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Calor, mucho
calor para ser el mes de Febrero
en Madrid, aunque la cuestión
estaba justificada por el aforo
completo que presentó
la sala en una velada magnífica
para amantes de la música
en general, sin marchamos ni
soportes externos que mediaticen
los ritmos que activan nuestras
células y hacen que la
caldeada temperatura y las estrecheces
sufridas queden en un segundo
término más bien
distante. La ocasión
lo mereció, y así
dejaron buena muestra de ello
ambas bandas.
Precisamente
esa es la definición
perfecta de No Reply: banda.
Voz y trompeta, otra trompeta,
saxofón, trombón,
guitarra, piano, bajo y batería
uniformados para actuar en un
garito de ambiente más
que caldeado, dirigiéndose
de usted al público como
señoras y caballeros,
con los grados subiendo según
se sucedían las canciones
de swing con complementos reggae,
ska o jazzísticos para
conseguir un resultado donde
el desparpajo y la soltura son
adjetivos imprescindibles al
tocar e interpretar con divertida
teatralidad las composiciones
y meterles una marcha más
de lo que se puede escuchar
en estudio.
José
Ángel Sagi (teclista)
fue la nueva incorporación
presentada en vivo de un grupo,
donde también militan
algunos componentes de Le Punk,
con la juventud por bandera.
Desde la primera canción
hasta el final (cerca de una
hora) parecía que alguien
subía un poco el termostato
según se iban enlazando
temas y ese mismo personaje
era el encargado de darle al
On para que todas las pilas
puestas de los asistentes fueran
cargándose de ganas de
bailar. Tanto temas propios
(“Bag-eater”, “Bad
Joke”), como adaptaciones
(“Summertime”, “Americano”,
“Just a gigolo”)
fueron parte de un repertorio
que sirvió de perfecto
nudo para la interacción
entre unos y otros. Su primer
disco, que se titulará
“Drunkology”, aún
no ha aparecido porque “no
tenían al teclista para
grabarlo”, ahora no hay
excusa para el fenómeno
de convocatoria ganador del
último Villa de Madrid.
El lapso de
tiempo entre los dos grupos
sirvió para aligerar
un poco la carga que había
en la sala y tomar bocanadas
de aire antes de que fuera cortado
de nuevo por el primer tema
de Fuzz que, en contraste con
sus antecesores, se plantaban
y llenaban el escenario con
uno de esos “big three”
que diría la prensa deportiva,
incluyendo como novedad a Andrés
Litwin (“1” fue
grabado por Juli “El lento”)
en una sobria batería
a la que, como sus compañeros
en cada uno de sus frentes,
iba a sacar el máximo
partido a pesar de que el sonido
saturado desmereció un
trabajado esfuerzo del grupo.
Así se notó en
los acordes instrumentales de
inicio y quedó como constante
a lo largo del mismo tiempo
que había actuado el
grupo anterior.
De múltiples
caras jóvenes a tres
rostros curtidos, maduros y
madurados con temas de rock
grueso y crudo echando más
brasas a un fuego encendido
de antemano a pesar de los problemas
con “El animal que llevo
dentro”, “Blues
666” (excitada con el
atizador que fue un tremendo
solo para ver cómo ganan
en detalles y diferencia las
canciones del trío en
directo), un nuevo tema combinando
puentes tranquilos y estribillos
robustos magníficamente
guiado y desarrollado, también
con un “temita emblemático”
como Frankie definió
a “Víbora”.
Sin embargo,
de igual forma se merecería
esa definición “Mi
espíritu se libera”,
donde el baterista nos dejó
“cansados” en el
sentido de admiración
por el esfuerzo de realizar
un solo bien medido que se desbocó
al finalizar el tema. Su cara
y camisa encharcada como la
del cantante y guitarrista dejaban
testigo de nuestras palabras.
Al único que parecía
no afectar nada ya hubieran
salido doscientos Lorenzos en
pleno mes de Agosto o hubiera
caído el diluvio universal
era a Pablo Rodas, con un permanente
ceño fruncido señal
de concentración. “Revolución”
fue un nuevo ejemplo de cómo
ganan Fuzz en este formato antes
de un “tema antiguo para
los nostálgicos”
que sirvió para confirmar
la manera en que Frankie afronta
sin “Miedo” su nueva
labor de vocalista con personalidad
y, por lógica, un trazado
diferente pero superando el
aprobado al recordar una de
las canciones bandera en Sugarless.
De hecho fue él quien
siguió llevando el tino
de la actuación al presentar
a sus dos coparticipes como
un privilegio “de músicos
y personas” (único
momento en que el bajista cambió
su gesto esbozando una sonrisa).
“Nivel Zero” significó
la despedida a un tiempo satisfactorio
marcado por el sofoco donde
quedamos a la espera de poder
ver despegar a esta figura isósceles
con unas condiciones técnicas
que den verdadera muestra (porque
con merma ya destacaron) de
lo que en realidad son capaces
de hacer.
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Fuzz
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