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Las 22:30 del
primer día de agosto
en el Auditorio de Benalmádena.
Vaya, así que éstas
son las famosas butacas de plástico
blando que han puesto durante
esta semana. Bueno, no es que
sea muy blando el plástico,
pero mejor que las bancas de
hormigón pelado...
No sé
exactamente qué es lo
que me voy a encontrar hoy aquí.
He escuchado Arabesque, el nuevo
disco de la francesa de adopción
(inglesa de nacimiento) Jane
Birkin, que hoy va a presentarnos,
y me ha gustado. Y eso que yo
soy de guitarra-bajo-batería
o de Jazz, y no estoy precisamente
en la onda de la música
árabe. Vamos, que la
“world music” en
general me pilla bastante lejos.
Pero claro, una cosa es oír
por encima un disco y otra es
tragarte un concierto entero.
Aunque, me digo, la música
en directo mola mucho más.
Eh, parece que ya va a salir.
Comienza el
concierto. Como si me estuviera
leyendo el pensamiento, Jane
Birkin empieza con tiento: sale
sólo con Fred Maggi,
el pianista, y canta un par
de temas en plan francés.
Probablemente ha pensado que
gran parte de las aproximadamente
900 personas (unos tres cuartos
de entrada) que hay allí
la conocen más por sus
trabajos anteriores que por
su último disco. Jane
viste sencilla: unos pantalones
holgados, un top y una especie
de babuchas, todo negro. Comodidad
ante todo. Con su voz de muñequita
cautiva al público desde
el principio. Tras el par de
canciones recita una poesía,
algo que se repetirá
durante el concierto.
Después del poema salen
los demás músicos:
Djamel Benyelles al violín,
Amel Riahi el Mansouri al laúd
y Aziz Boularoung a la percusión.
Es en este momento cuando, con
Elisa, empieza de verdad Arabesque.
La idea de este trabajo surge
de Philippe Lerichomme, amigo
y productor de Jane Birkin,
en 1999, poniéndola en
contacto con Djamel, el violinista,
en el Festival de Avignon, con
la intención de que trabajen
juntos en la orientalización
de temas como el ya citado Elisa,
Couleur café o Comment
te dire adieu (además
de crear otros nuevos en la
misma onda). El resultado es
estupendo. Es música
para soñar. Te envuelve;
casi diría que te hipnotiza,
pero dejándote la suficiente
consciencia para gozar de cada
nota.
Todos los músicos
estuvieron estupendos, contando
además Jane con el apoyo,
en un par de temas, de un cantante
argelino con una voz de las
que erizan el vello. Pero el
que se salió ya del todo
fue Djamel (responsable además
de la orquestación de
los temas de este Arabesque).
Qué monstruo. Lo que
él es capaz de hacer
con el violín no soy
capaz de expresarlo yo con palabras
(como podría haber dicho
Miguel Hernández: “si
mi pluma valiera tu violín...”).
A mitad del concierto, Jane
se retiró para dejar
a sus músicos lucirse
con She left home, el tema instrumental
del disco. Djamel tomó
las riendas haciéndonos
volar a todos. Cómo aplaudía
el público. Jane volvió
con el vestido que luce en la
portada del disco, vestida ahora
de fiesta porque de hecho aquello
era ya una fiesta. Y es que
Jane conecta enseguida con el
público. Su voz es agradabilísima,
es como si te acariciara con
ella. Además es un encanto
de mujer: dio las gracias por
todo (por venir, por el calor
que se le demostraba, por nuestra
mirada...) ochenta veces; pidió
perdón por no hablar
español y, al preguntarnos
si preferíamos que nos
hablase en inglés o en
francés y ante la división
de opiniones, nos habló
alternativamente en ambos; para
presentar a sus músicos
iba uno por uno y les daba un
par de besos a cada uno, y cada
vez que hacían algo especialmente
bueno les volvía a besar.
Y seguía allí,
dándonos las gracias
y arrodillándose ante
nosotros. La gente se volvía
loca y aplaudíamos hasta
hinchársenos las manos.
Magia. Había oído
antes decir de la Birkin que
era sumamente educada, cariñosa
y encantadora, pero se quedaban
cortos. Qué sol de mujer.
Y qué guapa.
El concierto
fue delicioso. A destacar, para
mí, Elisa, Les dessous
chics, por supuesto She left
home, y también la interpretación
tan viva de Couleur café
(tengo debilidad por esa canción).
Pero todo esto por destacar
algo, ya que todo estuvo estupendo.
Jane había elegido para
terminar, como es lógico,
Comment te dire adieu. Preciosa.
La gente se fue todo lo delante
que pudo para estar más
cerca de Jane y fue realmente
emotivo. Jane siguió
dándonos las gracias
por todo y, ante el clamor del
público que unánimemente
en
pié la aplaudía,
nos regaló dos bises,
el último de ellos La
Javanese, a capella., claro,
lo que fue ya el delirio. Volvió
a darnos las gracias otro centenar
largo de veces, la aplaudimos,
nos aplaudió, nos aplaudimos
mutuamente, prometió
aprender español para
la próxima vez y, finalmente,
se fue a una mesa que le preparó
la organización para
firmar sus discos.
En resumen:
salí totalmente convencido
con esta orientalización
de éxitos de la canción
francesa. Me parece además
una idea muy acertada, puesto
que refleja bien a la Francia
actual: canciones francesas
con música árabe.
Y que se jodan Le Pen y Brigitte
Bardot.
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