no oscurece al resto porque cada seguidor tendrá su miembro favorito. Myung estuvo un poco más móvil que de costumbre, ser errático y estático donde los haya. Portnoy es otro de los que da vidilla a Dream Theater aunque el estar detrás del kit de batería le condiciona un poco. Si una figura resalta cada día más en el quinteto es John Petrucci, al menos eso parece en la gira. Sin embargo, y esto es una opinión personal, creo que Petrucci abusa de la autocomplacencia alargando los temas un tanto innecesariamente, con una técnica perfecta pero un feeling bastante escaso. La nueva adaptación de “Surrounded” podría ser un ejemplo. El inicio de teclados está muy bien, luego llega el núcleo principal de la canción que no ha variado en demasía pero al final Petrucci le da al mástil durante un buen rato de forma completamente superficial porque ya todos sabemos que es un virtuoso tocando pero eso no es fundamental saberlo cada cuarto de hora.

Antes de “Surrounded” los más “die hard” se habían deleitado con “Blind faith”, del “Six degrees of inner turbulence”, el único disco de los americanos que no he escuchado en profundidad. Quizá pudo ser una sorpresa en el set list pero creo que Dream Theater siempre han buscado algo así, lo cual está muy bien porque es de los pocos grupos que pueden presumir de cambiar repertorios enteros y que la repercusión no se vea afectada. Es una canción complicada vocalmente y James salió bien del paso. Precisamente he dejado a LaBrie aparte del resto porque ha crecido en mí un aprecio significativo por el cantante con el paso de los años. Si de por sí un vocalista está en el ojo del huracán, en Dream Theater esto es más exagerado porque los músicos son máquinas y las deficiencias, el componente humano de la banda, se visualiza en James LaBrie, máxime cuando en el pasado tuvo bastante problemas de garganta. Como en el Lorcarock de hace dos años calificaría su ejecución con un notable. Las cuerdas vocales son un “instrumento” que se desgasta pero este hombre sabe cuándo debe forzar o bajar una octava.

“The dark eternal night” es un corte de altibajos, que en “Systematic chaos” no acaba de despuntar pero sus riff potentes suponen que en directo gane enteros. Como la parte central de los solos es la mejor y más intensa, personalmente me pareció excelente. No diría que justo lo contrario, pero sí que la comercial “Forsaken” pasa desapercibida en el conjunto del repertorio (y mira que me gusta en estudio). Está bien para romper la tónica general pero poco más. Y, por fin, después de cuatro veces, he podido escuchar la increíble “Take the time”. Se puede afirmar que hay otras composiciones de “Images and words” mucho más elaboradas y estructuradas pero “Take the time” tiene algo especial y no sólo lo digo yo, basta ver la reacción del público. Con ella si no me equivoco únicamente “Another day” y “Wait for sleep” me faltan para completar el círculo de “Imágenes y palabras”.

Una habitual pero también punto caliente de los conciertos por su emotividad es “The spirit carries on”. Muy bien llevada por LaBrie, el resto se le unen en ese aire melancólico pero, a la vez, positivo que desprende. Excelente comunión con la audiencia. No obstante, si hay que escoger el cenit de la velada, es indudable que debemos hablar de la interpretación conjunta, intensa y brutal de las dos partes de “In the presence of enemies”. Si bien en “Systematic chaos” están ubicadas al principio y al final, ha sido un acierto unir de un tirón los casi veintiséis minutos. Reconozco que los instantes iniciales de la parte primera no me agradan en demasía pero me quedé boquiabierto con la demostración de fuerza, talento y empuje que dieron para cerrar más de hora y tres cuartos francamente buenos, con las lagunas de los alargues de cara a la galería para el lucimiento de Petrucci.

Otra vez semáforo en rojo pero rápidamente cambia a verde porque llegaba el momento del bis y aquí sí que he de decir que no me gustó, no la canción, que no fue una, sino que se decantaran por un medley de unos veinte minutos. En mi opinión, así te dejan un tanto frío porque ni disfrutas del tema completo ni nada. Con guiños al “Xanadu” de Rush, comenzaron el medley con “Trial of tears”, continuaron con “Finally free”, siguieron por los pasajes centrales de “Learning to live”, atacaron la mejor sección de “In the name of god” y culminaron con unas pinceladas de “Octavarium”. Así, álbumes como el propio “Octavarium”, “Train of thoughts” o “Falling into infinity” gozaron de algo de representación, cosa que no sucedió con “Awake” o su debut, pero tampoco considero que sea la fórmula correcta.

Este final, no del agrado de todos, no puede ni debe empañar una gran actuación. De todas las ocasiones en que les he visto, quizá la mejor o también la que más predispuesto iba a disfrutar, que cualquier cosa puede ser. Cada uno con sus circunstancias dudo que nadie quedara defraudado con las prestaciones de Dream Theater. Muy al contrario, la gente espera que se prodiguen aún más a menudo por estos lares.


Dream Theater

 


Symphony X

 

 

 


 

 


Dream Theater

 

 

 

 

 

 

 

http://www.dreamtheater.com --- http://www.symphonyx.com

Marco Antonio Romero
Fotografias: Javi Falcón