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Cuando se
anunció la nueva visita
de Europe a España me
surgieron preguntas en torno
a la respuesta del público.
El concierto de Lorca en 2004
había sido bastante exitoso
porque se basaba en sus grandes
clásicos. La subsiguiente
gira de presentación
de “Start from the dark”
registró llenos en las
ciudades donde se programó.
Sin embargo, ahora no era igual,
teóricamente. Mucha gente
ya los había visto, “Secret
society” había
cosechado malas críticas
(casi tantas como “Start
from the dark”), se celebraba
un miércoles, el precio
resultaba abusivo,... En definitiva,
un conjunto de ingredientes
que sólo podían
ser compensados con las excelentes
prestaciones que ofrecieron
en aquellas actuaciones pretéritas.
Reconozco que
me sorprendió, agradablemente,
que La Riviera casi abarrotara
su capacidad para recibir al
quinteto sueco. Más de
2.500 almas tuvieron que esperar
noventa minutos desde la apertura
de puertas hasta que sonaron
las primeras notas en vivo,
tiempo excesivo en mi opinión,
máxime cuando no había
teloneros para amenizar o “dañar”
nuestros oídos. De esta
forma, pasadas las nueve y media,
con una enorme E como sobrio
telón de fondo, Tempest
y los suyos saltaron a escena
bajo los acordes de “Love
is not the enemy”, uno
de los mejores cortes de “Secret
society”.
Desgraciadamente,
en los inicios la acústica
no ayudó en nada ya que
la ecualización distaba
mucho de ser perfecta. La guitarra
de John Norum quedaba opacada
por la saturación del
bajo, los teclados de Michaeli
había que intuirlos salvo
en los instantes solistas e
Ian Hauglan parecía falto
de pegada, no sé si por
esta razón o por desidia.
Europe no son
una banda que destaque por la
movilidad dejando este apartado
en las manos de Joey Tempest.
El vocalista se sabe carismático
y estuvo realmente comunicativo
e interactuando con las primeras
filas. Con ello suple sus dificultades
para alcanzar los registros
más altos. Esto le ha
pasado toda su carrera pero
las dos veces anteriores que
les vi no se le notó
tanto como en esta noche de
enero. No obstante, el hecho
de tener más de dos décadas
como músico tras de sí
le sirve para tirar de oficio
y disimular bastante bien estas
carencias. Lo que no entiendo
es la manía del megáfono,
una moda entre algunos grupos
(véase también
Velvet Revolver) pero que, en
este caso, es inane porque la
realidad nos dice que han puesto
un micrófono en él
y punto, no hay distorsión
de la voz ni nada.
“Always
the pretenders” fue la
segunda descarga. Bajo mi punto
de vista, la canción
más accesible y “parecida”
a lo antiguo que tiene este
último trabajo, prueba
de ello es que recibió
una buena acogida. No tanta,
obviamente, como “Superstitious”
que fue de las que más
tirón tuvo por el hecho
de ser single de “Out
of this world” ya que,
personalmente, pienso que en
aquel trabajo existían
muchos cortes mejores. Precisamente,
haciendo referencia al mencionado
álbum, he de decir algo
que no me gustó. Si en
la gira del “Start from
the dark”, el gran sacrificado
respecto a Lorca fue “Wings
of tomorrow”, ahora esa
condición le correspondió
a “Out of this world”,
uno más a añadir
a la lista de discos damnificados
y es que es un poco fuerte obviar
“Ready or not” o
“Let the good times roll”,
habituales en esta nueva etapa,
por no hablar de “Open
your heart”, “More
than meets the eye” y
demás.
Ya se había
alcanzado, afortunadamente,
un sonido aceptable (salvo en
materia de teclados) que permaneció
hasta el final de la vida y
del que dedujimos que las guitarras
de John Norum cada día
son más “sucias”
recordando a Black Label Society
(como bien se ha dicho en diferentes
foros), últimos Corrosion
Of Conformity o Soundgarden,
es decir, creando un halo de
oscuridad que en el contexto
de “los nuevos Europe”
está bien pero que resta
brillantez a sus clásicos.
Prueba inequívoca fue
“Seven doors hotel”,
una vez más presencia
solitaria de su debut, y que
entre la confusión de
las seis cuerdas y la bajada
de tono de Tempest, perdió
su magnificencia aunque, con
todo, me gustó mucho.
Aquí abrimos otro debate.
A la gente que los vio por primera
vez esta noche, quizá
les parezca baladí, pero
para aquellos que ya disfrutamos
con ellos en 2004 (incluso,
por partida doble) creo que
supuso cierta decepción
la inamovilidad del repertorio.
Me explico. Yo no quiero que
eliminen ninguno de sus “megahits”,
sería ridículo,
pero sí que combinen
y nos deleiten con alguna sorpresa
tipo “The king will return”,
“Dreamer”, por supuesto
“Stormwind” y la
larga lista de joyas ignoradas
de “Prisoners in paradise”,
empezando por el tema título.
Claro que si miramos con objetividad,
tampoco queda demasiado espacio
porque las modernas copan el
50% del set list.
Todas estas
tribulaciones me venían
a la cabeza mientras interpretaban
las poco convincentes “Let
the children play” (con
el coro de niños grabado)
y “The getaway plan”
que tuvo su colofón en
un breve e innecesario solo
de bajo de John Leven. No digo
que sean canciones pésimas
pero en el contexto global de
una trayectoria intachable no
me dicen nada. Otra cosa es
“Flames”, primera
referencia a “Start from
the dark”, que me parece
excelente a pesar de que la
ejecución fue, simplemente,
aseada. Con “Sign of the
times” (donde en su intro,
por suerte, se oyeron los teclados)
volvió a elevarse la
ya de por sí alta temperatura
de la sala que alcanzó
un momento de paroxismo cuando
el resto de miembros abandonaron
el escenario, Joey se enfundó
la acústica y amagó
con cantar “Carrie”,
hecho que sucedió pero
dejando el protagonismo al respetable.
No me entusiasma el tema pero
en esta peculiar adaptación,
aún menos.
Después
de esos instantes mágicos
(para algunos), venía
la calma y la sorpresa (no sé
si agradable) de la noche. Por
vez primera en la gira tocaron
“Brave and beautiful soul”,
composición intrascendente
de “Secret society”,
que sirvió para sustituir
a la horrenda canción
que le da nombre. Claro que
“Brave...” tampoco
es que sea la repera, más
bien al contrario. De aquí
en adelante, todo bastante previsible
(por si no habíamos tenido
ración de esto todavía,
je, je). Insisten en “Wings
of tomorrow”, muy buena
canción pero reiterativa
y sustituible por cualquiera
de ese disco, no porque sean
mejores o peores, sino porque
son distintas. A continuación,
el estrellato queda en Norum,
al que Joey loa con palabras
como “un genio”
o “la persona que cambió
mi vida” (sin comentarios),
que ejecuta un solo de guitarra.
Acto seguido se le unen los
demás músicos
en una minijam bluesera y funde
sus notas con la genial “Girl
from Lebanon”. Huelga
decir que John interpreta a
su manera los solos de la época
Kee Marcello (como siempre comentamos,
Kee es más técnico
y Norum setentero).
“Start
from the dark” es sobresaliente
pero considero que en este momento
del show no es excesivamente
adecuada ya que tiene cierto
aire intimista como “Girl
from Lebanon” (aunque
ninguna son baladas) creando
un clímax de excesivo
sosiego en la audiencia. Esto
imagino que lo hacen con la
idea de que la marchosa “Yesterday
news” recobre la intensidad
pero es un tema que no ha calado
entre la gente porque era el
reclamo inédito de un
recopilatorio y, encima, tampoco
es espectacular. Claro que quizá
lo que pasaba es que todos se
reservaban para “Rock
the night” que sí
puso patas arriba La Riviera
haciendo rejuvenecer casi dos
décadas a la mayoría
de los congregados. Algo más
de ochenta minutos y despedida,
otra vez luciendo megáfono.
No hubo que
esperar en exceso para que los
suecos atacaran “Got to
have faith”, una canción
de corte similar a “Yesterday
news” pero, a mi entender,
bastante más interesante
y agradable a los oídos.
Cuando Tempest da paso a Ian
Hauglan, todo el mundo sabe
que nos espera “Cherokee”,
una vez más la canción
más destacada de las
actuaciones de Europe con ese
duelo de guitarra y teclados
memorable en su parte central.
Entre la euforia colectiva y,
lógicamente, sin presentación
alguna el “tiroriro”
provoca el grito emocionado
de la concurrencia. Supongo
que para que no les pasara como,
por ejemplo, en el Lorca Rock,
el inicio estaba grabado y aunque
la gente no se dio cuenta, para
mí afeó algo un
”The final countdown”
ya de por sí grimoso
para este que escribe. Este
apoteósico final dejó
en los seguidores un buen sabor
boca.
La realidad,
o al menos la que yo viví,
fue algo distinta. El concierto
en sí fue bueno, sin
más. De largo, el menos
brillante de los tres (cierto
que los precedentes era maravillosos).
Una banda con veinticinco años
de trayectoria (aun considerando
la larga interrupción)
tiene tablas suficientes para
salir airosos de cualquier envite.
Además, cuentan con el
potencial de tener un repertorio
amplio de canciones que pueden
deleitar al público pero
debo afirmar que abusan de su
producción actual (ocho
temas más “Yesterday
news” sobre un total de
dieciocho supone una descompensación
porque tienen cinco discos adicionales),
ofrecen pocas novedades en su
propuesta antigua y se les debe
exigir una mayor entrega. No
les pido a Norum o Leven que
se desmelenen, porque es una
utopía, pero que estén
algo menos estáticos
o que liberen a Tempest de su
protagonismo en algún
instante. Con todo, reitero,
buena velada. Mereció
la pena.
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