Principal / Planeta Sonoro / Crónicas / Interpeñas Metal 2007
INTERPEÑAS METAL 2007: ICED EARTH + MAGO DE OZ + ANNIHILATOR + TURISAS

Recinto Interpeñas (Zaragoza) 12-10-2007

Las fiestas patronales de los pueblos y ciudades de España son el acontecimiento esperado del año para los lugareños. No obstante, existen algunas que trascienden de lo meramente local y pasar a tener repercusión nacional o, incluso, internacional: Los Sanfermines, Fallas, Feria de Sevilla,… En el Pilar concurren dos circunstancias, la propia importancia en sí del evento y el hecho de que sea festivo en todo el territorio. Encontrar un hotel el día grande es misión imposible, máxime cuando esa misma fecha se celebraba el segundo de los conciertos de la gira de retorno de Héroes del Silencio, primero que se anunció y se puso a la venta con lo que la afluencia de seguidores de otras provincias fue masiva.

En este contexto, y con las calles y plazas de Zaragoza atestadas de gente con los trajes típicos y el cachirulo, llegaba un tour en el que tenía puestas grandes expectativas pero, a la vez, me sembraba muchas dudas. Después de tres años de sequía discográfica, Jon Schaffer ponía fin a su letargo compositivo con “Framing armageddon”, donde retoma y desarrolla en profundidad la saga de “Something wicked”, algo que se está convirtiendo en recurrente aunque parece que Iced Earth no han naufragado tanto como otros en esta materia (véase “Keeper 3: The legacy” de Helloween). Además, los dioses canadienses Annihilator, unos meses después de su actuación con Trivium, y los finlandeses Turisas, representantes del ya prostituido viking metal porque a demasiadas cosas se les llama de esta forma últimamente.

El concierto tenía lugar en el recinto Interpeñas. Sito a las afueras de la ciudad, como su nombre indica, es el lugar donde se reúne la gente de las peñas en unas enormes carpas que se dividen en dos partes, la dedicada al yantar y el beber llena de barras kilométricas y la más diáfana (sólo con una barra en cada lateral) en cuyo fondo de ubica el escenario. Teóricamente, y debido a la actuación, hasta una hora determinada, me dijeron que sobre las 0:30 o la 1:00, no dejarían entrar nada más que a los que pagaban y algún representante de peñas entre quienes se distribuyeron entradas. Comento esto porque unas chicas se nos acercaron cuando llegábamos a la explanada de acceso ofreciéndonos tickets a precio más bajo y os aseguro que no tenían cara de conocer a Iced Earth y demás intervinientes. Este detalle es importante porque, inicialmente, la gira estaba prevista que pasara por Madrid pero terminó en Zaragoza, entiendo que por dos motivos: Para enmarcarla dentro del Interpeñas Metal que anualmente se celebra y porque imagino que al promotor le sale más rentable ya que este festival seguro que tiene alguna subvención (aunque sea en especie) y por “colar de rondón” a los inefables Mägo de Oz, para satisfacer a otro tipo de público, supongo que les saldría rentable la jugada de llevárselo a Zaragoza.

Sea como fuere, largo rato tuvimos que esperar porque a pesar de que se había previsto las siete como hora de apertura de puertas, éstas no se abrieron hasta casi sesenta minutos después. La cola no era muy larga, pero sí que varios centenares de personas se agolpaban en la verja de acceso. Es difícil realizar un cálculo exacto pero en el momento de máxima afluencia de gente de pago habría unos 1.200 asistentes, más o menos. No contentos con eso, y vista la incertidumbre que se generaba, desde la organización de Rock N Rock y para completar una semana fatídica (ver crónica de Dimmu Borgir), nos anunciaron que el concierto se retrasaba porque el autobús se Iced Earth se había averiado aunque, afortunadamente, ya estaban llegando y su actuación se desarrollaría sin más impedimentos.

Total, que de las ocho de la tarde como hora fijada pasamos a las nueve y media, momento en el que Turisas saltaron a escena de una forma un tanto precipitada y en mitad de la intro “Victoriae & triumphi dominus”. El sexteto, ataviado con sus pieles y con el maquillaje no del todo completo, disponía de muy poco tiempo por lo que decidieron aprovecharlo con intensidad. Con una audiencia muy receptiva y con ganas de jolgorio (entre los múltiples adolescentes, el alcohol empezaba a hacer efecto), comenzaron con “As torches rise” un repertorio minúsculo y un tanto desconcertante porque su nueva obra, “The varangian way”, pasó de puntillas por Zaragoza. El sonido era defectuoso porque el acordeón ni se escuchaba, los coros a ratos y la batería quedaba opaca, pero como la voz estaba ahí y el violín se arregló durante el primer tema, el hecho de que los cortes escogidos fueran entre el medio tiempo y los aires más festivos hizo que todos los presentes se pusieran a botar, algo que no ocurrió de un modo tan global en Annihilator y Iced Earth. “To Holmgard and beyond” y “A portage to the unknown” quedaron como únicas representantes de su reciente entrega y, a decir verdad, están en un nivel inferior a las composiciones de “Battle metal”. “A portage to the unknown” fue anunciada por el vocalista Mathias Nygard con una canción para disfrutar cerveza en mano. Muchos se aplicaron el cuento.

