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No queremos caer en el desanimo, ni generar desaliento, al desarrollar un discurso catastrofista, pero es obvio que vivimos una de las peores etapas culturales, económicas y políticas de los últimos veinte o treinta años en este lugar, y eso lo saben los músicos, los promotores, los sellos independientes, los medios independientes (que cada vez son menos) y todo aquel que como publico se acerca a uno de estos acontecimientos “undergrounds” (hoy mas que nunca). Generaciones diversas tratan de marcar su auténtica seña de identidad en tiempos de poco pan y pésimo circo. Por eso es para felilcitarse porque cerca de 40.000 espectadores invadieron, en el más saludable termino de la palabra, el Soto de Móstoles durante el ultimo fin de semana de mayo en la edición 2003 de Festimad. Insistimos en que hoy en día, lamentablemente, cualquier producción que no pase por la caspa, la radio formula o derivados catódicos, cuenta con multitud de elementos en contra para poder articularse.

Por eso hay que felicitar a Creation, la Asociación Cultural que pone en pie este chocho, por su esfuerzo continuado y por el poder de convocatoria que generaron al ritmo de sonidos, en esta edición, eminentemente duros. Su pequeña batalla contra la memez es el éxito de todos los promotores privados, discográficas, sectores profesionales de la industria, músicos, locales, asociaciones o colectivos no remunerados, que apuestan por airear el patio musical de Madrid, capital y comunidad.. Ellos, todos, por supuesto también el público (cada día mas joven), no solo Festimad, están en el mismo barco que nosotros, aquel en el que seguimos echando en falta diversas y diferentes manifestaciones musicales, culturales, año tras año. Por eso cada vez que un artista se puede subir a un escenario en El Soto, dándole la espalda a tanto impedimento, algo se mueve en el corazón del arte en este lugar rancio llevo de violeteras y castizos trasnochados. Dos jornadas al aire libre, en un ambiente festivo exento de incidentes reseñables, con la oferta de más de cincuenta actuaciones repartidas en seis espacios escénicos, vinieron a constatar porque Móstoles y Festimad han conseguido ser ya cita obligada en la agenda de festivales europeos. Esto es algo que parecen a obviar algunas marcas publicitarias y determinadas instituciones que viven de espaldas a lo que un buen número de sus ciudadanos demandan. Precisamente el giro político que ha sufrido el ayuntamiento de Móstoles en las pasadas elecciones municipales deja entrever que el próximo año El Soto no sea cedido para la celebración de un festival que ya tiene fecha fijada en el calendario (28 y 29 de mayo 2004).

Con cada edición de Festimad la organización ha ido puliendo carencias, sobre todo en cuestiones de accesibilidad, higiene y zona de acampada, que han mejorado sensiblemente en esta pasada edición 2003. Pocas aglomeraciones y un tránsito pausado entre zonas hicieron mucho más habitables los metros cuadrados disponibles. El ambiente de cordialidad y camaradería reinó, un año mas, por los cuatro costados del parque mostoleño, a pesar que en algún momento se vivieron escenas de nerviosismo de parte de la peña durante los conciertos de cierre al querer estar todos en primera fila (eso es materialmente imposible). Sorprendentemente este año la organización ha bajado la guardia, o tal vez la empresa contratada para ello lo ha hecho, responsabilizándoles indirectamente, en un punto en el que pasado año consiguieron resultados sobresalientes: la calidad y cantidad del sonido ofertado en los principales escenarios.

Hay que destacar, negativamente, este grave hecho ya que fueron varias las bandas que tuvieron graves problemas en este sentido (el caso mas sonado fue el de Audioslave, aunque no podemos olvidar a Hamlet, Kannon o Deftones, por mencionar algunos ejemplos).

