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JORN LANDE + ALABARDA

Sala Heineken (Madrid) 20/04/2007

La prensa es responsable de mucho de lo que ocurre en la vida. Cada día estoy más convencido que el denominado cuarto poder mueve sus hilos tanto como los empresarios, banqueros y demás “beautiful people” de la que se rodean los políticos de turno. En la música, esto no iba a ser menos, y en el metal tampoco. La supuesta independencia del género queda distorsionada por opiniones partidistas. ¡Ojo! No digo que esto sea intrínsicamente malo, simplemente es un hecho constatable. A mí, mientras el periodista de turno no trinque (que los hay aunque sea de un modo indirecto), me viene al fresco si se quiere encumbrar a éste o aquel grupo.

Viene al caso esto porque el concierto del que vamos a tratar versa sobre dos formaciones contrapuestas en este aspecto. Por un lado, están los maños Alabarda. Este quinteto, como ya hemos comentado por aquí, tiene tres discos espectaculares, de lo mejor que se ha oído en heavy español en mucho tiempo. Como siempre digo, junto a Centinela y Silver Fist, los más claros exponentes de este renacimiento del estilo después de años de dragones, mazmorras y demás historias para no dormir. Sin embargo, el nombre que se han labrado ha sido gracias a su buen hacer tanto en estudio como en directo y a las alabanzas de unos pocos. Ha sido casi cuestión de boca a boca. Yo invito a todo el mundo a que se pase a verlos si descargan por su ciudad, no quedará defraudado.

En la esquina contraria del ring se encuentra Jorn Lande. Sí, es un vocalista excepcional, tremendo, con una trayectoria que abarca desde el hard rock de The Snakes (ex Whitesnakes clásicos tocando versiones de la serpiente) al heavy de Masterplan pasando por el “ego trip” de Malmsteen (con quien terminó a puñetazos) y el “progresismo” de los Ark del gran Tore Ostby (Conception), entre otros. Hoy en día es uno de los cantantes más respetados y conocidos pero, en mi opinión, hay otros tantos tan buenos como él que no se comen una rosca. ¿La diferencia? Jorn sale más en la prensa, en gran parte debido al apoyo que tienen las formaciones en las que ha participado. Pero es que además sus discos en solitario también tienen repercusión. Eso es todavía más complicado pero como consecuencia de su status, lo logra. Sea como fuere, reitero que no se debe hablar de victimismo o favoritismo, simplemente reflejar la importancia de los medios en cualquier expresión artística, deportiva, social o política.

Por todo lo hablado, me sorprendió que al llegar a Heineken únicamente diez personas estuvieran esperando la apertura de puertas. Ya se sabe que aquí los conciertos coinciden con la hora de Los Lunnis pero esta vez la sala no abrió hasta más tarde ya que en la entrada habían puesto un horario demasiado ajustado al cierre del local y hubo que adelantar las apariciones en escena. Esta fue la razón por la que al salir Alabarda apenas cincuenta personas habían accedido al recinto dando un aspecto desolador. Una pena porque, poco a poco, aquello se fue poblando y al final más de quinientos aficionados dieron colorido a la velada.

No obstante, a los de Zaragoza poco les importó. Salieron como siempre, dispuestos a arrasar, comenzando con la fantástica “Abran juego”, tema inicial de “Principios de realidad”. Desgraciadamente el sonido no acompañaba y Carlos Remacha tuvo que utilizar todo su chorro de voz para abrirse paso entre los instrumentos. Tampoco el micro que el bajista Ángel Urgel utiliza en los coros tenía demasiada presencia pero ellos siguieron a lo suyo. Me encanta su puesta en escena, Carlos es un excelente frontman y los guitarristas Nano y Héctor no se quedan quietos ni un instante. Ellos ilustran mejor que nadie la diferencia entre una pose chula y ser un posturistas. Obviamente, el dúo maño entra en la primera definición con sus movimientos miméticos, el chocar de espaldas o el tocar la guitarra del compañero.

