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Dice mi compañero
David Ortego que el estilo de
algunas de mis últimas
crónicas de conciertos
es muy similar. No me extraña,
la avalancha que hemos tenido
es tal que prácticamente
resulta imposible que transcurra
un día sin anotar reflexiones
o completar un texto que exprese
lo vivido en los múltiples
eventos a los que he asistido
este otoño. Intentaré
corregirme pero imagino que
no podré. ¡Anda!
Esta última frase me
viene bien para enlazar con
la reseña de esta actuación.
Ya veréis por qué.
Que Gotthard
están viviendo a nivel
europeo su momento álgido
no hay duda. Esto en España
incluso se acrecienta porque
después de tres lustros
sin aparecer por aquí,
están entre nosotros
casi cada día, sea en
giras o festivales. En todas
las ocasiones, la característica
principal ha sido el éxito
y las enormes prestaciones que
nos han ofrecido encima de un
escenario. Esta visita, además,
venía que ni pintada
porque servía para mostrarnos
los temas de “Domino effect”,
el excelente trabajo editado
en la primera mitad de 2007
y que certifica que los suizos
están “de dulce”.
Macumba se
vestía con sus mejores
galas. Enorme cola que llegaba
casi hasta el hall de la estación
de Chamartín. Finalmente,
no se agotaron los billetes
pero el recinto estaba prácticamente
lleno. Mucha gente había
accedido a la sala cuando Hard
Spirit saltaron a las tablas.
El quinteto asturiano ha facturado
un muy buen debut, “Walk
the wild”, álbum
que cuanto más oigo,
más me gusta. En mi opinión
(y ya lo comento en la oportuna
reseña del disco), la
notable voz de Toni Amboaje
se ve un tanto empañada
por la pronunciación
algo que en directo no me pareció
que sucediera, curiosamente,
quizá porque el sonido
del que gozaron no permitió
que se apreciaran los matices.
Con la rápida
y directa “Rock is life”
comenzaron casi cuarenta minutos
de descarga. Repito que el sonido
no les hizo justicia ya que
era como si la música
rebotara en las paredes. Es
la misma sensación que
he tenido en festivales como
Atarfe o cuando LorcaRock se
hizo en cubierto. Es una pena
porque los ritmos de guitarra
y los coros sufrieron en demasía.
A pesar de
que la banda, supongo que consciente
de la plaza en que jugaba, salió
algo tensa y estática,
pronto Toni se puso las pilas
y ejerció de maestro
de ceremonias. Aunque su imagen
no está acorde con el
estilo que practican, eso da
igual mientras lo hagan bien.
No recuerdo exactamente cuáles
fueron los temas que tocaron
pero seguro que cayeron cosas
como “Every street of
sorrow”, con excelente
estribillo, la emotiva balada
“Alive in the hole”
que se convierte en un medio
tiempo muy intenso con solo
brutal de cierre, o la composición
que les da nombre, “Hard
spirit”. No sé
si al final interpretaron “Daydream
on the ground” que se
la caña de buena.
Hay algo que
me gusta un montón y
es que el hard rock que desarrollan
no es atávico sino que
lo actualizan hasta conseguir
una mezcla idónea. En
mi modesta opinión, esta
noche no dieron un excelente
concierto pero se les perdona
por las circunstancias. Creo
que su álbum está
por encima de lo que nos ofrecieron
pero con más actuaciones
llegarán al equilibrio
adecuado porque poseen lo que
a muchos les falta, calidad
a la hora de escribir temas.
Cuando pareció
que habían terminado
se enfundaron de nuevo los instrumentos
para atacar un clásico
del hard rock de finales de
los ochenta. Ni más ni
menos que “Youth gone
wild” de Skid Row y, para
ser sinceros, estuvo muy bien.
El amigo Sebastian Bach, en
el mismo coso y unos meses antes,
lo hizo bastante peor, metalizándola
y metiendo gritos a diestro
y siniestro. Notable final para
una actuación correcta
pero mejorable ya que potencial
tienen estos Hard Spirit. Está
difícil porque ya se
sabe cómo se las gastan
aquí en España
cuando no cantas en el idioma
de Cervantes pero “Walk
the wild” ostenta las
credenciales para romper esta
tendencia.
Una vez concluido
el recital de Hard Spirit, el
público se agolpó
en las primeras filas llegando
a crear la sensación
de agobio que ocurre en los
conciertos grandes. La “fiebre
Gotthard” no ha hecho
sino acrecentarse en estos dos
últimos años.
Muchos de los no habituales
a los shows de hard rock sí
que aparecen al reclamo de estos
suizos que venían con
un precedente preocupante. Habían
cancelado alguna fecha de la
gira por culpa de una infección
de garganta que afectó
al gran Steve Lee. ¿Qué
tal estaría el vocalista
este noche? La duda quedó
rápidamente resuelta.
En el instante
en que las luces de Macumba
se apagaron se produjo una ceremonia
de catarsis colectiva ante la
irrupción de los helvéticos.
Era previsible que iniciaran
la velada con “Master
of illusion”, apertura
de “Domino effect”.
Así fue y aunque el sonido,
de principio, no era especialmente
brillante, me encantó
porque es una composición
que anima ya a cantar. “Gone
too far” puso aquello
patas arriba y evidenció
que Gotthard en directo son
una gran banda.
Algo de lo
que me percaté de inmediato
es que tanto Steve Lee como
Leo Leoni cada vez ceden más
protagonismo a sus compañeros,
en concreto a los ex China,
Freddy Scherer y Marc Lynn.
Ambos músicos ocupan
muchísimo escenario y
son apoyo fundamental para los
grandes líderes. Leo
es un tipo entrañable,
con sonrisa de permanente felicidad.
Hablar de Steve Lee es hacerlo
de uno de los mejores y más
carismáticos frontman.
Irradia magnetismo y ofreció
una ejecución que si
bien no fue de matrícula
sí que ocultó
las posibles consecuencias de
la infección. ¡Bravo
por él! Hena Habegger
y Nicolo Fragile sí que
están más tapados
pero, obviamente, es debido
a las limitaciones de movilidad
con la batería y el teclado,
respectivamente.
Una vez hecha
esta introducción y cuando
todas las cartas están
sobre la mesa, no debo intentar
engañar a nadie. Todas
las loas y parabienes que he
regalado a Gotthard hasta aquí
y, sobre todo, en sus anteriores
visitas, no pueden extenderse
a esta noche, no por su mala
actuación, para nada,
como veis siempre defenderé
que son impresionantes en vivo.
El problema está en la
falta de continuidad y la elección
del repertorio.
No me gustó
lo más mínimo
que hicieran tantos parones
y se perdieran en medio solos
sin sentido al final de los
temas o antes de empezarlos.
En mi criterio restó
dinamismo al concierto. Entiendo
que esto se podría deber
a que Steve Lee necesitaba más
tiempo del habitual para recomponer
sus cuerdas vocales. Si es así,
lo entiendo y respeto. Lo que
no me cabe en la cabeza es el
set list elegido para la ocasión.
De acuerdo en que sus baladas
son excelsas y clave en el éxito
cosechado pero ¿centrarte
en lentos y medios tiempos?
Con “Top
of the world” llegó
la única parada en el
hoy injustamente oscurecido
“Human Zoo”, uno
de sus discos más desconocidos
en nuestro país. Me llevé
una alegría con ella
porque temía que fuera
de las sacrificadas. Al interpretar
“The call” empezamos
la espiral interminable de medios
tiempos aunque, sinceramente,
ésta no me importó
porque es de las nuevas, por
lo tanto, nunca oídas.
Una imprescindible cada vez
que Gotthard se suben a un escenario
es “Hush”, la versión
de Deep Purple (aunque tampoco
está escrita por Paice,
Lord y demás sino por
Joe South, un artista de country)
que aparecía en el debut
de los suizos y que casi han
hecho suya. Personalmente considero
que deberían sentarla
en el banquillo en algún
tour pero al ser un rato festivo
de comunión banda audiencia
comprendo el por qué
de su eterna permanencia.
“I wonder”
es de esa canciones que a los
vocalistas les encanta ejecutar
por el feeling intrínseco
que posee. No es de mis preferidas
de “Lipservice”
pero es innegable su calidad.
Descontando “Hush”,
tuvimos que esperar siete cortes
para degustar algo antiguo.
Y si se retrotraen al pasado,
casi siempre la estación
de parada es el genial “G.”.
“Sister moon”, también
de las habituales, resultó
la elegida entre la pléyade
de maravillas de ese álbum.
Y es que otro de los “peros”
que le pongo a Gotthard es que
no dejaron espacio ni para una
sorpresa, por pequeñita
que fuera en forma de tema rebuscado
o escondido tipo “Standing
in the light”, “Mean
street rocker”, “Open
fire”,... Demasiado predecible
todo.
Una de las
grandes ovaciones la cosechó
“Anytime anywhere”,
por algo fue segundo single
de “Lipservice”.
Tampoco vino la protagonista
del videoclip, Jennifer, y es
que lógicamente sólo
la llevaron en la primera gira
de presentación del álbum
que relanzó su carrera
en el viejo continente. A continuación,
Leo se enfundó la acústica
y junto a Steve hicieron una
buena versión desenchufada
(aunque no la tocaron entera)
de “Tomorrow´s just
begun” que precedió
a uno de los momentos más
celebrados, ya con Freddy en
la segunda acústica y
Nicolo en los teclados, “One
life, one soul”, que siempre
me hace recordar a su versión
con Montserrat Caballé,
no sólo por la soprano
catalana sino para comprobar
lo que ha evolucionado (para
bien) Steve Lee como vocalista.
“One
life, one soul” es punto
álgido en todas las descargas
de Gotthard pero también
debería servir de inflexión
para continuar con algo más
cañero. Después
de que Leo y Nicolo hicieran
un breve pasaje instrumental
que no venía demasiado
a cuento, el sexteto en su totalidad
encaró “Let it
be”, también de
“G.”. ¡Otra
balada! La tercera seguida,
sin contar con que “Anytime
anywhere” sea medio tiempo.
Para mí, esto resultó
un bajón considerable
del que sólo me recuperé
en la última parte de
la actuación porque,
para colmo, el talk box de “Mountain
mama”, eso sí muy
roquera, me saca un tanto de
quicio, encima siendo la única
aparición de un trabajo
como “Dial hard”.
De vuelta a
“Domino effect”
y afrontando los cortes postreros,
retornó la ilusión
en mí porque cayeron
la increíble “The
oscar goes to you”, que
sólo falla un poco en
la letra, y el tema título
de su última entrega
aunque, desgraciadamente, la
melodía de guitarra en
el estribillo no se escuchaba
bien desde donde yo me ubicaba.
Por fortuna, estas dos canciones
me dejaron buen sabor de boca
después de ochenta y
cinco minutos de concierto.
Eché
una mirada a mi alrededor y
sólo adivinaba caras
de felicidad por lo que supuse
que debíamos haber vivido
otro show o que era la primera
vez que veían a Gotthard.
Los suizos no tardaron demasiado
en volver. Me esperaba unas
cuantas más, eso sí,
todas cañeras que para
eso estábamos en los
bises. Je, je… No recordaba
que quedaba “Falling”,
la emotiva balada de “Domino
effect”. Y allí
salió Steve acompañado
de Nicolo e hicieron una ¡versión
de piano de “Falling”!
Por dios, perdió todo
el sentimiento y la brillantez.
Fue algo parecido a lo de Stryper
con “Honestly” pero,
esta vez, con piano no disparando
un sampler como los americanos.
Por si esto fuera difícil
de superar, quedaba, cómo
no, “Heaven”. A
pesar de que quizá sea
su gran éxito a nivel
comercial en centro Europa,
estaba convencido de que la
habían desterrado en
esta gira. Amo las baladas de
Gotthard pero “Heaven”
me crispa, es excesivamente
pastelosa y “bonita”.
En fin, menos mal que con “Lift
U up” me olvidé
durante un instante de lo anterior
y desconecté dejándome
llevar por el hipnótico
ritmo que, sistemáticamente,
hacía botar a toda la
sala. Presentación del
grupo y despedida, que no fue
definitiva porque Gotthard suelen
redondear sus actuaciones con
una versión.
No cayó
“Immigrant song”,
como en los tours de “Lipservice”,
sino una que ya venía
en su discografía y recurrente
en directo, pero desplazada
al final del repertorio por
“necesidades del guión”.
Me refiero a la magnífica
reinvención del “Mighty
queen” de Bob Dylan que
sí que supuso el adiós
definitivo tras una larguísima
hora y cincuenta minutos. ¿Por
qué me fui descontento?
Porque es la vez que menos he
alucinado con este grupo. Pausas
valorativas, baladas, omisiones
increíbles (¿“Firedance”?
¿“All we are”?
¿“Dream on”?).
Únicamente me lo pasé
al nivel de ocasiones anteriores
con los temas cañeros
de “Domino effect”
y con “Top of the world”.
¿Concierto malo? Ni mucho
menos, notable, pero gran diferencia
con el resto de actuaciones
madrileñas o en festivales
que han hecho. Enlazo con el
primer párrafo pero se
lo aplico a los suizos. ¿Intentarán
corregir la profusión
de baladas y la ausencia de
sorpresas? Supongo que sí
pero me temo que no podrán.
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Gotthard

Hard Spirit



Gotthard





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