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GRAVE DIGGER + ALESTORM + TALETELLERS

Sala Caracol (Madrid) 30-01-2009

¿Crisis? ¿Qué crisis? Así se titulaba uno de los discos de Supertramp. Contradiciendo a cualquier teoría pasada del negacionismo, la situación que estamos viviendo en la economía española es pavorosa. Solo hace falta ver el dato mensual de desempleo para entender a lo que nos enfrentamos. La música, que en los años de bonanza estaba pasando por un malísimo momento en ventas de discos, no es ajena a esto. Todo lo contrario, determinados ocios o caprichos quedan en el tintero y lo poco que tiene la gente, lo ahorra. No solo la industria discográfica se ve afectada sino, fundamentalmente, las giras. Hemos tenido multitud de visitas inesperadas últimamente que, seguro, van a menguar próximamente. El público potencial del heavy metal es escaso y tiene que ser muy cuidadoso a la hora de elegir. Sin embargo, sorprende la asistencia a conciertos como Amon Amarth y Dark Tranquillity. Alguien tenía que pagar el pato y, a priori, la visita de Grave Digger era la “elegida”.

Hablamos de un tour con una banda que abría la velada completamente desconocida y, encima, alejada del estilo del cabeza; un segundo grupo del que sí se ha hablado pero aún le queda un largo camino por recorrer; y del reclamo principal transformado injustamente en formación venida a menos, relegada al papel telonero. Con todo, había alicientes como que mis queridos Cavatumbas no aparecían por aquí encabezando un pack desde “Rheingold” y de eso ya han pasado tres discos. Ahora, con “Ballads of a hangman” debajo del brazo volvían como sexteto gracias al fichaje de un grande de la escena alemana como Thilo Hermann (Risk) para darle soporte a Manny con las seis cuerdas.

El frío en Madrid nos dio una pequeña tregua en la noche del viernes que casi finiquitaba enero y en la entrada de Caracol había un discreto pero aparente número de personas esperando a que abrieran la sala. Finalmente, aproximadamente medio aforo, unos doscientos cincuenta individuos allí congregados. No está mal; sinceramente, pensaba que seríamos bastantes menos. Eso sí, unos cuantos se ahorraron tener que ver a Taletellers. No lo digo porque fueran flojos sino porque la gente pasaba de verles a estar tan distanciados de lo ofrecen Grave Digger. No obstante, y como todo, es matizable. Es verdad que no tienen nada que ver, pero vamos, ahora se están loando a una serie de combos que tampoco se alejan tanto de lo que propone el cuarteto de Saarbrucken.

Su música es muy sencilla: hard rock cañero. Esto, ¿qué significa? Pues en mi opinión, rock duro con estética más tirando a heavy, profusión de guitarras potentes un poco en la línea de compatriotas como Red Aim aunque sin llegar al nivel de estos. Con una concurrencia más indiferente que otra cosa ante su entrada, iniciaron su actuación con “Rock n´ roll detonator”, la primera canción de “Detonator”, hasta el momento su único larga duración, si bien en su discografía encontramos un EP anterior titulado “The missiles of mercy”. El sonido era bastante aceptable y los alemanes demostraron tener un directo competente. Sus composiciones no son todavía excesivamente plausibles y me resultan un tanto sosas con esa linealidad propia de los grupos que, por querer ser sencillos y directos, terminan pareciéndome simples.
Lo mejor de Taletellers son los dos guitarristas, Alan Costa (también cantante) y Stefan Kuhn, muy metaleros en su actitud. Aunque estos son más cañeros podría buscar una comparación con Bullet (muy en boga últimamente). Ambos presentan un aspecto más heavy de lo que su música deja entrever. Pero claro, lo que no logro comprender es cómo se deshacen en elogios hacia Bullet cuando su segundo trabajo es el enésimo plagio a AC/DC que he escuchado. A Taletellers no les veo ni mejores ni peores que a los suecos. Solo les falta que la prensa y el público los apoyen de la misma forma.

En poco más de media hora repasaron la mayor parte de “Detonator”. “Ride the peril” y “Kings of death” se me hicieron más animadas que “Rock n´ roll detonator”. Otras como “Göttedammerung” o la pobre “Bad motherfucker” pasaron sin pena ni gloria a pesar de que los tíos se dejaban la piel en el escenario. Precisamente ésta fue la última canción con la concluyeron su repertorio. No era un tour adecuado para ellos porque hay que señalar que los fans de Grave Digger no suelen ser, por lo general, demasiado jóvenes y cuando más mayor eres, menos tolerancia a lo nuevo tienes. Sin embargo y en conclusión, considero que Taletellers no lo hicieron nada mal. De cara al futuro y a una supuesta viabilidad en su carrera, deberían mejorar bastante en el aspecto compositivo. Si lo consiguen, quizá tengan posibilidades de despuntar.

En el verano de 1994 estuve veraneando con mis padres, mis tíos y mi prima en un pueblo de Escocia de unos seiscientos habitantes, comenzando las Highlands. La ciudad más cercana era Perth, lugar al que nos acercamos un par de veces y del que me alucinó que a las cinco de la tarde, en pleno mes de agosto, la calle estuviera desierta. ¡Menudo sitio más aburrido! Precisamente de allí vienen Alestorm, nombre que ha dado que hablar durante el último año, no sé si más por su estética pirata o por su debut “Captain Morgan´s revenge”. La conexión con los corsarios del mar les ha llevado a los terrenos de Running Wild pero en nada recuerdan a Rock N Rolf y los suyos, ni en estilo ni en calidad. Alestorm estarían más relacionados con grupos que mezclan el power metal, las voces agresivas y los toques fiesteros o folkies, es decir, nada que ver con el metal alemán de los ochenta.

Me picaba la curiosidad por verles porque mucha gente que conozco hablaba maravillas de ellos aunque lo poco que les escuché en el myspace no me dijeron absolutamente nada. En el Graspop me coincidieron con algún otro grupo que me atraía más por lo que éste era el momento. Además, un sitio como Caracol aumenta las posibilidades de ver un buen concierto porque su acústica es buena… Ahora bien, siempre hay excepciones que confirman la regla y los escoceses venían a cumplir el dicho porque durante toda su descarga padecieron unos problemas que impidieron el disfrute de la actuación. Si encima ellos tampoco anduvieron atinados podéis imaginar cuál fue mi sensación.

Para los que esperaran una puesta en escena a lo “Piratas del Caribe”, nada más lejos de la realidad. El único atuendo exótico era la falda propia de su país que llevaba el guitarrista Dani Evans. “Over the seas” dio el pistoletazo de salida. No me gustó la voz de Christopher Bowes, más gritona que agresiva, además de estar demasiado pendiente de tocar el teclado tipo guitarra que llevaba lo que hacía que muchas veces no acertara con el micrófono. Junto a “Captain Morgan´s revenge”, hace poco editaron un EP, “Leviatán”, del que interpretaron el tema que le da título. “Nancy the tavern wench” puso un punto más pausado e hímnico al comienzo cañero y fue de los cortes que más me llamaron la atención.

La tempestad volvió con “The huntmaster”, canción bastante celebrada por los numerosos seguidores de los británicos allí congregados, pero que evidenció las enormes carencias sonoras que sufrieron. El principal potencial que tienen Alestorm son los supuestamente adictivos coros pero la diferencias del disco y el directo es más que evidente, algo que se demostró en “Wenches & mead”, muy descafeinada en su ejecución. Los caminos del power metal se abrieron en “Set sail and conquer”, con típica cabalgada de guitarra y un solo de teclados demasiado fiestero para mi gusto. Hablando de este instrumento, cobró protagonismo principal en muchos instantes. Uno de ellos, la nueva “Keelhaul”, en donde nos enseñaron una composición muy similar a lo que hacían, por ejemplo, Finntroll en el “Jacktens tid”. No sé si seguirán por ahí pero es un cambio, pequeño pero significativo.

El adiós llegó con el tema que da título a su debut discográfico, seguramente su canción más conocida y que provocó el júbilo entre sus seguidores. “Captain Morgan´s revenge” está bien, mola, pero no le veo como la quintaesencia de nada. Dado su cariz “tabernero” esperaba que hubieran tocado el himno escocés, “Flower of Scotland”, que aparece en el disco aunque comparado con el momento en que lo canta el Quince Del Cardo en Murrayfield antes de un partido del Seis Naciones de Rugby suena a broma lo de Alestorm. Si no, en su defecto, la cachonda versión de “Wolves of the sea”, la canción con la que se presentaron a Eurovisión unos freakies letones. No fue así y el cuarteto se marchó dejándome síntomas de decepción. Tal vez otro día.

Aparte de “Amarles locamente” que dirían Las Grecas, he aprendido a valorar la importancia de Grave Digger en el panorama del heavy metal teutón y europeo. Tuvieron las santas narices de regresar a primeros de los noventa, justo cuando el heavy clásico vivió sus peores días que a punto estuvieron de hacerle desaparecer dejándolo en un estilo marginal y minoritario. No es que ahora nos movamos (salvo excepciones) a nivel de grandes masas pero quitando las bandas radiofórmula y los grandes de pop/rock, ningún género posee un seguimiento tan masivo como el metal en sus diferentes vertientes.

Estos no era así en 1993 cuando Chris Boltendahl y sus compañeros lanzaron el fantástico “The reaper”. Con posterioridad llegaron “Heart of darkness” y la excelente trilogía medieval con la que, por fin, consiguieron un éxito notable a finales de ese década. Desde entonces, su situación ha ido poco a poco bajando, fundamentalmente porque desde “The Grave Digger” ninguno de sus álbumes es brutal (si bien todos tienen temas interesantes) aunque cuentan con un buen número de seguidores. Curiosamente, lo que sí que ha mejorado muchísimo son sus presentaciones en directo. Antes, Boltendahl era un peligro pero ahora es como Biff Byford de Saxon: cuanto más viejo, mejor canta. En el caso del bueno de Chris, mejor es un eufemismo pero su voz es muy adecuada para la música de estos veteranos.

Cuentan con un aliciente más, a mitad de camino entre la nostalgia y la lección de historia del heavy metal. De la formación original solo queda el vocalista pero sus compañeros conforman todo un “all star” de los dorados años 80, sellos como Gama o Noise, grupos a medio camino entre Accept y Scorpions, la triple entente del thrash germano, etc. Con gente que ha pasado por (ojo al dato, que diría el otro) Running Wild, Rage, Risk o Grinder, solo te puedes esperar grandes cosas. Estos tipos llevan su profesionalidad y pasión por lo que hacen hasta el extremo. El resultado son conciertos vibrantes como el que pudimos vivir en Caracol.

Desafortunadamente aún no había tenido oportunidad de oír “Ballads of a hangman” (solo el mini “Prey”) por lo que éste era mi primer contacto con la colección de nuevas canciones. Nada más salir fueron directos a por el tema título, un corte que engancha desde su melodía inicial que precede a un tremendo riff cortesía de Manny que dirige las estrofas hasta que desemboca en el estribillo que recupera la melodía principal. Muy buena. El sonido no era perfecto (los teclados había que intuirlos) pero estaba bien. Antes de dar ninguna valoración lo tengo que afirmar rotundamente: impresionante cómo ganan en cohesión con dos guitarras. Ahora nada parece “vacío” en el momento de los solos.

Un grupo con trece discos de estudio y unos cuantos EP´s con mogollón de inéditas siempre debe ser cuidadoso con los repertorios. Esta vez los Cavatumbas optaron por mezclar “las de siempre” con alguna golosina realmente extraña. “Valhalla” entra dentro del primer segmento porque es la única que suele caer de “Rheingold”. “Hell of disillusion” es, quizá, de los temas recientes el que menos me atrapó. No está mal pero no pasa de ser un corte 100% Grave Digger sin nada especial. Epatado me quedé, por el contrario, cuando anunciaron “Wedding day”. Bueno, epatado y apenado porque es la única canción de “The reaper” que me parece que baja el listón. Sorpresón pero no el que hubiese anhelado. Relativamente inesperada también fue “Witch Hunter” donde el sector más ochentero de sus seguidores campó a sus anchas. “Witch Hunter” no es de las habituales aunque sí la rescataron para el DVD / doble directo “25 & life”. Se salió, por cierto.

A estas alturas de la velada ya se pudo visualizar la trascendencia de Thilo Hermann, tanta que la proporción de solos con respecto a Manny es de 60%-40% a favor de Thilo. Me pareció un poco extraño pero el tío es un crack. Jens Becker siempre eficiente y, nuevamente, con el pelo largo, y Stefan Arnold golpeando fuerte el kit de batería. Como decía el más perjudicado es HP Katzenburg que, además de pasar mucho calor disfrazado de la muerte, permanece detrás de Stefan y casi ni se le ve ni se le oye. Dentro de este grupo, hay dos o tres clásicos que nunca pueden faltar y en un segundo estadio están otras canciones que llevan camino de ser insustituibles. Este es el caso de “Lionheart”, la maravillosa composición de “Knights of the cross”, una de las más coreadas, y en donde se nota exponencialmente la mejoría de Chris. Antes en el estribillo, o hablaba o hacía karaoke metal; ahora, lo canta.

El primer tercio del concierto había convencido. Quedaba por corroborar que toda la noche iba a ser así. “Silent revolution” significó la única parada en “Liberty or death”, un disco que no pasará a la historia del grupo. Este medio tiempo dio paso a “Stormrider”, otro tema reciente, muy cañero y con regusto añejo. Volvimos a los ritmos pesados con “The last supper” y esta alternancia no se vio rota con “Headbanging bang”, otra sorpresa porque ésta no la esperaba casi nadie. Recordemos que es la primera canción de su debut “Heavy metal breakdown”. Para concluir la retahíla de caramelitos, la que más ilusión me hizo, “The house” del fantástico “The Grave Digger”, un corte oscuro, lento y brillante en su concepción. De lo mejor del show.

De aquí en adelante, solo quedaba espacio para las teóricas joyas de la corona, las canciones que más se recordarán de esta banda intercaladas con temas actuales. “Knights of the cross” consiguió, por fin, una interpretación acorde con su calidad en disco, en buena medida gracias a las dobles guitarras. “My blood will live forever” está recogida en el EP “Prey”. No es excepcional pero no desentonó. Hasta casi el final reservaron la traca “Tunes of war” y “Excalibur”. “In the dark of the sun” se repite demasiado. Ojalá algún día dejen espacio para “William Wallace”, “The truth” o “Killing time”. Las que no pueden faltar son “Excalibur” y su himno por excelencia, “Rebellion” con los allí presentes loando las batallas de los escoceses contra sus vecinos del sur. Casi hora y media con un público más que satisfecho por lo acontecido.

Quedaba un poquito más por lo que rápidamente regresaron a escena para tocar “The round table (Forever)”. Y es aquí donde quiero expresar mi descontento porque este tema ha sustituido en mitad de gira a “The reaper” en una suerte parecida a lo que Edguy han hecho con “Until we rise again” y “Babylon”. Ellos sabrán pero nos merecíamos “The reaper”. El single “Prey” fue el preludio del adiós definitivo que, como siempre, llegó con “Heavy metal breakdown”. Yo lo cambiaría pero entiendo que mientras Grave Digger existan servirá para cerrar sus actuaciones. Aunque podáis concluir que mis quejas me dejaron un mal sabor de boca, nada más lejos de la realidad. Solo son matices que servirían para que un concierto sobresaliente pasara a tener matrícula de honor. Pura esencia de heavy metal alemán.


Grave Digger

 

 


Taletellers

 


 


Alestorm

 

 

 


Grave Digger

 

 

 

 

 

http://www.grave-digger-clan.com --- http://www.myspace.com/alestorm --- http://www.taletellers.de

Marco Antonio Romero
Fotos Conciertos & Texto Emergency Gate: David Ortego