|
Estamos malacostumbrándonos
en Madrid. En lo que va de 2007
(sí, no es mucho pero
significativo), los conciertos
de hard rock y heavy han registrado
llenos salvo el confuso pasaje
de los L.A. Guns, versión
Tracii Guns. Además,
la diversidad es evidente: Europe,
Therion con Grave Digger, Axel
Rudi Pell, Killswitch Engage.
Las claves son variadas. Desde
el caso de grupos míticos
que con su nombre consiguen
atraer a la gente a pesar de
sus últimos trabajos
(Europe), formaciones consolidadas
que jamás habían
tocado en Madrid (Therion, Axel
Rudi Pell), bandas “de
moda”, en el buen sentido
de la palabra (Killswitch)...
Esta noche les tocaba a Hammerfall
ser los siguientes en la lista
de casi colgar el “no
hay billetes”. Anduve
desde antes de las tres de la
tarde por la zona y ya se palpaba
ambiente. Los suecos han venido
en todas sus giras de presentación
de disco a la capital, amén
de diversos festivales por la
geografía española,
pero como bien es sabido tienen
un público fiel y entusiasta.
En mi opinión,
el cartel era fantástico,
sobre todo por los teloneros.
Los eurovisivos The Poodles
son una realidad en Escandinavia
y su debut, “Metal will
stand tall”, con todo
lo comercial que es, suena fresco
y contiene toneladas de calidad.
De Krokus, qué se puede
decir, si habéis leído
la reseña de su último
disco conoceréis mi opinión
al respecto, por no hablar de
sus grandes clásicos
que aquí en España
han permanecido, por desgracia,
en una tercera o cuarta fila
de popularidad. Por lo tanto,
los condicionantes previos eran
inmejorables, todo prometía
para vivir una intensa velada
de hard and heavy.
A la hora de
apertura de puertas, las siete
y tres minutos, la cola era
tremenda. Esto es un problema
grave porque The Poodles estaban
programados para y cuarto, con
lo que cuando salieron a la
Joy Eslava ni un tercio de gente
había entrado. Cualquiera
que navegue un poco por Internet
o sea investigador de las últimas
novedades en el hard rock, habrá
oído hablar de ellos.
Participaron en la sección
sueca de Eurovisión aunque
no consiguieron alcanzar la
hoy archifamosa final de Atenas
donde Lordi se proclamaron vencedores.
La canción con la que
concursaron, “Night of
passion”, ascendió
como la espuma en las listas
locales. Esto fue hace poco
menos de un año. Desde
entonces, se han convertido
en un grupo de masas en su país
y, por ende, en toda Escandinavia.
Ahora, con la edición
europea de “Metal will
stand tall” y esta gira
les tocaba el turno de descubrirlos
al resto de europeos.
El cuarteto
de Estocolmo cuida bastante
su imagen. Mejor dicho, el batería
Christian Lundqvist y el cantante
Jakob Samuel son los más
aderezados en escena. Los dos
Pontus, Norgren y Egberg, representan
más su papel de roqueros
de toda la vida porque, especialmente
Norgren, ya están curtidos
en mil batallas. Sin embargo,
Jakob salió ataviado
con cuero rojo (chupa y pantalones),
aspecto que hizo esbozar una
sonrisa a más de uno.
La fantástica “Echoes
from the past” dio inicio
a la velada. El sonido era aceptable
aunque la guitarra y los teclados
(grabados) tapaban un poco la
voz de Samuel que en algún
instante tuvo algún problemilla
con los registros más
agudos.
The Poodles
hicieron un notable concierto
pero no se comieron el escenario.
Jakob como frontman es bueno,
interactúa con el público
pero debería añadir
algo más a su repertorio
que el solicitar las palmas
porque para una audiencia no
demasiado habituada a sus temas
quizá fuera demasiado
reiterativo. No obstante, hay
que decir que la gente cumplió
con creces y se fue calentando
porque The Poodles tienen una
serie de canciones que serán
más o menos comerciales
(pachangueras, incluso) pero
enganchan y te incitan a mover
el cuerpo, las melenas y corearlas
en caso de que las conozcan.
Son pequeños himnos como
la genial “Metal will
stand tall”, composición
original de Midnight Sun (el
grupo anterior de Jakob) recuperada
y lanzada al estrellato como
single, que en el disco se presenta
como dueto pero que en vivo,
por razones obvias, capitaliza
Samuel bien ayudado por los
dos Pontus a los coros. Para
el poco tiempo disponible, la
alargaron en exceso.
Una no menos
buena “Shadows”
continuó el altísimo
nivel compositivo y con “Number
one” más de un
neófito se atrevió
a acompañar en el estribillo.
Su debut tiene ya casi un año
y el grupo comentó que
ya habían estado en el
estudio estas navidades registrando
cinco canciones. Nos quisieron
presentar una de ellas, que
Jakob llamó “Seven
seas” aunque su estribillo
tenía como hilo conductor
la manida expresión “Spread
your wings”. Con un acompañamiento
vocal excelente por parte de
sus compañeros y con
Jakob en unas tesituras muy
cómodas, esta “Seven
seas” me pareció,
en una primera escucha, sobresaliente
y ya me deja con las ganas de
oír lo nuevo de estos
tíos cuando aún
estoy digiriendo su primera
obra.
Con el trabajo
bien hecho, se despidieron con
su tema estrella (que no mi
favorita), “Night of passion”
(ésta sí era conocida
por más de uno), composición
orientada a las radios más
generalistas. Poco más
de veinticinco minutos me parece
un tiempo muy escaso para lo
que se merecían pero
es lo que hay, así estaba
programado. Sin arrasar, me
dejaron un muy buen sabor de
boca. Ojalá no se queden
en un éxito pasajero
sino que sean capaces de consolidar
su propuesta a nivel masivo.
Más
de tres décadas de carrera
y un buen puñado de álbumes
magníficos. Añádele
a esto una obra reciente fantástica
y tenemos a Krokus. Señores,
yo me pongo de pie ante los
suizos. De acuerdo que de la
formación clásica
sólo queda Marc Storace
pero si hacen discos como “Hellraiser”
a mí no me importa. Mejor
eso que el “Secret society”
de turno, ¿no?. Me hace
gracia leer algunos foros donde
la gente se quejaba indignada
sobre la situación de
Krokus en el cartel, afirmando
que deberían encabezarlo
y demás. En un mundo
utópico sería
así pero la realidad
dice que Krokus son en 2007
infinitamente menos importantes
que Hammerfall en el contexto
del hard and heavy europeo y
eso se demostró en la
primera parte de su actuación
con un público completamente
parado, más incluso que
con The Poodles.
Lo malo de
ver a esta gente como teloneros
es que te vas a perder cantidad
de composiciones fundamentales
en su historia. Para empezar,
podrían haber elegido
muchas, por ejemplo “Long
stick goes boom” o “Celebration”,
pero me encantó el comienzo
con Mandy Meier en solitario
rasgando con su guitarra el
riff de “Heatstrokes”.
Se le unió el segundo
guitarrista, Dominique Favez,
para consolidar ese poderoso
doble riff y unos segundos después
apareció el resto de
la formación comandada
por el veteranísimo Storace
que si bien su aspecto facial
delata el paso de los años,
sus prestaciones vocales no
parecen resentirse porque hizo
interpretaciones perfectas.
La chavalería (mayoría
en los conciertos de Hammerfall)
miraba atónita a “ese
señor mayor” cantando
a lo Bon Scott mientras que
únicamente cuatro o cinco
“descerebrados”
(entre los que me incluyo) celebrábamos
cada nota, cada estrofa, cada
solo.
A pesar de
este inicio cañero, los
suizos optaron por un repertorio
de roqueras no sin antes ofrecernos
dos cortes nuevos, la que da
título al disco, “Hellraiser”,
dominada por ese aire a los
AC/DC que fue siempre un estigma
utilizado por sus detractores,
y la melódica “Angel
of my dreams” que en directo
me pareció soberbia con
un Storace tocado por los hados.
Desgraciadamente, éstas
fueron sus únicas aproximaciones
actuales pero no había
para mucho más. No tiene
nada que ver el papel que desempeñaron
Grave Digger dos semanas antes
respeto a Therion que el de
Krokus (setenta y cinco minutos
frente a cuarenta y cinco).
La suerte que
tuve es que dos de mis tres
canciones favoritas del grupo
cayeron en el set, además
seguidas. Para mí, “Bad
boys, rag dolls” es un
anticipo de lo que después
sería el sleazy, un hard
rock estilo angelino que apareció
en “One vice at time”,
el disco con el que se consolidaron
en el mercado americano tras
la irrupción en aquel
continente con “Hardware”.
Quizá sea “Headhunter”
su disco más metálico
y, probablemente, mi preferido
en especial por la gloriosa
power ballad “Screaming
in the night”. Toda la
banda despareció en el
escenario excepto Mandy Meier
que ejecutó un brevísimo
solo introductorio del lento
donde, de nuevo, Marc alcanzó
un sentimiento enorme, bien
apoyado en los coros, como en
toda la actuación, por
Dominique y el bajista Tony
Castell.
Pienso que
“Screaming in the night”
fue un cambio de tendencia en
la apreciación del público.
Del respeto indiferente, es
decir, aplausos sin emoción,
al reconocimiento de que los
helvéticos se estaban
dejando todo sobre las tablas.
La segunda mitad de su actuación,
ya sí se centró
en su material más roquero
y no sólo por los títulos
de las canciones, je, je.. De
lo que venían tocando
habitualmente, hubo algunos
cambios. Entre las no esperadoa
pudimos escuchar la vacilona
“American woman”,
como dice mi compañero
David un riff que, años
después, les pudo haber
copiado Lenny Kravitz. Este
tema es de los que también
refleja su orientación
a las FM estadounidenses que
tuvieron hace un cuarto de siglo.
“Easy
rocker” fue otro de esos
grandes fogonazos que nos dejaron
Krokus, en especial ese estribillo
tan “motero”. Siguiendo
con el recuerdo a su álbum
“Hardware”, “Rock
city” nos hipnotizó
nuevamente con su tendencia
AC/DC, simple y efectiva. Para
cerrar, otra elección
no esperada. Lo normal sería
que ese privilegio recayera
en “Eat the rich”
o “Bedside radio”
pero no, llegó de la
mano de “Rock ´n´
roll tonight”, la única
composición que sonó
de sus discos de 1983 en adelante,
si exceptuamos “Hellraiser”.
La ovación calurosísima
con que fueron despedidos es
prueba inequívoca de
que Krokus se salieron. Para
mí los triunfadores de
la velada, independientemente
de que fueran a quienes yo quería
ver.
Hammerfall
son una banda que suele cuidar
sus directos y darle un toque
especial que rememore, a menor
escala, los montajes de la época
dorada de heavy. Joy Eslava
no es el mejor sitio para los
montajes escénicos y
únicamente se centraron
en un juego de luces que a ellos
les parecerá muy bonito
pero a mí me resultó
insulso. Así que todo
quedaba en su capacidad para
atrapar al público y
en eso jugaban con ventaja porque
tenían a sus enfervorizados
seguidores entregados desde
que la intro de inicio dio la
bienvenida al quinteto de Gotemburgo.
Puedo llegar
a comprender que aquel que no
haya asistido a una actuación
de Hammerfall se sienta excitado
con la posibilidad de disfrutar
de sus canciones más
conocidas pero en esta gira
me parece que la banda vive
un tanto atrapada en sus temas
más típicos. Entiendo,
y además me gusta, que
sus singles sean interpretados
porque son composiciones de
éxito pero un poco de
variedad y frescura en su repertorio
tampoco estaría de más
para aquellos que, como yo,
ya les hemos visto ocho veces.
Llegaban con “Threshold”,
su sexto trabajo, un álbum
en mi opinión irregular
donde no abundan los cortes
espectaculares. Como cada entrega
de Hammerfall, me gusta pero
desde la salida de “Crimson
thunder” no he vuelto
a emocionarme con ningún
himno.
El tema título
de la reciente entrega sirvió
para calentar motores. Con un
sonido bastante bueno, los escandinavos
salieron con ganas. Sin parecerme
la bomba, hicieron una buena
interpretación de “Threshold”,
en especial en su parte central.
Parando para dar las buenas
noches dieron réplica
con la siempre presente “Templars
of steel” que se fundió
con “Riders on the storm”.
Este dinámico comienzo
auguraba un concierto sobresaliente
porque te hacía meterte
en él de forma inmediata.
Pronto comprobaría que
el fulgurante inicio no se reflejó
el resto de la velada salvo
en destellos puntuales.
Una muestra
de lo que digo fue, para mí,
“Legacy of kings, ejecutada
de una manera un tanto aturullada,
algo que se repitió con
demasiada frecuencia por culpa
de un Anders Johansson fuera
de ritmo. Ignoro si el batería
ha heredado viejos vicios de
su hermano Jens. Claro que el
bueno de Joacim Cans también
tuvo su “momento de gloria”
en “Rebel inside”.
Una vez echado el discursito
típico cuyo resumen sería
“¡que les jodan
a los que piensen que somos
unos posers!” (yo le preguntaría
sobre la cruz invertida con
cinta aislante que llevaba Oscar
y que luego se quitó,
patético), empezó
a cantar el tema. Arranca lenta
y luego cambia. Pues bien, al
amigo Cans se le olvidaron las
estrofas, tuvo que acudir a
Dronjak para que le soplara
y le dio un ataque de risa que
casi no le deja entonar con
acierto. Se quedó en
una simpática anécdota
que la gente olvidó con
el riff de “Bloodbound”,
quizá de todos sus singles
el menos inspirado y sintomáticamente
única representación
de “Chapter V”.
Aunque en un
tono descendente hasta aquí
la cosa iba bien. A veces alucino
con un asunto polémico
cuando se habla de los directos
de Hammerfall. Erre que erre
se cargan las tintas sobre las
limitaciones vocales de Joacim
Cans. No es que me caiga bien
(que me cae porque todas las
veces que le he entrevistado
ha sido un tipo amable, dicharachero
y buen encajador) pero ha mejorado
un montón y sabe cómo
superar el trance con holgura
aun sin llegar a las notas altas.
¿Limitado? Por supuesto
pero también en disco
lo cual indica que no hay que
ser obligatoriamente un prodigio
de cuerdas vocales para que
tu grupo funcione. Dicho esto,
hay que mencionar la labor del
resto. Stefan Elmgren es el
metrónomo de la banda,
como un reloj suizo, no falla.
Sobre el bajista Magnus Rosen
podría decir muchas cosas
pero ninguna excelencia en su
ejecución. Es correcto
aunque da la impresión
de ir sobrado. Eso sí,
tiene comportamientos extraños
porque se mueve aleatoriamente
y su gesto esboza una sonrisa
a medio camino entre el Joker
y Pocholo Martínez Bordiú
que bien podría imaginarse
que estuviera patrocinado por
una marca de dentífrico.
De Oscar lo de todas las veces,
un notable compositor, con generosidad
regular guitarrista y, sí,
un posturitas. Todos ellos se
marcharon a descansar y en éstas
llegó el solo de Anders
Johansson. ¿He dicho
solo? Rectifico, tres aporreos
a la batería y salió
de su kit para hacer el mamarracho
tocando con los palos en el
micrófono y por fuera
de la batería. No sé,
a la gente le hizo gracia pero
a mí me pareció
una tontería. Cuestión
de pareceres. No pasó
mucho hasta que Oscar regresó
y haciendo un amago de atacar
el “Exciter” de
Judas Priest, Stefan y Magnum
volvieron para “Raise
the hammer” y es que si
algo descubrí en este
concierto de Hammerfall fueron
sus instrumentales. De ignoradas
a casi ingrediente principal.
No hay quien lo entienda, en
serio.
Si hay un corte
que me apetecía escuchar
era “A legend reborn”,
una de mis favoritas del grupo
y no siempre presente en sus
shows. Afortunadamente esta
gira sí que está
incluida en el repertorio. Aunque
ejecutado de un modo más
acelerado, me encantó.
Este clímax continuó
con la imprescindible “Renegade”
siempre precedida por el ruido
de la moto. De todos sus singles,
le considero el mejor. Otro
dato para la reflexión,
era la cuarta que caía
de “Renegade”, puestos
a pedir que recuperen “The
way of the warrior” y
“The champion”.
Los suecos
tienen un cierto empecinamiento
en “Let the hammer fall”.
Reconozco que es un tema muy
de directo pero se me hace cansino
de tantas y tantas veces oírlo.
Si quieren cosas de “Legacy
of kings” que busquen
entre “At the end of the
rainbow”, “Stronger
than all” o “Back
to back”, que de hacer
apología a de las versiones
han pasado a denostarlas cuando
Hammerfall eran los únicos
que se preocupaban por desenterrar
grupos olvidados pero de inmensa
calidad. El momento de paroxismo
llegó con el solo de
guitarra. No suele ser muy de
Hammerfall este aspecto (sí
que había, de vez en
cuando, uno de bajo) pero me
extrañó que fuera
Oscar el (auto)elegido para
interpretarlo. Extraña
ceremonia de inmolación
porque a lo más que llegó
fue al riff del “Balls
to the walls” porque lo
demás fue desolador,
tenía problemas hasta
para pisar la pedalera. Inconcebible.
Siguiendo con la faceta instrumental
de la banda, “Reign of
the hammer” fue el preludio
de su himno “Hammerfall”,
claro anticipo de lo que vendría
después, la conclusión
del concierto antes de los bises.
Lo de “Hammerfall”
sí que me duele porque
entiendo que al llamarla como
ellos deban de tocarla pero
eso perjudica a la pléyade
de joyas que contiene su debut
que permanecen durmiendo el
sueño de los justos.
Había
sido una hora y cuarto, tiempo
insuficiente a todas luces que
iban a compensar en este período
añadido. Como es tradición,
su último single ejerció
de hilo conductor en su retorno
a las tablas. Muy bien tocada,
“Natural high” ganó
enteros en vivo y se convirtió
en una de las más destacables
aunque no tanto como la genial
“Glory to the brave”
que toda la sala al unísono
coreo con pasión. Con
“Heeding the call”
volvieron a desparecer y los
fans se quedaron gritando “Hearts
of fire! Hearts of fire!”.
Que no diga Joacim que como
habíamos sido muy buenos,
nos la daban de regalo porque
todo estaba preparado para que
la principal canción
de “Crimson thunder”
cerrara una actuación
con altibajos. Dentro de las
ocho que he visto la situaría
en el medio en cuanto a impresión
por los altibajos que tuvo.
Para mí, pocos temas,
demasiadas tonterías,
algunos fallos garrafales, solos
sonrojantes,... por el contrario,
el comienzo fue notable, la
dupla “A legend reborn”
- “Renegade” se
salió y los dos primeros
bises me ilusionaron. Conclusión,
si Hammerfall estuvieron bien,
The Poodles notables y Krokus
sobresalientes, me fui contento
a casa. Creo que el resto del
público, aunque sea por
motivos diferentes, también.
|

Hammerfall

The Poodles


Krokus



Hammerfall




|