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¿Cómo
puede ser a la vez una historia
alegre y triste? Intentaremos
explicarlo en el siguiente reportaje.
Madrid, 16:30 horas. Nada más
salir del trabajo, el equipo
de cuantoyporquetanto se dispone
a salir para Vitoria. Un único
objetivo. Ver a Jon Oliva´s
Pain en un concierto completo.
Inicialmente, se había
previsto una fecha en Madrid,
sala Caracol, pero la coincidencia
con Scorpions hizo que alguno
tuviera la brillante idea de
poner al fundador de Savatage
como telonero de los teutones.
Seguramente a muchos les pareció
genial esta fusión de
conciertos pero a mí,
teniendo en cuenta que Savatage
son mi banda favorita, me sentó
como un puñetazo en el
hígado.
El único
remedio posible era liarse la
manta a la cabeza y emprender
camino a Gasteiz.
Casi tres
horas y media de viaje, incluida
una pequeña vuelta para
encontrar la sala, y nos ubicamos
justo en la puerta de Azkena.
No tenía excesivas expectativas
de asistencia pero me chocó
que a la hora de apertura prevista,
únicamente siete franceses
y dos madrileños nos
“agolpáramos”.
Por curiosidad, y dado que las
puertas seguían cerradas,
me acerqué a los bares
de alrededor esperando hordas
de metaleros (entiéndase
la ironía) regando el
gaznate con cerveza, pero nada.
De manera casi imperceptible,
unas quince personas nos concentramos
a las ocho y veinte y accedimos
a la Azkena. Nunca había
estado en este local. No soy
bueno para medir capacidades
pero calculo que abarrotado
cabrían entre cuatro
y cinco centenares de individuos.
Dividid la primera cifra entre
diez y obtendréis la
asistencia al evento. ¡Cuarenta
personas!
Mi amor por
Savatage y su legado es infinito.
No obstante, me niego a considerarme
el típico fan obcecado
que no ve más allá
de sus narices y considera que,
por ejemplo, Jon Oliva´s
Pain tenía que meter
dos mil personas. En un mundo
justo y feliz serían
veinte mil pero la realidad
nos enseña que los de
Tampa nunca superaron la segunda
división en popularidad.
Si esto lo extrapolamos a proyectos
individuales como el de Jon,
que era martes y la desidia
generalizada, pensé que
no habría más
de doscientas almas… pero
¡cuarenta! De verdad que
aún no salgo de mi asombro,
indignación, rabia y
pena.
Con todo, intenté
abstraerme de la situación
y disfrutar al máximo
porque Oliva tenía una
deuda con aquellos que nos tuvimos
que marchar por motivos laborales
antes de que terminara el Metalway
2006 de Guernica. Su actuación
estaba programada al mediodía
pero a nuestro querido “Mountain
King” se le ocurrió
perder el avión. Mientras
su banda yacía plácidamente
en los valles vascos, Jon andaba
por algún aeropuerto
de la geografía española.
Su descarga se tuvo que posponer
hasta la conclusión del
orden previsto y algunos nos
quedamos con cara de tontos,
máxime cuando después
me enteré de que se había
marcado “Streets”
casi en su totalidad. Estas
cosas pasan en la vida pero
el cabreo durante el viaje de
vuelta a Madrid fue monumental.
Pero volvamos
a este martes de comienzos de
mayo y la preciosa tierra alavesa.
Antes de que uno de los pocos
tíos a los que idolatro
saltara a escena, dos formaciones
escandinavas se encargaban de
abrir boca. La verdad es que
poco me importaban los teloneros
pero no hubiera estado de más
coger algo más apetecible
y conocido. A Masterstroke directamente
no los tenía fichados.
Sé que era la banda donde
empezó Jani Tiura, el
que fue hasta hace unos meses
vocalista de M.S.G. pero poco
más conocía del
quinteto finlandés.
Ellos se definen
como metal melódico pero
esa acepción puede dar
lugar a equívocos. A
mí, personalmente, me
suenan a aquellas bandas de
su país que comenzaron
dentro europower más
“happy” y evolucionaron
hacia senderos más maduros
y menos felices, manteniendo
las melodías pero perdiendo
velocidad. Se me ocurre, por
ejemplo, el caso de los dos
últimos trabajos de Thunderstone
aunque estos últimos
poseen bastante más calidad.
Sea como fuere, Masterstroke
cuentan con dos álbumes
en el mercado, el más
reciente “Sleep”,
que es en el que centraron la
escasa media hora que dispusieron.
Los de Tampere
salieron ataviados con camisetas
de equipo de hockey hielo personalizadas
y con el logo del grupo. Puedo
asegurar que nadie de los allí
presentes les había escuchado
y me apostaría algo a
que a ninguno le interesaban.
No obstante, de ahí a
quedarse parados y ni tan siquiera
aplaudir hay un trecho y creo
que los finlandeses se merecieron
unas cuantas palmas por las
ganas que derrocharon en este
ensayo con público.
Comenzaron
con “Killing creatures”
y no tuvieron la suerte de gozar
de un sonido brillante lo que
contribuyó a la pasividad
de la gente. Los teclados de
Jussi Kulomaa prácticamente
no se oían por lo que
el peso de las melodías
quedaba en las guitarras de
Markus y del vocalista Niko,
que ejercía de rítmica.
Dentro de la línea antes
mencionada, comentar que también
denotaron influencias clásicas.
Se nota que son seguidores de
los primeros Rainbow o Dio porque
la estructura de sus canciones
les lleva a esos terrenos aunque
ejecutados de manera más
moderna.
Su single “Turn
away”, han grabado incluso
un videoclip del tema, me dejó
indiferente y solo cuando atacaron
desarrollos más extensos
como en “Circle”
lograron captar mi atención.
Su primera obra, “Apocalypse”,
casi quedó inédita
y que recuerde solo “Children
of the war” se incluyó
en su repertorio. En mi opinión,
Masterstroke no lo hicieron
mal pero pasaron sin pena ni
gloria. Considero que no era
ni el momento ni el lugar adecuado
para adentrarse en su música.
De Manticora
ya tenía muchas más
referencias. He escuchado algunos
de sus discos y recientemente
comentamos aquí el aceptable
“The black circus Part
2 – Disclosure”,
además de verles hace
unos años como teloneros
de Angra, si mi memoria no me
falla. No es que tuviera ganas
locas de verles pero sí
me picaba la curiosidad porque
en aquella ocasión me
parecieron muy pobres sus prestaciones.
Disponían de poco tiempo
por lo que, supuse, se dedicarían
a sus dos recientes obras conceptuales.
Bajo los acordes de “Entrance”,
encararon la inicial “Beauty
will fade” de su último
trabajo. Tampoco es que con
los daneses se distinguieran
bien los instrumentos. Es más,
la mezcla no ayudaba y podía
ser manifiestamente mejorable.
Sin embargo,
esto quedó empequeñecido
cuando el vocalista Lars Larsen
empezó a desafinar como
una bestia desde el primer minuto
de actuación. Incluso
diría más, es
que sus registros no eran los
que se oyen en los álbumes.
Como la composición es
larga se pasó un buen
rato junto al batería
Mads Volf con una baqueta golpeando
los platillos. Al igual que
ocurre en “Disclosure”
unieron “Beauty will fade”
con la también extensa
y notable “Gypsies dance
part 2”. El despropósito
de Larsen continuaba y la audiencia
lo notaba.
Después
de un cuarto de hora seguido,
terminaron este segmento inicial
y Lars comentó que tenía
fiebre, sus cuerdas vocales
no se encontraban en el mejor
estado posible y su show estaría
muy recortado esta noche. Por
tanto, se le puede perdonar
el desaguisado por la enfermedad,
supongo que catarro. A partir
de aquí, cualquier valoración
carecía de sentido. La
siguiente en interpretar fue
“King of the absurd”
de “8 deadly sins”,
su cuarta entrega que data de
2004. Me gustó que no
se dejaran llevar y a pesar
de los condicionantes y la nula
entrega del respetable, intentaron
agradar. Dentro de un perfil
bajo, su descarga fue subiendo
un poco en valoración.
La cuarta y última canción
que tocaron fue “Darkness
with tales to tale”, el
corte que daba título
a su segunda obra y que les
llevó a despedirse tras
menos de treinta minutos.
Poco más
puedo decir de Manticora. Un
día desafortunado lo
tiene cualquiera y todos los
factores jugaron en contra de
los daneses. Es encomiable que
sigan luchando y editando discos
cuando no han pasado de la cuarta
división del metal. Aunque
nunca lleguen a nada, no ceden
y mantienen la ilusión
por la música que aman.
Que te gusten o no, es otra
historia, pero, al menos, son
honestos.
Ahora sí,
había llegado el momento.
Mi nerviosismo aumentaba según
pasaban los minutos. Leí
en alguna entrevista a Oliva
decir que en este tour la parte
Savatage se iba a centrar en
“Gutter ballet”.
La emoción contenida
porque tocaran “When the
crowds are gone” (la power
ballad definitiva) casi no me
dejaba hablar. Suena la intro:
¡”Temptation revelation”!
Una de las instrumentales de
“Gutter ballet”,
un buen presagio. Del camerino
bajan las escaleras uno a uno
todos los músicos que
acompañan al maestro.
Entonces, aparece él,
“el rey de la montaña”,
más gordo que nunca y
con un bastón que le
acompaña. Los ciento
cincuenta kilos los dejó
atrás hace tiempo por
lo que su obesidad mórbida
le hace tener un aspecto deplorable.
Esto se olvida
con el riff de “Sirens”.
Increíble inicio, uno
de los emblemas de las Sava
Legions, uno de sus temas más
conocidos e imprescindible cuando
Jon sube al escenario. De voz
anda muy bien, quizá
algo más melódica
y menos agresiva que antaño,
pero conservando todos los matices.
No hay delirio porque no hay
masa crítica para que
se produzca pero la cara de
felicidad entre los pocos presentes
es total. El sonido es correcto,
si bien Matt LaPorte tiene algún
que otro problema con su guitarra
y los teclados de John Zahner
permanecen demasiado en el segundo
plano.
A mitad de
canción, Oliva no puede
y se sienta delante de su teclado.
Cuando concluye “Sirens”,
se dirige por primera vez a
sus seguidores y comenta que
el bastón (con el que
juguetearía toda la noche)
es porque se fastidió
el tobillo y casi no puede tenerse
en pie, cosa que no me extraña
porque su sobrepeso es exagerado.
Asimismo, dice que le da igual
que estamos en familia porque
vamos a tener un concierto exactamente
igual de intenso que si fuéramos
cinco mil. Con estas palabras,
suenan las notas iniciales de
“Unusual”, la gran
sorpresa del set list. Una canción
de Savatage considerada menor
y que seguro no tocaban desde
los tiempos de “Power
of the night” a mediados
de los ochenta. Para ser sincero,
me esperaba alguna otra joya
y no “Unusual” que
un notable corte pero palidece
ante muchos otros.
Como estaba
cantado. El show se iba a dividir
entre clásicos Savatage
y temas propios. Dentro de estos,
comenzó dando cancha
al gran “Maniacal rendering”
con la cañera “Through
the eyes of the king”
y el tema título, siempre
con Criss Oliva en la memoria.
Entre canción y canción.
Jon bromeaba, encendía
un cigarrillo, tomaba un trago
de güisqui, no paraba quieto
y eso que su movilidad era inexistente.
Dibuja una breve melodía
con el teclado y las notas de
“Gutter ballet”
resuenan a magia en Azkena.
Desde mi perspectiva, muy pocos
han creado algo tan grande como
esta composición, llena
de sentimiento, pasión,
garra y brillantez.
La emoción
me embarga y cuando llega “Hounds”
(de las favoritas de Criss,
según explicó
Jon) me parece música
celestial. “Hounds”
recibió un tratamiento
fantástico de todo el
grupo. En su sección
central, clavaron la atmósfera
inquieta que se percibe en el
disco, algo de lo que no me
cabía duda viendo las
cualidades no solo de LaPorte
o Zahner sino también
de la sección rítmica,
Kevin Rothney y Chris Zinder,
o del segundo guitarrista para
esta gira, Jerry Outlaw.
Tras la tempestad
de “Hounds” llegaba
la calma con la preciosa “Firefly”,
la balada de su último
trabajo, no tan intensa como
las de Savatage pero repleta
de elegancia y clase. Grandiosa.
Tras una nueva broma en la que
Oliva nos contó la historia
de que durante un largo tour
con Savatage probaron a tocar
en el teclado toda la discografía
entera del grupo en versión
country solo con piano (incluso
nos hizo una demostración
con “Beyond the doors
of the dark”), Jon atacó
la parte inicial de “Mentally
yours”, otra de “Gutter
ballet”. Es un pasaje
en el que voz y teclados hacen
una especia de introducción
para el tema. Ellos se quedaron
allí y engancharon con
“Tonight he grins again”,
de “Streets”, una
de las favoritas del orondo
cantante.
A su conclusión
aprovechó para presentar
a los componentes del grupo,
preludio de otro de los instantes
más celebrados, “Jesus
saves”, con los pocos
que estábamos allí
vibrando y saltando. En una
decisión un tanto discutible,
llevábamos más
de medio concierto y solo había
caído “Firefly”
del reciente “Global warning”.
Llegaba su turno y la notable
“Before I hang”,
que según se cuenta es
una idea que no cuajó
para “Gutter ballet”,
y sí que posee cierto
aire añejo. Junto a ella,
la propia “Global warning”,
un tanto atropellada y acelerada.
Otra elección
curiosa. Jon Oliva habla sobre
Savatage para introducirnos
en una canción que no
la cantó él originariamente
sino Zak Stevens pero que le
gusta mucho y la han preparado
para la gira. Se ponen varios
micrófonos e intuimos
que será la monumental
“Chance”, una oda
coral demasiado complicada para
Jon. Se defiende bien pero ni
en las estrofas ni en los dobles,
triples y cuádruples
voces, es lo mismo a lo que
pudimos ver en el Rock Machina
de Castellón. En principio,
estaba prevista una breve pieza
de “Global warning”,
“Ode to G” (dedicada
a un amigo que murió),
pero las condiciones no parecen
las idóneas y acortan
el set list.
La balada por
excelencia de Savatage es “Believe”,
una composición memorable
pero por lo anunciado de que
estarían más orientados
a “Gutter ballet”
aún confiaba en “When
the crowds are gone” pero
cuando escuché eso de
“So after all those one
night stands…” mi
gozó quedó en
un pozo. Eso sí, no seré
yo el que reproche una obra
maestra como “Believe”.
El concierto se acercaba a su
final pero aún quedaba
otro corte reciente “Adding
the cost” (saltándose
“Look at the world”),
para mí tras “Firefly”
y la ausente “Stories”
lo mejor de “Global warning”.
Teóricamente, ahí
tenían que dejar el escenario
a la espera del bis pero las
condiciones físicas de
Jon hacían ridícula
esta situación por lo
que llegaba la despedida tras
noventa y cinco minutos con
“Hall of the mountain
king”.
A mí
me mereció la pena la
paliza del viaje relámpago
por ver esto. Durante más
de hora y media fui feliz; también
estuve triste. Por el deterioro
de Jon, por la poca gente, porque
esto es lo más parecido
que tenemos a Savatage,…
04:30, vuelta a casa. Quedan
tres horas para levantarse y
volver al trabajo. Regreso a
la realidad, ¿o no? Quien
sabe.
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Jon Oliva´s Pain



Masterstroke

Manticora







Jon Oliva´s Pain






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