Principal / Planeta Sonoro / Crónicas / F.I.B. 2003 / Crónica Bandini

FIB 03 : STAY ALIVE, MAN

El domingo 10 de agosto a eso de las 12 y media en una de las carpas del FIB, un avejentadísimo Alan Vega aleccionaba al público con una sentencia contundente: “Stay alive, man” (=“Mantente vivo, tío”). El vocalista del influyente grupo de tecno industrial Suicide parecía un predicador inflamado de una retórica mucho más terrenal que divina. Esta aguda propuesta humanizante era recitada por encima de un oscuro colchón electrónico cocinado por el otro miembro de Suicide, Martin Rev. Para quien esto escribe ese fue el momento más importante de Benicassim 2003.

La novena edición de este famoso festival transcurrió sin ningún tipo de brusquedad. Todo el mundo, organizadores y asistentes, tiene la lección bien aprendida. El sonido fue bueno en todos los escenarios y el cambio de ubicación de las carpas impidió que se reprodujeran episodios como el del 2000, en que Lambchop ofreció su concierto intoxicado por el ruido del escenario principal. Destacable es también que los horarios se cumplieran con un rigor desconocido en, por ejemplo, otros eventos de este tipo como el Festimad. El único punto oscuro sigue siendo la zona de camping, muy lejos del recinto y demasiado incómoda. Siempre hay mejoras en este apartado, pero sigue sin ser suficiente.

PINCHAZO EN EL ESCENARIO PRINCIPAL

Como casi siempre, el escenario principal no dio el resultado apetecido. Los cabezas de cartel suelen ofrecer conciertos planos y autocomplacientes ante una gran cantidad de personas. Lo que resulta incómodo y poco excitante.

El recital que cumplió con más fidelidad este guión fue el de Beck. El californiano se encuentra en un momento muy delicado de su carrera y no parece que lo esté afrontando con las suficientes garantías. Lo que antes era experimentación inteligente ahora no son más que palos de ciego. La zona de prensa empezó a llenarse hacia la mitad del concierto ante el pecado de tedio perpetrado por Beck sobre las tablas.

También mal estuvieron Suede, Moby, Placebo y Goldfrapp. Del grupo de Brett Anderson sólo se puede decir que ya es

difícil creérselos. Y eso que cuentan con uno de los repertorios más dignos del brit-pop. Moby estuvo correcto, igual que Placebo, pero sin ningún tipo de brillo. Al menos el calvito demostró que tiene un cierto “toque” para los jingles, pero Brian Molko y los suyos sólo incitan a que nos olvidemos de ellos lo más pronto posible. En cuanto a lo de Goldfrapp, que cerró el festival en el escenario grande, lo único que puedo decir es que fue un coñazo. Aunque, en honor a la verdad, hubo mucha gente, especialmente chicos obnubilados por Allison, que disfrutó horrores.

La actuación de Blur podemos considerarla positiva. Han escorado su sonido hacia el punk y han madurado notablemente como músicos. Lástima que ahora que tienen un buen sonido de directo, ya no tienen canciones de verdad.

Los que mejor sonido ofrecieron durante los tres días en el escenario principal fueron Echo & the Bunnymen y Sexy Sadie. El legendario grupo británico liderado por Ian McCulloch ofreció un set perfecto de todo, de ritmo, de consistencia de las canciones,... Lástima que el público no estuviera a la altura. Entre los que no comprendían lo que pasaba ahí arriba y los que estaban cogiendo sitio para Placebo había unos pocos que no pudieron disfrutar del grupo. Sin duda, en una carpa Echo & the Bunnymen hubieran lucido mucho más.

Sexy Sadie estuvieron francamente bien. Son ya veteranos del FIB y jamás desentonan, a pesar de que casi siempre les toca pelear a la contra. El estado de gracia alcanzado en su último disco, “Lost & found”, se mantiene encima de los escenarios. Nadie sonó como ellos.

Debo reconocer que mi favorito de todos los que tocaron en el escenario grande fue Badly Drawn Boy. El artista menos británico de los artistas británicos dio una lección de coraje al enfrentarse al público el primer día de festival y en hora punta armado sólo con su guitarra. Y ocasionalmente, con un pianito. El caso es que, contra todo pronóstico, funcionó. Gracias a su validez como compositor y a su nada afectada convicción a la hora de interpretar sus temas en directo.

LAS SORPRESAS

Sin ninguna duda, el grupo belga Das Pop fue la gran revelación del fin de semana. Su tecno pop tardío es efectivo en disco, pero crece considerablemente sobre el escenario. La interacción entre elementos orgánicos y electrónicos es perfecta. Pero aún más lo es su actitud. En el indie actual es más necesario que nunca que los músicos no se tomen en serio a sí mismos. En eso Das Pop dan lecciones a casi todos.

Otra agradable campanada fue Client. Tecno pop sin aditivos, chica altiva y cool a la voz, y canciones en la mejor tradición del género. No en vano, se trata de un dúo apadrinado por Andy Fletcher (Depeche Mode). Cuando utilizan bajo en lugar de secuenciador para los graves mejoran bastante, pero en cualquier caso su propuesta merece ser tenida en cuenta.