Lo peor del show, además del sonido, fue el poco tiempo del que dispusieron. Después de “Abran juego” cayeron dos del último “Furia ígnea”, a saber, “Furia” y la roquera “Tan joven, tan viejo”. La fantástica y contundente “Fuera de control” metió de lleno al público en su propuesta. Quizá enfrentados a una audiencia más aficionada al hard, Alabarda supieron concitar su atención y cosechar bastantes aplausos. Eso sí, no demasiados nos sabíamos sus canciones aunque intentábamos ayudar coreando cosas como “Personaje de ficción”. Una pena que no pudieran interpretar mis favoritas de “Furia ígnea” como son “Desde el suicidio”, “EnComa” y “Ciudad sin fin”, en particular ésta porque seguro engancharía a la gente.

A pesar de que en el repertorio programado había dos temas más, entre ellos la versión del “Razamanaz” de Nazareth (siento mucha curiosidad por oírla porque los escoceses me flipan), tuvieron que despedirse con su himno “Nunca es tarde”. De nuevo y van…, una lección de heavy metal patrio es la que nos ofrecieron Alabarda, unos tipos simpáticos sobre las tablas (fuera de ellas no les conozco) pero, sobre todo, profesionales y efectivos. Por enésima vez, enhorabuena.

No es que tenga entre ceja y ceja a Lande pero, en mi opinión, ninguna de las veces que le he visto en directo con anterioridad me ha parecido tanto como todos afirman. A esto tengo que sumarle que de todo lo que ha hecho en su carrera, me quedaría con su trabajo en Ark y Millenium, el disco de Beyond Twilight y algunas de sus obras en solitario (sobre todo “Worldcharger”). Bueno, tal vez incluiría el nuevo de Allen/Lande que tiene pinta de salirse después de una primera escucha. Sí, estaba escéptico y no especialmente ilusionado ante su visita porque el repertorio podía ser glorioso o desconcertante. No se llegó a ninguno de los dos extremos pero os aseguro que estuvo mucho más cerca de lo segundo. Tampoco pensaba que fueran a aparecer cosas de Vagabond o Mundanus Imperium pero sí un compendio de su trayectoria y no tantas versiones.

Poco más de las nueve y cuarto cuando el quinteto saltó al escenario de Heineken. Era normal que empezaran con “We brought the angels down” porque para eso da inicio a “The duke”, su última obra no recopilatoria. El sonido era aceptable, no especialmente brillante pero sí permitía distinguir todos los instrumentos sin especial dificultad. Por supuesto, los ojos y oídos de los presentes estaban centrados en Jorn quien se plantó con su cada vez más oronda figura, la chupa de cuero y unas gafas de sol que le acompañaron hasta los bises. El tipo se debía creer Luis XIV o algo así porque no tiene sentido. Técnicamente hay que decir que estuvo intachable durante la actuación pero es obligatorio señalar que Lande no hizo ni un solo alarde. Me atrevo a afirmar que cumplió el expediente y punto. Esto le sirve para dar un buen tono general pero no para que nadie recuerde este show. Además, me pareció ridículo el cúmulo de poses con que “deleitó” a los fotógrafos que cubrían el evento.

“Blacksong” fue la segunda interpretación, también de “The duke”, un corte bueno pero tampoco espectacular. Dentro del mismo disco aparece la primera de las muchas versiones que íbamos a escuchar, el “Are you ready?” de Thin Lizzy. En fin, qué queréis que os diga, para un fanático de los irlandeses como yo siempre me hace ilusión que alguien los reivindique pero por mucho que esté infinitamente más dotado para cantar, Jorn no le imprime ni el 50% de la emoción del inolvidable Phil Lynott. No contentos con ella, continuaron atacando “Cold sweat”, otra de las grandes composiciones de Thin Lizzy y que se recoge en el reciente disco de versiones del noruego, “Unlocking the past”, del que os dimos cuenta por aquí. Tanto Tore Moren como Jens Viggo Lofstad ejecutaron con corrección las dobles melodías mágicas que caracterizaron a los de Dublín. No estuvo mal pero, sinceramente, hubiera preferido más cosas propias o colaterales que estos homenajes.

Me resulta significativo que sea “Tungur Knivur” la única referencia a “Worldcharger” en el repertorio. Ni mucho menos es de mis preferidas de tan brillante álbum. Quizá, pensé, esto es debido a que es un tema para el lucimiento de los músicos en la parte central pero cuál sería mi sorpresa cuando nada más concluirla todos abandonan el escenario dejando a Tore tener su momento estelar con un solo infumable. Lo peor es que aún quedaban dos más con lo cual el ya de por sí pobre dinamismo de la actuación quedó diluido. De acuerdo que Lande tiene que reposar sus cuerdas vocales pero ¿tanto? Por dios, qué aburrimiento. Sólo faltó que Sid Ringsby, que aunque sea ex TNT más parecía un antiguo componente de The Dictators, también le diera al bajo mientras los demás se tocaban la barriga.

Menos mal que su regreso coincidió con la fantástica “The duke of love” y la temperatura subió bastantes enteros porque es un corte muy pegadizo y que anima al público. Todo lo contrario que la oscura “Abyss of evil”, de su debut “Starfire”, y que desconcertó un poco a los allí presentes. No es de esas canciones que uno esperaría en Jorn pero no está mal que rescate material más raro… siempre que no nos machaquen con un nuevo solo, como así sucedió. Esta vez le tocó el turno al viejísimo (por lo menos, de aspecto) baterista Willy Bendiksen que no mejoró a Tore Moren sino que contribuyó al tedio. Esa sensación debería haber cambiado radicalmente con “Where the winds blow”, concesión a su época en Ark, pero como lamentablemente ya habíamos comprobado en el recopilatorio “The gathering”, esta revisión hard roquera empequeñece el espíritu de tamaña composición. Menos mal que “Out to every nation” iba a dar algo de empaque al conjunto y levantar el alicaído ánimo que me embargaba. No es que ése sea mi disco favorito de Lande pero, al menos, el tema título es excelente, tanto como para considerar el paupérrimo solo de John Viggo como cinco minutos de “oscurecimiento cerebral”.

El propio Lofstad nos preguntó si queríamos cantar y la respuesta no fue un clamor por parte de una audiencia que aplaudía pero no se emocionaba. ¿Y qué era eso que teníamos que corear? Nada menos que el “Straight through the heart” de DIO. Y yo digo, ¿qué demonios pintaba? ¿No tiene confianza Jorn en la infinidad de material que ha grabado? Para eso, que se hubiera marcado alguna de Yngwie y le dedicara “cariñosas” palabras, así satisfacía nuestro morbo. El caso es que la interpretación fue notable pero eso no disimula mi indignación. Estábamos llegando a la conclusión con “Stormcrow”, el corte más pegadizo de “The duke”, que mitigó un tanto mi decepción por el repertorio escogido.

No tardaron demasiado Lande y compañeros en regresar para ofrecer el esperado medley de Whitesnake. Parece lógico que lo toquen porque Jorn empezó a conseguir repercusión en The Snakes pero ¿tan largo? Además, resultó sintomático ver la reacción del público ante según qué canción. Cuando empezaron con “Come on” sólo unos pocos disfrutamos, al llegar “Sweet talker” ya algunos más consiguieron reconocerla pero fueron “Crying in the rain”, “Here I go again” y “Gimme all your love” las que provocaron el éxtasis de algunos. ¡El mundo al revés! Con este popurrí se despidieron después de hora y media con demasiados altibajos, irregular, excesivos solos y pocos momentos que me hicieron vibrar. No estuvo mal, y de hecho fue la vez que mejor he visto a Lande de voz, pero mi sensación general no fue todo lo positiva que esperaba viendo los mimbres que tenía para hacer el cesto. Aprobado raspado.


Jorn Lande

 

 

 

 


Alabarda

 

 

 


Jorn Lande

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.jornlande.com

Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego