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Lo venimos
comentando y seguiremos haciéndolo
hasta que se acaba esta gallina
de los huevos de oro que nos
ofrece varios conciertos por
semana. ¡Qué difícil
es montar una gira y que te
salga medianamente rentable!
Lo sencillo es tirar de Helloween,
Blind Guardian o algún
grupo de estos que tienen muchísimo
tirón pero coger a viejas
glorias, aunque estén
en buena forma y den mil patadas
a los mencionados, no suele
conducir a nada bueno económicamente.
Además, como parece normal,
y salvo que esos shows se inserten
en el marco de un periplo europeo,
los acuerdos con los managers
incluyen la realización
de, al menos, tres conciertos.
En esta tesitura se vio la gente
de Heavencross para traer a
España a Firehouse.
Además
de su calidad, poseen un hito
significativo y es que en 1991
ganaron los American Music Awards
en el apartado de banda novel
de hard rock y heavy metal por
delante de Nirvana o Alice In
Chains, lo que provocó
una conmoción casi similar
a cuando concedieron a Jethro
Tull el Grammy a mejor grupo
de heavy metal batiendo a Metallica.
En pleno auge del grunge, esto
supuso una afrenta, de ahí
que fueran de los conjuntos
más vilipendiados. Esto,
que desde la perspectiva del
tiempo puede parecer una anécdota,
dañó bastante
su reputación porque
de las formaciones de tercera
generación de hard rock
(o hair bands si utilización
el término despectivo)
ellos son de los mejores a nivel
instrumental.
Las dos veces
que habían pasado por
nuestro país la sensación
que dejaron fue inmejorable.
Magníficas actuaciones,
un C.J. Snare en un estado perfecto
como vocalista y la revelación
de Bill Leverty casi como guitar
hero. Sin embargo, leyendo referencias
de los dos días anteriores
me asaltaban las dudas. Se hablaba
de una banda con pocas ganas,
estática en el escenario,
fría con el público
y alargando los temas innecesariamente.
Reconozco que me dejé
llevar un poco por estas opiniones
porque tenía previsto
asistir a los dos conciertos
de Madrid pero, finalmente,
solo opté por el segundo
de ellos. Programar dos fechas
en la misma ciudad para Firehouse,
por mucho que sea la capital
de España, es casi un
suicidio y pavor sentía
ante el aspecto que pudiera
presentar la sala Arena. Finalmente,
el promotor decidió un
cambio de precios y una oferta
especial a última hora
para que la sala diera una impresión
decente. Esto tiene una doble
vertiente: por una parte, quienes
ya habían comprado su
entrada estaban un poco molestos
pero no me resulta del todo
mala la iniciativa para dar
un poco de color. Con todo,
entiendo ambas actitudes.
Quizá
podamos decir que doscientas
cincuenta personas acudieron
a la segunda llamada de Firehouse,
cifra decente dadas las expectativas.
El sábado, por lo me
dijeron, debieron ser cuatrocientas,
más o menos. A las nueve
en punto de la noche y una vez
había atronado por los
bafles el “For those about
to rock” de AC/DC, la
intro que pudimos escuchar en
su debut acompañó
la salida del cuarteto de Charlotte.
El inicio fue fulgurante. Nada
menos que “Helpless”,
si bien un poco decelerada respecto
a su formato original. Pronto
nos dimos cuenta de un handicap
que nos acompañaría
toda la velada: el sonido. Al
principio, deficiente; poco
a poco se quedó en regular
tirando a malo. Todo se oía
pero bastante opaco. No sé
lo que era mas la mezcla no
empastaba bien, ni en las primeras
filas ni a mitad de sala donde
nos reubicamos una vez realizadas
las fotos pertinentes.
Los de Carolina
del norte saltaron animados
y dispuestos a ofrecernos una
buena noche de hard rock. Ataviados
con muñequeras con los
colores rojigualdos de la bandera
de España, continuaron
con “Lover´s lane”,
y es que ésta iba a ser
la tónica general, un
repaso en profundidad de su
primer disco, en mi opinión,
el mejor de la banda. El público
estaba feliz por esta selección
y respondió con una gran
ovación la conclusión
de”Lover´s lane”.
Acto seguido, C.J. presentó
al gran Bill Leverty. Con su
aspecto de hardroquero reconvertido
(en realidad, como todos los
componentes menos el bajista
Allen McKenzie) ejecutó
un solo de guitarra, demasiado
pronto pero paso previo a la
celebradísima “All
she wrote” donde resaltaron
los excelentes coros. Snare
estaba bien pero no como en
otras ocasiones y esto se demostró
posteriormente en las baladas.
Para culminar la traca inicial,
“Oughta be a law”
que no esperaba y supuso una
grata sorpresa.
Que Firehouse
comiencen con cuatro temas seguidos
de su debut en algo un tanto
contradictorio. Sus fans nos
sentíamos felices pero
quizá dé lugar
a la reflexión sobre
la perspectiva nostálgica
del evento. Cierto es que todos
queremos escuchar sus clásicos
y a eso habíamos ido
pero imagino que ellos sentirán
una pequeña frustración
al comprobar cómo interpretan
una canción de “Prime
time”, su última
entrega que data de 2003, y
la gente se para. Con Leverty
a las voces, “Holding
on” se sale un poco de
la tónica melódica
del grupo para convertirse en
un corte más oscuro,
en especial por los registros
graves de Bill. No estuvo mal
pero sirvió, sobre todo,
de pausa al siguiente segmento
que estuvo protagonizado por
“Hold your fire”,
su segunda obra.
“Rock
you tonight” es otra de
esa apariciones que no esperaba
y me encantó cómo
la ejecutaron, de lo más
destacable del show. Llegó
enlazada con el tema título,
“Hold your fire”,
que, curiosamente, no es de
mis preferidas como tampoco
la inevitable balada “When
I look into your eyes”.
Aunque Firehouse es un gran
grupo siempre he pensado que
sus temas lentos eran demasiado
ñoños. Tal vez
por eso cosecharon tanto éxito
con ellos. Aquí se pudo
ver cómo C.J. (que también
se ocupó de los teclados
en pasajes puntuales) no estaba
tan fino como en anteriores
visitas. Se fue de tono y soltó
un par de gallos, dentro de
una actuación global
notable del cantante. Para compensar
este pinchazo, “Shake
& tumble”, gloriosa
y con toda sus seguidores coreando
el directo estribillo.
Turno ahora
para Michael Foster, el batería,
que cogió el mando de
las operaciones vocales en “Door
to door”, la segunda referencia
a “Prime time”.
Sus registros son fantásticos
y aunque el tema no es excepcional
sí que funcionó
más que “Holding
on” entre los asistentes.
Lo que no fue tan acertado es
el solo posterior que se marcó.
Soso y de relleno, como algún
que otro final de canción
alargado de forma innecesaria.
Está bien como momento
de respiro para sus compañeros
pero en ejecución y técnica,
correcto, con generosidad.
Afrontábamos
ya la parte postrera del concierto
y, como al principio, el protagonismo
iba a recaer otra vez en su
debut. Una sonrisa esbocé
cuando cayó “Home
is the where the heart is”.
Esto sí que fue alucinante.
Hubiera sido aún más
flipante con la maravillosa
“Don´t walk away”
pero podemos conformarnos con
“Home…” que
no le anda a la zaga. Además,
llegó en un buen momento,
entre el solo de batería
y la poderosa “Rock on
the radio” que nos hizo
levantar los puños y
dejarnos la garganta. Claro
que si nuestras cuerdas vocales
ya empezaban a resentirse con
“Overnight sensation”
se rompieron. Increíble
la reacción de la gente
y lo bien que lo hizo C.J. Lástima
que le pasara factura en su
otro lento, “Love of a
lifetime”, ejecutada de
forma calamitosa en sus estrofas
por el vocalista.
Independientemente
de que los hits de Firehouse
se circunscriben a su debut
y la balada “When I look
into your eyes”, constatamos
que, obviamente, los que asistimos
al concierto no somos fans ocasionales
porque, además de “All
she wrote” y “Overnight
sensation”, las mayores
emociones de la noche se las
llevó “Reach your
sky” con toda la gente
saltando, cantando, volviéndose
loca. Y es que ese principio,
con cambio de ritmo incluido,
es memorable. En las otras dos
actuaciones habían interpretado
una versión (en Bilbao
el “Another thing comin´”
de Judas Priest y el día
anterior en esta misma sala,
“Highway to hell”
deAC/DC). Sin embargo, ninguna
de las dos sonó. Por
el contrario, una pequeña
jam precedió a la despedida
de la velada con “Don´t
treat me bad”.
En algo más
de hora y media, Firehouse despacharon
su actuación. Quince
canciones se me antojan pocas.
Tampoco me gustó que
sigan olvidándose de
“3” porque tiene
cosas que merecen la pena y
éste era un evento para
fans, de esos que conocen bastante
casi toda su trayectoria. El
resumen final es que, sin ser
un concierto para el recuerdo,
estuvo bien. Público
y banda estuvieron animados,
dando el cien por cien. Desde
luego, si volvieran a aparecer
por la península, allí
estaría.
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