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Las fiestas
patronales de los pueblos y
ciudades de España son
el acontecimiento esperado del
año para los lugareños.
No obstante, existen algunas
que trascienden de lo meramente
local y pasar a tener repercusión
nacional o, incluso, internacional:
Los Sanfermines, Fallas, Feria
de Sevilla,… En el Pilar
concurren dos circunstancias,
la propia importancia en sí
del evento y el hecho de que
sea festivo en todo el territorio.
Encontrar un hotel el día
grande es misión imposible,
máxime cuando esa misma
fecha se celebraba el segundo
de los conciertos de la gira
de retorno de Héroes
del Silencio, primero que se
anunció y se puso a la
venta con lo que la afluencia
de seguidores de otras provincias
fue masiva.
En este contexto,
y con las calles y plazas de
Zaragoza atestadas de gente
con los trajes típicos
y el cachirulo, llegaba un tour
en el que tenía puestas
grandes expectativas pero, a
la vez, me sembraba muchas dudas.
Después de tres años
de sequía discográfica,
Jon Schaffer ponía fin
a su letargo compositivo con
“Framing armageddon”,
donde retoma y desarrolla en
profundidad la saga de “Something
wicked”, algo que se está
convirtiendo en recurrente aunque
parece que Iced Earth no han
naufragado tanto como otros
en esta materia (véase
“Keeper 3: The legacy”
de Helloween). Además,
los dioses canadienses Annihilator,
unos meses después de
su actuación con Trivium,
y los finlandeses Turisas, representantes
del ya prostituido viking metal
porque a demasiadas cosas se
les llama de esta forma últimamente.
El concierto
tenía lugar en el recinto
Interpeñas. Sito a las
afueras de la ciudad, como su
nombre indica, es el lugar donde
se reúne la gente de
las peñas en unas enormes
carpas que se dividen en dos
partes, la dedicada al yantar
y el beber llena de barras kilométricas
y la más diáfana
(sólo con una barra en
cada lateral) en cuyo fondo
de ubica el escenario. Teóricamente,
y debido a la actuación,
hasta una hora determinada,
me dijeron que sobre las 0:30
o la 1:00, no dejarían
entrar nada más que a
los que pagaban y algún
representante de peñas
entre quienes se distribuyeron
entradas. Comento esto porque
unas chicas se nos acercaron
cuando llegábamos a la
explanada de acceso ofreciéndonos
tickets a precio más
bajo y os aseguro que no tenían
cara de conocer a Iced Earth
y demás intervinientes.
Este detalle es importante porque,
inicialmente, la gira estaba
prevista que pasara por Madrid
pero terminó en Zaragoza,
entiendo que por dos motivos:
Para enmarcarla dentro del Interpeñas
Metal que anualmente se celebra
y porque imagino que al promotor
le sale más rentable
ya que este festival seguro
que tiene alguna subvención
(aunque sea en especie) y por
“colar de rondón”
a los inefables Mägo de
Oz, para satisfacer a otro tipo
de público, supongo que
les saldría rentable
la jugada de llevárselo
a Zaragoza.
Sea como fuere,
largo rato tuvimos que esperar
porque a pesar de que se había
previsto las siete como hora
de apertura de puertas, éstas
no se abrieron hasta casi sesenta
minutos después. La cola
no era muy larga, pero sí
que varios centenares de personas
se agolpaban en la verja de
acceso. Es difícil realizar
un cálculo exacto pero
en el momento de máxima
afluencia de gente de pago habría
unos 1.200 asistentes, más
o menos. No contentos con eso,
y vista la incertidumbre que
se generaba, desde la organización
de Rock N Rock y para completar
una semana fatídica (ver
crónica de Dimmu Borgir),
nos anunciaron que el concierto
se retrasaba porque el autobús
se Iced Earth se había
averiado aunque, afortunadamente,
ya estaban llegando y su actuación
se desarrollaría sin
más impedimentos.
Total, que
de las ocho de la tarde como
hora fijada pasamos a las nueve
y media, momento en el que Turisas
saltaron a escena de una forma
un tanto precipitada y en mitad
de la intro “Victoriae
& triumphi dominus”.
El sexteto, ataviado con sus
pieles y con el maquillaje no
del todo completo, disponía
de muy poco tiempo por lo que
decidieron aprovecharlo con
intensidad. Con una audiencia
muy receptiva y con ganas de
jolgorio (entre los múltiples
adolescentes, el alcohol empezaba
a hacer efecto), comenzaron
con “As torches rise”
un repertorio minúsculo
y un tanto desconcertante porque
su nueva obra, “The varangian
way”, pasó de puntillas
por Zaragoza. El sonido era
defectuoso porque el acordeón
ni se escuchaba, los coros a
ratos y la batería quedaba
opaca, pero como la voz estaba
ahí y el violín
se arregló durante el
primer tema, el hecho de que
los cortes escogidos fueran
entre el medio tiempo y los
aires más festivos hizo
que todos los presentes se pusieran
a botar, algo que no ocurrió
de un modo tan global en Annihilator
y Iced Earth. “To Holmgard
and beyond” y “A
portage to the unknown”
quedaron como únicas
representantes de su reciente
entrega y, a decir verdad, están
en un nivel inferior a las composiciones
de “Battle metal”.
“A portage to the unknown”
fue anunciada por el vocalista
Mathias Nygard con una canción
para disfrutar cerveza en mano.
Muchos se aplicaron el cuento.
Turisas, a
pesar de la frialdad nórdica,
creo que estaban alucinando
con la respuesta de la gente
y se enardecieron cuando llegó
el momento álgido de
su actuación, que no
fue otro que la espectacular
versión del clásico
de la música disco, “Rasputin”,
de Boney M, mítica banda
que arrasó las listas
europeas a finales de los setenta.
Un poco acelerada respecto al
single y con el convencimiento
que tengo de que la gran mayoría
del público no sabe quiénes
eran Boney M, dio igual porque
Turisas y fans se lo pasaron
en grande. Para concluir, su
tema más representativo,
“Battle metal”,
épica y vibrante, que
cerró escasos veintiocho
minutos de notable show. Aunque
en estudio no me gustan en demasía,
sobre el escenario Turisas cumplieron
bien con la labor de entretener.
Poco más
se puede comentar de Annihilator
que no hayamos hecho ya en estas
páginas. Profesar mi
amor por Jeff Waters sería
redundar en algo dicho por activa
y pasiva durante años.
Desgraciadamente, se han visto
relegados a ocupar el mero papel
de teloneros sin tener la oportunidad
de presenciar una descarga completa
de los canadienses desde su
época con Joe Comeau.
Hace poco, como se ha mencionado,
les vimos abriendo para Trivium.
Aunque el tipo de público
era esencialmente distinto,
creo que Annihilator podían
y deberían haberle dado
un vuelco al set list con relación
a aquel tour porque poseen canciones
de sobra para rellenar los escasos
cuarenta minutos de que disponían.
En un inicio
que ya se puede considerar como
clásico, Jeff Waters
dijo eso de: “King of
the kill!!!!”. Y la fiesta
comenzó con este trallazo
que daba nombre a su cuarto
disco. Para variar con este
grupo, otra vez movimiento en
la formación respecto
a la que estuvo hace unos meses
por estas tierras. Además
de Waters y el polémico
Dave Padden, para completar
el cuarteto 100% canadiense
tuvimos a David Sheldon al bajo,
con unas pintas parecidas a
las de Padden, y Ryan Ahoff
como baterista que, curiosamente,
fue el mismo que en el Metalway
2006. El sonido no fue todo
lo nítido que cabía
esperar. Las voces se oían
bien pero tanto las guitarras
como la batería no ensamblaban
y dejaban un regusto un tanto
destartalado. No es que fuera
malo pero sí que podría
haber dado más juego.
Con poco margen
para la sorpresa continuaron
con “Operation Annihilation”
de su último trabajo
“Metal”. La audiencia
no era tan receptiva en su conjunto
pero sí que existían
más fanáticos
de los canadienses que alucinaban
con las ya clásicas poses
y carreras de Waters y su increíble
habilidad con las seis cuerdas.
“Clown parade” fue
la segunda canción elegida
para representar a esa reciente
obra que tanta controversia
ha generado y que, sin ser de
las más destacables de
su trayectoria, tampoco me parece
tan alejada. El micrófono
de Padden estaba algo más
bajo que el de Jeff con lo que
repercutía un poco en
las interpretaciones.
Siguiendo con
el cariz previsible del show,
la intro de “Set the world
on fire” nos llevó
a una de las composiciones más
celebradas de la velada, bien
ejecutada vocalmente y con la
gente haciendo headbanging y
acompañando en el estribillo.
El único problema que
le veía al concierto
(independientemente de que podía
haber sonado mejor) es que me
parecía que ya había
estado ahí hace unos
meses cambiando el recinto Interpeñas
por el calor asfixiante de la
sala Heineken de Madrid. Esta
sensación se acrecienta
con “Never, neverland”
aunque es evidente que para
Waters ésta debe caer
siempre. Por cierto, Padden
se encarga de destrozar habitualmente
el tema y esta noche no fue
menos. Que conste que yo no
soy un detractor de Dave, en
disco me gusta y en directo
se defiende con muchos los cortes
antiguos, pero en concreto “Never,
neverland” le supera.
Deberían replantearse
para el futuro dejarla de lado
en el repertorio.
Casi la única
novedad de la noche fue la recuperación
de “Welcome To Your Death”.
Se quedó en el tintero
en el Metalway y no apareció
en la gira con Trivium con lo
que fue un placer volver a oírla,
con Waters encargado del apartado
vocal. Para mí, éste
resultó el momento más
brillante que se vio prolongado
con otra de mis favoritas, “Phantasmagoria”,
una canción con una colección
de riffs más amplia que
la que podíes oír
discografía de muchos
grupos. Casi sin darnos cuenta,
estábamos llegando al
final que, como era lógico,
recaía en “Alison
hell” que terminó
por desatar la locura de los
fans.
Obviamente,
no es la actuación más
memorable que he visto de los
canadienses (ya era la novena
vez). Hubo cosas que yo, personalmente,
cambiaría, en forma de
set list principalmente, pero
eso no quita para afirmar con
rotundidad que estuvieron notables,
puntuación que siempre
garantiza una banda tan excepcional
como ellos. Ojalá que,
por fin, el año que viene
nos visiten con un show completo
de cabezas de cartel. ¡Se
lo merecen!
Una vez concluido
Annihilator y casi mientras
se despedían, nuestras
peores pesadillas se confirmaron.
La organización anunció
que debido al problema del autobús,
se veían obligados a
cambiar el orden programado
con lo que los siguientes en
salir a escena eran Mägo
de Oz. Por muchos motivos esta
noticia suponía un jarro
de agua fría. Sinceramente,
los madrileños me importan
poco o nada desde hace años
y, sobre todo, había
que regresar a la capital de
España cuando terminaran
Iced Earth y este cambio de
planes influía en el
cansancio acumulado para el
viaje de vuelta. No obstante,
como hay que intentar sacar
el lado positivo, sería
una forma de volver a reencontrarme
con Mägo de Oz porque,
si mal no recuerdo, la última
vez que estuve en un concierto
suyo fue cuando presentaron
tres días seguidos “Finisterra”
en Madrid. Allí acudí
porque Skyclad eran los teloneros
pero unos días antes
se anunció la marcha
de Martin Valkyrier y mi ilusión
se difuminó. Con todo,
vi a Mägo y no me gustaron
nada. Si encima le añadimos
que “Finisterra”
pero, sobre todo, los dos “Gaia”
me parecen insuficientes, imaginaos.
Cuarenta y
cinco minutos tuvimos que esperar
hasta que aparecieron. José
no se cortó a lo largo
de su actuación en recordarnos
que salían de forma precipitada,
que tenían que empezar
una hora después y tal
y tal… En fin, centrándonos
en su descarga, uno no puede
sino comenzar afirmando que
el repertorio fue muy confuso
y extraño. No digo malo,
más bien raro. Justo
acaban de terminar lo que será
su próxima entrega, “La
ciudad de los árboles”,
pero de esto no se hizo mención.
Tampoco, y eso sí que
sorprende, hubo referencia alguna
a “Gaia II”, nada
de nada, y de la primera parte
de esta trilogía aún
inconclusa únicamente
“La costa del silencio”.
Total, que casi parecíamos
adentrarnos en una máquina
del tiempo que nos llevó,
básicamente, a los días
de “Finisterra”.
Después
de una intro formada por trozos
de canciones de “Los payasos
de la tele” (¿alegoría
quizá?), Mägo, sin
Jorge Salán pero sí
con la gran Patricia Tapia de
Nexx, abrieron fuego con “T´esnucaré
contra el bidé”,
como parece están haciendo
en esta racha de actuaciones
de los últimos meses.
El sonido era bastante aturullado
pero a sus seguidores les daba
exactamente igual. Si bien con
“T´esnucaré”
saltaron pero más por
ser el inicio que por conocimiento
de la canción, cuando
Mohammed y Fernando Ponce entonaron
las melodías festivas
y supuestamente celtas, muchos
de los asistentes empezaron
a bailar, al fin y al cabo,
estábamos en unas fiestas
populares… ¿o no?
Con “El
hijo del blues” casi quedé
aún más desconcertado.
Otra más de su lejano
primer trabajo. Hasta aquí
no quise formarme opinión
sobre las prestaciones de la
voz de José porque al
no ser temas que originariamente
cantase pueden dar una impresión
equivocada. Eso sí, llegó
“El que quiera entender
que entienda” y ahí
ya no hubo duda. Uno puede escuchar
un disco y pensar que tal o
cual es un excelente músico
pero donde se demuestra es en
directo. Y en este Interpeñas,
el señor José
Andrea suspendió de largo.
No entonaba bien, vocalizar
lo justito, los coros se los
hacía Patricia y él
se dedicaba a pegar berridos
con ese timbre agudo tan desagradable
que posee. Un desastre.
No me acuerdo muy bien del orden
de los temas pero sí
de todos los que interpretaron.
Algo que tampoco me agradó
nada fueron las largas pausas
que hacían entre canción
y canción lo que contribuía
al tedio de aquellos que ansiábamos
ver ya a Jon Schaffer, Tim Owens
y demás. “Hasta
que el cuerpo aguante”
resultó aceptable y el
único instante notable
de Mägo de Oz acaeció
con “Astaroth”.
Aquí Patricia cobra protagonismo
e, incluso, la dejan en soledad
un par de minutos en el escenario
para hacer a capella un extracto
de un tema de Janis Joplin.
En “Astaroth” se
marca un dueto con José
en el que le supera claramente
pero, al menos, el cantante
principal se esfuerza para no
quedar demasiado mal. Por cierto,
Patricia en ocasiones se animaba
a hacer “coreografías”
con el resto de componentes,
algo que no me gusta en absoluto
porque ella vale mucho más
que todas estas cosas.
Con “La
costa del silencio” nos
metimos casi de lleno en la
sección “conocidas
40 principales”. A mí
es una composición que
no me dice absolutamente nada,
con ese supuesto buen rollito
que desprende. Parecía
que “Jesús de Chamberí”,
su mejor obra con muchísima
diferencia respecto al resto,
iba a quedar inédito
pero no, la maravillosa “El
cantar de la luna oscura”
fue convenientemente destrozada
olvidándose deliberadamente
de su principio acústico,
y esos que habían sacado
guitarras acústicas un
rato antes. Con “Fiesta
pagana” aquello ya fue
una charanga (qué enfermo
me pone lo de “cabroooonessss”)
y “Molinos de viento”
era una buena canción,
aunque no la más destacada
de “La leyenda de la Mancha”,
asfixiada por su sobre exposición.
Apenas una
hora de actuación que
a mí me pareció
eterna aunque supongo que sus
seguidores se quedarían
con ganas de más. Desde
luego, si mi desconexión
a la música de Mägo
de Oz era palpable desde hace
años, este directo no
me llevó a recobrar ninguna
fe. Todo lo contrario, corroboró
lo que siempre he pensado de
José Andrea: Cantante
increíblemente bien considerado
que no cumple las expectativas.
