Principal / Planeta Sonoro / Crónicas / Hammerfall + Krokus + The Poodles
HAMMERFALL + KROKUS + THE POODLES

Sala Joy Eslava (Madrid) 09/02/2006

Estamos malacostumbrándonos en Madrid. En lo que va de 2007 (sí, no es mucho pero significativo), los conciertos de hard rock y heavy han registrado llenos salvo el confuso pasaje de los L.A. Guns, versión Tracii Guns. Además, la diversidad es evidente: Europe, Therion con Grave Digger, Axel Rudi Pell, Killswitch Engage. Las claves son variadas. Desde el caso de grupos míticos que con su nombre consiguen atraer a la gente a pesar de sus últimos trabajos (Europe), formaciones consolidadas que jamás habían tocado en Madrid (Therion, Axel Rudi Pell), bandas “de moda”, en el buen sentido de la palabra (Killswitch)... Esta noche les tocaba a Hammerfall ser los siguientes en la lista de casi colgar el “no hay billetes”. Anduve desde antes de las tres de la tarde por la zona y ya se palpaba ambiente. Los suecos han venido en todas sus giras de presentación de disco a la capital, amén de diversos festivales por la geografía española, pero como bien es sabido tienen un público fiel y entusiasta.

En mi opinión, el cartel era fantástico, sobre todo por los teloneros. Los eurovisivos The Poodles son una realidad en Escandinavia y su debut, “Metal will stand tall”, con todo lo comercial que es, suena fresco y contiene toneladas de calidad. De Krokus, qué se puede decir, si habéis leído la reseña de su último disco conoceréis mi opinión al respecto, por no hablar de sus grandes clásicos que aquí en España han permanecido, por desgracia, en una tercera o cuarta fila de popularidad. Por lo tanto, los condicionantes previos eran inmejorables, todo prometía para vivir una intensa velada de hard and heavy.

A la hora de apertura de puertas, las siete y tres minutos, la cola era tremenda. Esto es un problema grave porque The Poodles estaban programados para y cuarto, con lo que cuando salieron a la Joy Eslava ni un tercio de gente había entrado. Cualquiera que navegue un poco por Internet o sea investigador de las últimas novedades en el hard rock, habrá oído hablar de ellos. Participaron en la sección sueca de Eurovisión aunque no consiguieron alcanzar la hoy archifamosa final de Atenas donde Lordi se proclamaron vencedores. La canción con la que concursaron, “Night of passion”, ascendió como la espuma en las listas locales. Esto fue hace poco menos de un año. Desde entonces, se han convertido en un grupo de masas en su país y, por ende, en toda Escandinavia. Ahora, con la edición europea de “Metal will stand tall” y esta gira les tocaba el turno de descubrirlos al resto de europeos.

El cuarteto de Estocolmo cuida bastante su imagen. Mejor dicho, el batería Christian Lundqvist y el cantante Jakob Samuel son los más aderezados en escena. Los dos Pontus, Norgren y Egberg, representan más su papel de roqueros de toda la vida porque, especialmente Norgren, ya están curtidos en mil batallas. Sin embargo, Jakob salió ataviado con cuero rojo (chupa y pantalones), aspecto que hizo esbozar una sonrisa a más de uno. La fantástica “Echoes from the past” dio inicio a la velada. El sonido era aceptable aunque la guitarra y los teclados (grabados) tapaban un poco la voz de Samuel que en algún instante tuvo algún problemilla con los registros más agudos.

The Poodles hicieron un notable concierto pero no se comieron el escenario. Jakob como frontman es bueno, interactúa con el público pero debería añadir algo más a su repertorio que el solicitar las palmas porque para una audiencia no demasiado habituada a sus temas quizá fuera demasiado reiterativo. No obstante, hay que decir que la gente cumplió con creces y se fue calentando porque The Poodles tienen una serie de canciones que serán más o menos comerciales (pachangueras, incluso) pero enganchan y te incitan a mover el cuerpo, las melenas y corearlas en caso de que las conozcan. Son pequeños himnos como la genial “Metal will stand tall”, composición original de Midnight Sun (el grupo anterior de Jakob) recuperada y lanzada al estrellato como single, que en el disco se presenta como dueto pero que en vivo, por razones obvias, capitaliza Samuel bien ayudado por los dos Pontus a los coros. Para el poco tiempo disponible, la alargaron en exceso.

Una no menos buena “Shadows” continuó el altísimo nivel compositivo y con “Number one” más de un neófito se atrevió a acompañar en el estribillo. Su debut tiene ya casi un año y el grupo comentó que ya habían estado en el estudio estas navidades registrando cinco canciones. Nos quisieron presentar una de ellas, que Jakob llamó “Seven seas” aunque su estribillo tenía como hilo conductor la manida expresión “Spread your wings”. Con un acompañamiento vocal excelente por parte de sus compañeros y con Jakob en unas tesituras muy cómodas, esta “Seven seas” me pareció, en una primera escucha, sobresaliente y ya me deja con las ganas de oír lo nuevo de estos tíos cuando aún estoy digiriendo su primera obra.

Con el trabajo bien hecho, se despidieron con su tema estrella (que no mi favorita), “Night of passion” (ésta sí era conocida por más de uno), composición orientada a las radios más generalistas. Poco más de veinticinco minutos me parece un tiempo muy escaso para lo que se merecían pero es lo que hay, así estaba programado. Sin arrasar, me dejaron un muy buen sabor de boca. Ojalá no se queden en un éxito pasajero sino que sean capaces de consolidar su propuesta a nivel masivo.

Más de tres décadas de carrera y un buen puñado de álbumes magníficos. Añádele a esto una obra reciente fantástica y tenemos a Krokus. Señores, yo me pongo de pie ante los suizos. De acuerdo que de la formación clásica sólo queda Marc Storace pero si hacen discos como “Hellraiser” a mí no me importa. Mejor eso que el “Secret society” de turno, ¿no?. Me hace gracia leer algunos foros donde la gente se quejaba indignada sobre la situación de Krokus en el cartel, afirmando que deberían encabezarlo y demás. En un mundo utópico sería así pero la realidad dice que Krokus son en 2007 infinitamente menos importantes que Hammerfall en el contexto del hard and heavy europeo y eso se demostró en la primera parte de su actuación con un público completamente parado, más incluso que con The Poodles.

Lo malo de ver a esta gente como teloneros es que te vas a perder cantidad de composiciones fundamentales en su historia. Para empezar, podrían haber elegido muchas, por ejemplo “Long stick goes boom” o “Celebration”, pero me encantó el comienzo con Mandy Meier en solitario rasgando con su guitarra el riff de “Heatstrokes”. Se le unió el segundo guitarrista, Dominique Favez, para consolidar ese poderoso doble riff y unos segundos después apareció el resto de la formación comandada por el veteranísimo Storace que si bien su aspecto facial delata el paso de los años, sus prestaciones vocales no parecen resentirse porque hizo interpretaciones perfectas. La chavalería (mayoría en los conciertos de Hammerfall) miraba atónita a “ese señor mayor” cantando a lo Bon Scott mientras que únicamente cuatro o cinco “descerebrados” (entre los que me incluyo) celebrábamos cada nota, cada estrofa, cada solo.

A pesar de este inicio cañero, los suizos optaron por un repertorio de roqueras no sin antes ofrecernos dos cortes nuevos, la que da título al disco, “Hellraiser”, dominada por ese aire a los AC/DC que fue siempre un estigma utilizado por sus detractores, y la melódica “Angel of my dreams” que en directo me pareció soberbia con un Storace tocado por los hados. Desgraciadamente, éstas fueron sus únicas aproximaciones actuales pero no había para mucho más. No tiene nada que ver el papel que desempeñaron Grave Digger dos semanas antes respeto a Therion que el de Krokus (setenta y cinco minutos frente a cuarenta y cinco).

La suerte que tuve es que dos de mis tres canciones favoritas del grupo cayeron en el set, además seguidas. Para mí, “Bad boys, rag dolls” es un anticipo de lo que después sería el sleazy, un hard rock estilo angelino que apareció en “One vice at time”, el disco con el que se consolidaron en el mercado americano tras la irrupción en aquel continente con “Hardware”. Quizá sea “Headhunter” su disco más metálico y, probablemente, mi preferido en especial por la gloriosa power ballad “Screaming in the night”. Toda la banda despareció en el escenario excepto Mandy Meier que ejecutó un brevísimo solo introductorio del lento donde, de nuevo, Marc alcanzó un sentimiento enorme, bien apoyado en los coros, como en toda la actuación, por Dominique y el bajista Tony Castell.

Pienso que “Screaming in the night” fue un cambio de tendencia en la apreciación del público. Del respeto indiferente, es decir, aplausos sin emoción, al reconocimiento de que los helvéticos se estaban dejando todo sobre las tablas. La segunda mitad de su actuación, ya sí se centró en su material más roquero y no sólo por los títulos de las canciones, je, je.. De lo que venían tocando habitualmente, hubo algunos cambios. Entre las no esperadoa pudimos escuchar la vacilona “American woman”, como dice mi compañero David un riff que, años después, les pudo haber copiado Lenny Kravitz. Este tema es de los que también refleja su orientación a las FM estadounidenses que tuvieron hace un cuarto de siglo.

“Easy rocker” fue otro de esos grandes fogonazos que nos dejaron Krokus, en especial ese estribillo tan “motero”. Siguiendo con el recuerdo a su álbum “Hardware”, “Rock city” nos hipnotizó nuevamente con su tendencia AC/DC, simple y efectiva. Para cerrar, otra elección no esperada. Lo normal sería que ese privilegio recayera en “Eat the rich” o “Bedside radio” pero no, llegó de la mano de “Rock ´n´ roll tonight”, la única composición que sonó de sus discos de 1983 en adelante, si exceptuamos “Hellraiser”. La ovación calurosísima con que fueron despedidos es prueba inequívoca de que Krokus se salieron. Para mí los triunfadores de la velada, independientemente de que fueran a quienes yo quería ver.

Hammerfall son una banda que suele cuidar sus directos y darle un toque especial que rememore, a menor escala, los montajes de la época dorada de heavy. Joy Eslava no es el mejor sitio para los montajes escénicos y únicamente se centraron en un juego de luces que a ellos les parecerá muy bonito pero a mí me resultó insulso. Así que todo quedaba en su capacidad para atrapar al público y en eso jugaban con ventaja porque tenían a sus enfervorizados seguidores entregados desde que la intro de inicio dio la bienvenida al quinteto de Gotemburgo.

Puedo llegar a comprender que aquel que no haya asistido a una actuación de Hammerfall se sienta excitado con la posibilidad de disfrutar de sus canciones más conocidas pero en esta gira me parece que la banda vive un tanto atrapada en sus temas más típicos. Entiendo, y además me gusta, que sus singles sean interpretados porque son composiciones de éxito pero un poco de variedad y frescura en su repertorio tampoco estaría de más para aquellos que, como yo, ya les hemos visto ocho veces. Llegaban con “Threshold”, su sexto trabajo, un álbum en mi opinión irregular donde no abundan los cortes espectaculares. Como cada entrega de Hammerfall, me gusta pero desde la salida de “Crimson thunder” no he vuelto a emocionarme con ningún himno.

El tema título de la reciente entrega sirvió para calentar motores. Con un sonido bastante bueno, los escandinavos salieron con ganas. Sin parecerme la bomba, hicieron una buena interpretación de “Threshold”, en especial en su parte central. Parando para dar las buenas noches dieron réplica con la siempre presente “Templars of steel” que se fundió con “Riders on the storm”. Este dinámico comienzo auguraba un concierto sobresaliente porque te hacía meterte en él de forma inmediata. Pronto comprobaría que el fulgurante inicio no se reflejó el resto de la velada salvo en destellos puntuales.

Una muestra de lo que digo fue, para mí, “Legacy of kings, ejecutada de una manera un tanto aturullada, algo que se repitió con demasiada frecuencia por culpa de un Anders Johansson fuera de ritmo. Ignoro si el batería ha heredado viejos vicios de su hermano Jens. Claro que el bueno de Joacim Cans también tuvo su “momento de gloria” en “Rebel inside”. Una vez echado el discursito típico cuyo resumen sería “¡que les jodan a los que piensen que somos unos posers!” (yo le preguntaría sobre la cruz invertida con cinta aislante que llevaba Oscar y que luego se quitó, patético), empezó a cantar el tema. Arranca lenta y luego cambia. Pues bien, al amigo Cans se le olvidaron las estrofas, tuvo que acudir a Dronjak para que le soplara y le dio un ataque de risa que casi no le deja entonar con acierto. Se quedó en una simpática anécdota que la gente olvidó con el riff de “Bloodbound”, quizá de todos sus singles el menos inspirado y sintomáticamente única representación de “Chapter V”.

Aunque en un tono descendente hasta aquí la cosa iba bien. A veces alucino con un asunto polémico cuando se habla de los directos de Hammerfall. Erre que erre se cargan las tintas sobre las limitaciones vocales de Joacim Cans. No es que me caiga bien (que me cae porque todas las veces que le he entrevistado ha sido un tipo amable, dicharachero y buen encajador) pero ha mejorado un montón y sabe cómo superar el trance con holgura aun sin llegar a las notas altas. ¿Limitado? Por supuesto pero también en disco lo cual indica que no hay que ser obligatoriamente un prodigio de cuerdas vocales para que tu grupo funcione. Dicho esto, hay que mencionar la labor del resto. Stefan Elmgren es el metrónomo de la banda, como un reloj suizo, no falla. Sobre el bajista Magnus Rosen podría decir muchas cosas pero ninguna excelencia en su ejecución. Es correcto aunque da la impresión de ir sobrado. Eso sí, tiene comportamientos extraños porque se mueve aleatoriamente y su gesto esboza una sonrisa a medio camino entre el Joker y Pocholo Martínez Bordiú que bien podría imaginarse que estuviera patrocinado por una marca de dentífrico. De Oscar lo de todas las veces, un notable compositor, con generosidad regular guitarrista y, sí, un posturitas. Todos ellos se marcharon a descansar y en éstas llegó el solo de Anders Johansson. ¿He dicho solo? Rectifico, tres aporreos a la batería y salió de su kit para hacer el mamarracho tocando con los palos en el micrófono y por fuera de la batería. No sé, a la gente le hizo gracia pero a mí me pareció una tontería. Cuestión de pareceres. No pasó mucho hasta que Oscar regresó y haciendo un amago de atacar el “Exciter” de Judas Priest, Stefan y Magnum volvieron para “Raise the hammer” y es que si algo descubrí en este concierto de Hammerfall fueron sus instrumentales. De ignoradas a casi ingrediente principal. No hay quien lo entienda, en serio.

Si hay un corte que me apetecía escuchar era “A legend reborn”, una de mis favoritas del grupo y no siempre presente en sus shows. Afortunadamente esta gira sí que está incluida en el repertorio. Aunque ejecutado de un modo más acelerado, me encantó. Este clímax continuó con la imprescindible “Renegade” siempre precedida por el ruido de la moto. De todos sus singles, le considero el mejor. Otro dato para la reflexión, era la cuarta que caía de “Renegade”, puestos a pedir que recuperen “The way of the warrior” y “The champion”.

Los suecos tienen un cierto empecinamiento en “Let the hammer fall”. Reconozco que es un tema muy de directo pero se me hace cansino de tantas y tantas veces oírlo. Si quieren cosas de “Legacy of kings” que busquen entre “At the end of the rainbow”, “Stronger than all” o “Back to back”, que de hacer apología a de las versiones han pasado a denostarlas cuando Hammerfall eran los únicos que se preocupaban por desenterrar grupos olvidados pero de inmensa calidad. El momento de paroxismo llegó con el solo de guitarra. No suele ser muy de Hammerfall este aspecto (sí que había, de vez en cuando, uno de bajo) pero me extrañó que fuera Oscar el (auto)elegido para interpretarlo. Extraña ceremonia de inmolación porque a lo más que llegó fue al riff del “Balls to the walls” porque lo demás fue desolador, tenía problemas hasta para pisar la pedalera. Inconcebible. Siguiendo con la faceta instrumental de la banda, “Reign of the hammer” fue el preludio de su himno “Hammerfall”, claro anticipo de lo que vendría después, la conclusión del concierto antes de los bises. Lo de “Hammerfall” sí que me duele porque entiendo que al llamarla como ellos deban de tocarla pero eso perjudica a la pléyade de joyas que contiene su debut que permanecen durmiendo el sueño de los justos.

Había sido una hora y cuarto, tiempo insuficiente a todas luces que iban a compensar en este período añadido. Como es tradición, su último single ejerció de hilo conductor en su retorno a las tablas. Muy bien tocada, “Natural high” ganó enteros en vivo y se convirtió en una de las más destacables aunque no tanto como la genial “Glory to the brave” que toda la sala al unísono coreo con pasión. Con “Heeding the call” volvieron a desparecer y los fans se quedaron gritando “Hearts of fire! Hearts of fire!”. Que no diga Joacim que como habíamos sido muy buenos, nos la daban de regalo porque todo estaba preparado para que la principal canción de “Crimson thunder” cerrara una actuación con altibajos. Dentro de las ocho que he visto la situaría en el medio en cuanto a impresión por los altibajos que tuvo. Para mí, pocos temas, demasiadas tonterías, algunos fallos garrafales, solos sonrojantes,... por el contrario, el comienzo fue notable, la dupla “A legend reborn” - “Renegade” se salió y los dos primeros bises me ilusionaron. Conclusión, si Hammerfall estuvieron bien, The Poodles notables y Krokus sobresalientes, me fui contento a casa. Creo que el resto del público, aunque sea por motivos diferentes, también.


Hammerfall

 

 

 

 

 

 


The Poodles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Krokus

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Hammerfall

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.hammerfall.net --- http://krokusonline.seven49.net --- http://www.pooodles.net

Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego