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Si Andre Breton,
el padre del surrealismo, levantara
la cabeza tendría motivos
más que suficientes para
dar un abrazo afectuoso a George
Lynch porque lo vivido en esta
tarde de sábado en Madrid,
y parece ser en el resto de
la minigira, resultó
casi esperpéntico e incalificable.
No sabría decir si lo
que en la página web
del guitarrista se anunció
como un clinic fue tal, si terminó
siendo un concierto o un amago
de, el caso es que uno de los
nombres más grandes del
hard rock de los ochenta se
presentaba en Europa después
de haber aplazado el tour previsto
para finales de 2007. Lynch,
además de ser uno de
mis favoritos con las seis cuerdas,
es uno de los tipos que en esa
maravillosa década fue
capaz de instaurar un sonido
propio, mezcla entre endiablada
técnica, feeling y toque
comercial que plasmó
a la perfección en Dokken
y, en menor medida, Lynch Mob.
Junto a Warren di Martini de
Ratt, lo mejorcito de la escena
angelina. Curiosamente, en una
semana pude, por fin, ver a
los dos genios.
Según
se leyó por los distintos
foros de metal que pululan por
la red, tanto en Barcelona como
en Bilbao, las entradas fueron
paupérrimas. Claro que
gastarse veinticinco euros por
una incógnita tiene su
punto de osadía también.
Al llegar a Heineken, con las
puertas aún sin abrir,
aproximadamente tres decenas
de fans aguardaban en la calle
Princesa. Cuando se permitió
el paso a la sala y durante
un buen rato, la cosa no dio
para mucho más pero como
nos hicieron esperar ¡una
hora! hasta que Stormzone saltaran,
finalmente aquello se calentó
y unas doscientas cincuenta
personas calculo que fue el
aforo de la antigua Arena, con
lo que el aspecto, sin ser bueno,
no era lamentable como en eventos
tipo Riot, Kingdom Come o alguno
más del ejercicio pasado.
La sensación
general entre el público
era que íbamos a ver
un mito más que un artista
con vigencia actual. Es algo
muy parecido a lo que le ocurre
a su archienemigo Don Dokken,
incluso diría que en
Lynch es más acusado
porque lo último que
escuchamos suyo en estudio fue
“Furious George”,
su segundo disco de versiones.
Desde entonces, poco se ha sabido
del hormonado guitarrista, más
preocupado por su aspecto físico
y su método Dojo Guitar
Training que en reconducir su
carrera. Y es una pena porque
a día de hoy pienso que
a Lynch, vista la actitud que
tuvo, no le queda mucho que
ofrecer. Quizá la reunión
y futura gira que anunció
de Lynch Mob con el cantante
original Oni Logan, más
el inefable dúo Marco
Mendoza y Tommy Aldridge sea
el último cartucho en
la recámara.
Pero dejémonos
de especulaciones y vayamos
con lo que dio de sí
una noche atípica en
la que hubo algo muy positivo,
la actuación de los norirlandeses
Stormzone. Había oído
hablar de ellos pero nunca tuve
ocasión de escuchar su
debut “Caught in the act”
que tan buenos comentarios ha
cosechado en la mayoría
de publicaciones europeas especializadas.
No obstante, hemos de empezar
aclarando que el cuarteto (quinteto
en el disco) de Belfast no son
recién llegados, todo
lo contrario. Sus orígenes
hay que buscarlos nada menos
que en la New Wave Of British
Heavy Metal. Nombres como Sweet
Savage (la primera banda de
Vivian Campbell de DIO, Whitesnake
y Def Leppard) o Trojan tienen
conexión con alguno de
los componentes de Stormzone.
Además, también
tuvieron proyectos muy poco
conocidos como Emerald o Den
Of Thieves, otro grupo de versiones
de Whitesnake, etc. En definitiva,
unos tipos veteranos que saben
lo que se traen entre manos
por mucha mala suerte que hayan
tenido u otras circunstancias
que les impidieran despuntar.
La descarga
de Stormzone fue impecable desde
las primeras notas de “Spellbound”.
Su procedencia les delata porque
cogen influencias del gran hard
and heavy británico de
comienzos de los ochenta. En
su música se pueden oír
cosas de Whitesnake, Mama´s
Boys, Thin Lizzy y otros combos
legendarios que metidos en una
coctelera y aderezados con una
buena dosis de frescura, hacen
de la fórmula Stormzone
un antídoto contra el
aburrimiento. La personalidad
y categoría de su vocalista
hace el resto. Harv Harbison
es un luchador de mil batallas.
Echadle un vistazo a su web
para que comprobéis la
cantidad de bandas en las que
ha estado e inasequible al desaliento
ha perseverado con su gran hobby,
sabiéndose rodear de
un guitarrista de corte clásico
y sin alardes como Keith Harris,
un bajista con buena voz para
los coros pero nulo carisma
llamado Peter Rondo Macken y,
sorpresa, la repesca para el
tour del baterista de Sweet
Savage, David Bates, su amigo
de toda la vida.
Podíamos
pensar que “Spellbound”
era un espejismo pero no, “Sky
high” continuó
la línea notable de sus
composiciones con mucho ritmo
y pegadizas. El sonido no era
nada malo ya que, además
de la voz, todos los instrumentos
e incluso los coros se distinguían
bien. Quizá a partir
de la mitad de la actuación,
estos quedaron un tanto tapados
pero aprobado de sobra en este
aspecto. “Rock on through
the night” es la típica
canción que hace un cuarto
de siglo les podía haber
dado notoriedad, en una época
en que en el Reino Unido e Irlanda
este tipo de música reinaba
en las listas, pero estamos
en 2008 y el tema permanecerá
como uno de los favoritos para
los pocos privilegiados que
descubran a Stormzone.
Anunciaron
el corte siguiente como “Falling
out of love”. En un principió
creí que se trataba de
“Hold on (to her love)”,
incluida en “Caught in
the act”, pero resultó
ser una revisión de uno
de sus temas de los años
de Den Of Thieves (de los Stormzone
actuales, sólo Keith
no estuvo en esa banda). No
es de extrañar porque
bastantes canciones de “Caught
in the act” son nuevas
grabaciones de temas que salieron
en los dos álbumes de
Den Of Thieves, “Honour
amongst thieves” y “Conspiracy”.
Éste es el caso de la
fenomenal “Tuggin´
at my heartstrings” que
junto a “Crying in the
rain” fueron las que más
aplausos arrancaron de un público
que aun desconociendo la propuesta
de Stormzone, supo valorar la
calidad y las ganas que derrocharon.
Los norirlandeses
se vinieron arriba, un tanto
sorprendidos por las ovaciones
de la audiencia, y dieron aún
más de sí en el
cañero corte que les
sirvió para despedirse.
“New world” dio
el carpetazo a una sobresaliente
actuación que se pasó
demasiado rápida porque
apenas treinta minutos les dieron
para demostrar lo que valían.
Lástima que no vendieran
“Caught in the act”
porque estoy convencido de que
muchos, con la euforia del show,
se lo hubieran comprado. Grandes
Stormzone.
Harv Harbison
anunció que George Lynch
tocaría unos cuantos
temas instrumentales y que,
posteriormente, saldrían
de nuevo para acompañar
al estadounidense recordando
viejos clásicos de Dokken
y Lynch Mob. En el intermedio,
un roadie puso una especie de
aparatejo, con reproductor de
compact disc incluido, destinado
a servir de “banda de
acompañamiento”
de George en sus ejercicios
instrumentales. Tal vez pensando
que había que probar
alguna guitarra, bajo o batería
(¿?), pasó un
cuarto de hora entre que el
“Casio” (llamémosle
así) fue colocado y Lynch
apareció.
La salida ya
fue de traca. Sin luces ni intro,
George apareció con camiseta
y vaqueros como el que va a
comprar el periódico.
Se enfundó una vieja
guitarra, le dio al Casio y
empezó a tocar. En algo
nunca visto con anterioridad
en la historia de la música
en directo, en mi opinión
¡sonaba mal! No había
nada que ecualizar, sólo
la guitarra, y aquello no era
nítido. Claro que no
sé si esto se hizo aposta
o no. Ignoro qué canción
sería (o si aquello era
una composición o algo
improvisado) pero imagino que
si había sido editada
en algún momento sería
de “The Lynch that stole
riffness” o de “Stone
house”, algo que no puedo
afirmar porque no parecía
especialmente estructurado el
ejercicio que estaba haciendo
George ante la mirada atenta
aunque un tanto atónita
de la gente.
Mucho más
cachondo fue lo que ocurrió
en la segunda “lección”.
El amigo Lynch saca un cd y
lo inserta en el Casio. Pasan
unos segundos y no funciona.
Mira, llama a su asistente y
cuando éste sale, de
repente, salta la canción.
Total, que Lynch se engancha
de mala manera (al principio
iba descompasado) y ahí
queda el asunto. Hilarante.
No contento con ello, cuando
iba a por el tercer desvarío,
suena un chasquido extraño
y George decide que ya estaba
bien por hoy. Con diez minutos
habíamos tenido suficiente
por lo que era el momento de
llamar a Stormzone para que
le acompañaran en la
rendición de temas de
su otrora gloriosa trayectoria.
Y nosotros que se lo agradecimos
el que parara aquel desaguisado
(yo al menos).
Cuando aparecieron
los miembros de Stormzone, no
daba crédito. ¿La
razón? Que el guitarrista
Keith Harris anduviera por ahí.
¿No era Lynch el tipo
que no dejaba que Don Dokken
se enfundara la guitarra? ¡Cómo
cambia la vida! La primera en
la frente estuvo muy bien porque
fue la fantástica “Wicked
sensation” con un Harv
Harbison cumpliendo muy bien
en su “papel” de
Oni Logan. Lo más curioso
del asunto es que George permanecía
en el fondo y únicamente
ocupó la parte de las
tablas cercana al público
en el solo. Más bien
parecía un concierto
de Stormzone con George Lynch
de invitado y no viceversa.
Con todo, esto
comenzaba como debía
porque “Unchain the night”,
la apertura de “Under
lock and key” de Dokken,
se interpretó como tiene
de ser, esto es, con el memorable
inicio lento. Obviamente, Harv
sin problemas, aunque reconozco
que por muy mal que lo haga
Don, se me hace extraño
escuchar estos temas sin su
peculiar voz. “Just got
lucky” no tuvo tanto nivel
porque eran demasiadas cuerdas
vocales para una canción
tan brillantemente popera. Hasta
aquí eran típicas
pero suponía que habría
espacio para todo. Esto parecía
corroborarse cuando Harbison
abandonó el escenario
para que el resto de Stormzone
y George Lynch, por fin, en
la línea del frente,
ejecutaran la instrumental “I
will remember”, un corte
de “Sacred groove”.
De vuelta a
Dokken, la siempre genial “Breaking
the chains”, uno de los
temas donde Don más decentemente
se defiende, aunque aquí
la mayoría de la gente
disfrutaba con esta visión
igual pero diferente de los
californianos, seguro que entendéis
lo que quiero decir. Cuando
llegó “It´s
not love” reconozco que
me empezaba a impacientar porque
estaban tirando de clásicos
demasiado manidos. Además,
le tengo un poco de manía
a esa canción. Entonces,
y para mi consternación,
Harv anunció el que iba
a ser último tema de
la velada. Por supuesto, el
honor le correspondía
a “Mr. Scary”, de
lo contrario el esperpento habría
sido mayúsculo. No obstante,
George nos tenía reservada
una postrera jugarreta.
Amo tanto la
forma de tocar de este tío
que si hubiera clavado “Mr.
Scary” le perdonaba toda
la charlotada anterior. Incluso,
podía pasar que no sacara
su mítica guitarra de
calaveras y se conformara con
enseñarnos una guitarra
vieja en toda la actuación.
Mas no, George nos “deleitó”
con su peculiar versión
de “Mr. Scary”,
bastante alejada de la concepción
original. ¿Lo hizo mal?
Pues seguramente, no. El problema
es que ésa no era la
composición que conocimos
sino otra cosa, con lo que mi
sentimiento de decepción
fue profundo.
El público
aplaudió la marcha del
quinteto aunque sin el entusiasmo
habitual porque no se lo merecía.
Aun así, y con un breve
intento de ánimo, retornaron
para ofrecernos un bis, “Toooth
and nail”, con lo que
podemos concluir que los temas
de Lynch Mob se quedaron en
el vuelo trasatlántico
(“River of love”,
“No bed of roses”,
“Tangled in the web”…)
y de Dokken sonó lo que
esperábamos y temíamos.
¿Para qué recuperar
un single como “Burning
like a flame” que nunca
toca su ex banda? En fin, que
con escasamente una hora, George
Lynch dijo adiós y lo
peor es que no me importó.
Aunque parezca mentira, en 2008
prefiero escuchar a John Levin
(guitarrista actual de Dokken)
porque conserva la esencia de
Lynch mucho más que el
propio George. El pasado queda
lejos…
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George Lynch


Stormzone


George Lynch



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