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Ensiferum,
¿la banda de la mala
suerte cada vez que pisa nuestro
país? No hace falta recordar
el bochorno de Atarfe, por culpa
de una organización penosa
(sí, señores promotores
de ese festival, me pueden seguir
vetando), o su espantada en
medio de la gira ibérica
hace un par de años dejando
al público de Madrid
compuesto y sin show. Este era
el desafío que tenían
los finlandeses: Resarcir a
su público español.
Parece que a sus seguidores
poco les importaron los antecedentes
porque acudieron en masa a presenciar
la descarga del quinteto de
metal vikingo. Por Internet
las entradas estaban agotadas
días antes y en puerta
únicamente quedaba un
pequeño taco que la gente
devoró con ansiedad.
Por lo tanto,
el lleno estaba asegurado en
una sala Caracol que, por fin,
parece recuperada para el heavy
después de meses de peregrinación
por Heineken o Ritmo y Compás,
dependiendo de la capacidad
de convocatoria. Dos semanas
antes Tankard y ahora Ensiferum
saltaron a un escenario que
sí es digno de una ciudad
como Madrid para un concierto
de convocatoria modesta. Antes
que todo eso, la cola era larguísima
y doblaba la esquina de la calle
Bernardino Obregón, lugar
de ubicación del local.
El público, predominantemente
joven, aguantó la espera
hasta la apertura que se prolongó
hasta las nueve de la noche,
media hora más del horario
previsto para el inicio de las
actuaciones. Esto supuso la
acumulación de retraso,
circunstancia que cuando vas
solo es una losa contra la que
tienes que luchar y probablemente
condicione la impresión
general.
Poco a poco
todos fuimos accediendo al interior
del recinto comprobando que
en cuanto el personal se empezara
a mover aquello parecería
una olla a presión. Los
madrileños Wolfencross
se encargaron de telonear a
Ensiferum. A pesar de que no
tienen ningún disco en
el mercado, es un grupo que
se lo curra mucho y, quien más
quien menos, ha tenido ocasión
de verles por aquí en
algún evento. Muchos
de sus componentes son tíos
conocidos en la escena local,
sea en bandas o bares que regentan,
por lo que su labor de promoción
es realmente buena.
Antes de empezar
a hablar del concierto en sí
me gustaría hacer una
reflexión sobre Wolfencross.
Me agrada su planteamiento.
Actualmente cualquiera puede
llegar a grabar un cd con ínfimo
presupuesto y, generalmente,
nula preparación. Sin
embargo, ellos han preferido
seguir volcándose en
tocar en directo y preparar
canciones en el local de ensayo.
Honestamente, creo que es el
momento de grabar porque material
tienen y las canciones de su
myspace demuestran que hay potencial
pero, a la vez, margen para
la mejora, sobre todos en el
plano compositivo y algunos
detalles enriquecedores (arreglos
y demás) que, probablemente,
en el estudio de grabación
se mejorarían.
Era la segunda
vez que veía al sexteto
y, si bien todos cumplen, no
puedo dejar de fijarme en la
personalidad y buen hacer de
su vocalista Ares. Aunque a
veces peca de exagerado en sus
formas, él lleva todo
el peso de la descarga, por
dos motivos, uno de carácter
y otro puramente musical porque
desde sus tiempos en Greenfly
siempre me ha parecido un excelente
cantante en cualquier registro
de metal extremo. Incluso, para
aderezar una propuesta basada
en el pagan black, introduce
voces profundas que dan más
colorido al conjunto.
Una intro acompañó
su salida a las tablas pero,
para su desgracia, el sonido
en estos primeros compases era
muy pobre. Las guitarras de
Erik y Fernando estaban más
bajas de lo deseable mientras
que a Racso, el teclista, había
que intuirlo. Todo lo que distinguíamos
con nitidez era la voz, el bajo
y la batería. Esto supuso
que, inicialmente, la gente
estuviera un poco parada si
bien alguno con ganas de marcha
ya empezaba a montar un pequeño
pogo en las primeras filas.
Hasta “Tower´s lady”
no pudimos empezar a disfrutar
del concierto. Ahí ya,
al menos, oíamos bien
a Erik y aquello no era una
bola difícilmente descifrable.
En general,
sus canciones son bastante más
cañeras de lo que es
habitual últimamente
en este género y es algo
a agradecer porque el pagan
en sus diversas vertientes debe
tener grupos más “felices”,
como pueden ser Ensiferum, y
otros más orientados
a lo oscuro y extremo. Además
de interpretar habituales como
“Evensong”, Wolfencross
presentaron un tema nuevo, “The
march of the elephants”,
dedicado a las andanzas de Aníbal,
el gran general cartaginés,
y sus incursiones desde Hispania
en el Imperio Romano.
Estuvieron
en el escenario casi una hora,
mucho para ser teloneros, por
lo que les dio tiempo a ofrecer
una versión que, curiosamente,
no demasiados parecían
conocer y eso que es una canción
seminal del black metal: “I
am the black wizards”
de Emperor. La verdad es que
la ejecución fue notable
y, para mi gusto, superior a
la revisión del “Maze
of torment” de Morbid
Angel que hacían en otras
ocasiones. Para finalizar, “The
carnaval of the holy lies”,
un corte de temática
anticlerical, que sirvió
de cierre. La audiencia les
despidió con un aplauso,
sabedores de que su descarga
había sido buena. Ahora
queda la reválida en
el estudio.
Otra espera,
que se prolongó más
de lo necesario, hasta que el
escenario estuvo preparado para
recibir a Ensiferum. El público
se agolpó en las primeras
filas y es que, repito, había
muchísimas ganas de ver
a los finlandeses por estos
lares, más de las que
yo mismo pensaba. Ellos representan
la punta de lanza de un estilo
que se ha puesto muy de moda
dentro del metal en estos últimos
años, si bien poco queda
de su esencia originaria con
Bathory y su maravilloso “Hammerheart”.
En los amplis
retumbó “Ad Victoriam”
y la gente rugió ante
la salida de los de Helsinki.
Una vez terminada la intro,
“Blood is the price of
glory” resultó,
como era previsible, la elegida
para comenzar la fiesta. Botes,
saltos, gritos, golpes,…
todo eso y más se dilucidaba
entre los más bulliciosos.
Tal vez no se habían
dado cuenta de que aún
ni había sonido ni nada.
Aquello era insoportable y sólo
a mitad de canción se
escuchó la voz de Petri
Lindroos. Era horrible la mezcla.
Afortunadamente, lenta pero
paulatinamente, se fue corrigiendo
y ya con “Token of time”
al menos distinguíamos
cada instrumento.
Ataviados con
faldas con los colores de la
bandera de su país, no
se puede decir que Ensiferum
sean el típico grupo
que se come el escenario. No
obstante, su actitud es buena;
fría y distante, pero
este hecho contribuye a darle
un halo serio a su música
a pesar de que los michelines
de los blancos torsos de Markus
y Sami se empeñen en
aparentar lo contrario. Aciertan
al equilibrar en su repertorio
canciones de sus tres trabajos
y no dudan en ofrecer un concierto
largo cosa que dentro del metal
extremo (si es que se les puede
considerar así, que lo
dudo) es raro.
Cuando hice
la reseña de “Victory
songs” escribí
que tanto éste como su
debut me parecían excelentes
discos mientras que “Iron”
quedaba muy lejos en calidad.
Lo mantengo pero reconozco que
en directo esas diferencias
se acortaron. Los fans no tienen
ese problema. “Tale of
revenge” tuvo una magnífica
acogida, ya con un sonido correcto,
casi superior a “Ahti”que
al ser más reciente no
goza aún de la unanimidad
popular. A veces, los parones
entre temas duraban demasiado
pero ora Markus ora Sami junto
a Janne los rellenaban con pequeñas
improvisaciones, curiosamente
alejadas del viking y sí
más cercanas al blues
o al rock. Por cierto, me encantaron
los coros del grupo, clavados
al disco, lo cual tiene un mérito
importante.
Las palmas
acompañaron los acordes
de “Treacherous gods”
mientras que el headbanging
fue el protagonista con la cañera
“New dawn”, otro
de los cortes elegidos para
presentar “Victory songs”.
Una pena que no cayera “Wanderer”,
mi preferida por ser muy épica.
Precisamente, en estas tesituras
interpretaron “LAI LAI
HEI”, una de las favoritas
de sus seguidores que cantaron
el tema con excepción
de la parte en finlandés.
Hay que decir que, para entonces,
mitad de descarga aproximadamente,
la calidad del show había
subido bastante enteros y es
que pienso que Ensiferum fueron
de menos a más.
De la mano
de “Windrider” se
volvió a la caña
y “Dragonheads”
y “One more magic potion”
cumplieron su papel de singles.
Quizá del EP “Dragonheads”
podría haber sonado también
“Warrior´s quest”,
composición que me encanta
porque resulta muy emotiva,
pero entiendo que del EP sólo
hicieran la más conocida.
Por el contrario, “One
more magic potion”, gustándome,
no termina de conquistarme.
La fiesta era total y para demostrarlo,
ahí estuvo la celebrada
“Hero in a dream”.
Si tuviésemos que poner
en una balanza qué disco
fue el más aplaudido
de acuerdo con las canciones
que tocaban, el premio se lo
llevaría, si bien no
por mucha distancia, su homónimo
debut.
Llevaban más
de una hora, las sensaciones
eran buenas y el público
entregado. Necesitaban un buen
colofón y éste
llegó con la sobresaliente
“Victory song”,
diez minutos llenos de cambios
de ritmo y pasajes atmosféricos
mezclados con la rabia propia
de estos hijos del norte que
se despidieron entre vítores.
Quedaba la traca final para
la cual el no muy dicharachero
Petri pidió la colaboración
del respetable. Con “Ferrum
aeternum” como introducción,
“Iron” atronó
en Caracol de forma mucho más
brillante que en disco. No sé
si era la inercia positiva o
qué, pero me agradó
muchísimo.
Esta ola de
entusiasmo continuó hasta
el final con dos temas de su
debut, “Guardians of fate”
y la emblemática “Battle
song” que, tal vez, sonó
un poco precipitada. No obstante,
nada que objetar a un notable
concierto. Tenía dudas
de Ensiferum en directo pero
se disiparon. Contrariamente
a lo que pueda parecer, creo
que son más una banda
de club que de festival. Esa
frialdad que en un macroevento
puede dar la impresión
de desidia se vuelve a su favor,
como en esta noche de enero,
casi primaveral, en donde los
finlandeses nos conquistaron
a ritmo de viking metal.
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Ensiferum

Wolfencross






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