Echamos en falta el revuelo, en la zona de prensa, de televisiones y medios especializados que el pasado año estuvieron allí, aunque fueron muchos y muchas los medios y cuartos de comunicación que pulamos por allí y el festival tuvo cobertura en los principales diarios y cadenas de televisión durante la celebración del mismo. Es digna de mención la curiosa fauna, entre los que nos incluimos, que merodeaba la zona de prensa y alrededores; profesionales de verdad, medios periféricos de todos los colores petardeando, algunos amigos músicos, tipos y tipas a la caza del famoso con el que fotografiarse, el kalvito y sus divertidas historias de barrio preocupado por no perderse la actuación de El Tío Calambres, diferentes lenguas y razas, un doble de Marilyn de todo a 100 que se fotografió con todo aquel que se lo propusiera, amen de quinceañeras histéricas al borde del colapso y lesbianas pálidas que devoraron con los ojos (y algo mas) al verdadero reverendo Manson cuando aprecio en la multitudinaria y un tanto caótica (incluidos los malos modos dialécticos de uno de los jefazos de Universal España) rueda de prensa previa a su actuación en el Soto.

Musicalmente no deja de sorprender que en un cartel eminentemente rockero, desde nuestro punto de vista, Public Enemy y Asian Dub Foundation, amen de Iffy y Radio4, se erigieran en los absolutos vencedores de cuarenta y ocho horas de música y verbena primaveral. La corrección de “Manson”, el tedio de “Audioslave”, una vez pasada la sorpresa o la ensayada pose de Him pasaran rápidamente al olvido. Una verdadera lástima porque el cartel era caluroso a priori, otra cuestión es lo que hicieron sobre las tablas los artistas mencionados.

VIERNES 30 MAYO

Lamentablemente a los redactores de esta revista on-line en todas las ediciones de Festimad nos sucede lo mismo, entre el atasco de la salida de fin de semana por la carretera de Extremadura y las obligaciones laborales, amen de otras privacidades un tanto inconfesables, este año llegamos muy tarde a El Soto y tan solo pudimos disfrutar de los últimos diez minutos de concierto de unos abrasadores Uzzuhaïa que a las 6 y pico de la tarde y bajo un solo de justicia pusieron a la peña rockeando y más caliente que si estuvieran en las puertas del infierno. A tenor de lo que vimos y escuchamos en las siguientes horas, sin duda nos perdimos una de las mejores actuaciones de todo el festival ya que su hard rock de guitarras afiladas muestra unas sobresalientes maneras en el fondo y las formas. No son un grupo novel y hay que estar muy atentos a su excelente segundo disco, “Diablo Blvd.”, editado hace un par de meses y al buen número de bolos que están ofreciendo este verano (consulta la cartelera de tu ciudad).

Antes que Uzzuhaïa actuaran habían ya desfilado por los escenarios Festimad y Lago, desde las 2 de la tarde, Elecktra, Idioterne, Biotech, Blue Alien´s Temple, Coilbox y Revelbeat. Afortunadamente durante este año hemos tenido oportunidad de ver a estas bandas en diferentes tablas y Festivales del Estado por lo que su presencia en El Soto vino a constatar sus nombres como autenticas realidades en la escena del metal hispano y derivados varios.

Con Kannon hemos bailado y sudado en varias ocasiones también a lo largo de estos meses (la primera fue al poco de entrevistarles, cuando asistimos a su concierto en Fotorock, en el metro de Madrid) y nos alegro mucho verlos comiéndose el escenario principal del Festival cuando el calor parecía que iba a remitir. Nos tropezamos con una gran parroquia convocada al ritmo de su furioso funk rock y al grupo con una sonrisa de oreja a oreja, estos dos detalles hacían prever que esta iba a ser una de sus grandes actuaciones. Ellos pusieron toda la carne en el asador y se aferraron a sus canciones, como viene haciendo en los últimos cuatro años, pero el sonido que escupían las pantallas no estuvo a la altura de la entrega y matices rítmicos que los de Vigo ofertaron. Mucha gente les descubrió esa tarde y tal vez a partir de ahora les mantengan en sus memorias, cuestión esta que es favorable para el grupo, pero después de haberlos visto actuar sobre dos metros cuadrados y sonado como un trueno, tenemos la certeza que si las condiciones acústicas hubieran sido más favorables, sin duda estaríamos hablando de uno de los grandes triunfadores del festival.

Algo similar, sino peor, le sucedió a Hamlet ya que uno de sus guitarristas estuvo toda su actuación desesperado sin oírse por los monitores e incluso su pista se perdió en mas de una ocasión por los altavoces de salida. Eso si, el resto de sus compañeros se encargaron de trampear el camino poniendo en marcha esa apisonadora que es su banda y que consiguió hacer saltar a las primera filas del escenario Lago y dejo sin aliento al resto de los asistentes (numeroso) a su show. Presentaron el set list con el que están recorriendo la Península en el que su más reciente álbum es principal protagonista. Profesionales como pocos salvaron una situación bastante incomoda tanto para ellos como para sus seguidores.

El Festival sucede en muchos sitios y nosotros aprovechamos las tardes también para encontrarnos con viejos compañeros y establecer nuevas y apasionantes relaciones que pasaron de una simple conversación a las risas en la madrugada compartiendo el placer por la música como vehículo de intercambio y puente de acercamiento. Quizá ha sido el año que menos grupos hemos visto en directo pero en el que más hemos aprendido, personal y “profesionalmente”, debido a precisamente a esos encuentros.

Desdichadamente todavía no tenemos los super poderes de Sheeva y la increíble capacidad de ubicarnos en dos puntos físicos a la vez. Además este año recorrimos en mas ocasiones las zonas no estrictamente musicales del Festival para apreciar como vivían los asistentes el mismo, desde la caseta donde se vivían las competiciones de gritos (sí, sí has leído bien... Fue divertidisímo) hasta los stands de algunas compañías discográficas o la zona de los grafiteros, viva y cálida como pocas.

Skink, musa tan odiada como amada (no hay termino medio con ella) al frente de su anterior banda Skunk Anaise, presentó en Festimad su primer disco en solitario que transita en coordinadas similares a las firmadas con su anterior proyecto. Sus canciones mantienen esos gruñidos casi felinos que se intercalan a las líneas de texto interpretadas. Ella ya es conocida y hasta cierto punto muy querida en este país y buena fe de ello es la parroquia que acudió a ver su actuación de la que destacó la personal versión que realizó de “Getting away with it”, un tema firmado por Electronic, el proyecto ochentero de Bernard Summer de New Order y Jhony Marr (The Smiths)

Resulta evidente la deuda pendiente que tienen grupos como Disturbed o Evanescence con bandas como Deftones, que no tuvieron su mejor tarde, ya que unos abrieron el camino y otros forraron sus riñones fotocopiando esquemas. A Disturbed le faltó gancho, melodía en sus composiciones, cierta emoción, puesto que al cuarto tema su actuación ya fue todo previsible y su hora y pico resultó un tanto tediosa. Avalados por el éxito del single “Bring me to life”, Evanescence, tras manifestar, en las entrevistas previas a su actuación en el backstage, su seguridad para enfrentarse ante una audiencia masiva en el marco de un macro festival, demostraron que el grupo carece de pegada y lo que es peor de cierto feeling. Ammy Lee demostró que es una buena cantante, mucho mejor de lo que en principio intuíamos, pero el exceso de pregrabados, y no sólo fondos de teclado o sampleados, y de guitarras distorsionadas, sumadas a multitud de poses vistas cientos de veces, desinflaron a mas de un seguidor que poco más que esbozo una sonrisa cuando a mitad de su actuación interpretaron su hit. Poca emoción y nula sorpresa en su actuación no les hace desmarcarse de propuestas similares anteriores realizadas en Europa con mejor gusto y mayor riesgo.

La pegada y demostración de técnica del baterista de Deftones fue lo más sorprendente en la actuación sosa, bajo un sol abrasador, de los norteamericanos. Hace años asistimos a la primera actuación de la banda en Madrid y en aquel tiempo si tuvimos la sensación de disfrutar de algo realmente diferente. Los actuales Deftones se han vuelto un calco de si mismos y tal vez el mal sonido que acompaño su actuación, no hicieron subir la nota final, sino que la estropearon, de Chino Moreno y sus compañeros de viaje.

Personalmente son unos tipos fantásticos, accesibles y cordiales con todo aquel que les paraba a charlar o compartir sus psicotropicos tras los escenarios, pero la banda que nos ha emocionado con “Adrenalyn”, “White Pony” o “Around the fur”, esa tarde en Madrid dejaron muy fríos a buena parte de sus incondicionales fans; ¿Una mala tarde o empiezan a arrastrar su reciente pasado con poca dignidad?.

A Him nos negamos a ir a verles y aprovechamos esa hora para cenar y hablar con una gran periodista y mejor amiga. Nos negamos a ver la actuación de los finlandeses por la arrogante pose de su cantante y el sopor que supuso verlos el pasado año en Madrid. Todavía resuenan en nuestra mente los gritos chirriantes de las fans cada vez que el vocalista de Him se marcaba una pose barata o ponía cara de chico malo mientras su voz no llegaba a los tonos que registra en los discos. Pensamos que es un grupo excesivamente valorado, hinchado a golpe de cadena televisiva musical especializada y aunque no sea nada profesional por nuestra parte no haber asistido a su actuación completa, hay determinadas cosas (y bandas) por las que ya no pasamos.

“Lo grotesco es una liberación del estrés”, comentó Marilyn Manson en la rueda de prensa previa a su actuación y precisamente esa liberación es la que trata de generar desde sus textos y a través de su escenografía que pretende divertir y escandalizar (aunque esto es Europa y estamos mas liberados neuronalmente que U.S.A).

Perfectamente uniformados, de negro recio, y con el mismo tinte de pelo aparecieron todos los músicos que acompañan a Brian Wagner en estos tiempos. Una banda demoledora y la mejor calidad de sonido de toda la jornada mostraron a un Marilyn Manson calculador, milimétrico, que devora la escena aunque haya perdido mucha de la frescura con la que salía a las tablas hace unos años. Para nosotros era la quinta vez que veíamos a Manson en directo y ninguna de sus actuaciones, por muy buena que le pareciese a mucha de la audiencia de Festimad, puede compararse y superará la de la primera vez que le vimos en el pequeño escenario de la extinta sala Universal de la calle

Fundadores, cuando ofreció un concierto demoledor, sucio e impactante tres meses antes de publicar en España su multiplatino “Antichrist Superstar”. Eso recuerdos se entremezclaron según iban cayendo las interpretaciones de las canciones de su nuevo álbum; “The Golden Age of Grotesque”, o cuando subió a dos rubias explosivas a interpretar “M Obsecene” (demoledor en directo) o al escupir su dolor en “1996” y en “The reflecting God”. Púlpitos desde los que se dirigió a nosotros o bailes y tocamientos calientes con sus bailarinas fueron parte de la escenografía que acompaño un show en el que todo estaba engrasado, sin fallos pero que no ofrecía ningún lugar para la improvisación. Manson dominó las tablas y a su banda, incluido su visceral nuevo guitarrista, durante la hora y media larga que duró su actuación en el Soto de Móstoles. Resultó significativo que hubiera muy pocas menciones a sus discos “Hollywwod” y “Mechanical Animals” y fueran los temas firmados hace ya siete años los que arrancaron las mayores ovaciones del respetable. Oscuridad y metal industrial apto para todos los públicos es el terreno que este artista ha buscado con inteligencia para estar en el show bussiness (la incorrección hecha negocio). Todos sus himnos fueron interpretados y coreados sobre todo por la audiencia mas joven (muchas quinceañeras), además de la excelente versión de “Tainted Love”, que resulta más sucia y abrasadora que la original. Un show correcto, un tanto aburrido para algunos de nosotros, sin excesos de producción, en el que al final quedo la sensación que Manson ahora es más profesional pero ha perdido mucho de la naturalidad sucia que le hacía especialmente atractivo, musical y estéticamente hablando.

SÁBADO 31 MAYO

El rock de alto octanaje de Hell is for Heroes fue nuestro primer contacto con la segunda jornada de Festimad (18.45 h.). Sus guitarras quemaban el escenario del Lago, cuando estos dos cuerpos escombros que escriben alunizaron (sí, hemos dicho alunizaron y no alucinaron, porque la nave nodriza que nos transportaba desde las catacumbas aterrizó con dos horas y media sobre el horario previsto) y empezaron a mover sus cabezitas con la marcha que pueden tener la versión flamenca de nuestros viejos amigos los Click de Famobil (imagina. con sus manitas dando palmitas y sus pies siguiendo el ritmo con sus taconcitos). Nuestro nuevo retraso, vivimos atrapados en el tiempo en la eterna espiral del día de la marmota, nos impidió asistir (ups!, la lista sigue aumentando) a las actuaciones de Loveless, Sorkum, Standstill, Norwich, SFDK y El Tío Calambres.

Muy poca peña se acercó hasta el Lago para ver a Iffy. Los norteamericanos nos embaucaron con su discurso de sonidos psicodélicos, pop resultón y fuerza guitarrera. Sencillos, divertidos el cuarteto expuso su declaración de intenciones sin vergüenza. Como casi todas las bandas americanas tienen el culo pelado de hacer kilómetros, coger aviones y tocar por lo que sonaron perfectamente engrasados. Tienen la sencillez, en su estética y texturas, de esas bandas puras de rock nada pretenciosas que te enganchan con seis acordes bien tocados y cantados.

El ejercicio de riesgo, hecho de forma ágil y dinámica, definen a esta formación. Con ellos se demuestra que todavía, afortunadamente, quedan caminos por descubrir y explotar en esa combinación entre política y poética, discursos abrasivos envueltos entre electrónica y cadencias más exóticas. Sin caer en la reiteración sin sentido, con enérgico equilibrio Asian Dub Foundation pusieron a bailar a la multitud que inmediatamente conectó con ellos.

Allí donde fueras, en el punto que te situases grupos de amigos o individuos solos bailaban sonrientes los contagiosos ritmos los británicos que desde la primera de cambio manejaron su discurso político (muy crítico con su gobierno y con el nuestro) en un delirante ambiente festivo. Complicidad y comunión, con una más que aceptable calidad de sonido, fueron una invitación a olvidar el cansancio y empezar a dar los primeros saltos y berridos importantes de la tarde. En formación rock, es decir todo el colectivo en escena, fue un placer sentir su actuación. “Enemy of my enemy”, su último álbum, fue el eje central de su concierto, prácticamente lo interpretaron entero desde la salida a escena.

La comunión era tal entre banda, público y elementos, que el sol se ocultó y como invocada por Asian Dub Foundation apareció una fresca lluvia que empapó nuestras caras y limpio nuestras almas. La lluvia hizo acto de presencia, un año mas, sin que en ningún momento los conciertos quedaran deslucidos (además fue muy gracioso luego ver al Marilyn de todo a 100, que todavía seguía por la zona de prensa el sábado, con el maquillaje hurtado a su octogenaria madre, nada de Max Factor, totalmente corrido). Una extraña sensación de felicidad invadió los gestos de muchos de los 15.000 asistentes al concierto de Asian Dub Foundation que siguieron bailando con pasión. La banda ha regresado a sus raíces, las que nunca olvidaron. Raíces que se hunden en unas cadencias más hindúes, menos sajonas, mientras arrojan un discurso crítico e inteligente. Ritmos trepidantes y enérgicos, garra y bemoles, pensar y bailar... sin duda de los mejores momentos de todo el Festival.

Sugarless tuvieron mucha suerte y las nubes de su lado porque la lluvia empujó a buena parte del público, tras el concierto de A.D.F., hacia la carpa, el escenario Tipo, donde empezaron a actuar cerca de las nueve de la noche. Un tanto sorprendidos por tal multitud desplegaron “Mas Gas”, su último disco hasta el momento y presentaron dos nuevas composiciones de su próximo disco que siguen los patrones habituales de los madrileños. Su insistencia, durante estos años, les esta llevando a ser reconocidos en todo el país, otra cosa es que te guste mas o menos su propuesta (un tanto manida en ocasiones), y esa noche fueron oídos por mucha gente que hasta el momento no les había dado una oportunidad.

Vaya por delante que Molotov nunca han sido santo de nuestra devoción. Es cierto que personalmente son la caña, listos como el hambre, como nos demostraron cuando les entrevistamos hace unos años, pero su oferta mas allá del gracejo y la supuesta combatividad e ironía, no deja de ser más que un juego reunido Geyper, es decir jugando a ser músico sin serlo y soltando en los textos algo de cinismo. A ellos la fórmula les vale, viajan por todo el mundo con ella debajo del brazo, a su público también, pero desde este lado del ordenador no acabamos de pillar “su punto” y nos preguntamos ¿dónde jugará la pimienta?.

“Make love. Fuck war!!” (Haz el amor, que le jodan a la guerra). Esa frase repetida en varias ocasiones durante su concierto por Public Enemy rondó nuestras cabezas durante varios días después del Festival y acrecentó la agradable sensación que supuso asistir a la primera actuación en España de Flavour Flav y sus compinches. La demoledora presencia en escena de Chuck D y el gran Flavour Flav, conveniente pertrechado tras el inmenso reloj colgado a su cuello, junto a una poderosa banda de funk metal y rap, que deja pequeños a los mismísimos Body Count de Ice T, lleno de alegría y baile la inmensa pradera donde más de 18. 000 espectadores se apiñaron.

Fieles a su compromiso con su primera actuación en este lugar ofrecieron, durante poco más de una hora de actuación, un repaso a todas y cada una de sus ardientes consignas de su repertorio. Entre cientos de fuck, utilizando en ocasiones slang callejero, argot de urbe americana, realizaron un discurso agresivo, critico con la administración Bush en los interludios entre perla y perla. Todos ellos fueron subiendo el tono de una noche que invitaba al baile y la consigna. La potencia, profundidad y contundencia de Public Enemy superó a muchas de las bandas metaleras que pasaron por Festimad durante todo el fin de semana. Esa noche vimos y escuchamos a un colectivo, incluido dos de sus miembros dedicados exclusivamente a realizar coreografías urbanas, de tintes revolucionario, que se afanó por contentar a todos aquellos que se acercaron a ver su vital actuación. Public Enemy llevan algunos años sin publicar nuevo álbum, pero tras lo escuchado esa noche en Móstoles, sus composiciones antiguas tiene mucho mas vigencia y golpean con mas certeza las conciencias que muchas de las propuestas raperas y metaleras actuales. Fue un auténtico placer disfrutar de su show y sin duda fueron otros de los grandes triunfadores de esta edición 2003. Public Enemy podrán estar en este circo el tiempo que ellos quieran porque se guardan un buen número de ases en la manga que muestran en sus conciertos.

Vergonzoso fue, y no queremos hacer más leña porque no tiene más sentido insistir ya que el comentario y el daño ya han sido hechos, que durante más de cuatro minutos de la actuación de Audioslave se estropearon las conexiones con todas las pantallas, amplificadores, del lado derecho del escenario. Lo terrible no es que hubiera un fallo comprensible en cualquier producción, lo lamentable fue la tardanza en solucionarlo y el caos, y consiguiente cabreo, que eso produjo ya que toda la audiencia del centro izquierdo de la explanada central siguió disfrutando del concierto ajenos a lo que sucedía tanto o más que el grupo, que en todo momento no fue consciente de lo que estaba pasando. La situación fue tan curiosa que desde la tercera línea a la izquierda, donde estábamos situados, se oían los monitores de Audioslave como si llegaran ecos de la radio de la vecina por el patio. El cambio entre tema y tema acrecentó mas esa sensación de descontrol que duró seis minutos y que consiguió romper la ya de por si debilitada “magia” que existía en nuestro cuerpo por ver la actuación de Audioslave. Afortunadamente de ahí en adelante la calidad del sonido mejoro muchísimo en brillo y potencia hasta el final de su breve concierto (poco mas de una hora y veinte).

Independientemente de este lamentable incidente nuestros peores temores al escuchar el primer disco de Audioslave se cumplieron. Una vez pasado el efecto sorprendente de ver a Cornell cantar, durante los primeros minutos de actuación, junto a las poderosas cenizas de Rage Agaisnt the Machine comandadas por la delirante guitarra de Tom Morello, la propuesta de Audioslave resulta monolítica y bastante cargante. De acuerdo que Morello es un mago de las seis cuerdas y resulta edificante verle moverse por el mástil, pero llega un momento que deja de maravillar porque guitar-heroes hemos visto de todos los colores en nuestra vida (ya gastamos unas pocas canas)...

La base rítmica estuvo impecable, varias pulsaciones de lo que han venido haciendo hasta este proyecto, lo peor no fue eso. Buenos cantantes de hard rock con recursos también hemos visto muchos y Chris Cornell, que estuvo muy comunicativo y parlanchín entre tema y tema, siendo un buen vocalista, abusa de los mismos registros y da la sensación que esta varios tonos por debajo de lo que ha quedado grabado en el disco.

Flavor Flav, de Public Enemy, apareció en mitad del concierto de Audioslave para interpretar un tema con ellos y volvió loco a todo quisque, ya que se dedicó a ir jugueteando primero con la guitarra de Mollero y después apoderándose del bajo y la batería de Audioslave para conseguir arrancar algunas notas. Flavour Flav, en ese momento con un reloj más chiquito colgado a su cuello que cuando estuvo en escena con su banda, se mostró, de nuevo, como el tipo excéntrico, divertido y único que es, poseedor de una increíble capacidad de contagiar a todo aquel que entre en su campo visual. Un divertido momento y una imagen, digna de reseñar, de camaradería entre músicos muy dispares entre si.

Audioslave, el conjunto, mueven las caderas un rato, pero acaban ahogándose en la espiral que ellos mismos generan aunque interpretasen, entre las composiciones de su cosecha, una intensa versión de los Clash.. Su concierto resultó un tanto decepcionante y soporífero, lo cual no dista mucho de las propuestas de su disco, que si bien a la primera llama la atención, cuanto más buceas más difícil se hace de digerir. Muchos de los asistentes no estarán de acuerdo con estas líneas, si tenemos en cuenta los grados de euforia que vimos entre los mas jóvenes. Especialmente penoso resultó el momento en el que Cornell cogió su guitarra acústica y cual cantante grunge en el metro de Seattle interpretó uno de esos cantos de desamor e incomprensión (hasta mecheritos aparecieron en el cielo de El Soto).

www.festimad.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Hamlet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Disturbed

 

 

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Deftones

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marilyn Manson

 

 

 

 

 

 

 

Hell Is For Heroes

 

Iffy

 

 

 

 

 

 

 

 

Asian Dub Foundation

 

 

 

 

 

 

Molotov

 

 

 

 

 

 

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