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GEORGE LYNCH + STORMZONE

Sala Heineken (Madrid) 15-03-2008

Si Andre Breton, el padre del surrealismo, levantara la cabeza tendría motivos más que suficientes para dar un abrazo afectuoso a George Lynch porque lo vivido en esta tarde de sábado en Madrid, y parece ser en el resto de la minigira, resultó casi esperpéntico e incalificable. No sabría decir si lo que en la página web del guitarrista se anunció como un clinic fue tal, si terminó siendo un concierto o un amago de, el caso es que uno de los nombres más grandes del hard rock de los ochenta se presentaba en Europa después de haber aplazado el tour previsto para finales de 2007. Lynch, además de ser uno de mis favoritos con las seis cuerdas, es uno de los tipos que en esa maravillosa década fue capaz de instaurar un sonido propio, mezcla entre endiablada técnica, feeling y toque comercial que plasmó a la perfección en Dokken y, en menor medida, Lynch Mob. Junto a Warren di Martini de Ratt, lo mejorcito de la escena angelina. Curiosamente, en una semana pude, por fin, ver a los dos genios.

Según se leyó por los distintos foros de metal que pululan por la red, tanto en Barcelona como en Bilbao, las entradas fueron paupérrimas. Claro que gastarse veinticinco euros por una incógnita tiene su punto de osadía también. Al llegar a Heineken, con las puertas aún sin abrir, aproximadamente tres decenas de fans aguardaban en la calle Princesa. Cuando se permitió el paso a la sala y durante un buen rato, la cosa no dio para mucho más pero como nos hicieron esperar ¡una hora! hasta que Stormzone saltaran, finalmente aquello se calentó y unas doscientas cincuenta personas calculo que fue el aforo de la antigua Arena, con lo que el aspecto, sin ser bueno, no era lamentable como en eventos tipo Riot, Kingdom Come o alguno más del ejercicio pasado.

La sensación general entre el público era que íbamos a ver un mito más que un artista con vigencia actual. Es algo muy parecido a lo que le ocurre a su archienemigo Don Dokken, incluso diría que en Lynch es más acusado porque lo último que escuchamos suyo en estudio fue “Furious George”, su segundo disco de versiones. Desde entonces, poco se ha sabido del hormonado guitarrista, más preocupado por su aspecto físico y su método Dojo Guitar Training que en reconducir su carrera. Y es una pena porque a día de hoy pienso que a Lynch, vista la actitud que tuvo, no le queda mucho que ofrecer. Quizá la reunión y futura gira que anunció de Lynch Mob con el cantante original Oni Logan, más el inefable dúo Marco Mendoza y Tommy Aldridge sea el último cartucho en la recámara.

Pero dejémonos de especulaciones y vayamos con lo que dio de sí una noche atípica en la que hubo algo muy positivo, la actuación de los norirlandeses Stormzone. Había oído hablar de ellos pero nunca tuve ocasión de escuchar su debut “Caught in the act” que tan buenos comentarios ha cosechado en la mayoría de publicaciones europeas especializadas. No obstante, hemos de empezar aclarando que el cuarteto (quinteto en el disco) de Belfast no son recién llegados, todo lo contrario. Sus orígenes hay que buscarlos nada menos que en la New Wave Of British Heavy Metal. Nombres como Sweet Savage (la primera banda de Vivian Campbell de DIO, Whitesnake y Def Leppard) o Trojan tienen conexión con alguno de los componentes de Stormzone. Además, también tuvieron proyectos muy poco conocidos como Emerald o Den Of Thieves, otro grupo de versiones de Whitesnake, etc. En definitiva, unos tipos veteranos que saben lo que se traen entre manos por mucha mala suerte que hayan tenido u otras circunstancias que les impidieran despuntar.

La descarga de Stormzone fue impecable desde las primeras notas de “Spellbound”. Su procedencia les delata porque cogen influencias del gran hard and heavy británico de comienzos de los ochenta. En su música se pueden oír cosas de Whitesnake, Mama´s Boys, Thin Lizzy y otros combos legendarios que metidos en una coctelera y aderezados con una buena dosis de frescura, hacen de la fórmula Stormzone un antídoto contra el aburrimiento. La personalidad y categoría de su vocalista hace el resto. Harv Harbison es un luchador de mil batallas. Echadle un vistazo a su web para que comprobéis la cantidad de bandas en las que ha estado e inasequible al desaliento ha perseverado con su gran hobby, sabiéndose rodear de un guitarrista de corte clásico y sin alardes como Keith Harris, un bajista con buena voz para los coros pero nulo carisma llamado Peter Rondo Macken y, sorpresa, la repesca para el tour del baterista de Sweet Savage, David Bates, su amigo de toda la vida.

Podíamos pensar que “Spellbound” era un espejismo pero no, “Sky high” continuó la línea notable de sus composiciones con mucho ritmo y pegadizas. El sonido no era nada malo ya que, además de la voz, todos los instrumentos e incluso los coros se distinguían bien. Quizá a partir de la mitad de la actuación, estos quedaron un tanto tapados pero aprobado de sobra en este aspecto. “Rock on through the night” es la típica canción que hace un cuarto de siglo les podía haber dado notoriedad, en una época en que en el Reino Unido e Irlanda este tipo de música reinaba en las listas, pero estamos en 2008 y el tema permanecerá como uno de los favoritos para los pocos privilegiados que descubran a Stormzone.

Anunciaron el corte siguiente como “Falling out of love”. En un principió creí que se trataba de “Hold on (to her love)”, incluida en “Caught in the act”, pero resultó ser una revisión de uno de sus temas de los años de Den Of Thieves (de los Stormzone actuales, sólo Keith no estuvo en esa banda). No es de extrañar porque bastantes canciones de “Caught in the act” son nuevas grabaciones de temas que salieron en los dos álbumes de Den Of Thieves, “Honour amongst thieves” y “Conspiracy”. Éste es el caso de la fenomenal “Tuggin´ at my heartstrings” que junto a “Crying in the rain” fueron las que más aplausos arrancaron de un público que aun desconociendo la propuesta de Stormzone, supo valorar la calidad y las ganas que derrocharon.

Los norirlandeses se vinieron arriba, un tanto sorprendidos por las ovaciones de la audiencia, y dieron aún más de sí en el cañero corte que les sirvió para despedirse. “New world” dio el carpetazo a una sobresaliente actuación que se pasó demasiado rápida porque apenas treinta minutos les dieron para demostrar lo que valían. Lástima que no vendieran “Caught in the act” porque estoy convencido de que muchos, con la euforia del show, se lo hubieran comprado. Grandes Stormzone.

Harv Harbison anunció que George Lynch tocaría unos cuantos temas instrumentales y que, posteriormente, saldrían de nuevo para acompañar al estadounidense recordando viejos clásicos de Dokken y Lynch Mob. En el intermedio, un roadie puso una especie de aparatejo, con reproductor de compact disc incluido, destinado a servir de “banda de acompañamiento” de George en sus ejercicios instrumentales. Tal vez pensando que había que probar alguna guitarra, bajo o batería (¿?), pasó un cuarto de hora entre que el “Casio” (llamémosle así) fue colocado y Lynch apareció.

La salida ya fue de traca. Sin luces ni intro, George apareció con camiseta y vaqueros como el que va a comprar el periódico. Se enfundó una vieja guitarra, le dio al Casio y empezó a tocar. En algo nunca visto con anterioridad en la historia de la música en directo, en mi opinión ¡sonaba mal! No había nada que ecualizar, sólo la guitarra, y aquello no era nítido. Claro que no sé si esto se hizo aposta o no. Ignoro qué canción sería (o si aquello era una composición o algo improvisado) pero imagino que si había sido editada en algún momento sería de “The Lynch that stole riffness” o de “Stone house”, algo que no puedo afirmar porque no parecía especialmente estructurado el ejercicio que estaba haciendo George ante la mirada atenta aunque un tanto atónita de la gente.

Mucho más cachondo fue lo que ocurrió en la segunda “lección”. El amigo Lynch saca un cd y lo inserta en el Casio. Pasan unos segundos y no funciona. Mira, llama a su asistente y cuando éste sale, de repente, salta la canción. Total, que Lynch se engancha de mala manera (al principio iba descompasado) y ahí queda el asunto. Hilarante. No contento con ello, cuando iba a por el tercer desvarío, suena un chasquido extraño y George decide que ya estaba bien por hoy. Con diez minutos habíamos tenido suficiente por lo que era el momento de llamar a Stormzone para que le acompañaran en la rendición de temas de su otrora gloriosa trayectoria. Y nosotros que se lo agradecimos el que parara aquel desaguisado (yo al menos).

Cuando aparecieron los miembros de Stormzone, no daba crédito. ¿La razón? Que el guitarrista Keith Harris anduviera por ahí. ¿No era Lynch el tipo que no dejaba que Don Dokken se enfundara la guitarra? ¡Cómo cambia la vida! La primera en la frente estuvo muy bien porque fue la fantástica “Wicked sensation” con un Harv Harbison cumpliendo muy bien en su “papel” de Oni Logan. Lo más curioso del asunto es que George permanecía en el fondo y únicamente ocupó la parte de las tablas cercana al público en el solo. Más bien parecía un concierto de Stormzone con George Lynch de invitado y no viceversa.

Con todo, esto comenzaba como debía porque “Unchain the night”, la apertura de “Under lock and key” de Dokken, se interpretó como tiene de ser, esto es, con el memorable inicio lento. Obviamente, Harv sin problemas, aunque reconozco que por muy mal que lo haga Don, se me hace extraño escuchar estos temas sin su peculiar voz. “Just got lucky” no tuvo tanto nivel porque eran demasiadas cuerdas vocales para una canción tan brillantemente popera. Hasta aquí eran típicas pero suponía que habría espacio para todo. Esto parecía corroborarse cuando Harbison abandonó el escenario para que el resto de Stormzone y George Lynch, por fin, en la línea del frente, ejecutaran la instrumental “I will remember”, un corte de “Sacred groove”.

De vuelta a Dokken, la siempre genial “Breaking the chains”, uno de los temas donde Don más decentemente se defiende, aunque aquí la mayoría de la gente disfrutaba con esta visión igual pero diferente de los californianos, seguro que entendéis lo que quiero decir. Cuando llegó “It´s not love” reconozco que me empezaba a impacientar porque estaban tirando de clásicos demasiado manidos. Además, le tengo un poco de manía a esa canción. Entonces, y para mi consternación, Harv anunció el que iba a ser último tema de la velada. Por supuesto, el honor le correspondía a “Mr. Scary”, de lo contrario el esperpento habría sido mayúsculo. No obstante, George nos tenía reservada una postrera jugarreta.

Amo tanto la forma de tocar de este tío que si hubiera clavado “Mr. Scary” le perdonaba toda la charlotada anterior. Incluso, podía pasar que no sacara su mítica guitarra de calaveras y se conformara con enseñarnos una guitarra vieja en toda la actuación. Mas no, George nos “deleitó” con su peculiar versión de “Mr. Scary”, bastante alejada de la concepción original. ¿Lo hizo mal? Pues seguramente, no. El problema es que ésa no era la composición que conocimos sino otra cosa, con lo que mi sentimiento de decepción fue profundo.

El público aplaudió la marcha del quinteto aunque sin el entusiasmo habitual porque no se lo merecía. Aun así, y con un breve intento de ánimo, retornaron para ofrecernos un bis, “Toooth and nail”, con lo que podemos concluir que los temas de Lynch Mob se quedaron en el vuelo trasatlántico (“River of love”, “No bed of roses”, “Tangled in the web”…) y de Dokken sonó lo que esperábamos y temíamos. ¿Para qué recuperar un single como “Burning like a flame” que nunca toca su ex banda? En fin, que con escasamente una hora, George Lynch dijo adiós y lo peor es que no me importó. Aunque parezca mentira, en 2008 prefiero escuchar a John Levin (guitarrista actual de Dokken) porque conserva la esencia de Lynch mucho más que el propio George. El pasado queda lejos…


George Lynch

 

 

 

 

 

 

 

 


Stormzone

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


George Lynch

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego