Principal / Planeta Sonoro / Crónicas / Jane Birkin
JANE BIRKIN: Arabesque
II Festival de Verano de Benalmádena. Auditorio de Benalmádena.

Viernes, 1 de agosto, 2003.

Las 22:30 del primer día de agosto en el Auditorio de Benalmádena. Vaya, así que éstas son las famosas butacas de plástico blando que han puesto durante esta semana. Bueno, no es que sea muy blando el plástico, pero mejor que las bancas de hormigón pelado...

No sé exactamente qué es lo que me voy a encontrar hoy aquí. He escuchado Arabesque, el nuevo disco de la francesa de adopción (inglesa de nacimiento) Jane Birkin, que hoy va a presentarnos, y me ha gustado. Y eso que yo soy de guitarra-bajo-batería o de Jazz, y no estoy precisamente en la onda de la música árabe. Vamos, que la “world music” en general me pilla bastante lejos. Pero claro, una cosa es oír por encima un disco y otra es tragarte un concierto entero. Aunque, me digo, la música en directo mola mucho más. Eh, parece que ya va a salir.

Comienza el concierto. Como si me estuviera leyendo el pensamiento, Jane Birkin empieza con tiento: sale sólo con Fred Maggi, el pianista, y canta un par de temas en plan francés. Probablemente ha pensado que gran parte de las aproximadamente 900 personas (unos tres cuartos de entrada) que hay allí la conocen más por sus trabajos anteriores que por su último disco. Jane viste sencilla: unos pantalones holgados, un top y una especie de babuchas, todo negro. Comodidad ante todo. Con su voz de muñequita cautiva al público desde el principio. Tras el par de canciones recita una poesía, algo que se repetirá durante el concierto.


Después del poema salen los demás músicos: Djamel Benyelles al violín, Amel Riahi el Mansouri al laúd y Aziz Boularoung a la percusión. Es en este momento cuando, con Elisa, empieza de verdad Arabesque. La idea de este trabajo surge de Philippe Lerichomme, amigo y productor de Jane Birkin, en 1999, poniéndola en contacto con Djamel, el violinista, en el Festival de Avignon, con la intención de que trabajen juntos en la orientalización de temas como el ya citado Elisa, Couleur café o Comment te dire adieu (además de crear otros nuevos en la misma onda). El resultado es estupendo. Es música para soñar. Te envuelve; casi diría que te hipnotiza, pero dejándote la suficiente consciencia para gozar de cada nota.

Todos los músicos estuvieron estupendos, contando además Jane con el apoyo, en un par de temas, de un cantante argelino con una voz de las que erizan el vello. Pero el que se salió ya del todo fue Djamel (responsable además de la orquestación de los temas de este Arabesque). Qué monstruo. Lo que él es capaz de hacer con el violín no soy capaz de expresarlo yo con palabras (como podría haber dicho Miguel Hernández: “si mi pluma valiera tu violín...”). A mitad del concierto, Jane se retiró para dejar a sus músicos lucirse con She left home, el tema instrumental del disco. Djamel tomó las riendas haciéndonos volar a todos. Cómo aplaudía el público. Jane volvió con el vestido que luce en la portada del disco, vestida ahora de fiesta porque de hecho aquello era ya una fiesta. Y es que Jane conecta enseguida con el público. Su voz es agradabilísima, es como si te acariciara con ella. Además es un encanto de mujer: dio las gracias por todo (por venir, por el calor que se le demostraba, por nuestra mirada...) ochenta veces; pidió perdón por no hablar español y, al preguntarnos si preferíamos que nos hablase en inglés o en francés y ante la división de opiniones, nos habló alternativamente en ambos; para presentar a sus músicos iba uno por uno y les daba un par de besos a cada uno, y cada vez que hacían algo especialmente bueno les volvía a besar. Y seguía allí, dándonos las gracias y arrodillándose ante nosotros. La gente se volvía loca y aplaudíamos hasta hinchársenos las manos. Magia. Había oído antes decir de la Birkin que era sumamente educada, cariñosa y encantadora, pero se quedaban cortos. Qué sol de mujer. Y qué guapa.

El concierto fue delicioso. A destacar, para mí, Elisa, Les dessous chics, por supuesto She left home, y también la interpretación tan viva de Couleur café (tengo debilidad por esa canción). Pero todo esto por destacar algo, ya que todo estuvo estupendo. Jane había elegido para terminar, como es lógico, Comment te dire adieu. Preciosa. La gente se fue todo lo delante que pudo para estar más cerca de Jane y fue realmente emotivo. Jane siguió dándonos las gracias por todo y, ante el clamor del público que unánimemente en

pié la aplaudía, nos regaló dos bises, el último de ellos La Javanese, a capella., claro, lo que fue ya el delirio. Volvió a darnos las gracias otro centenar largo de veces, la aplaudimos, nos aplaudió, nos aplaudimos mutuamente, prometió aprender español para la próxima vez y, finalmente, se fue a una mesa que le preparó la organización para firmar sus discos.

En resumen: salí totalmente convencido con esta orientalización de éxitos de la canción francesa. Me parece además una idea muy acertada, puesto que refleja bien a la Francia actual: canciones francesas con música árabe. Y que se jodan Le Pen y Brigitte Bardot.