Del resto del grupo, poco que
comentar. Para olvidar.
Era muy tarde
y, por lo que nos contaron,
tradicionalmente se abren las
puertas del festival cuando
termina el último grupo
extranjero para que los nacionales
cierren el evento. Pero claro,
como aquí se había
alterado el orden y el retraso
era ya considerable, resulta
que cuando se produjo la entrada
masiva de gente de fiesta o
procedentes del concierto de
Héroes del Silencio,
Iced Earth no habían
salido. Esto dio lugar a algunas
anécdotas tipo: “¿Estos
cómo se llaman?”
“No son españoles,
¿no?” etc. Eso
sí, la carpa se puso
a reventar aunque en el fondo
sólo las quince o veinte
primeras filas estaban metidos
de lleno en la descarga de la
banda originaria de Tampa.
Con un telón
evocando la portada de su reciente
“Framing armageddon”
y cuando el reloj nos decía
que ya habían pasado
ochenta minutos del 13 de octubre,
el quinteto estadounidense apareció
en el gran escenario mientras
“Overture”, la intro
que da inicio a “Framing
armageddon”, atronaba
en la madrugada maña.
Huelga comentar que su álbum
recién estrenado abunda
en la saga “Something
wicked” que tan buenos
frutos les dio. Este disco es
en su conjunto conceptual por
lo que entendíamos que
el repertorio estaría
lleno de conexiones al presente
y pasado de la historia algo
que, a la postre, no ocurrió.
Una vez concluida
“Overture”, “Something
wicked part 1” nos proporcionó
una pista errónea porque
sí, al comienzo, todo
iba seguido. Después
de “Something wicked part
1” y en forma de pregrabados
llegaron “Invasion”
y “Motivation of man”
para enlazar con “Setian
massacre”, es decir, las
cinco primeras composiciones
de “Framing armageddon”
seguidas. El técnico
de sonido debía llevar
tapones porque por delante todo
estaba demasiado alto y saturado.
Posteriormente, avanzado el
show, nos retrasamos unos metros
y se notó bastante diferencia.
Sea como fuere, al que sí
escuchamos bien fue al gran
Tim Owens, brutal con su voz
en los temas “propios”
y en el punto de mira (para
mí, injusto) de muchos
en los de Matt Barlow o anteriores.
Una breve salutación
al respetable y primera en la
frente con “Burning times”.
Ahí se puede decir que
arrancó el concierto,
con esta joya que abría
“Something wicked this
way comes” con un tremendo
solo que Troy Steele no acertó
a clavar. Sin solución
de continuidad, “Declaration
day”, sin himno americano
de por medio, un tema que me
encanta y “Violate”,
recuperada desde aquel memorable
“Alive in Athens”.
No sé si por la tardanza
y los retrasos, el caso es que
Iced Earth salieron directos
y a por todas. No es que estuvieran
especialmente enchufados porque
ni Owen ni Schaffer (el resto
son acompañantes) son
animales de escena pero sí
que era una máquina poco
emotiva pero engrasada en todos
sus componentes.
Para seguir
dando protagonismo a “The
dark saga”, la cañera
“Vengeance is mine”
sirvió para observar
las grandes cualidades del baterista
Brent Smedley y un Dennis Hayes
que vuelve a ser compañero
de Owens tras más de
una década en la compartían
penurias en Winters Bane. Los
coros se oían más
bien poco si bien Schaffer tampoco
hacía demasiado por acercarse
al micrófono. Al concluir
“A charge to keep”,
otra nueva, Tim dejó
por unos minutos el escenario
dejando a Jon la voz cantante
algo que nunca había
visto y eso que era mi quinto
concierto de Iced Earth. El
altivo guitarrista pidió
disculpas por el retraso y encaró
una de mis preferidas, “Stormrider”.
Otras veces les había
visto ejecutar “Prime
evil” pero no “Stormrider”,
si bien he de decir que no estuvieron
brillantes, en especial Schaffer.
Me pareció más
un ejercicio de autosugestión
por mi parte porque quedé
satisfecho.
Ya con el quinteto
al completo de nuevo, cayó
algo de “Horror show”.