Turisas, a pesar de la frialdad nórdica, creo que estaban alucinando con la respuesta de la gente y se enardecieron cuando llegó el momento álgido de su actuación, que no fue otro que la espectacular versión del clásico de la música disco, “Rasputin”, de Boney M, mítica banda que arrasó las listas europeas a finales de los setenta. Un poco acelerada respecto al single y con el convencimiento que tengo de que la gran mayoría del público no sabe quiénes eran Boney M, dio igual porque Turisas y fans se lo pasaron en grande. Para concluir, su tema más representativo, “Battle metal”, épica y vibrante, que cerró escasos veintiocho minutos de notable show. Aunque en estudio no me gustan en demasía, sobre el escenario Turisas cumplieron bien con la labor de entretener.

Poco más se puede comentar de Annihilator que no hayamos hecho ya en estas páginas. Profesar mi amor por Jeff Waters sería redundar en algo dicho por activa y pasiva durante años. Desgraciadamente, se han visto relegados a ocupar el mero papel de teloneros sin tener la oportunidad de presenciar una descarga completa de los canadienses desde su época con Joe Comeau. Hace poco, como se ha mencionado, les vimos abriendo para Trivium. Aunque el tipo de público era esencialmente distinto, creo que Annihilator podían y deberían haberle dado un vuelco al set list con relación a aquel tour porque poseen canciones de sobra para rellenar los escasos cuarenta minutos de que disponían.

En un inicio que ya se puede considerar como clásico, Jeff Waters dijo eso de: “King of the kill!!!!”. Y la fiesta comenzó con este trallazo que daba nombre a su cuarto disco. Para variar con este grupo, otra vez movimiento en la formación respecto a la que estuvo hace unos meses por estas tierras. Además de Waters y el polémico Dave Padden, para completar el cuarteto 100% canadiense tuvimos a David Sheldon al bajo, con unas pintas parecidas a las de Padden, y Ryan Ahoff como baterista que, curiosamente, fue el mismo que en el Metalway 2006. El sonido no fue todo lo nítido que cabía esperar. Las voces se oían bien pero tanto las guitarras como la batería no ensamblaban y dejaban un regusto un tanto destartalado. No es que fuera malo pero sí que podría haber dado más juego.

Con poco margen para la sorpresa continuaron con “Operation Annihilation” de su último trabajo “Metal”. La audiencia no era tan receptiva en su conjunto pero sí que existían más fanáticos de los canadienses que alucinaban con las ya clásicas poses y carreras de Waters y su increíble habilidad con las seis cuerdas. “Clown parade” fue la segunda canción elegida para representar a esa reciente obra que tanta controversia ha generado y que, sin ser de las más destacables de su trayectoria, tampoco me parece tan alejada. El micrófono de Padden estaba algo más bajo que el de Jeff con lo que repercutía un poco en las interpretaciones.

Siguiendo con el cariz previsible del show, la intro de “Set the world on fire” nos llevó a una de las composiciones más celebradas de la velada, bien ejecutada vocalmente y con la gente haciendo headbanging y acompañando en el estribillo. El único problema que le veía al concierto (independientemente de que podía haber sonado mejor) es que me parecía que ya había estado ahí hace unos meses cambiando el recinto Interpeñas por el calor asfixiante de la sala Heineken de Madrid. Esta sensación se acrecienta con “Never, neverland” aunque es evidente que para Waters ésta debe caer siempre. Por cierto, Padden se encarga de destrozar habitualmente el tema y esta noche no fue menos. Que conste que yo no soy un detractor de Dave, en disco me gusta y en directo se defiende con muchos los cortes antiguos, pero en concreto “Never, neverland” le supera. Deberían replantearse para el futuro dejarla de lado en el repertorio.

