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A pocos grupos
he visto en mi vida que sean
capaces de levantar festivales
y no me refiero a ese conjunto
que llevas tiempo intentando
disfrutar en directo, al que
esperas durante dos o tres días
hasta su actuación, sino
a aquellos que pareciéndote
buenos, o bastante buenos, tampoco
son la razón de tu desplazamiento
al evento de turno. In Extremo
son de los contados nombres
que pueden presumir de este
honor. Recuerdo que el Atarfe
2006 no me estaba resultando
especialmente grato. Sí,
vale, había visto a Vicious
Rumors dos veces en veinticuatro
horas (con un sonido infame),
a Nuclear Assault o Testament,
me reencontré con Impaled
Nazarene, pero la decepción
de Virgen Steele, el atoramiento
de Blackie y sus WASP, o los
pesadísimos (esa noche)
Gamma Ray casi acaban con mi
paciencia. Sin embargo, allí
estaban ellos, “una banda
más” en el cartel,
sacando su barco (lástima
que faltara el timón)
y sus trajes marineros para
ofrecernos una hora de diversión
posteriormente refrendada por
Stryper.
Esta vez no
había festival de por
medio sino gira europea, un
riesgo para una formación
muy grande en su Alemania natal
pero difícil para el
público europeo debido
al idioma y a su peculiar concepción
de entender la música,
a medio camino entre el folk
y el metal pesado con gran cantidad
de instrumentos de fabricación
propia. Sinceramente dudaba
de la capacidad de convocatoria
que pudieran tener pero la sala
Heineken presentó más
de tres cuartos de entrada,
un lleno aparente para aplaudir
a los de Berlín que acudieron
sin teloneros a la cita dispuestos
a no chocarse mucho en el minúsculo
escenario capitalino.
Pasaban unos
minutos de las nueve cuando
enfundados en ropajes del medievo
(excepto Dr. Pymonte), comenzaron
con los acordes de “Raue
see”, el tema de apertura
de “Mein rasend herz”,
su último trabajo en
estudio. Lo más reciente
que han editado es un recopilatorio
y el DVD en directo con lo que
nos disponíamos a vivir
un “best of” de
su carrera con alguna sorpresa
agradable. Como era lógico,
en un recinto tan minúsculo
y con unas gaitas tan grandes,
el vocalista Das Letzte Einhorn
se tenía hasta que agachar
para no ser golpeado mientras
que la “sección
heavy”, es decir, el guitarra
Der Lange y el bajista Die Lutter
permanecían en segundo
plano escoltando al baterista
Der Morgenstern. Por su parte,
el lado folk de la banda era
el más activo con los
siempre móviles (a pesar
de las circunstancias) Yellow
Pfeiffer y Flex Der Biegsame,
y el enorme (en todos los sentidos)
multiinstrumentista Dr. Pymonte
encaramado a sus diversos aparatos,
aunque con preferencia por el
arpa.
El sonido comenzó
un tanto obtuso pero se fue
arreglando aun sin llegar a
ser del todo perfecto ya que,
por ejemplo, una de las gaitas
apenas se oía. A Der
Letzte Einhorn sí que
se le distinguió su voz
poderosa cuando cantaba y ese
inglés tan teutón
en el momento de presentar los
temas. Por cierto, impagable
la salutación de “bona
nit”, je, je. “Spielmannsfluch”
trajo los primeros bailes entre
un público entusiasta
que intentaba acompañar
con los coros para risas varias
de los miembros del grupo. Como
he comentado antes, sí
hubo lugar a algunas composiciones
no esperadas entre ellas “Hiemali
tempore” del lejano “Weckt
die toten” que si bien
está incluida en el reciente
recopilatorio no creo haberla
escuchado nunca en un concierto
de In Extremo. Mucho más
novedosa es “Horizont”
donde no llevaron los coros
femeninos pregrabados y que
fue de las pocas que me dejó
indiferente.
Probablemente
sea “Sünder ohne
zügel” su álbum
más exitoso o el del
despegue definitivo. “Wind”
comenzaba esa obra con unas
guitarras muy cañeras,
quizá las más
pesadas y modernas de su carrera,
que en esta velada provocaron
el headbanging del respetable.
Después del torbellino,
Der Letzte Einhorn se enfundó
una especie de capa vieja de
fraile y junto al arpa de Dr.
Pymonte encararon “Wessebroner
gebet”, un tema que me
produce especial melancolía
y no sé por qué,
pero es algo que me sucede con
varias de sus canciones aun
siendo festivas. De nuevo a
la carga de la mano de “Erdbeermund”
de “7” donde guitarras
y base rítmica se funden
en uno. Este tema abrió
camino para un monográfico
de ese disco, casi seguidas
cayeron “Ave María”,
muy coreada y acompañada
por las palmas de los seguidores,
la fundamental “Küss
mich” y la trallera “Sagrada
trobar” que, personalmente,
no es de mis preferidas.
Intercalada
entre los cortes de “7”,
una canción que presentaron
como la primera composición
de In Extremo, que ya venía
en su demo homónima de
1996, “Ai Vis Lo Loop”
y que provocó una curiosa
situación ya que el vocalista
pidió la colaboración
del público que, la verdad,
estuvo bastante más atinado
de lo que esperaba con la pronunciación
del alemán. Cuando rondábamos
la hora de actuación
también aparecieron otras
dos de “Sünder ohne
zügel”, la no esperada
para nada “Krummavisur”
(raro que no tocaran la habitual
“Merseburger Zaubersprüche
II”) y la imprescindible
“Omnia sol temperat”
que suele provocar una fiesta
entre la audiencia.
Ya que los
conocí con “Verehrt
und angespien” me encanta
que recuerden ese disco, en
particular “Herr mannelig”,
no sólo por lo buena
que es sino porque está
cantada en sueco (Inciso: Normalmente
solían interpretar “Ich
kenne alle” o “Vänner
och frände” pero
en esta gira han sido suprimidas).
Eso sí, reconozco que
el lavado de cara que le han
hecho de unos años a
esta parte le hace perder valoración.
Con todo, de las mejores y es
que nos enfrentábamos
a los últimos temas,
los más conocidos por
todos salvo el interesante lapsus
de “Rotes haar”,
otra de “Weckt die toten”,
que se configura como una de
esas canciones para lucimiento
de los músicos, con un
aire lúgubre y oscuro.
La traca final llegó
con “Vollmond”,
sencillamente brutal y coincido
con la mayoría en que
es la mejor canción de
In Extremo, apoteósica.
Para cerrar, “Mein rasend
herz” y la irlandesa “Liam”,
ambas de “Mein rasend
herz” que pusieron el
colofón a más
de hora y media excelente.
Con el público
ávido de más música,
coreando el nombre del grupo
y aguardando con impaciencia
su salida, me vino el pensamiento
de que no necesitan tampoco
grandes escenarios para demostrar
que en directo su propuesta
funciona de maravilla. No niego
que con pirotecnia y montaje
escénico aún ganas
más pero así me
vale de sobra. A todo esto,
volvieron con más cosas
recientes como la fantástica
“Poc vecem” y “Nur
ihn allein”. Con los fans
absolutamente satisfechos se
marcharon como siempre con “Villeman
og magnhild”, ese tema
de folk nórdico que en
su momento apareciera en el
disco “Nordavind”
de Storm, proyecto efímero
de Satyr (Satyricon), Fenriz
(de muchos pero sobre todo de
Dark Throne) y Kari Rueslatten
(en aquellos años de
los nunca bien ponderados The
3rd and the mortal). Entre gaitas
del medievo concluyeron casi
dos horas de muy buen espectáculo
a cargo de unos In Extremo que
evidenciaron que su oferta no
debería estar restringida
al mercado alemán en
el que llevan diez años
despuntando. Rammstein, con
la tercera parte de calidad,
son estrellas mundiales. ¿Por
qué ellos no? La respuesta
en el próximo capítulo.
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