No es un disco que me atraiga
especialmente (de los que grabaron
con Barlow es el más
flojo) pero siempre tocan “Wolf”
o “Dracula”, en
particular esta última
que fue la elegida. ¡Ay
ese “The phantom opera
ghost”! ¿Qué
estaba pasando hasta entonces?
Es difícil adivinar.
La mezcla de cansancio y ausencia
de grandes himnos para corear
(salvo “Burning times”
y “Declaration day”)
supuso que el público
no estuviera demasiado animado.
Sin embargo, creo que un “die
hard fan” de Iced Earth
tenía que estar satisfecho
porque el set list era bastante
poco predecible hasta aquí.
En adelante,
la cosa se complicó aún
más para muchos de los
seguidores porque en una decisión
valiente aunque discutible se
decantaron casi en exclusiva
por temas de la etapa Owens
en esta segunda parte. Con “Waterloo”
tengo un pequeño problema,
no es santo de mi devoción.
No entiendo por qué no
hacen “Reckoning day”
que, además, fue single
de “The glorious burden”.
Aun así, no sonó
mal porque siempre es un placer
ver a Owens, ya erigido en estrella
de la velada, clavar los registros.
“The hunter” devolvió
la sonrisa a más de uno,
aunque seguramente les hubiera
hecho más ilusión
“I died for you”,
y “Ten thousand strong”
sirvió para callar bocas
a muchos de los detractores
de “Framing armageddon”.
En mi opinión, una excelente
canción.
Apenas sobrepasaban
la hora de actuación
cuando Tim anunció que
si bien no interpretarían
“Gettysburg” entera,
sí que iban a tocar la
segunda y la tercera parte,
“Hold at all costs”
y “High water mark”,
es decir, veinte minutos seguidos.
Veamos, comenzaré diciendo
que me alucina “Gettysburg”,
para mí lo mejor de “The
glorious burden”. Es más,
cuando en el Graspop 2004 la
hicieron con sus casacas de
la Guerra Civil americana y
rodeados de cañones me
pareció brutal. Incluso
en el Interpeñas casi
fue mi momento preferido de
la noche. Sin embargo, considero
que no la deberían haber
tocado, ni tan siquiera en formato
dos tercios. Si había
que reservar veinte minutos
a algo, sobre todo sabiendo
de qué va “Framing
armageddon”, era a la
trilogía “Something
wicked”, es decir, “Prophecy”,
“Birth of the wicked”
y “The coming curse”.
Cierto es que cae siempre y
que no es de la época
Owens pero el bajón para
muchos (entre los que NO me
incluyo) fue considerable. No
obstante, creo que con “High
water mark” se alcanzaron
picos de intensidad remarcables.
De este modo
se despidieron Iced Earth. Resulta
curioso que en la gira de un
disco que reivindica las hazañas
de “Something wicked”
sólo había tenido
cabida “Burning times”
cuando en los tours de “Horror
show” y “The glorious
burden” sonaban seis temas,
al menos. Esto se remedió
parcialmente con “Melancholy
(holy martyr)”, favorita
del público y que supuso
una bendición para muchos.
No les pareció tan bien
“My own savior”,
del mismo álbum, pero
porque no es tan conocida mas
a mí me resultó
excelente porque “Disciples
of the lie”, “Watching
over me” o “Stand
alone” suelen ser más
recurrentes. Para cerrar el
festival, cómo no, el
tema que les da nombre, “Iced
Earth” que tampoco estaría
en un ranking personal pero
es evidente que tiene que estar
siempre que ellos se suben a
un escenario.
Mi conclusión
es, probablemente, distinta
a la de la mayoría. Para
mí, Iced Earth estuvieron
notables y sólo me aburrieron
en momentos muy concretos. Owens
sobresaliente y los músicos,
pulcros. Con todo, sí
acierto a comprender que muchos
salieran con una sensación
de tedio que ahogaron en el
abundante alcohol que regaba
el recinto. Nosotros, muertos
de sueño, retornamos
a Madrid con el “piloto
automático” después
de una nueva locura metálica.
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Turisas

Annihilator



Mägo de Oz





Iced Earth





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