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ENSIFERUM + WOLFENCROSS

Sala Caracol (Madrid) 26-01-2008

Ensiferum, ¿la banda de la mala suerte cada vez que pisa nuestro país? No hace falta recordar el bochorno de Atarfe, por culpa de una organización penosa (sí, señores promotores de ese festival, me pueden seguir vetando), o su espantada en medio de la gira ibérica hace un par de años dejando al público de Madrid compuesto y sin show. Este era el desafío que tenían los finlandeses: Resarcir a su público español. Parece que a sus seguidores poco les importaron los antecedentes porque acudieron en masa a presenciar la descarga del quinteto de metal vikingo. Por Internet las entradas estaban agotadas días antes y en puerta únicamente quedaba un pequeño taco que la gente devoró con ansiedad.

Por lo tanto, el lleno estaba asegurado en una sala Caracol que, por fin, parece recuperada para el heavy después de meses de peregrinación por Heineken o Ritmo y Compás, dependiendo de la capacidad de convocatoria. Dos semanas antes Tankard y ahora Ensiferum saltaron a un escenario que sí es digno de una ciudad como Madrid para un concierto de convocatoria modesta. Antes que todo eso, la cola era larguísima y doblaba la esquina de la calle Bernardino Obregón, lugar de ubicación del local. El público, predominantemente joven, aguantó la espera hasta la apertura que se prolongó hasta las nueve de la noche, media hora más del horario previsto para el inicio de las actuaciones. Esto supuso la acumulación de retraso, circunstancia que cuando vas solo es una losa contra la que tienes que luchar y probablemente condicione la impresión general.

Poco a poco todos fuimos accediendo al interior del recinto comprobando que en cuanto el personal se empezara a mover aquello parecería una olla a presión. Los madrileños Wolfencross se encargaron de telonear a Ensiferum. A pesar de que no tienen ningún disco en el mercado, es un grupo que se lo curra mucho y, quien más quien menos, ha tenido ocasión de verles por aquí en algún evento. Muchos de sus componentes son tíos conocidos en la escena local, sea en bandas o bares que regentan, por lo que su labor de promoción es realmente buena.

Antes de empezar a hablar del concierto en sí me gustaría hacer una reflexión sobre Wolfencross. Me agrada su planteamiento. Actualmente cualquiera puede llegar a grabar un cd con ínfimo presupuesto y, generalmente, nula preparación. Sin embargo, ellos han preferido seguir volcándose en tocar en directo y preparar canciones en el local de ensayo. Honestamente, creo que es el momento de grabar porque material tienen y las canciones de su myspace demuestran que hay potencial pero, a la vez, margen para la mejora, sobre todos en el plano compositivo y algunos detalles enriquecedores (arreglos y demás) que, probablemente, en el estudio de grabación se mejorarían.

Era la segunda vez que veía al sexteto y, si bien todos cumplen, no puedo dejar de fijarme en la personalidad y buen hacer de su vocalista Ares. Aunque a veces peca de exagerado en sus formas, él lleva todo el peso de la descarga, por dos motivos, uno de carácter y otro puramente musical porque desde sus tiempos en Greenfly siempre me ha parecido un excelente cantante en cualquier registro de metal extremo. Incluso, para aderezar una propuesta basada en el pagan black, introduce voces profundas que dan más colorido al conjunto.

Una intro acompañó su salida a las tablas pero, para su desgracia, el sonido en estos primeros compases era muy pobre. Las guitarras de Erik y Fernando estaban más bajas de lo deseable mientras que a Racso, el teclista, había que intuirlo. Todo lo que distinguíamos con nitidez era la voz, el bajo y la batería. Esto supuso que, inicialmente, la gente estuviera un poco parada si bien alguno con ganas de marcha ya empezaba a montar un pequeño pogo en las primeras filas. Hasta “Tower´s lady” no pudimos empezar a disfrutar del concierto. Ahí ya, al menos, oíamos bien a Erik y aquello no era una bola difícilmente descifrable.

En general, sus canciones son bastante más cañeras de lo que es habitual últimamente en este género y es algo a agradecer porque el pagan en sus diversas vertientes debe tener grupos más “felices”, como pueden ser Ensiferum, y otros más orientados a lo oscuro y extremo. Además de interpretar habituales como “Evensong”, Wolfencross presentaron un tema nuevo, “The march of the elephants”, dedicado a las andanzas de Aníbal, el gran general cartaginés, y sus incursiones desde Hispania en el Imperio Romano.

Estuvieron en el escenario casi una hora, mucho para ser teloneros, por lo que les dio tiempo a ofrecer una versión que, curiosamente, no demasiados parecían conocer y eso que es una canción seminal del black metal: “I am the black wizards” de Emperor. La verdad es que la ejecución fue notable y, para mi gusto, superior a la revisión del “Maze of torment” de Morbid Angel que hacían en otras ocasiones. Para finalizar, “The carnaval of the holy lies”, un corte de temática anticlerical, que sirvió de cierre. La audiencia les despidió con un aplauso, sabedores de que su descarga había sido buena. Ahora queda la reválida en el estudio.

Otra espera, que se prolongó más de lo necesario, hasta que el escenario estuvo preparado para recibir a Ensiferum. El público se agolpó en las primeras filas y es que, repito, había muchísimas ganas de ver a los finlandeses por estos lares, más de las que yo mismo pensaba. Ellos representan la punta de lanza de un estilo que se ha puesto muy de moda dentro del metal en estos últimos años, si bien poco queda de su esencia originaria con Bathory y su maravilloso “Hammerheart”.

En los amplis retumbó “Ad Victoriam” y la gente rugió ante la salida de los de Helsinki. Una vez terminada la intro, “Blood is the price of glory” resultó, como era previsible, la elegida para comenzar la fiesta. Botes, saltos, gritos, golpes,… todo eso y más se dilucidaba entre los más bulliciosos. Tal vez no se habían dado cuenta de que aún ni había sonido ni nada. Aquello era insoportable y sólo a mitad de canción se escuchó la voz de Petri Lindroos. Era horrible la mezcla. Afortunadamente, lenta pero paulatinamente, se fue corrigiendo y ya con “Token of time” al menos distinguíamos cada instrumento.

Ataviados con faldas con los colores de la bandera de su país, no se puede decir que Ensiferum sean el típico grupo que se come el escenario. No obstante, su actitud es buena; fría y distante, pero este hecho contribuye a darle un halo serio a su música a pesar de que los michelines de los blancos torsos de Markus y Sami se empeñen en aparentar lo contrario. Aciertan al equilibrar en su repertorio canciones de sus tres trabajos y no dudan en ofrecer un concierto largo cosa que dentro del metal extremo (si es que se les puede considerar así, que lo dudo) es raro.

Cuando hice la reseña de “Victory songs” escribí que tanto éste como su debut me parecían excelentes discos mientras que “Iron” quedaba muy lejos en calidad. Lo mantengo pero reconozco que en directo esas diferencias se acortaron. Los fans no tienen ese problema. “Tale of revenge” tuvo una magnífica acogida, ya con un sonido correcto, casi superior a “Ahti”que al ser más reciente no goza aún de la unanimidad popular. A veces, los parones entre temas duraban demasiado pero ora Markus ora Sami junto a Janne los rellenaban con pequeñas improvisaciones, curiosamente alejadas del viking y sí más cercanas al blues o al rock. Por cierto, me encantaron los coros del grupo, clavados al disco, lo cual tiene un mérito importante.

Las palmas acompañaron los acordes de “Treacherous gods” mientras que el headbanging fue el protagonista con la cañera “New dawn”, otro de los cortes elegidos para presentar “Victory songs”. Una pena que no cayera “Wanderer”, mi preferida por ser muy épica. Precisamente, en estas tesituras interpretaron “LAI LAI HEI”, una de las favoritas de sus seguidores que cantaron el tema con excepción de la parte en finlandés. Hay que decir que, para entonces, mitad de descarga aproximadamente, la calidad del show había subido bastante enteros y es que pienso que Ensiferum fueron de menos a más.

De la mano de “Windrider” se volvió a la caña y “Dragonheads” y “One more magic potion” cumplieron su papel de singles. Quizá del EP “Dragonheads” podría haber sonado también “Warrior´s quest”, composición que me encanta porque resulta muy emotiva, pero entiendo que del EP sólo hicieran la más conocida. Por el contrario, “One more magic potion”, gustándome, no termina de conquistarme. La fiesta era total y para demostrarlo, ahí estuvo la celebrada “Hero in a dream”. Si tuviésemos que poner en una balanza qué disco fue el más aplaudido de acuerdo con las canciones que tocaban, el premio se lo llevaría, si bien no por mucha distancia, su homónimo debut.

Llevaban más de una hora, las sensaciones eran buenas y el público entregado. Necesitaban un buen colofón y éste llegó con la sobresaliente “Victory song”, diez minutos llenos de cambios de ritmo y pasajes atmosféricos mezclados con la rabia propia de estos hijos del norte que se despidieron entre vítores. Quedaba la traca final para la cual el no muy dicharachero Petri pidió la colaboración del respetable. Con “Ferrum aeternum” como introducción, “Iron” atronó en Caracol de forma mucho más brillante que en disco. No sé si era la inercia positiva o qué, pero me agradó muchísimo.

Esta ola de entusiasmo continuó hasta el final con dos temas de su debut, “Guardians of fate” y la emblemática “Battle song” que, tal vez, sonó un poco precipitada. No obstante, nada que objetar a un notable concierto. Tenía dudas de Ensiferum en directo pero se disiparon. Contrariamente a lo que pueda parecer, creo que son más una banda de club que de festival. Esa frialdad que en un macroevento puede dar la impresión de desidia se vuelve a su favor, como en esta noche de enero, casi primaveral, en donde los finlandeses nos conquistaron a ritmo de viking metal.


Ensiferum

 

 

 

 

 

 

 


Wolfencross

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero