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Dos ofertas
distintas en su concepción
de la música, pero a
la vez complementarias al tratarse
de visiones vanguardistas si
son comparadas respecto a lo
que las rodea. Además,
como todo manjar, siempre sabrá
mejor si el entrante, o saliente,
es del mismo buen gusto que
la pieza a la que acompaña.
Las características de
la sala también ayudaron
a incrementar las sensaciones
al tener una proximidad estrecha
con los músicos, algo
que en esta velada redundó
en su beneficio.
Así
quedó demostrado en la
aparición de Noesis,
que sonaron como un tiro desde
su salida, sorprendiéndonos
con gratitud que su música
no sufre merma en directo y
es fiel a lo que se puede escuchar
en disco con el añadido
de estar dotada de más
cuerpo al ser ejecutada de este
modo, fundiendo bien el metal
con la electrónica para
conseguir una mezcla que debería
ganar adeptos entre los sonidos
más aperturistas de cualquiera
de las dos bases que cimientan
su música. Presentaron
prácticamente en totalidad
su debut “When all colours
are dead” ante una audiencia
que en su mayoría no
les conocería pero al
poco se entregó a los
ritmos de composiciones como
“Should I”, “Sea
of sand”, “Mechanical
Mayhem”, “Lost in
Quasars”, “Inside
of pain” o “Monochromatic
Neuronal Intuition”. También
cayó alguna versión,
la visión en castellano
de su tema “Stranged”
(rebautizada como “Extraño”)
o composiciones que aparecerán
en un futuro disco que, por
lo que parece, irán en
su lengua natal. Durante sus
tres cuartos de hora desgranando
temas la interacción
con el público no fue
muy alta, más bien poco
comunicativos, lo que, por otra
parte, no supuso ninguna tacha
porque los asistentes disfrutaron
igualmente de sus canciones.
Tras su presentación
en Madrid, donde dejaron buenas
sensaciones aunque un tanto
afectados por el nerviosismo,
la impresión sobre Evohé
es que van creciendo por etapas.
El concierto de este día
fue una buena demostración
de ello. Sueltos, cómodos,
locuaces, sin resultar cansinos
ni pedantes e interactuando
muy bien en una sala llena sin
agobios para conseguir cercanía
y comunión con el público.
La batalla podría haber
parecido estar ganada de antemano,
pero sin dudas y demostrando
que se debe luchar en cualquier
situación arrancaron
con composiciones como “El
santo”, “Rompiendo
cáscaras y máscaras”,
la preciosa “Corazón
Klepsidra” o “La
llave de la jaula”. No
hubo altibajos en su actuación
aunque sí espacio para
las colaboraciones en el piano
de Víctor Pérez
y Álex Serrano (No Reply)
en la trompeta para ejecutar
tanto “Queridos golpes”
como “Alma fugaz”,
que lució distinta en
el sonido del viento respecto
a la versión conocida
y registrada en su disco. “Ortigas
en el cielo”, “La
cuchilla y las estrellas”
y “Tu corazón en
mí” cerraron el
bloque principal de su repertorio.
La vuelta,
como era de suponer, no se hizo
esperar y lo hizo en forma de
cover de un grupo que siempre
me ha recordado en parte a los
de Mejorada por el similar timbre
de voz y la manera de recitar
entre Mathew Bellamy y David
Gómez. “The time
is going out” de Muse
fue esa canción, la penúltima
antes de que el “himno”
“Las once eses del camino”
cerrara su algo más de
una hora de concierto volviéndonos
a traer a la cabeza que el quinteto
(incluyendo letrista) son de
los pocos, o único, grupo
en España que en concierto
ha hecho sentir lo mismo, y
que podría llegar a alcanzar
cimas similares, que una banda
de cuyo nombre no quiero acordarme.
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Noesis

Evohé

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