Casi la única novedad de la noche fue la recuperación de “Welcome To Your Death”. Se quedó en el tintero en el Metalway y no apareció en la gira con Trivium con lo que fue un placer volver a oírla, con Waters encargado del apartado vocal. Para mí, éste resultó el momento más brillante que se vio prolongado con otra de mis favoritas, “Phantasmagoria”, una canción con una colección de riffs más amplia que la que podíes oír discografía de muchos grupos. Casi sin darnos cuenta, estábamos llegando al final que, como era lógico, recaía en “Alison hell” que terminó por desatar la locura de los fans.

Obviamente, no es la actuación más memorable que he visto de los canadienses (ya era la novena vez). Hubo cosas que yo, personalmente, cambiaría, en forma de set list principalmente, pero eso no quita para afirmar con rotundidad que estuvieron notables, puntuación que siempre garantiza una banda tan excepcional como ellos. Ojalá que, por fin, el año que viene nos visiten con un show completo de cabezas de cartel. ¡Se lo merecen!

Una vez concluido Annihilator y casi mientras se despedían, nuestras peores pesadillas se confirmaron. La organización anunció que debido al problema del autobús, se veían obligados a cambiar el orden programado con lo que los siguientes en salir a escena eran Mägo de Oz. Por muchos motivos esta noticia suponía un jarro de agua fría. Sinceramente, los madrileños me importan poco o nada desde hace años y, sobre todo, había que regresar a la capital de España cuando terminaran Iced Earth y este cambio de planes influía en el cansancio acumulado para el viaje de vuelta. No obstante, como hay que intentar sacar el lado positivo, sería una forma de volver a reencontrarme con Mägo de Oz porque, si mal no recuerdo, la última vez que estuve en un concierto suyo fue cuando presentaron tres días seguidos “Finisterra” en Madrid. Allí acudí porque Skyclad eran los teloneros pero unos días antes se anunció la marcha de Martin Valkyrier y mi ilusión se difuminó. Con todo, vi a Mägo y no me gustaron nada. Si encima le añadimos que “Finisterra” pero, sobre todo, los dos “Gaia” me parecen insuficientes, imaginaos.

Cuarenta y cinco minutos tuvimos que esperar hasta que aparecieron. José no se cortó a lo largo de su actuación en recordarnos que salían de forma precipitada, que tenían que empezar una hora después y tal y tal… En fin, centrándonos en su descarga, uno no puede sino comenzar afirmando que el repertorio fue muy confuso y extraño. No digo malo, más bien raro. Justo acaban de terminar lo que será su próxima entrega, “La ciudad de los árboles”, pero de esto no se hizo mención. Tampoco, y eso sí que sorprende, hubo referencia alguna a “Gaia II”, nada de nada, y de la primera parte de esta trilogía aún inconclusa únicamente “La costa del silencio”. Total, que casi parecíamos adentrarnos en una máquina del tiempo que nos llevó, básicamente, a los días de “Finisterra”.

Después de una intro formada por trozos de canciones de “Los payasos de la tele” (¿alegoría quizá?), Mägo, sin Jorge Salán pero sí con la gran Patricia Tapia de Nexx, abrieron fuego con “T´esnucaré contra el bidé”, como parece están haciendo en esta racha de actuaciones de los últimos meses. El sonido era bastante aturullado pero a sus seguidores les daba exactamente igual. Si bien con “T´esnucaré” saltaron pero más por ser el inicio que por conocimiento de la canción, cuando Mohammed y Fernando Ponce entonaron las melodías festivas y supuestamente celtas, muchos de los asistentes empezaron a bailar, al fin y al cabo, estábamos en unas fiestas populares… ¿o no?

Con “El hijo del blues” casi quedé aún más desconcertado. Otra más de su lejano primer trabajo. Hasta aquí no quise formarme opinión sobre las prestaciones de la voz de José porque al no ser temas que originariamente cantase pueden dar una impresión equivocada. Eso sí, llegó “El que quiera entender que entienda” y ahí ya no hubo duda. Uno puede escuchar un disco y pensar que tal o cual es un excelente músico pero donde se demuestra es en directo. Y en este Interpeñas, el señor José Andrea suspendió de largo. No entonaba bien, vocalizar lo justito, los coros se los hacía Patricia y él se dedicaba a pegar berridos con ese timbre agudo tan desagradable que posee. Un desastre.
No me acuerdo muy bien del orden de los temas pero sí de todos los que interpretaron. Algo que tampoco me agradó nada fueron las largas pausas que hacían entre canción y canción lo que contribuía al tedio de aquellos que ansiábamos ver ya a Jon Schaffer, Tim Owens y demás. “Hasta que el cuerpo aguante” resultó aceptable y el único instante notable de Mägo de Oz acaeció con “Astaroth”. Aquí Patricia cobra protagonismo e, incluso, la dejan en soledad un par de minutos en el escenario para hacer a capella un extracto de un tema de Janis Joplin. En “Astaroth” se marca un dueto con José en el que le supera claramente pero, al menos, el cantante principal se esfuerza para no quedar demasiado mal. Por cierto, Patricia en ocasiones se animaba a hacer “coreografías” con el resto de componentes, algo que no me gusta en absoluto porque ella vale mucho más que todas estas cosas.

