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IN EXTREMO

Sala Heiniken (Madrid) 14/03/2007

A pocos grupos he visto en mi vida que sean capaces de levantar festivales y no me refiero a ese conjunto que llevas tiempo intentando disfrutar en directo, al que esperas durante dos o tres días hasta su actuación, sino a aquellos que pareciéndote buenos, o bastante buenos, tampoco son la razón de tu desplazamiento al evento de turno. In Extremo son de los contados nombres que pueden presumir de este honor. Recuerdo que el Atarfe 2006 no me estaba resultando especialmente grato. Sí, vale, había visto a Vicious Rumors dos veces en veinticuatro horas (con un sonido infame), a Nuclear Assault o Testament, me reencontré con Impaled Nazarene, pero la decepción de Virgen Steele, el atoramiento de Blackie y sus WASP, o los pesadísimos (esa noche) Gamma Ray casi acaban con mi paciencia. Sin embargo, allí estaban ellos, “una banda más” en el cartel, sacando su barco (lástima que faltara el timón) y sus trajes marineros para ofrecernos una hora de diversión posteriormente refrendada por Stryper.

Esta vez no había festival de por medio sino gira europea, un riesgo para una formación muy grande en su Alemania natal pero difícil para el público europeo debido al idioma y a su peculiar concepción de entender la música, a medio camino entre el folk y el metal pesado con gran cantidad de instrumentos de fabricación propia. Sinceramente dudaba de la capacidad de convocatoria que pudieran tener pero la sala Heineken presentó más de tres cuartos de entrada, un lleno aparente para aplaudir a los de Berlín que acudieron sin teloneros a la cita dispuestos a no chocarse mucho en el minúsculo escenario capitalino.

Pasaban unos minutos de las nueve cuando enfundados en ropajes del medievo (excepto Dr. Pymonte), comenzaron con los acordes de “Raue see”, el tema de apertura de “Mein rasend herz”, su último trabajo en estudio. Lo más reciente que han editado es un recopilatorio y el DVD en directo con lo que nos disponíamos a vivir un “best of” de su carrera con alguna sorpresa agradable. Como era lógico, en un recinto tan minúsculo y con unas gaitas tan grandes, el vocalista Das Letzte Einhorn se tenía hasta que agachar para no ser golpeado mientras que la “sección heavy”, es decir, el guitarra Der Lange y el bajista Die Lutter permanecían en segundo plano escoltando al baterista Der Morgenstern. Por su parte, el lado folk de la banda era el más activo con los siempre móviles (a pesar de las circunstancias) Yellow Pfeiffer y Flex Der Biegsame, y el enorme (en todos los sentidos) multiinstrumentista Dr. Pymonte encaramado a sus diversos aparatos, aunque con preferencia por el arpa.

El sonido comenzó un tanto obtuso pero se fue arreglando aun sin llegar a ser del todo perfecto ya que, por ejemplo, una de las gaitas apenas se oía. A Der Letzte Einhorn sí que se le distinguió su voz poderosa cuando cantaba y ese inglés tan teutón en el momento de presentar los temas. Por cierto, impagable la salutación de “bona nit”, je, je. “Spielmannsfluch” trajo los primeros bailes entre un público entusiasta que intentaba acompañar con los coros para risas varias de los miembros del grupo. Como he comentado antes, sí hubo lugar a algunas composiciones no esperadas entre ellas “Hiemali tempore” del lejano “Weckt die toten” que si bien está incluida en el reciente recopilatorio no creo haberla escuchado nunca en un concierto de In Extremo. Mucho más novedosa es “Horizont” donde no llevaron los coros femeninos pregrabados y que fue de las pocas que me dejó indiferente.

Probablemente sea “Sünder ohne zügel” su álbum más exitoso o el del despegue definitivo. “Wind” comenzaba esa obra con unas guitarras muy cañeras, quizá las más pesadas y modernas de su carrera, que en esta velada provocaron el headbanging del respetable. Después del torbellino, Der Letzte Einhorn se enfundó una especie de capa vieja de fraile y junto al arpa de Dr. Pymonte encararon “Wessebroner gebet”, un tema que me produce especial melancolía y no sé por qué, pero es algo que me sucede con varias de sus canciones aun siendo festivas. De nuevo a la carga de la mano de “Erdbeermund” de “7” donde guitarras y base rítmica se funden en uno. Este tema abrió camino para un monográfico de ese disco, casi seguidas cayeron “Ave María”, muy coreada y acompañada por las palmas de los seguidores, la fundamental “Küss mich” y la trallera “Sagrada trobar” que, personalmente, no es de mis preferidas.

Intercalada entre los cortes de “7”, una canción que presentaron como la primera composición de In Extremo, que ya venía en su demo homónima de 1996, “Ai Vis Lo Loop” y que provocó una curiosa situación ya que el vocalista pidió la colaboración del público que, la verdad, estuvo bastante más atinado de lo que esperaba con la pronunciación del alemán. Cuando rondábamos la hora de actuación también aparecieron otras dos de “Sünder ohne zügel”, la no esperada para nada “Krummavisur” (raro que no tocaran la habitual “Merseburger Zaubersprüche II”) y la imprescindible “Omnia sol temperat” que suele provocar una fiesta entre la audiencia.

Ya que los conocí con “Verehrt und angespien” me encanta que recuerden ese disco, en particular “Herr mannelig”, no sólo por lo buena que es sino porque está cantada en sueco (Inciso: Normalmente solían interpretar “Ich kenne alle” o “Vänner och frände” pero en esta gira han sido suprimidas). Eso sí, reconozco que el lavado de cara que le han hecho de unos años a esta parte le hace perder valoración. Con todo, de las mejores y es que nos enfrentábamos a los últimos temas, los más conocidos por todos salvo el interesante lapsus de “Rotes haar”, otra de “Weckt die toten”, que se configura como una de esas canciones para lucimiento de los músicos, con un aire lúgubre y oscuro. La traca final llegó con “Vollmond”, sencillamente brutal y coincido con la mayoría en que es la mejor canción de In Extremo, apoteósica. Para cerrar, “Mein rasend herz” y la irlandesa “Liam”, ambas de “Mein rasend herz” que pusieron el colofón a más de hora y media excelente.

Con el público ávido de más música, coreando el nombre del grupo y aguardando con impaciencia su salida, me vino el pensamiento de que no necesitan tampoco grandes escenarios para demostrar que en directo su propuesta funciona de maravilla. No niego que con pirotecnia y montaje escénico aún ganas más pero así me vale de sobra. A todo esto, volvieron con más cosas recientes como la fantástica “Poc vecem” y “Nur ihn allein”. Con los fans absolutamente satisfechos se marcharon como siempre con “Villeman og magnhild”, ese tema de folk nórdico que en su momento apareciera en el disco “Nordavind” de Storm, proyecto efímero de Satyr (Satyricon), Fenriz (de muchos pero sobre todo de Dark Throne) y Kari Rueslatten (en aquellos años de los nunca bien ponderados The 3rd and the mortal). Entre gaitas del medievo concluyeron casi dos horas de muy buen espectáculo a cargo de unos In Extremo que evidenciaron que su oferta no debería estar restringida al mercado alemán en el que llevan diez años despuntando. Rammstein, con la tercera parte de calidad, son estrellas mundiales. ¿Por qué ellos no? La respuesta en el próximo capítulo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego