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Plaza De Toros De Las Ventas. 12-VI-2003

Puedo imaginarme la cantidad de mails difamatorios que me llegarán de la amplia pléyade de integristas Maiden que hay sueltos por ahí pero no por ello comprometeré mi objetividad respecto a la actuación que presencié en la Plaza de toros de la Ventas muy pocos días después de la conclusión de la Feria de San Isidro. Es evidente que Harris y sus huestes tienen ganada la partida de antemano mas un ejercicio de autocrítica de vez en cuando no les vendría nada mal. Por lo pronto, que cojan a unos teloneros decentes como en la anterior gira donde pudimos disfrutar de Spiritual Beggars y el correctivo que les pegaros a los cabezas de cartel los suecos Entombed.

Desde luego habría que darle un buen tirón de orejas a quien escogió a los Murderdolls para que cumplieran el papel de abrir la velada. Su actuación fue nauseabunda. No los había escuchado con anterioridad, simplemente estaba al tanto de que dos de sus miembros pertenecen a Slipknot. Sin embargo, nada tiene que ver la música de ambas bandas. Digamos que Murderdolls lo que practican (o mejor dicho, intentan practicar) es una mezcla entre New York Dolls y Motley Crüe. Si sólo comento esto, muchos podréis pensar: “Joder, pues es interesante porque toman sus influencias de dos monstruos del rock”.

El problema está en que la teoría dista mucho de la ejecución práctica, penosa. No obstante, lo más patético es la forma de cantar de su vocalista. ¿Alguien se imagina al gorras de Limb Bizkit (sí, tengo fijación por ese tipejo) interpretando “Child in time” de Deep Purple?. Pues yo tampoco me imagino al sujeto de los Murderdolls en Sunset Boulevard o en algún tugurio de Nuevo York demostrando su base rockera. En los 40 minutos que estuvieron en escena, tocaron dos riffs de guitarra decentes mas en cuanto la voz aparecía se iban al traste. Todo esto sin hablar de su imagen (algo secundario). Parecían la banda de acompañamiento de Marilyn Manson. No es una pregunta con doble intención pero ¿acaso temían las estrellas de la noche que sus teloneros les barrieran? Supongo que no pero Murderdolls son una broma... pesada.

Ya me lo dijo un amigo mío: “A estas alturas de la película, hay que ver a Iron Maiden en una gira en la que no presenten disco”. Su anterior visita me aburrió porque venían con un álbum debajo del brazo. Por tanto, esta era la ocasión. Hasta septiembre no se edita su nueva entrega por lo que nos aprestábamos a vivir un “Best of...” de categoría a cargo de una banda que anda sobrada de clásicos. El inicio, de caerte de espaldas. Ahí va: “The number of the beast”, “Trooper”, “Revelations”, “Hallowed be thy name”, “Die with your boots on” y (¡bien!) “22 Acacia Avenue”. Brutal. En mi fuero interno me esperaba ya cosas como “Killers” (no está Dianno pero Bruce no desentona), “Prisoner” o “Still life”. Ja, ja, ja,...

A partir de este instante el concierto se convirtió, en mi modesta opinión, en un bodrio aburrido y tedioso. Veo lógico que toquen un tema nuevo; me parece lamentable que hagan dos canciones de “Brave new world” que encima sus estribillos suenan igual; sin comentarios para los 10 minutos de “The clansman”,... pues esto no era lo peor. ¿Alguno de vosotros tiene como composición favorita de “Somewhere in time” la canción “Heaven can wait”? ¿Sí? Os acompaño en el sentimiento. “Wasted years”, la tremenda “Deja vu”, “Alexander the great”,... cualquiera pero claro, ninguna de ellas tiene el “oooohhhooohoohhohohoohoh…” tan recurrente para que la audiencia se desahogue. “The clairvoyant” es buena mas palidece ante temas del “Killers” (¿no era un “Best of...”? ¿Qué pasa, que ese disco es tan malo para usted, señor Harris, que no merece referencia alguna?). De “Fear of the dark” qué decir. Que en estudio es mil veces mejor porque no canta el público.

Cerraron el repertorio con la tradicional “Iron maiden”, una lacra a sufrir para decepción de quienes preferimos cualquier otra de su impecable debut.

Los bises a mí defraudaron. Siguen dando la tabarra con “Bring your daughter to the slaughter” (¿hasta cuando?), la genial “2 minutes to midnight” sonaba sin la fuerza necesaria y la conclusión vino de la mano de una fobia personal, “Run to the hills”, que es buena pero pienso que no un clásico.

Me gustaría dar una pincelada del atrezzo siempre tan especial en un grupo como Iron Maiden. Hemos tenido momias faraónicas, escenarios de corte futurista, amenazas desde los árboles,... En esta ocasión, los británicos nos tenían reservadas unas luces a ambos lados de la batería que parecían de prostíbulo de carretera, un cerebro del “Todo a 100” y la más bochornosa salida de Eddie: Vestido como en la portada de “Edward the great”. Para eso, no lo saquéis, es demasiado mítico para sufrir esto. Por cierto, dentro del “atrezzo” me falta un fulano que andaba dando brincos (que no tocando) con una guitarra y que responde al nombre de Janick Gers. Que yo sepa Iron Maiden no es una institución de beneficencia (salvo cuando dan conciertos para intentar que se mejore el pobre Clive Burr), por lo tanto, que le pongan de patitas en la calle a Gers que lo único que hace es ocupar escenario, bueno, y un par de solos. Con la vuelta de Adrian Smith (el mejor instrumentista de la banda aunque le pese a Harris), el otro no pinta nada.

Que quede claro. Soy duro con Iron Maiden porque es un grupo legendario, sus giras han dado la vuelta al mundo, siguen teniendo un poder de convocatoria bestial y gozan de una discografía inicial inigualable. Si fueran Stormwind no me cebaría con ellos. Hablo desde el dolor que me produce ver como un concierto que prometía ser memorable se fue diluyendo como un azucarillo. Y el que quiere entender que entienda. Si tú te lo pasaste en grande, mejor para ti. Yo no. A lo mejor es que he perdido el poco sentido musical que me quedaba.


 

Murderdolls