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¿Crisis?
¿Qué crisis? Así
se titulaba uno de los discos
de Supertramp. Contradiciendo
a cualquier teoría pasada
del negacionismo, la situación
que estamos viviendo en la economía
española es pavorosa.
Solo hace falta ver el dato
mensual de desempleo para entender
a lo que nos enfrentamos. La
música, que en los años
de bonanza estaba pasando por
un malísimo momento en
ventas de discos, no es ajena
a esto. Todo lo contrario, determinados
ocios o caprichos quedan en
el tintero y lo poco que tiene
la gente, lo ahorra. No solo
la industria discográfica
se ve afectada sino, fundamentalmente,
las giras. Hemos tenido multitud
de visitas inesperadas últimamente
que, seguro, van a menguar próximamente.
El público potencial
del heavy metal es escaso y
tiene que ser muy cuidadoso
a la hora de elegir. Sin embargo,
sorprende la asistencia a conciertos
como Amon Amarth y Dark Tranquillity.
Alguien tenía que pagar
el pato y, a priori, la visita
de Grave Digger era la “elegida”.
Hablamos de
un tour con una banda que abría
la velada completamente desconocida
y, encima, alejada del estilo
del cabeza; un segundo grupo
del que sí se ha hablado
pero aún le queda un
largo camino por recorrer; y
del reclamo principal transformado
injustamente en formación
venida a menos, relegada al
papel telonero. Con todo, había
alicientes como que mis queridos
Cavatumbas no aparecían
por aquí encabezando
un pack desde “Rheingold”
y de eso ya han pasado tres
discos. Ahora, con “Ballads
of a hangman” debajo del
brazo volvían como sexteto
gracias al fichaje de un grande
de la escena alemana como Thilo
Hermann (Risk) para darle soporte
a Manny con las seis cuerdas.
El frío
en Madrid nos dio una pequeña
tregua en la noche del viernes
que casi finiquitaba enero y
en la entrada de Caracol había
un discreto pero aparente número
de personas esperando a que
abrieran la sala. Finalmente,
aproximadamente medio aforo,
unos doscientos cincuenta individuos
allí congregados. No
está mal; sinceramente,
pensaba que seríamos
bastantes menos. Eso sí,
unos cuantos se ahorraron tener
que ver a Taletellers. No lo
digo porque fueran flojos sino
porque la gente pasaba de verles
a estar tan distanciados de
lo ofrecen Grave Digger. No
obstante, y como todo, es matizable.
Es verdad que no tienen nada
que ver, pero vamos, ahora se
están loando a una serie
de combos que tampoco se alejan
tanto de lo que propone el cuarteto
de Saarbrucken.
Su música
es muy sencilla: hard rock cañero.
Esto, ¿qué significa?
Pues en mi opinión, rock
duro con estética más
tirando a heavy, profusión
de guitarras potentes un poco
en la línea de compatriotas
como Red Aim aunque sin llegar
al nivel de estos. Con una concurrencia
más indiferente que otra
cosa ante su entrada, iniciaron
su actuación con “Rock
n´ roll detonator”,
la primera canción de
“Detonator”, hasta
el momento su único larga
duración, si bien en
su discografía encontramos
un EP anterior titulado “The
missiles of mercy”. El
sonido era bastante aceptable
y los alemanes demostraron tener
un directo competente. Sus composiciones
no son todavía excesivamente
plausibles y me resultan un
tanto sosas con esa linealidad
propia de los grupos que, por
querer ser sencillos y directos,
terminan pareciéndome
simples.
Lo mejor de Taletellers son
los dos guitarristas, Alan Costa
(también cantante) y
Stefan Kuhn, muy metaleros en
su actitud. Aunque estos son
más cañeros podría
buscar una comparación
con Bullet (muy en boga últimamente).
Ambos presentan un aspecto más
heavy de lo que su música
deja entrever. Pero claro, lo
que no logro comprender es cómo
se deshacen en elogios hacia
Bullet cuando su segundo trabajo
es el enésimo plagio
a AC/DC que he escuchado. A
Taletellers no les veo ni mejores
ni peores que a los suecos.
Solo les falta que la prensa
y el público los apoyen
de la misma forma.
En poco más
de media hora repasaron la mayor
parte de “Detonator”.
“Ride the peril”
y “Kings of death”
se me hicieron más animadas
que “Rock n´ roll
detonator”. Otras como
“Göttedammerung”
o la pobre “Bad motherfucker”
pasaron sin pena ni gloria a
pesar de que los tíos
se dejaban la piel en el escenario.
Precisamente ésta fue
la última canción
con la concluyeron su repertorio.
No era un tour adecuado para
ellos porque hay que señalar
que los fans de Grave Digger
no suelen ser, por lo general,
demasiado jóvenes y cuando
más mayor eres, menos
tolerancia a lo nuevo tienes.
Sin embargo y en conclusión,
considero que Taletellers no
lo hicieron nada mal. De cara
al futuro y a una supuesta viabilidad
en su carrera, deberían
mejorar bastante en el aspecto
compositivo. Si lo consiguen,
quizá tengan posibilidades
de despuntar.
En el verano
de 1994 estuve veraneando con
mis padres, mis tíos
y mi prima en un pueblo de Escocia
de unos seiscientos habitantes,
comenzando las Highlands. La
ciudad más cercana era
Perth, lugar al que nos acercamos
un par de veces y del que me
alucinó que a las cinco
de la tarde, en pleno mes de
agosto, la calle estuviera desierta.
¡Menudo sitio más
aburrido! Precisamente de allí
vienen Alestorm, nombre que
ha dado que hablar durante el
último año, no
sé si más por
su estética pirata o
por su debut “Captain
Morgan´s revenge”.
La conexión con los corsarios
del mar les ha llevado a los
terrenos de Running Wild pero
en nada recuerdan a Rock N Rolf
y los suyos, ni en estilo ni
en calidad. Alestorm estarían
más relacionados con
grupos que mezclan el power
metal, las voces agresivas y
los toques fiesteros o folkies,
es decir, nada que ver con el
metal alemán de los ochenta.
Me picaba la
curiosidad por verles porque
mucha gente que conozco hablaba
maravillas de ellos aunque lo
poco que les escuché
en el myspace no me dijeron
absolutamente nada. En el Graspop
me coincidieron con algún
otro grupo que me atraía
más por lo que éste
era el momento. Además,
un sitio como Caracol aumenta
las posibilidades de ver un
buen concierto porque su acústica
es buena… Ahora bien,
siempre hay excepciones que
confirman la regla y los escoceses
venían a cumplir el dicho
porque durante toda su descarga
padecieron unos problemas que
impidieron el disfrute de la
actuación. Si encima
ellos tampoco anduvieron atinados
podéis imaginar cuál
fue mi sensación.
Para los que
esperaran una puesta en escena
a lo “Piratas del Caribe”,
nada más lejos de la
realidad. El único atuendo
exótico era la falda
propia de su país que
llevaba el guitarrista Dani
Evans. “Over the seas”
dio el pistoletazo de salida.
No me gustó la voz de
Christopher Bowes, más
gritona que agresiva, además
de estar demasiado pendiente
de tocar el teclado tipo guitarra
que llevaba lo que hacía
que muchas veces no acertara
con el micrófono. Junto
a “Captain Morgan´s
revenge”, hace poco editaron
un EP, “Leviatán”,
del que interpretaron el tema
que le da título. “Nancy
the tavern wench” puso
un punto más pausado
e hímnico al comienzo
cañero y fue de los cortes
que más me llamaron la
atención.
La tempestad
volvió con “The
huntmaster”, canción
bastante celebrada por los numerosos
seguidores de los británicos
allí congregados, pero
que evidenció las enormes
carencias sonoras que sufrieron.
El principal potencial que tienen
Alestorm son los supuestamente
adictivos coros pero la diferencias
del disco y el directo es más
que evidente, algo que se demostró
en “Wenches & mead”,
muy descafeinada en su ejecución.
Los caminos del power metal
se abrieron en “Set sail
and conquer”, con típica
cabalgada de guitarra y un solo
de teclados demasiado fiestero
para mi gusto. Hablando de este
instrumento, cobró protagonismo
principal en muchos instantes.
Uno de ellos, la nueva “Keelhaul”,
en donde nos enseñaron
una composición muy similar
a lo que hacían, por
ejemplo, Finntroll en el “Jacktens
tid”. No sé si
seguirán por ahí
pero es un cambio, pequeño
pero significativo.
El adiós
llegó con el tema que
da título a su debut
discográfico, seguramente
su canción más
conocida y que provocó
el júbilo entre sus seguidores.
“Captain Morgan´s
revenge” está bien,
mola, pero no le veo como la
quintaesencia de nada. Dado
su cariz “tabernero”
esperaba que hubieran tocado
el himno escocés, “Flower
of Scotland”, que aparece
en el disco aunque comparado
con el momento en que lo canta
el Quince Del Cardo en Murrayfield
antes de un partido del Seis
Naciones de Rugby suena a broma
lo de Alestorm. Si no, en su
defecto, la cachonda versión
de “Wolves of the sea”,
la canción con la que
se presentaron a Eurovisión
unos freakies letones. No fue
así y el cuarteto se
marchó dejándome
síntomas de decepción.
Tal vez otro día.
Aparte de “Amarles
locamente” que dirían
Las Grecas, he aprendido a valorar
la importancia de Grave Digger
en el panorama del heavy metal
teutón y europeo. Tuvieron
las santas narices de regresar
a primeros de los noventa, justo
cuando el heavy clásico
vivió sus peores días
que a punto estuvieron de hacerle
desaparecer dejándolo
en un estilo marginal y minoritario.
No es que ahora nos movamos
(salvo excepciones) a nivel
de grandes masas pero quitando
las bandas radiofórmula
y los grandes de pop/rock, ningún
género posee un seguimiento
tan masivo como el metal en
sus diferentes vertientes.
Estos no era
así en 1993 cuando Chris
Boltendahl y sus compañeros
lanzaron el fantástico
“The reaper”. Con
posterioridad llegaron “Heart
of darkness” y la excelente
trilogía medieval con
la que, por fin, consiguieron
un éxito notable a finales
de ese década. Desde
entonces, su situación
ha ido poco a poco bajando,
fundamentalmente porque desde
“The Grave Digger”
ninguno de sus álbumes
es brutal (si bien todos tienen
temas interesantes) aunque cuentan
con un buen número de
seguidores. Curiosamente, lo
que sí que ha mejorado
muchísimo son sus presentaciones
en directo. Antes, Boltendahl
era un peligro pero ahora es
como Biff Byford de Saxon: cuanto
más viejo, mejor canta.
En el caso del bueno de Chris,
mejor es un eufemismo pero su
voz es muy adecuada para la
música de estos veteranos.
Cuentan con
un aliciente más, a mitad
de camino entre la nostalgia
y la lección de historia
del heavy metal. De la formación
original solo queda el vocalista
pero sus compañeros conforman
todo un “all star”
de los dorados años 80,
sellos como Gama o Noise, grupos
a medio camino entre Accept
y Scorpions, la triple entente
del thrash germano, etc. Con
gente que ha pasado por (ojo
al dato, que diría el
otro) Running Wild, Rage, Risk
o Grinder, solo te puedes esperar
grandes cosas. Estos tipos llevan
su profesionalidad y pasión
por lo que hacen hasta el extremo.
El resultado son conciertos
vibrantes como el que pudimos
vivir en Caracol.
Desafortunadamente
aún no había tenido
oportunidad de oír “Ballads
of a hangman” (solo el
mini “Prey”) por
lo que éste era mi primer
contacto con la colección
de nuevas canciones. Nada más
salir fueron directos a por
el tema título, un corte
que engancha desde su melodía
inicial que precede a un tremendo
riff cortesía de Manny
que dirige las estrofas hasta
que desemboca en el estribillo
que recupera la melodía
principal. Muy buena. El sonido
no era perfecto (los teclados
había que intuirlos)
pero estaba bien. Antes de dar
ninguna valoración lo
tengo que afirmar rotundamente:
impresionante cómo ganan
en cohesión con dos guitarras.
Ahora nada parece “vacío”
en el momento de los solos.
Un grupo con
trece discos de estudio y unos
cuantos EP´s con mogollón
de inéditas siempre debe
ser cuidadoso con los repertorios.
Esta vez los Cavatumbas optaron
por mezclar “las de siempre”
con alguna golosina realmente
extraña. “Valhalla”
entra dentro del primer segmento
porque es la única que
suele caer de “Rheingold”.
“Hell of disillusion”
es, quizá, de los temas
recientes el que menos me atrapó.
No está mal pero no pasa
de ser un corte 100% Grave Digger
sin nada especial. Epatado me
quedé, por el contrario,
cuando anunciaron “Wedding
day”. Bueno, epatado y
apenado porque es la única
canción de “The
reaper” que me parece
que baja el listón. Sorpresón
pero no el que hubiese anhelado.
Relativamente inesperada también
fue “Witch Hunter”
donde el sector más ochentero
de sus seguidores campó
a sus anchas. “Witch Hunter”
no es de las habituales aunque
sí la rescataron para
el DVD / doble directo “25
& life”. Se salió,
por cierto.
A estas alturas
de la velada ya se pudo visualizar
la trascendencia de Thilo Hermann,
tanta que la proporción
de solos con respecto a Manny
es de 60%-40% a favor de Thilo.
Me pareció un poco extraño
pero el tío es un crack.
Jens Becker siempre eficiente
y, nuevamente, con el pelo largo,
y Stefan Arnold golpeando fuerte
el kit de batería. Como
decía el más perjudicado
es HP Katzenburg que, además
de pasar mucho calor disfrazado
de la muerte, permanece detrás
de Stefan y casi ni se le ve
ni se le oye. Dentro de este
grupo, hay dos o tres clásicos
que nunca pueden faltar y en
un segundo estadio están
otras canciones que llevan camino
de ser insustituibles. Este
es el caso de “Lionheart”,
la maravillosa composición
de “Knights of the cross”,
una de las más coreadas,
y en donde se nota exponencialmente
la mejoría de Chris.
Antes en el estribillo, o hablaba
o hacía karaoke metal;
ahora, lo canta.
El primer tercio
del concierto había convencido.
Quedaba por corroborar que toda
la noche iba a ser así.
“Silent revolution”
significó la única
parada en “Liberty or
death”, un disco que no
pasará a la historia
del grupo. Este medio tiempo
dio paso a “Stormrider”,
otro tema reciente, muy cañero
y con regusto añejo.
Volvimos a los ritmos pesados
con “The last supper”
y esta alternancia no se vio
rota con “Headbanging
bang”, otra sorpresa porque
ésta no la esperaba casi
nadie. Recordemos que es la
primera canción de su
debut “Heavy metal breakdown”.
Para concluir la retahíla
de caramelitos, la que más
ilusión me hizo, “The
house” del fantástico
“The Grave Digger”,
un corte oscuro, lento y brillante
en su concepción. De
lo mejor del show.
De aquí
en adelante, solo quedaba espacio
para las teóricas joyas
de la corona, las canciones
que más se recordarán
de esta banda intercaladas con
temas actuales. “Knights
of the cross” consiguió,
por fin, una interpretación
acorde con su calidad en disco,
en buena medida gracias a las
dobles guitarras. “My
blood will live forever”
está recogida en el EP
“Prey”. No es excepcional
pero no desentonó. Hasta
casi el final reservaron la
traca “Tunes of war”
y “Excalibur”. “In
the dark of the sun” se
repite demasiado. Ojalá
algún día dejen
espacio para “William
Wallace”, “The truth”
o “Killing time”.
Las que no pueden faltar son
“Excalibur” y su
himno por excelencia, “Rebellion”
con los allí presentes
loando las batallas de los escoceses
contra sus vecinos del sur.
Casi hora y media con un público
más que satisfecho por
lo acontecido.
Quedaba un
poquito más por lo que
rápidamente regresaron
a escena para tocar “The
round table (Forever)”.
Y es aquí donde quiero
expresar mi descontento porque
este tema ha sustituido en mitad
de gira a “The reaper”
en una suerte parecida a lo
que Edguy han hecho con “Until
we rise again” y “Babylon”.
Ellos sabrán pero nos
merecíamos “The
reaper”. El single “Prey”
fue el preludio del adiós
definitivo que, como siempre,
llegó con “Heavy
metal breakdown”. Yo lo
cambiaría pero entiendo
que mientras Grave Digger existan
servirá para cerrar sus
actuaciones. Aunque podáis
concluir que mis quejas me dejaron
un mal sabor de boca, nada más
lejos de la realidad. Solo son
matices que servirían
para que un concierto sobresaliente
pasara a tener matrícula
de honor. Pura esencia de heavy
metal alemán.
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Grave Digger


Taletellers



Alestorm




Grave Digger







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