Con “La costa del silencio” nos metimos casi de lleno en la sección “conocidas 40 principales”. A mí es una composición que no me dice absolutamente nada, con ese supuesto buen rollito que desprende. Parecía que “Jesús de Chamberí”, su mejor obra con muchísima diferencia respecto al resto, iba a quedar inédito pero no, la maravillosa “El cantar de la luna oscura” fue convenientemente destrozada olvidándose deliberadamente de su principio acústico, y esos que habían sacado guitarras acústicas un rato antes. Con “Fiesta pagana” aquello ya fue una charanga (qué enfermo me pone lo de “cabroooonessss”) y “Molinos de viento” era una buena canción, aunque no la más destacada de “La leyenda de la Mancha”, asfixiada por su sobre exposición.

Apenas una hora de actuación que a mí me pareció eterna aunque supongo que sus seguidores se quedarían con ganas de más. Desde luego, si mi desconexión a la música de Mägo de Oz era palpable desde hace años, este directo no me llevó a recobrar ninguna fe. Todo lo contrario, corroboró lo que siempre he pensado de José Andrea: Cantante increíblemente bien considerado que no cumple las expectativas. Del resto del grupo, poco que comentar. Para olvidar.

Era muy tarde y, por lo que nos contaron, tradicionalmente se abren las puertas del festival cuando termina el último grupo extranjero para que los nacionales cierren el evento. Pero claro, como aquí se había alterado el orden y el retraso era ya considerable, resulta que cuando se produjo la entrada masiva de gente de fiesta o procedentes del concierto de Héroes del Silencio, Iced Earth no habían salido. Esto dio lugar a algunas anécdotas tipo: “¿Estos cómo se llaman?” “No son españoles, ¿no?” etc. Eso sí, la carpa se puso a reventar aunque en el fondo sólo las quince o veinte primeras filas estaban metidos de lleno en la descarga de la banda originaria de Tampa.

Con un telón evocando la portada de su reciente “Framing armageddon” y cuando el reloj nos decía que ya habían pasado ochenta minutos del 13 de octubre, el quinteto estadounidense apareció en el gran escenario mientras “Overture”, la intro que da inicio a “Framing armageddon”, atronaba en la madrugada maña. Huelga comentar que su álbum recién estrenado abunda en la saga “Something wicked” que tan buenos frutos les dio. Este disco es en su conjunto conceptual por lo que entendíamos que el repertorio estaría lleno de conexiones al presente y pasado de la historia algo que, a la postre, no ocurrió.

Una vez concluida “Overture”, “Something wicked part 1” nos proporcionó una pista errónea porque sí, al comienzo, todo iba seguido. Después de “Something wicked part 1” y en forma de pregrabados llegaron “Invasion” y “Motivation of man” para enlazar con “Setian massacre”, es decir, las cinco primeras composiciones de “Framing armageddon” seguidas. El técnico de sonido debía llevar tapones porque por delante todo estaba demasiado alto y saturado. Posteriormente, avanzado el show, nos retrasamos unos metros y se notó bastante diferencia. Sea como fuere, al que sí escuchamos bien fue al gran Tim Owens, brutal con su voz en los temas “propios” y en el punto de mira (para mí, injusto) de muchos en los de Matt Barlow o anteriores.

Una breve salutación al respetable y primera en la frente con “Burning times”. Ahí se puede decir que arrancó el concierto, con esta joya que abría “Something wicked this way comes” con un tremendo solo que Troy Steele no acertó a clavar. Sin solución de continuidad, “Declaration day”, sin himno americano de por medio, un tema que me encanta y “Violate”, recuperada desde aquel memorable “Alive in Athens”. No sé si por la tardanza y los retrasos, el caso es que Iced Earth salieron directos y a por todas. No es que estuvieran especialmente enchufados porque ni Owen ni Schaffer (el resto son acompañantes) son animales de escena pero sí que era una máquina poco emotiva pero engrasada en todos sus componentes.

Para seguir dando protagonismo a “The dark saga”, la cañera “Vengeance is mine” sirvió para observar las grandes cualidades del baterista Brent Smedley y un Dennis Hayes que vuelve a ser compañero de Owens tras más de una década en la compartían penurias en Winters Bane. Los coros se oían más bien poco si bien Schaffer tampoco hacía demasiado por acercarse al micrófono. Al concluir “A charge to keep”, otra nueva, Tim dejó por unos minutos el escenario dejando a Jon la voz cantante algo que nunca había visto y eso que era mi quinto concierto de Iced Earth. El altivo guitarrista pidió disculpas por el retraso y encaró una de mis preferidas, “Stormrider”. Otras veces les había visto ejecutar “Prime evil” pero no “Stormrider”, si bien he de decir que no estuvieron brillantes, en especial Schaffer. Me pareció más un ejercicio de autosugestión por mi parte porque quedé satisfecho.

Ya con el quinteto al completo de nuevo, cayó algo de “Horror show”. No es un disco que me atraiga especialmente (de los que grabaron con Barlow es el más flojo) pero siempre tocan “Wolf” o “Dracula”, en particular esta última que fue la elegida. ¡Ay ese “The phantom opera ghost”! ¿Qué estaba pasando hasta entonces? Es difícil adivinar. La mezcla de cansancio y ausencia de grandes himnos para corear (salvo “Burning times” y “Declaration day”) supuso que el público no estuviera demasiado animado. Sin embargo, creo que un “die hard fan” de Iced Earth tenía que estar satisfecho porque el set list era bastante poco predecible hasta aquí.

En adelante, la cosa se complicó aún más para muchos de los seguidores porque en una decisión valiente aunque discutible se decantaron casi en exclusiva por temas de la etapa Owens en esta segunda parte. Con “Waterloo” tengo un pequeño problema, no es santo de mi devoción. No entiendo por qué no hacen “Reckoning day” que, además, fue single de “The glorious burden”. Aun así, no sonó mal porque siempre es un placer ver a Owens, ya erigido en estrella de la velada, clavar los registros. “The hunter” devolvió la sonrisa a más de uno, aunque seguramente les hubiera hecho más ilusión “I died for you”, y “Ten thousand strong” sirvió para callar bocas a muchos de los detractores de “Framing armageddon”. En mi opinión, una excelente canción.

Apenas sobrepasaban la hora de actuación cuando Tim anunció que si bien no interpretarían “Gettysburg” entera, sí que iban a tocar la segunda y la tercera parte, “Hold at all costs” y “High water mark”, es decir, veinte minutos seguidos. Veamos, comenzaré diciendo que me alucina “Gettysburg”, para mí lo mejor de “The glorious burden”. Es más, cuando en el Graspop 2004 la hicieron con sus casacas de la Guerra Civil americana y rodeados de cañones me pareció brutal. Incluso en el Interpeñas casi fue mi momento preferido de la noche. Sin embargo, considero que no la deberían haber tocado, ni tan siquiera en formato dos tercios. Si había que reservar veinte minutos a algo, sobre todo sabiendo de qué va “Framing armageddon”, era a la trilogía “Something wicked”, es decir, “Prophecy”, “Birth of the wicked” y “The coming curse”. Cierto es que cae siempre y que no es de la época Owens pero el bajón para muchos (entre los que NO me incluyo) fue considerable. No obstante, creo que con “High water mark” se alcanzaron picos de intensidad remarcables.

De este modo se despidieron Iced Earth. Resulta curioso que en la gira de un disco que reivindica las hazañas de “Something wicked” sólo había tenido cabida “Burning times” cuando en los tours de “Horror show” y “The glorious burden” sonaban seis temas, al menos. Esto se remedió parcialmente con “Melancholy (holy martyr)”, favorita del público y que supuso una bendición para muchos. No les pareció tan bien “My own savior”, del mismo álbum, pero porque no es tan conocida mas a mí me resultó excelente porque “Disciples of the lie”, “Watching over me” o “Stand alone” suelen ser más recurrentes. Para cerrar el festival, cómo no, el tema que les da nombre, “Iced Earth” que tampoco estaría en un ranking personal pero es evidente que tiene que estar siempre que ellos se suben a un escenario.

Mi conclusión es, probablemente, distinta a la de la mayoría. Para mí, Iced Earth estuvieron notables y sólo me aburrieron en momentos muy concretos. Owens sobresaliente y los músicos, pulcros. Con todo, sí acierto a comprender que muchos salieran con una sensación de tedio que ahogaron en el abundante alcohol que regaba el recinto. Nosotros, muertos de sueño, retornamos a Madrid con el “piloto automático” después de una nueva locura metálica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Turisas

 


Annihilator

 

 

 

 


Mägo de Oz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Iced Earth

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.icedearth.com --- http://www.annihilatormetal.com --- http://www.turisas.com --- http://www.magodeoz.com

Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego