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Cuando un
grupo mítico pisa por
primera vez un país para
ofrecer un concierto o en el
intering de una gira, la expectación
suele ser importante. Es verdad
que muchas de las denominadas
“grandes bandas”
no están en su momento
álgido de popularidad
pero el tirón que tenían
siempre arrastra una masa crítica
que acudirá a su llamada
para disfrutar de algo que han
tenido muy presente en sus vidas.
Fates Warning
es una banda clásica,
no hay duda. Con raíces
en el progresivo de los años
setenta, el irrumpir en la época
dorada del heavy metal, la década
de los ochenta, les hizo combinar
de manera magistral sus dos
pasiones y se puede decir, sin
temor a equivocarse, que ellos
y Queensryche representan a
la perfección el entonces
denominado metal técnico
que acabó derivando en
el género metal progresivo.
Con discos como “Night
on broken”, “The
spectre within” o el seminal
“Awaken the guardian”
dieron muestras de su categoría
mas el paso adelante llegó
con la entrada del excelente
Ray Alder como vocalista para
sustituir al no menos brillante
John Arch. Con “No exit”
y “Perfect simmetry”
consolidaron su posición
y a punto estuvieron de alcanzar
la gloria con “Parallels”,
su sexta obra, genial a la par
que relativamente accesible
en un año, 1991, en que
Queensryche reventaban las listas
después del éxito
de “Empire” y unos
poco conocidos, entonces, Dream
Theater andaban componiendo
“Images and words”.
Con canciones como “Eye
to eye” o “Point
of view”, el quinteto
comandado por Jim Matheos llevó
a “Parallels” al
status de disco de oro.
De ahí
no pasó la cosa y mientras
Queensryche se dedicaban a sacar
bodrios y Dream Theater emergían
hasta lograr el fanatismo exacerbado
que despiertan hoy, Fates Warning
quedaron en segundo plano a
pesar de álbumes como
el excelso “Inside out”
o el magnífico trabajo
conceptual, “A pleasant
shade of grey”. No obstante,
siempre se mantuvo, o al menos
eso creo, una base de fieles
que siguieron abrazando el cañero
“Disconnected” o
el irregular “X”.
Paralelamente, Jim Matheos,
Ray Alder y demás fueron
montando otros proyectos que
afectaron relativamente a la
continuidad en el escenario
de Fates Warning. Su actividad
no se paralizó pero sí
disminuyó sobremanera.
Todo esto
puede que consideréis
que no venga a cuento pero lo
comento porque parece que hoy
en día la gente no respeta
nada y Fates Warning sean un
grupo underground y desconocido.
Para hacer la siguiente reflexión
tomo dos referencias. Tres semanas
antes de este show vinieron
Dream Theater a Madrid y aproximadamente
ocho mil personas fueron a verles.
Precisamente, Dream Theater
que siempre han considerado
a Fates Warning ejemplo y no
era raro ver a Portnoy en las
primeras filas de sus conciertos
cuando era un chaval (los que
tengáis el DVD de la
reedición especial del
“Awaken the guardian”
sabréis a lo que me refiero).
Por otra parte, en estas páginas
también se comenta la
vergüenza de ver cómo
únicamente dos docenas
de personas acuden a la actuación
de The Ocean, Intronaut y Nahemah.
Con estos dos
ejemplos, podemos diseñar
qué es lo que sucedió.
Me acerco a la sala Copérnico
y un cuarto de hora antes de
la apertura oficial de puertas
hay siete personas haciendo
cola. Se puede pensar, día
entre semana, salida del trabajo
y demás para que el público
apure. Me vale, en un rato cambiará.
Empieza el acceso, hora fijada
de inicio, 21:30, sin teloneros,
una lástima porque en
otras fechas les habían
acompañado To Mera o
Pagan´s Mind. Las manecillas
del reloj marcan la señal.
Retraso. Teóricamente
todo el mundo debe estar dentro.
Aspecto desolador, bochornoso,
indigno, demencial. Con generosidad
setenta aficionados, muchos
de ellos de fuera de Madrid
porque las caras no me resultaban
conocidas. ¿Dónde
están los ocho mil supuestos
fans del metal progresivo que
se pirran por Dream Theater?
¿No existe otro grupo
en el mundo para ellos? Si es
así, que no tengo pruebas
pero lo intuyo, a eso lo llamo
incultura musical. Puede darse
el caso que a un fan de Petrucci
y cía no le guste Fates
Warning pero teóricamente
serían los menos. Es
que no me entra en la cabeza
cómo ni tan siquiera
el 1% del personal que se dio
cita en el Palacio de los Deportes
de la Comunidad Autónoma
de Madrid se acercara a la primera,
repito, la primera descarga
en la capital de un grupo esencial
y fundamental para entender
este estilo.
Podemos poner
en el debe las excusas de siempre.
Día entre semana, mala
época porque hay muchos
tours que pasan por aquí,
falta de promoción suficiente,…
¡Tonterías! Ser
un jueves no fue obstáculo
para muchos seguidores que recorrieron
bastante kilómetros desde
distintas provincias por lo
que los madrileños no
tienen perdón. Hay cantidad
de giras en otoño, de
acuerdo, pero pocas tan exclusivas
y raras como ésta. Y
la falta de promoción,
pues comentaré lo habitual.
Internet sirve no sólo
para bajarse discos (objetivo
de muchos) sino también
para informarse y por mucha
ausencia de cartelería
que hubiera o dificultad de
encontrar puntos de venta, hay
una cosa que se llama taquilla
donde paliar eso. Me he calentado
demasiado pero mi grado de incredulidad
era supino. Tampoco esperaba
que aquello se llenase pero
sí que, al menos, doscientos
tíos respondiéramos.
Entre estos
comentarios amenizamos el retraso
acumulado cuando se apagaron
las luces y la intro de “Disconnected”
acompañó la salida
de Bobby Jarzombeck, reclutado
para la ocasión, Joey
Vera, el retornado y estelar
Frank Aresti y el eterno Jim
Matheos. Los cuatro enlazaron
la frase “I´m disconnected”
con “One” el primer
tema del mencionado disco. El
sonido no era todo lo nítido
que cabía esperar y más
cuando apareció Ray Alder
al que desde la primera fila
no se le escuchaba casi nada.
Tuvimos que retroceder unos
cuantos metros para poder distinguir
la voz del cantante. “One”
es un corte ideal para comenzar
porque es de los más
cañeros y pesados de
toda la trayectoria de los de
Hartford.
Con esta tara
parcial del sonido tuvimos que
convivir los noventa minutos
que duró su actuación.
No obstante, ya se podían
vislumbrar aspectos que se repetirían
a lo largo de la velada. Jarzombeck,
muy serio y tocando descalzo,
confiere contundencia al conjunto,
brillando más cuando
la tralla alcanza cotas altas.
Vera es un friki de mucho cuidado.
Con sus pintas nu metaleras
y la mirada perdida cumple realmente
bien con el bajo. Por su parte,
Jim Matheos vive en su mundo.
Nulo carisma y ejecución
impecable se aúnan en
un hombre que debe tener difícil
carácter. Dejo para el
final a Frank Aresti que fue
una de las claves del show.
Muy bien con la guitarra y excelente
en los coros. Tampoco es la
alegría de la huerta
pero estuvo fantástico.
Queda hablar de Ray, mmm, me
cuesta porque mis impresiones
fueron contrapuestas. En un
lado, no negaré que ha
perdido bastante potencia y
buena parte de los agudos que
poseía. Sin embargo,
su voz continúa siendo
cálida y los registros
bonitos siguen ahí. Además,
el tipo se lo curra y no se
rinde haciendo un muy buen despliegue.
Suplió las carencias
con garra e ilusión sin
importarle el número
de personas ante las que se
encontrara. Es más, Alder
estaba emocionado por ser la
primera vez que tocaban por
aquí y los poquísimos
asistentes contribuimos a que
se sintieran como en casa con
constantes vítores y
alabanzas.
En una entrevista
que le hicimos cuando salió
“X”, Ray nos comentó
que el disco favorito del grupo
era “A pleasant shade
of grey” y debe ser así
porque fue el álbum al
que más recurrieron junto
a “Parallels”. Tras
“One”, encararon
las partes “III”
y “IV” de “A
pleasant…”, la primera
más vocal y “IV”
de un cariz instrumental intenso.
“X” tiene más
de tres años de existencia
y lo considero su trabajo menos
inspirado pero también
tenía que ser objeto
de revisión y, de principio,
acertaron porque “Another
perfect day” es mi preferida
aunque en directo la aceleraron
un poco y perdió parte
de su feeling.
Es curioso
porque Alder prácticamente
no presentaba las canciones
sino que daba las gracias, comentaba
alguna cosa y rápidamente
sus compañeros se ponían
a tocar. Eso sí, la gente
reconocía rápido
la mayoría de temas.
Como el siguiente, que es de
los más loados y se encuentra
entre mis favoritos, “Life
in still water”, maravillosa
composición de “Parallels”.
Con este corte, nos adentramos
quizá en el segmento
más impactante del concierto
porque recogió muchas
canciones de su etapa intermedia
con Ray Alder. A pesar de que
hubiera escogido otras muchas
de “Inside out”
por encima de ella, “Island
in the stream” creó
un momento más introspectivo
y atmosférico que no
terminó de engancharme
porque, sinceramente, esperaba
“Pale fire”, “Outside
looking in” o algo similar.
Este breve
impás se difuminó
con la excelsa parte “VII”
de “A pleasant shade of
grey” junto a “IX”
y “XI” las mejores
de tan magno álbum. Claro
que para emoción, intimismo,
cambio de ritmo estratosférico
y todo lo que queráis,
la genial “The eleventh
hour” donde Alder hizo
la mejor y más sentida
interpretación de toda
la velada. No contentos con
ello, siguieron recordando “Parallels”
vía “Point of view”,
otra de las favoritas del respetable,
coreada sin remisión
porque los setenta que allí
nos congregábamos.
El clímax
había ido in crescendo
durante la actuación
y la banda estaba muy cómoda
porque éramos pocos pero
entusiastas. Sin embargo, el
elegir “Still remains”
paró bastante la euforia.
No es un tema malo, muy al contrario,
pero es un corte de dieciséis
minutos que rompió el
esquema dinámico del
concierto hasta entonces. Para
ser sinceros creo que estuvo
realmente bien y me gustó
más que en estudio, además
de servir de descanso para Alder,
pero viendo a la postre la duración
del concierto y la cantidad
de cosas que se quedaron en
el tintero, mi elección
habría sido distinta.
Tampoco contribuyó que
tras “Still remains”
llegara “Stranger”,
otro tema de “X”,
muy contundente y moderno que
no hizo demasiada mella en los
seguidores. En estas nos encontrábamos
cuando “XI” de “A
pleasant shade of grey”
sirvió como despedida
momentánea cuando aún
no se cumplía la hora
y cuarto. Descaradamente insuficiente
el tiempo que habían
permanecido en el escenario
de Copérnico. Todo había
pasado en un santiamén
y como un rayo esta primera
y, presumiblemente última,
venida de Fates Warning a Madrid.
Evidentemente
no había acabado pero,
salvo sorpresa, no quedaban
demasiadas canciones por escuchar.
Una de ellas, “Silent
cries”, recordó
los años iniciáticos
de Alder en Fates Warning con
el ahora lejano “No exit”,
debut del vocalista en la banda
de Connecticut. Me extrañó
que la escogieran por encima
de “Anarchy divine”
porque, para mí, no hay
color pero la ejecución
fue sobresaliente. Reconozco
que soy muy maniático
y no soy capaz, salvo en contadas
ocasiones, de no mirar un set
list previo para hacer una idea
de qué nos vamos a encontrar.
Esto resta un poco de frescura
pero, no sé, quizá
te predispone favorablemente
hacia lo que vaya a sonar. Por
eso, cuando escuché las
primeras notas de la genial
“Eye to eye” tardé
en reaccionar porque no la había
visto en el listado previo.
Creo que fue un puntazo y la
gente la disfrutó de
lo lindo. Para mí, sólo
por esa composición ya
merecía la pena el show.
Para completar
unos bises alucinantes, “Monumentum”,
genialidad del “Inside
out”, más de seis
minutos que corroboraron un
notable concierto que no subió
a sobresaliente por el sonido,
la duración y algunas
canciones que, personalmente,
hubiera cambiado. Me extrañó
que no hicieran ninguna de “Perfect
symmetry”, ni tan siquiera
“Nothing left to say”
que venía cayendo en
esta gira europea que, desgraciadamente,
está resultando un fracaso
de público aunque no
tan exagerado como en Madrid.
¿Los discos con John
Arch? Bien, gracias. Hace mucho
que no los recuperan pero al
leer a Bobby Jarzombeck decir
que estaban ensayando canciones
de “Awaken the guardian”
albergaba esperanzas.
Fates Warning
no volverán (ojalá
me equivoque), por lo tanto,
“que nos quiten lo bailao”.
Sigo sin comprender, por muchos
que algunos me dijeran que era
previsible, que una banda como
ésta congregue a setenta
personas. Lamentable y una muestra
más de que, salvo los
de siempre, en breve me parece
que se romperá la gallina
de los huevos de oro y estos
años tan floridos en
cuanto a conciertos se refiere
en nuestro país pasarán
más pronto que tarde.
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