LAS DECEPCIONES

No fue exactamente una decepción, pero el concierto de Laika supo a poco. Parece que están en un momento de transición y eso se notó. El sonido fue bueno, pero austero y muy poco electrónico, y eso no era lo que esperábamos.

En medio de la ofensiva del country alternativo de finales de siglo surgió el tex-mex psicodélico de Calexico. Su presentación en Benicassim 2003 fue un tanto desangelada, pero al menos ofrecieron una acertada versión del mayestático “Alone again or” de Love. Quizá demasiado fiel al original, exactamente el mismo defecto que la banda de Arizona mostró en vivo.

Tampoco anduvieron muy afortunados Moloko, Death in Vegas o Groove Armada. En el caso de Moloko la cosa huele a una cierta desorientación estilística puntual, pero singles tan irresistibles como “The time is now” o “Fun for me” esconden cualquier deficiencia.

Death in Vegas hicieron un show más que presentable. Incluso subieron la nota con respecto a sus prestaciones en el estudio. Un exceso de pose progresiva arruinó lo que podría haber sido un buen concierto.

Yo soy de la opinión de que para decir cosas malas mejor es callarse. Por eso, lo de Groove Armada mejor ni mentarlo. Una lástima.

De sinsabor hay que calificar sin duda las sesiones de Peter Kruder y de Todd Terry. El primero se limitó a pinchar un house elegante pero prescindible. Por su parte, Todd Terry, hizo gala de su técnica, pero quizá todo sonó demasiado previsible.

LO MEJOR

Al margen de lo ya comentado tenemos que destacar como grandes triunfadores cinco nombres. Dos surgidos del pasado, Suicide y Donovan, dos pertenecientes al presente, Ellos y Black Box Recorder, y otro perteneciente al mundo de la electrónica, DJ Hell.

Las dos leyendas ofrecieron, en esencia, el mismo tipo de espectáculo. Seriedad, profesionalismo y ni un gramo de resentimiento hacia una industria que los ha maltratado. Tanto el irlandés como el dúo neoyorquino pertenecen a la categoría de pioneros a quienes no se les ha reconocido ni esa condición. Ni la psicodelia ni el tecno industrial hubieran sido lo mismo sin ellos.

Donovan se presentó en Benicassim con una banda generosa en número y dotada para viajar del pub-rock al folk, pasando por el soul. Él estuvo muy bien de voz y acertado con las guitarras. Además tocó muchas de las bonitas, “Catch the wind”, “Sunshine superman”, “Hurdy gurdy man”, “Mellow yellow” o “Season of the witch”. ¿Se puede pedir algo más?.

Es complicado hacer una foto con palabras de lo que ocurrió en el set de Suicide. La desolación, el rap y el ruido como elemento liberador llenaron un recinto que fue perdiendo público poco a poco. Alan Vega y Martin Rev no son una película tolerada para todos los públicos. Pero están más vivos que nunca.

El breve concierto de Black Box Recorder a la nada recomendable hora de las 7 de la tarde el domingo también merece un lugar de honor entre lo más sabroso. La traslación al directo de las gemas pop que producen en el estudio fue sin tacha. El papel de Sarah Nixey en esta empresa es crucial y no sólo por su más que agradable presencia física. La británica es una de esas cantantes que sabe hacer del susurro un color más de su paleta vocal.

Los que se salieron fueron Ellos. Es imposible encontrar un grupo que sea capaz de hacer virtud de la frivolidad como estos dos madrileños. Y encima, el status estelar de Guille Mostaza está fuera de toda duda si lo ves con el micro en la mano. Como de costumbre sonaron más guitarreros que en el disco, aunque con un sonido algo mejor del habitual en ellos. O eso o ya he perdido toda dignidad crítica.

El sábado tuvo lugar la noche temática de International Deejay Gigolos, el sello que regenta el muniqués DJ Hell. Fue un gran triunfo en lo artístico, especialmente por las sesiones del jefe y de Romina Cohn. La argentina pinchó tecno peleón y eficaz que puso a bailar a todo el mundo rápidamente, mientras que DJ Hell se permitió flirtear con el minimal y el tech-house, casi siempre con criterio. Seguramente, la mejor sesión del festival fue la suya.

Y VAN NUEVE

Nació en un velódromo y el año que viene cumplirá los diez años. Desde el 98 o 99 está consolidado como uno de los grandes festivales del sur de Europa. Siguen siendo indies, pero están demostrando que pueden caber muchas otras cosas. Es evidente que no todo es perfecto, pero hay que conceder que sin el FIB estaríamos peor.

Esto es lo que ha dado de sí el Benicassim de este año según me fue a mí en la fiesta. Pido disculpas por las omisiones y las erratas.

 

 

 

 

 

Beck

 

 

Moby

 

 

 

Sexy Sadie

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Moloko

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

www.fiberfib.com

Texto: Bandini

Fotos Benicassim 2003: Juan Aguado