Principal / Planeta Sonoro / Crónicas / Great White
GREAT WHITE

Sala Heineken (Madrid) 06-02-2008

Nos debían una. Cuando comentamos su último disco “Back to the rythm” hablamos de la ignominia de la única actuación de Great White en la capital de España con todo el asunto del play back y su posterior escándalo. No sé si eran conscientes o, en concreto, Jack Russell, el vocalista de la banda, lo tenía en cuenta pero su público les iba a mirar con lupa porque algunos estuvimos allí y, quien más quien menos, conocía de oídas lo que ocurrió. Por eso tenía dudas de la capacidad de convocatoria de los californianos en una noche de miércoles.

Las puertas estaban abiertas cuando llegamos a la Sala Heineken pero en el momento del acceso descubrimos que había cuatro gatos dentro, lo cual me hizo temer lo peor. Afortunadamente la espera hizo que, poco a poco, se poblara la discoteca que finalmente presentó dos tercios de entrada, aproximadamente cuatrocientas cincuenta personas que tampoco sabían bien por qué derroteros transcurriría la descarga del Gran Blanco. Esto es algo lógico ya que, para mí, el nivel de todos los discos de Great White es similar y el quinteto es más conocido por hits concretos que por facturar un álbum glorioso en el que centrarse y dejar de lado otros más pobres que, en su caso, no tienen. Es decir, cada fan podría escoger un disco favorito. Muchos optarán por “…Twice shy” que es que les proporcionó el estrellato; otros por “Hooked”, quizá el de más calidad; los puristas preferirán “Once bitten…”; y yo me quedo con “Can´t get there from here”, si bien probablemente sea el único que opte por él.

Saltaron a escena de una forma un tanto austera, sin intro ni casi apagado de luces pero lo importante es que allí estaban casi con su formación clásica. Únicamente el bajista Sean McNabb no estuvo en sus días de gloria si bien perteneció al grupo a finales de los noventa grabando el mencionado “Can´t get there from here”. La única referencia válida en directo que tenía de ellos es el notable álbum “Thank you… and goodnight”. Pues bien, comenzaron exactamente igual con la adorable “Desert moon” de “Hooked”. Rápidamente las posibles sospechas se disiparon. Con un sonido francamente bueno, se nota que no había trampa ni cartón, todo lo que se escuchaba los estaban tocando estos cinco veteranos siempre con la voz de Jack Russell en primer plano. Por cierto, sus cuerdas vocales, impecables, lo bordó el cada vez menos rubio (por la alopecia) cantante.

Terminaron “Desert moon”, dieron educadamente las buenas noches y encararon la genial y bluesera “Old Rose motel”, única referencia al buenísimo “Psycho city” de todo la velada. Personalmente, siempre ha sido de mis preferidas y la interpretaron de manera acertadísima. Algo similar debió apreciar el público porque la ovación sincera que les tributamos duró un buen rato. El propio grupo quedó sorprendido ante la acogida que les habían brindado y se vinieron arriba. Hasta el siempre hierático Mark Kendall, habitualmente concentrado en dar una lección de feeling con su guitarra, sonrió.

El pasado más lejano surgió con “Face the day”, de su segunda entrega “Shot in the dark”, una de las favoritas de los seguidores, que ayudaron a Russell con los coros, y el propio Jack nos anunció que sería un concierto donde tendría cabido de todo, tanto clásicos como cortes más modernos. En ese instante, presentó el tema que da título a su última entrega, la magnífica “Back to the rythm”, también muy aplaudida y cantada por la gente, pero que, por desgracia, se quedó como única representante de un disco que merecía bastante más. No obstante, hasta aquí todo era sobresaliente y si no, sólo con decir que la siguiente fue la primera canción que compusieron juntos el dúo Kendall-Russell, me refiero a “On your knees”, es evidente que aquello estaba siendo muy grande. Great White han mostrado en diferentes ocasiones su pasión por Led Zeppelín, incluso editaron “Great Zeppelin” un disco de versiones de Page, Plant, Bonham y Jones. Cuando se suben a un escenario es casi obligatorio que hagan su pequeño homenaje y en medio de “On your knees” introdujeron un pasaje bastante extenso de la increíble “Achilles last stand” tema que, curiosamente, no venía en “Great Zeppelin”. Para compensar estos pasajes más etéreos, su balada comercial por excelencia, “Save your love”, que nunca estuvo entre mis favoritas pero que tuvo una soberbia ejecución.

Reitero que hasta aquí me había parecido intachable, incluso mejor de lo que un fanático como yo soñaba, pero ¡ay, amigo! sin ser malos, los próximos treinta y cinco minutos estarían marcados por los altibajos, hecho que a algunos les produjo un estado de aburrimiento. Hasta a mí se me hicieron pesados y, la verdad, no comprendí el por qué de algunas cosas. Por ejemplo, incluir en el repertorio una canción del segundo y hasta el momento último disco de Jack Russell en solitario, “For you”. No digo que “Paradise” sea mala pero no tiene la categoría suficiente como para suplir otras ausencias tipo “Lady red light”, “Heart the hunter”, “Wooden Jesus” o “Highway nights”.

Dentro de este rato de altibajos, la parte álgida correspondió a otra de mis idolatradas, “House of broken love”, con esa introducción donde la guitarra de Mark Kendall destila calidad a borbotones. Ya que el hombre de las seis cuerdas tenía el protagonismo, se decidió que era el momento de tocar un tema propio, “Kill that red rooster” de su disco “2.0”, una canción excesivamente blues donde el propio Mark toma las riendas y canta con un registro más roto y acorde con el estilo que practica en el álbum. El problema es que al lado de “House of broken love” palidece.

Si tú vas alternando un corte desconocido o que no pinta nada con otro más esperado puede suceder lo que le pasó a “Mista bone”. Entre que toda la vida he pensado que es un tema no apto para todo el mundo y el desconcierto que había, pasó desapercibido. El punto más bajo acaeció cuando se quedaron solos Sean McNabb y el baterista Audey Desbrow. Sean hizo un pequeño solo acompañado de Desbrow hasta que volvió Kendall. Entonces, llegó una nueva versión, el “Day of the Eagle” de Robin Thrower, cantada por McNabb, bastante bien por cierto, pero que en el contexto general le ocurría exactamente igual que a “Paradise” o “Kill that red rooster”.

Menos mal que cuando Jack regresó habló de su disco de 1999. ¡Bien! No tenía seguridad de que cayera algo de “Can´t get there from here” porque ya se sabe qué pasa con estos discos “de los años oscuros” por muy buenos que sean. Si sólo había una, la candidata era “Rollin´ stone” y así fue. A mí me sonó a gloria aunque me provocó cierta tristeza no poder oír composiciones tan especiales como “Wooden Jesus”, “In the tradition” o “Ain´t no shame”. “Rollin´ stone” implicó un cambio de tendencia, de nuevo al alza, que se mantuvo hasta la conclusión del show. Otra vez los ánimos iban a caldearse si bien la interpretación de la preciosa “Lovin´ kind” con Michael Lardie a la voz principal fue vitoreada sólo por los más “die hard”. Toda una sorpresa pero si el resto de miembros sí habían tenido su ratito de lucimiento, un tipo tan importante en la historia del grupo como Lardie no podía ser menos.

Ahora sí, la fiesta retornó con esplendor “Call it rock n´ roll”, la canción que habría “Hooked”, con ese estribillo tan tarareable. Para cerrar más de noventa minutos de actuación, la habitual en esta posición “Rock me”, otro de sus temas emblema e imprescindible cada vez que programan un concierto. El público les tributó una sonora ovación porque independientemente de esos pasajes que para casi todos estaban de más objetivamente habían estado sobresalientes, muy enchufados y con enormes ganas de agradar.

No hubo de insistir demasiado la concurrencia para que Great White salieran del camerino. Inicialmente fue Michael Lardie el que dibujó una intro de teclados que a los presentes nos resultó familiar. Era “No quarter”, para mí una de las mejores composiciones de Led Zeppelin por su épica y oscuridad. Jack Russell lo hizo fantásticamente bien. Tal vez que fuera el primer bis no era lo ideal pero ésta versión sí tenía más sentido. Tras la oscuridad viene la luz, con un sencillo hard rock para corear y que la gente participe como “Can´t shake it”. Se agradeció, sin duda. Creía que ya era el momento del concluir pero antes del más que previsible adiós, un guiño gracioso para muchos y aburrido para la mayoría (me encuentro entre los primeros). En Estados Unidos probablemente funcione mejor pero aquí es difícil aceptar y disfrutar con el country vacilón de “Wasted rock ranger”, canción que fue tema extra de la edición japonesa de “…Twice shy” (y quizá salió de cara B de algún single pero no me acuerdo).

No sé si fue por “Wasted rock ranger” o qué pero el caso es que “Once bitten twice shy,” que tenía que haber sido apoteósica de acuerdo con la tónica del concierto y el apoyo de los fans a la banda, quedó un tanto fría y deslucida, no por ellos sino por el público que estaba bastante parado. A lo mejor es que no gusta tanto como yo pensaba. Sea como fuere supuso el final a un magnífico concierto de más de dos horas de duración (ya podían aprender muchos) que si bien tuvo una parte central un tanto desconcertante, en líneas generales no defraudó a nadie y demostró que aquella noche de hace siete u ocho años fue un borrón en la carrera de esta increíble banda, marcada para siempre por el incendio de Rhode Island del que estos días se cumple un lustro. ¡Larga vida al Gran Tiburón Blanco!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.mistabone.com

Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego