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La prensa
es responsable de mucho de lo
que ocurre en la vida. Cada
día estoy más
convencido que el denominado
cuarto poder mueve sus hilos
tanto como los empresarios,
banqueros y demás “beautiful
people” de la que se rodean
los políticos de turno.
En la música, esto no
iba a ser menos, y en el metal
tampoco. La supuesta independencia
del género queda distorsionada
por opiniones partidistas. ¡Ojo!
No digo que esto sea intrínsicamente
malo, simplemente es un hecho
constatable. A mí, mientras
el periodista de turno no trinque
(que los hay aunque sea de un
modo indirecto), me viene al
fresco si se quiere encumbrar
a éste o aquel grupo.
Viene al caso
esto porque el concierto del
que vamos a tratar versa sobre
dos formaciones contrapuestas
en este aspecto. Por un lado,
están los maños
Alabarda. Este quinteto, como
ya hemos comentado por aquí,
tiene tres discos espectaculares,
de lo mejor que se ha oído
en heavy español en mucho
tiempo. Como siempre digo, junto
a Centinela y Silver Fist, los
más claros exponentes
de este renacimiento del estilo
después de años
de dragones, mazmorras y demás
historias para no dormir. Sin
embargo, el nombre que se han
labrado ha sido gracias a su
buen hacer tanto en estudio
como en directo y a las alabanzas
de unos pocos. Ha sido casi
cuestión de boca a boca.
Yo invito a todo el mundo a
que se pase a verlos si descargan
por su ciudad, no quedará
defraudado.
En la esquina
contraria del ring se encuentra
Jorn Lande. Sí, es un
vocalista excepcional, tremendo,
con una trayectoria que abarca
desde el hard rock de The Snakes
(ex Whitesnakes clásicos
tocando versiones de la serpiente)
al heavy de Masterplan pasando
por el “ego trip”
de Malmsteen (con quien terminó
a puñetazos) y el “progresismo”
de los Ark del gran Tore Ostby
(Conception), entre otros. Hoy
en día es uno de los
cantantes más respetados
y conocidos pero, en mi opinión,
hay otros tantos tan buenos
como él que no se comen
una rosca. ¿La diferencia?
Jorn sale más en la prensa,
en gran parte debido al apoyo
que tienen las formaciones en
las que ha participado. Pero
es que además sus discos
en solitario también
tienen repercusión. Eso
es todavía más
complicado pero como consecuencia
de su status, lo logra. Sea
como fuere, reitero que no se
debe hablar de victimismo o
favoritismo, simplemente reflejar
la importancia de los medios
en cualquier expresión
artística, deportiva,
social o política.
Por todo lo
hablado, me sorprendió
que al llegar a Heineken únicamente
diez personas estuvieran esperando
la apertura de puertas. Ya se
sabe que aquí los conciertos
coinciden con la hora de Los
Lunnis pero esta vez la sala
no abrió hasta más
tarde ya que en la entrada habían
puesto un horario demasiado
ajustado al cierre del local
y hubo que adelantar las apariciones
en escena. Esta fue la razón
por la que al salir Alabarda
apenas cincuenta personas habían
accedido al recinto dando un
aspecto desolador. Una pena
porque, poco a poco, aquello
se fue poblando y al final más
de quinientos aficionados dieron
colorido a la velada.
No obstante,
a los de Zaragoza poco les importó.
Salieron como siempre, dispuestos
a arrasar, comenzando con la
fantástica “Abran
juego”, tema inicial de
“Principios de realidad”.
Desgraciadamente el sonido no
acompañaba y Carlos Remacha
tuvo que utilizar todo su chorro
de voz para abrirse paso entre
los instrumentos. Tampoco el
micro que el bajista Ángel
Urgel utiliza en los coros tenía
demasiada presencia pero ellos
siguieron a lo suyo. Me encanta
su puesta en escena, Carlos
es un excelente frontman y los
guitarristas Nano y Héctor
no se quedan quietos ni un instante.
Ellos ilustran mejor que nadie
la diferencia entre una pose
chula y ser un posturistas.
Obviamente, el dúo maño
entra en la primera definición
con sus movimientos miméticos,
el chocar de espaldas o el tocar
la guitarra del compañero.
Lo peor del
show, además del sonido,
fue el poco tiempo del que dispusieron.
Después de “Abran
juego” cayeron dos del
último “Furia ígnea”,
a saber, “Furia”
y la roquera “Tan joven,
tan viejo”. La fantástica
y contundente “Fuera de
control” metió
de lleno al público en
su propuesta. Quizá enfrentados
a una audiencia más aficionada
al hard, Alabarda supieron concitar
su atención y cosechar
bastantes aplausos. Eso sí,
no demasiados nos sabíamos
sus canciones aunque intentábamos
ayudar coreando cosas como “Personaje
de ficción”. Una
pena que no pudieran interpretar
mis favoritas de “Furia
ígnea” como son
“Desde el suicidio”,
“EnComa” y “Ciudad
sin fin”, en particular
ésta porque seguro engancharía
a la gente.
A pesar de
que en el repertorio programado
había dos temas más,
entre ellos la versión
del “Razamanaz”
de Nazareth (siento mucha curiosidad
por oírla porque los
escoceses me flipan), tuvieron
que despedirse con su himno
“Nunca es tarde”.
De nuevo y van…, una lección
de heavy metal patrio es la
que nos ofrecieron Alabarda,
unos tipos simpáticos
sobre las tablas (fuera de ellas
no les conozco) pero, sobre
todo, profesionales y efectivos.
Por enésima vez, enhorabuena.
No es que tenga
entre ceja y ceja a Lande pero,
en mi opinión, ninguna
de las veces que le he visto
en directo con anterioridad
me ha parecido tanto como todos
afirman. A esto tengo que sumarle
que de todo lo que ha hecho
en su carrera, me quedaría
con su trabajo en Ark y Millenium,
el disco de Beyond Twilight
y algunas de sus obras en solitario
(sobre todo “Worldcharger”).
Bueno, tal vez incluiría
el nuevo de Allen/Lande que
tiene pinta de salirse después
de una primera escucha. Sí,
estaba escéptico y no
especialmente ilusionado ante
su visita porque el repertorio
podía ser glorioso o
desconcertante. No se llegó
a ninguno de los dos extremos
pero os aseguro que estuvo mucho
más cerca de lo segundo.
Tampoco pensaba que fueran a
aparecer cosas de Vagabond o
Mundanus Imperium pero sí
un compendio de su trayectoria
y no tantas versiones.
Poco más
de las nueve y cuarto cuando
el quinteto saltó al
escenario de Heineken. Era normal
que empezaran con “We
brought the angels down”
porque para eso da inicio a
“The duke”, su última
obra no recopilatoria. El sonido
era aceptable, no especialmente
brillante pero sí permitía
distinguir todos los instrumentos
sin especial dificultad. Por
supuesto, los ojos y oídos
de los presentes estaban centrados
en Jorn quien se plantó
con su cada vez más oronda
figura, la chupa de cuero y
unas gafas de sol que le acompañaron
hasta los bises. El tipo se
debía creer Luis XIV
o algo así porque no
tiene sentido. Técnicamente
hay que decir que estuvo intachable
durante la actuación
pero es obligatorio señalar
que Lande no hizo ni un solo
alarde. Me atrevo a afirmar
que cumplió el expediente
y punto. Esto le sirve para
dar un buen tono general pero
no para que nadie recuerde este
show. Además, me pareció
ridículo el cúmulo
de poses con que “deleitó”
a los fotógrafos que
cubrían el evento.
“Blacksong”
fue la segunda interpretación,
también de “The
duke”, un corte bueno
pero tampoco espectacular. Dentro
del mismo disco aparece la primera
de las muchas versiones que
íbamos a escuchar, el
“Are you ready?”
de Thin Lizzy. En fin, qué
queréis que os diga,
para un fanático de los
irlandeses como yo siempre me
hace ilusión que alguien
los reivindique pero por mucho
que esté infinitamente
más dotado para cantar,
Jorn no le imprime ni el 50%
de la emoción del inolvidable
Phil Lynott. No contentos con
ella, continuaron atacando “Cold
sweat”, otra de las grandes
composiciones de Thin Lizzy
y que se recoge en el reciente
disco de versiones del noruego,
“Unlocking the past”,
del que os dimos cuenta por
aquí. Tanto Tore Moren
como Jens Viggo Lofstad ejecutaron
con corrección las dobles
melodías mágicas
que caracterizaron a los de
Dublín. No estuvo mal
pero, sinceramente, hubiera
preferido más cosas propias
o colaterales que estos homenajes.
Me resulta
significativo que sea “Tungur
Knivur” la única
referencia a “Worldcharger”
en el repertorio. Ni mucho menos
es de mis preferidas de tan
brillante álbum. Quizá,
pensé, esto es debido
a que es un tema para el lucimiento
de los músicos en la
parte central pero cuál
sería mi sorpresa cuando
nada más concluirla todos
abandonan el escenario dejando
a Tore tener su momento estelar
con un solo infumable. Lo peor
es que aún quedaban dos
más con lo cual el ya
de por sí pobre dinamismo
de la actuación quedó
diluido. De acuerdo que Lande
tiene que reposar sus cuerdas
vocales pero ¿tanto?
Por dios, qué aburrimiento.
Sólo faltó que
Sid Ringsby, que aunque sea
ex TNT más parecía
un antiguo componente de The
Dictators, también le
diera al bajo mientras los demás
se tocaban la barriga.
Menos mal que
su regreso coincidió
con la fantástica “The
duke of love” y la temperatura
subió bastantes enteros
porque es un corte muy pegadizo
y que anima al público.
Todo lo contrario que la oscura
“Abyss of evil”,
de su debut “Starfire”,
y que desconcertó un
poco a los allí presentes.
No es de esas canciones que
uno esperaría en Jorn
pero no está mal que
rescate material más
raro… siempre que no nos
machaquen con un nuevo solo,
como así sucedió.
Esta vez le tocó el turno
al viejísimo (por lo
menos, de aspecto) baterista
Willy Bendiksen que no mejoró
a Tore Moren sino que contribuyó
al tedio. Esa sensación
debería haber cambiado
radicalmente con “Where
the winds blow”, concesión
a su época en Ark, pero
como lamentablemente ya habíamos
comprobado en el recopilatorio
“The gathering”,
esta revisión hard roquera
empequeñece el espíritu
de tamaña composición.
Menos mal que “Out to
every nation” iba a dar
algo de empaque al conjunto
y levantar el alicaído
ánimo que me embargaba.
No es que ése sea mi
disco favorito de Lande pero,
al menos, el tema título
es excelente, tanto como para
considerar el paupérrimo
solo de John Viggo como cinco
minutos de “oscurecimiento
cerebral”.
El propio Lofstad
nos preguntó si queríamos
cantar y la respuesta no fue
un clamor por parte de una audiencia
que aplaudía pero no
se emocionaba. ¿Y qué
era eso que teníamos
que corear? Nada menos que el
“Straight through the
heart” de DIO. Y yo digo,
¿qué demonios
pintaba? ¿No tiene confianza
Jorn en la infinidad de material
que ha grabado? Para eso, que
se hubiera marcado alguna de
Yngwie y le dedicara “cariñosas”
palabras, así satisfacía
nuestro morbo. El caso es que
la interpretación fue
notable pero eso no disimula
mi indignación. Estábamos
llegando a la conclusión
con “Stormcrow”,
el corte más pegadizo
de “The duke”, que
mitigó un tanto mi decepción
por el repertorio escogido.
No tardaron
demasiado Lande y compañeros
en regresar para ofrecer el
esperado medley de Whitesnake.
Parece lógico que lo
toquen porque Jorn empezó
a conseguir repercusión
en The Snakes pero ¿tan
largo? Además, resultó
sintomático ver la reacción
del público ante según
qué canción. Cuando
empezaron con “Come on”
sólo unos pocos disfrutamos,
al llegar “Sweet talker”
ya algunos más consiguieron
reconocerla pero fueron “Crying
in the rain”, “Here
I go again” y “Gimme
all your love” las que
provocaron el éxtasis
de algunos. ¡El mundo
al revés! Con este popurrí
se despidieron después
de hora y media con demasiados
altibajos, irregular, excesivos
solos y pocos momentos que me
hicieron vibrar. No estuvo mal,
y de hecho fue la vez que mejor
he visto a Lande de voz, pero
mi sensación general
no fue todo lo positiva que
esperaba viendo los mimbres
que tenía para hacer
el cesto. Aprobado raspado.
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Jorn Lande


Alabarda


Jorn Lande




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