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FATES WARNING

Sala Copernico (Madrid) 22-11-2007

Cuando un grupo mítico pisa por primera vez un país para ofrecer un concierto o en el intering de una gira, la expectación suele ser importante. Es verdad que muchas de las denominadas “grandes bandas” no están en su momento álgido de popularidad pero el tirón que tenían siempre arrastra una masa crítica que acudirá a su llamada para disfrutar de algo que han tenido muy presente en sus vidas.

Fates Warning es una banda clásica, no hay duda. Con raíces en el progresivo de los años setenta, el irrumpir en la época dorada del heavy metal, la década de los ochenta, les hizo combinar de manera magistral sus dos pasiones y se puede decir, sin temor a equivocarse, que ellos y Queensryche representan a la perfección el entonces denominado metal técnico que acabó derivando en el género metal progresivo. Con discos como “Night on broken”, “The spectre within” o el seminal “Awaken the guardian” dieron muestras de su categoría mas el paso adelante llegó con la entrada del excelente Ray Alder como vocalista para sustituir al no menos brillante John Arch. Con “No exit” y “Perfect simmetry” consolidaron su posición y a punto estuvieron de alcanzar la gloria con “Parallels”, su sexta obra, genial a la par que relativamente accesible en un año, 1991, en que Queensryche reventaban las listas después del éxito de “Empire” y unos poco conocidos, entonces, Dream Theater andaban componiendo “Images and words”. Con canciones como “Eye to eye” o “Point of view”, el quinteto comandado por Jim Matheos llevó a “Parallels” al status de disco de oro.

De ahí no pasó la cosa y mientras Queensryche se dedicaban a sacar bodrios y Dream Theater emergían hasta lograr el fanatismo exacerbado que despiertan hoy, Fates Warning quedaron en segundo plano a pesar de álbumes como el excelso “Inside out” o el magnífico trabajo conceptual, “A pleasant shade of grey”. No obstante, siempre se mantuvo, o al menos eso creo, una base de fieles que siguieron abrazando el cañero “Disconnected” o el irregular “X”. Paralelamente, Jim Matheos, Ray Alder y demás fueron montando otros proyectos que afectaron relativamente a la continuidad en el escenario de Fates Warning. Su actividad no se paralizó pero sí disminuyó sobremanera.

Todo esto puede que consideréis que no venga a cuento pero lo comento porque parece que hoy en día la gente no respeta nada y Fates Warning sean un grupo underground y desconocido. Para hacer la siguiente reflexión tomo dos referencias. Tres semanas antes de este show vinieron Dream Theater a Madrid y aproximadamente ocho mil personas fueron a verles. Precisamente, Dream Theater que siempre han considerado a Fates Warning ejemplo y no era raro ver a Portnoy en las primeras filas de sus conciertos cuando era un chaval (los que tengáis el DVD de la reedición especial del “Awaken the guardian” sabréis a lo que me refiero). Por otra parte, en estas páginas también se comenta la vergüenza de ver cómo únicamente dos docenas de personas acuden a la actuación de The Ocean, Intronaut y Nahemah.

Con estos dos ejemplos, podemos diseñar qué es lo que sucedió. Me acerco a la sala Copérnico y un cuarto de hora antes de la apertura oficial de puertas hay siete personas haciendo cola. Se puede pensar, día entre semana, salida del trabajo y demás para que el público apure. Me vale, en un rato cambiará. Empieza el acceso, hora fijada de inicio, 21:30, sin teloneros, una lástima porque en otras fechas les habían acompañado To Mera o Pagan´s Mind. Las manecillas del reloj marcan la señal. Retraso. Teóricamente todo el mundo debe estar dentro. Aspecto desolador, bochornoso, indigno, demencial. Con generosidad setenta aficionados, muchos de ellos de fuera de Madrid porque las caras no me resultaban conocidas. ¿Dónde están los ocho mil supuestos fans del metal progresivo que se pirran por Dream Theater? ¿No existe otro grupo en el mundo para ellos? Si es así, que no tengo pruebas pero lo intuyo, a eso lo llamo incultura musical. Puede darse el caso que a un fan de Petrucci y cía no le guste Fates Warning pero teóricamente serían los menos. Es que no me entra en la cabeza cómo ni tan siquiera el 1% del personal que se dio cita en el Palacio de los Deportes de la Comunidad Autónoma de Madrid se acercara a la primera, repito, la primera descarga en la capital de un grupo esencial y fundamental para entender este estilo.

Podemos poner en el debe las excusas de siempre. Día entre semana, mala época porque hay muchos tours que pasan por aquí, falta de promoción suficiente,… ¡Tonterías! Ser un jueves no fue obstáculo para muchos seguidores que recorrieron bastante kilómetros desde distintas provincias por lo que los madrileños no tienen perdón. Hay cantidad de giras en otoño, de acuerdo, pero pocas tan exclusivas y raras como ésta. Y la falta de promoción, pues comentaré lo habitual. Internet sirve no sólo para bajarse discos (objetivo de muchos) sino también para informarse y por mucha ausencia de cartelería que hubiera o dificultad de encontrar puntos de venta, hay una cosa que se llama taquilla donde paliar eso. Me he calentado demasiado pero mi grado de incredulidad era supino. Tampoco esperaba que aquello se llenase pero sí que, al menos, doscientos tíos respondiéramos.

Entre estos comentarios amenizamos el retraso acumulado cuando se apagaron las luces y la intro de “Disconnected” acompañó la salida de Bobby Jarzombeck, reclutado para la ocasión, Joey Vera, el retornado y estelar Frank Aresti y el eterno Jim Matheos. Los cuatro enlazaron la frase “I´m disconnected” con “One” el primer tema del mencionado disco. El sonido no era todo lo nítido que cabía esperar y más cuando apareció Ray Alder al que desde la primera fila no se le escuchaba casi nada. Tuvimos que retroceder unos cuantos metros para poder distinguir la voz del cantante. “One” es un corte ideal para comenzar porque es de los más cañeros y pesados de toda la trayectoria de los de Hartford.

Con esta tara parcial del sonido tuvimos que convivir los noventa minutos que duró su actuación. No obstante, ya se podían vislumbrar aspectos que se repetirían a lo largo de la velada. Jarzombeck, muy serio y tocando descalzo, confiere contundencia al conjunto, brillando más cuando la tralla alcanza cotas altas. Vera es un friki de mucho cuidado. Con sus pintas nu metaleras y la mirada perdida cumple realmente bien con el bajo. Por su parte, Jim Matheos vive en su mundo. Nulo carisma y ejecución impecable se aúnan en un hombre que debe tener difícil carácter. Dejo para el final a Frank Aresti que fue una de las claves del show. Muy bien con la guitarra y excelente en los coros. Tampoco es la alegría de la huerta pero estuvo fantástico. Queda hablar de Ray, mmm, me cuesta porque mis impresiones fueron contrapuestas. En un lado, no negaré que ha perdido bastante potencia y buena parte de los agudos que poseía. Sin embargo, su voz continúa siendo cálida y los registros bonitos siguen ahí. Además, el tipo se lo curra y no se rinde haciendo un muy buen despliegue. Suplió las carencias con garra e ilusión sin importarle el número de personas ante las que se encontrara. Es más, Alder estaba emocionado por ser la primera vez que tocaban por aquí y los poquísimos asistentes contribuimos a que se sintieran como en casa con constantes vítores y alabanzas.

En una entrevista que le hicimos cuando salió “X”, Ray nos comentó que el disco favorito del grupo era “A pleasant shade of grey” y debe ser así porque fue el álbum al que más recurrieron junto a “Parallels”. Tras “One”, encararon las partes “III” y “IV” de “A pleasant…”, la primera más vocal y “IV” de un cariz instrumental intenso. “X” tiene más de tres años de existencia y lo considero su trabajo menos inspirado pero también tenía que ser objeto de revisión y, de principio, acertaron porque “Another perfect day” es mi preferida aunque en directo la aceleraron un poco y perdió parte de su feeling.

Es curioso porque Alder prácticamente no presentaba las canciones sino que daba las gracias, comentaba alguna cosa y rápidamente sus compañeros se ponían a tocar. Eso sí, la gente reconocía rápido la mayoría de temas. Como el siguiente, que es de los más loados y se encuentra entre mis favoritos, “Life in still water”, maravillosa composición de “Parallels”. Con este corte, nos adentramos quizá en el segmento más impactante del concierto porque recogió muchas canciones de su etapa intermedia con Ray Alder. A pesar de que hubiera escogido otras muchas de “Inside out” por encima de ella, “Island in the stream” creó un momento más introspectivo y atmosférico que no terminó de engancharme porque, sinceramente, esperaba “Pale fire”, “Outside looking in” o algo similar.

Este breve impás se difuminó con la excelsa parte “VII” de “A pleasant shade of grey” junto a “IX” y “XI” las mejores de tan magno álbum. Claro que para emoción, intimismo, cambio de ritmo estratosférico y todo lo que queráis, la genial “The eleventh hour” donde Alder hizo la mejor y más sentida interpretación de toda la velada. No contentos con ello, siguieron recordando “Parallels” vía “Point of view”, otra de las favoritas del respetable, coreada sin remisión porque los setenta que allí nos congregábamos.

El clímax había ido in crescendo durante la actuación y la banda estaba muy cómoda porque éramos pocos pero entusiastas. Sin embargo, el elegir “Still remains” paró bastante la euforia. No es un tema malo, muy al contrario, pero es un corte de dieciséis minutos que rompió el esquema dinámico del concierto hasta entonces. Para ser sinceros creo que estuvo realmente bien y me gustó más que en estudio, además de servir de descanso para Alder, pero viendo a la postre la duración del concierto y la cantidad de cosas que se quedaron en el tintero, mi elección habría sido distinta. Tampoco contribuyó que tras “Still remains” llegara “Stranger”, otro tema de “X”, muy contundente y moderno que no hizo demasiada mella en los seguidores. En estas nos encontrábamos cuando “XI” de “A pleasant shade of grey” sirvió como despedida momentánea cuando aún no se cumplía la hora y cuarto. Descaradamente insuficiente el tiempo que habían permanecido en el escenario de Copérnico. Todo había pasado en un santiamén y como un rayo esta primera y, presumiblemente última, venida de Fates Warning a Madrid.

Evidentemente no había acabado pero, salvo sorpresa, no quedaban demasiadas canciones por escuchar. Una de ellas, “Silent cries”, recordó los años iniciáticos de Alder en Fates Warning con el ahora lejano “No exit”, debut del vocalista en la banda de Connecticut. Me extrañó que la escogieran por encima de “Anarchy divine” porque, para mí, no hay color pero la ejecución fue sobresaliente. Reconozco que soy muy maniático y no soy capaz, salvo en contadas ocasiones, de no mirar un set list previo para hacer una idea de qué nos vamos a encontrar. Esto resta un poco de frescura pero, no sé, quizá te predispone favorablemente hacia lo que vaya a sonar. Por eso, cuando escuché las primeras notas de la genial “Eye to eye” tardé en reaccionar porque no la había visto en el listado previo. Creo que fue un puntazo y la gente la disfrutó de lo lindo. Para mí, sólo por esa composición ya merecía la pena el show.

Para completar unos bises alucinantes, “Monumentum”, genialidad del “Inside out”, más de seis minutos que corroboraron un notable concierto que no subió a sobresaliente por el sonido, la duración y algunas canciones que, personalmente, hubiera cambiado. Me extrañó que no hicieran ninguna de “Perfect symmetry”, ni tan siquiera “Nothing left to say” que venía cayendo en esta gira europea que, desgraciadamente, está resultando un fracaso de público aunque no tan exagerado como en Madrid. ¿Los discos con John Arch? Bien, gracias. Hace mucho que no los recuperan pero al leer a Bobby Jarzombeck decir que estaban ensayando canciones de “Awaken the guardian” albergaba esperanzas.

Fates Warning no volverán (ojalá me equivoque), por lo tanto, “que nos quiten lo bailao”. Sigo sin comprender, por muchos que algunos me dijeran que era previsible, que una banda como ésta congregue a setenta personas. Lamentable y una muestra más de que, salvo los de siempre, en breve me parece que se romperá la gallina de los huevos de oro y estos años tan floridos en cuanto a conciertos se refiere en nuestro país pasarán más pronto que tarde.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: Javi Falcón