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Puedo imaginarme
la cantidad de mails difamatorios
que me llegarán de la
amplia pléyade de integristas
Maiden que hay sueltos por ahí
pero no por ello comprometeré
mi objetividad respecto a la
actuación que presencié
en la Plaza de toros de la Ventas
muy pocos días después
de la conclusión de la
Feria de San Isidro. Es evidente
que Harris y sus huestes tienen
ganada la partida de antemano
mas un ejercicio de autocrítica
de vez en cuando no les vendría
nada mal. Por lo pronto, que
cojan a unos teloneros decentes
como en la anterior gira donde
pudimos disfrutar de Spiritual
Beggars y el correctivo que
les pegaros a los cabezas de
cartel los suecos Entombed.
Desde luego
habría que darle un buen
tirón de orejas a quien
escogió a los Murderdolls
para que cumplieran el papel
de abrir la velada. Su actuación
fue nauseabunda. No los había
escuchado con anterioridad,
simplemente estaba al tanto
de que dos de sus miembros pertenecen
a Slipknot. Sin embargo, nada
tiene que ver la música
de ambas bandas. Digamos que
Murderdolls lo que practican
(o mejor dicho, intentan practicar)
es una mezcla entre New York
Dolls y Motley Crüe. Si
sólo comento esto, muchos
podréis pensar: “Joder,
pues es interesante porque toman
sus influencias de dos monstruos
del rock”.
El problema
está en que la teoría
dista mucho de la ejecución
práctica, penosa. No
obstante, lo más patético
es la forma de cantar de su
vocalista. ¿Alguien se
imagina al gorras de Limb Bizkit
(sí, tengo fijación
por ese tipejo) interpretando
“Child in time”
de Deep Purple?. Pues yo tampoco
me imagino al sujeto de los
Murderdolls en Sunset Boulevard
o en algún tugurio de
Nuevo York demostrando su base
rockera. En los 40 minutos que
estuvieron en escena, tocaron
dos riffs de guitarra decentes
mas en cuanto la voz aparecía
se iban al traste. Todo esto
sin hablar de su imagen (algo
secundario). Parecían
la banda de acompañamiento
de Marilyn Manson. No es una
pregunta con doble intención
pero ¿acaso temían
las estrellas de la noche que
sus teloneros les barrieran?
Supongo que no pero Murderdolls
son una broma... pesada.
Ya me lo dijo
un amigo mío: “A
estas alturas de la película,
hay que ver a Iron Maiden en
una gira en la que no presenten
disco”. Su anterior visita
me aburrió porque venían
con un álbum debajo del
brazo. Por tanto, esta era la
ocasión. Hasta septiembre
no se edita su nueva entrega
por lo que nos aprestábamos
a vivir un “Best of...”
de categoría a cargo
de una banda que anda sobrada
de clásicos. El inicio,
de caerte de espaldas. Ahí
va: “The number of the
beast”, “Trooper”,
“Revelations”, “Hallowed
be thy name”, “Die
with your boots on” y
(¡bien!) “22 Acacia
Avenue”. Brutal. En mi
fuero interno me esperaba ya
cosas como “Killers”
(no está Dianno pero
Bruce no desentona), “Prisoner”
o “Still life”.
Ja, ja, ja,...
A partir de
este instante el concierto se
convirtió, en mi modesta
opinión, en un bodrio
aburrido y tedioso. Veo lógico
que toquen un tema nuevo; me
parece lamentable que hagan
dos canciones de “Brave
new world” que encima
sus estribillos suenan igual;
sin comentarios para los 10
minutos de “The clansman”,...
pues esto no era lo peor. ¿Alguno
de vosotros tiene como composición
favorita de “Somewhere
in time” la canción
“Heaven can wait”?
¿Sí? Os acompaño
en el sentimiento. “Wasted
years”, la tremenda “Deja
vu”, “Alexander
the great”,... cualquiera
pero claro, ninguna de ellas
tiene el “oooohhhooohoohhohohoohoh…”
tan recurrente para que la audiencia
se desahogue. “The clairvoyant”
es buena mas palidece ante temas
del “Killers” (¿no
era un “Best of...”?
¿Qué pasa, que
ese disco es tan malo para usted,
señor Harris, que no
merece referencia alguna?).
De “Fear of the dark”
qué decir. Que en estudio
es mil veces mejor porque no
canta el público.
Cerraron el repertorio con la
tradicional “Iron maiden”,
una lacra a sufrir para decepción
de quienes preferimos cualquier
otra de su impecable debut.
Los bises a
mí defraudaron. Siguen
dando la tabarra con “Bring
your daughter to the slaughter”
(¿hasta cuando?), la
genial “2 minutes to midnight”
sonaba sin la fuerza necesaria
y la conclusión vino
de la mano de una fobia personal,
“Run to the hills”,
que es buena pero pienso que
no un clásico.
Me gustaría
dar una pincelada del atrezzo
siempre tan especial en un grupo
como Iron Maiden. Hemos tenido
momias faraónicas, escenarios
de corte futurista, amenazas
desde los árboles,...
En esta ocasión, los
británicos nos tenían
reservadas unas luces a ambos
lados de la batería que
parecían de prostíbulo
de carretera, un cerebro del
“Todo a 100” y la
más bochornosa salida
de Eddie: Vestido como en la
portada de “Edward the
great”. Para eso, no lo
saquéis, es demasiado
mítico para sufrir esto.
Por cierto, dentro del “atrezzo”
me falta un fulano que andaba
dando brincos (que no tocando)
con una guitarra y que responde
al nombre de Janick Gers. Que
yo sepa Iron Maiden no es una
institución de beneficencia
(salvo cuando dan conciertos
para intentar que se mejore
el pobre Clive Burr), por lo
tanto, que le pongan de patitas
en la calle a Gers que lo único
que hace es ocupar escenario,
bueno, y un par de solos. Con
la vuelta de Adrian Smith (el
mejor instrumentista de la banda
aunque le pese a Harris), el
otro no pinta nada.
Que quede claro.
Soy duro con Iron Maiden porque
es un grupo legendario, sus
giras han dado la vuelta al
mundo, siguen teniendo un poder
de convocatoria bestial y gozan
de una discografía inicial
inigualable. Si fueran Stormwind
no me cebaría con ellos.
Hablo desde el dolor que me
produce ver como un concierto
que prometía ser memorable
se fue diluyendo como un azucarillo.
Y el que quiere entender que
entienda. Si tú te lo
pasaste en grande, mejor para
ti. Yo no. A lo mejor es que
he perdido el poco sentido musical
que me quedaba. |


Murderdolls


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