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Al final va
a haber que darle las gracias
a las multinacionales, grandes
medios de comunicación
y demás que dieron las
espalda al rock con clase y
al metal desde principios de
los noventa. Aunque sea de forma
tardía y casi cercanos
a la jubilación (por
edad que no por ganas y prestancia)
podemos disfrutar de una serie
de acontecimientos históricos
(no digo conciertos porque superan
la trascendencia de estos) que
nadie podría haber imaginado
en su momento. Primero fue el
turno de Toto, luego en Barcelona
Foreigner y ahora llegaban Journey
con una fecha única programada
en España. Evidentemente,
todo el que quiera puede ponerle
infinitos matices a la situación.
En el caso
que nos ocupa esto vendría
por la ausencia de Steve Perry.
Para muchos, no hay Journey
sin el increíble vocalista
pero esto es lo que hay, está
Neil Schon, está Ross
Valory, está Jonathan
Cain… que no son unos
“don nadies” en
la trayectoria de este grupo
paradigma del AOR. Como en este
país somos así,
hasta la propia semana del concierto
no se colgó el cartel
de “no hay billetes”.
Increíble pero cierto
y eso que en la mayoría
de sitios tocan en locales,
al menos, tres veces más
grandes que La Riviera pero
reitero que forma parte de nuestra
idiosincrasia.
Desde un plano
más personal, diré
que con Journey me pasa un poco
como con Toto, no soy megafan
del grupo en el sentido de tener
todos sus discos y pensar que
son lo mejor que ha dado el
mundo desde el descubrimiento
de la rueda, pero a diferencia
de los de Steve Lukather, Journey
han escrito algunas de las canciones
más emocionantes que
jamás he oído.
Además, también
opino que Perry es más
grande que Enrico Caruso (exagero),
de los cinco principales de
la historia del rock, sin duda.
Por eso, poco después
de salir a la venta, hubo que
comprar la entrada porque nunca
se sabe qué designios
tienen los señores promotores.
La cola que
había cuando te acercabas
a la sala era de las que indican
que va a ser una noche memorable.
La media de edad era bastante
alta pero sí que había
algunos chavales bastante jóvenes
que supongo que habrían
entrado en el universo Journey
con sus padres o algún
tío roquero. En el ambiente
se respiraba la excitación
propia de “la primera
vez” y, probablemente,
la última. Aquí
sí se podría hacer
la similitud con la actuación
de Toto, de ahí el murmullo,
reflejo del desconcierto, cuando
descubrimos el misterio del
teclado en el centro del escenario.
Una chica bastante guapa llamada
Lennon apareció para
ejercer de telonera. Con su
instrumento y la voz estuvo
veinticinco minutos que a la
mayoría le sirvieron
de música de fondo no
desagradable para seguir charlando
con los colegas. En el Reino
Unido había sido el gran
Danny Vaughn de Tyketto el que
se había enfundado su
acústica para deleitar
a la gente con temas en solitario
y de su banda. Una lástima
porque siempre es un placer
escuchar joyas como “Burning
down inside”, “Wings”
o “Forever young”.
Por el contrario, ya digo que
tuvimos un rato de sosería
extrema aunque la chica no tenía
mala voz. Se quedó en
anécdota.
La espera llegó
a su fin. De una forma sencilla,
sin grandes alardes, salieron
estos respetadísimos
músicos a enfundarse
sus instrumentos. La ovación
fue de las que hacen época
y como bienvenida Neil Schon
nos ofreció un breve
solo de guitarra en el que interpretó
una versión personal
del himno nacional, algo que
viene haciendo en cada país
durante la gira europea. Ya
con Jeff Scott Soto en las tablas,
el concierto comenzó
con “Rubicon”, un
tema curioso para empezar porque
ni es muy marchoso ni es coreable.
La gente se quedó un
poco despistada con esta canción
que cerraba “Frontiers”,
uno de sus álbumes más
míticos. Con “Stone
in love” la cosa ya cambió
y el público empezó
a cantar al son de las melodías
fantásticas de la guitarra
de Schon pero fue durante “Ask
the lonely” cuando empezamos
a comprobar que esto era un
evento especial para muchos.
La sonrisa de la gente era visible
y alguna lagrimilla seguro que
cayó. Hasta yo que no
era un entregado incondicional
me rendí con la increíble
“Wheels in the sky”,
mi composición favorita
de los americanos, interpretada
con suma maestría por
todos.
En una primera
impresión, que no varió
a lo largo del show, hay que
señalar lo enchufados
que estaban todos los miembros
del grupo. Pienso que Soto,
un habitual por estas tierras,
les informó de cómo
nos las gastamos los españoles
cuando animamos pero no creo
que fueran conscientes hasta
que estuvieron en La Riviera.
Tal vez por eso se les vio rejuvenecidos.
Neil es el alma del grupo, de
cada nota de su guitarra se
destila elegancia; Ross Valory
muestra su repertorio de muecas
que le hacen parecer pariente
lejano del feo de los hermanos
Calatrava pero con un talento
notable; por su parte, Jonathan
Cain, un tipo que tenía
fama de ser un pasota y cumplir
sin más, estuvo muy activo
sobre todo cada vez que tenía
que enfundarse la guitarra que
fue muchas veces más
de lo que esperaba porque el
repertorio de Journey tuvo un
cariz eminentemente hard. Ellos
tres forman el núcleo
clásico de la formación
pero me gustaría dedicar
un capítulo aparte a
los otros dos.
De Deen Castronovo
no se puede decir que sea nuevo
porque ya lleva un tiempo lo
suficientemente considerable
para ser considerado miembro
por derecho propio. Como batería
es excelente y entiendo que
nadie echará de menos
a Steve Smith pero es que “Dino”
añade un extra, una voz
prodigiosa, de registros muy
parecidos a los de Steve Perry
aunque sin la magia de éste,
evidentemente. Por eso, como
veremos, en algunas canciones
él hizo de solista y
los más “puristas”
comentaban la posibilidad de
que volviera Smith y se quedara
Castronovo de voz principal,
para mi gusto, una tontería
pero bueno, para gustos los
colores.
Queda hablar
sobre Jeff Scott Soto. Intentaré
ser objetivo. En mi opinión,
Jeff es un crack, uno de los
mejores frontman que he visto
y un vocalista excelso. Todo
un trotamundos sin la suerte
que merecía al que no
le ha importado juntarse con
quien fuera para subirse a un
escenario y deleitarnos con
su actitud. Por lo que me han
contado (y así lo reflejamos
en la entrevista a Talisman)
fue un pequeño palo para
Jeff no ser el elegido para
la gira de Queen. Sin embargo,
algunas veces la vida te compensa
y el turbulento proyecto Soul
Sirkus le sirvió para
que Neil Schon se quedara con
su curriculum y en el momento
en que Steve Augeri fue incapaz
de continuar le buscaron como
sustituto de urgencia hasta
que le confirmaron en el puesto.
Augeri, un hombre con poco o
ningún carisma, tiene
una tesitura mucho más
parecida a Perry que Soto y
eso es un handicap para Jeff.
Es más, había
oído algún fragmento
de canción durante su
tour americano con Def Leppard
en el que Soto no daba la talla.
Imagino que algo tendría
que ver la responsabilidad de
sentirse examinado, no sólo
por los fans sino también
por sus compañeros. Una
vez asentado en Journey la cosa
ha ido a mejor y no trata de
ser Steve Perry porque nunca
se acercará pero sí
pone su voz más soul
y profunda al servicio de un
montón de composiciones
míticas. Asimismo, aporta
frescura y movilidad lo que
contagia a sus compañeros.
Es verdad que al final del concierto
pierde un poco de fuelle y su
voz se resiente pero considero
que superó la prueba
con nota alta configurándose
como el sustituto más
adecuado para Journey. Está
viviendo un sueño y aprovecha
cada instante. Seguro que habrá
voces discordantes pero tendrán
la esperanza de una realidad
utópica.
Como todo no
puede ser perfecto, para un
profano como yo, después
de la tremenda fase inicial,
llegó una, un tanto larga,
en la que se alternaron momentos
brillantes con otros menos excitantes,
con amplios desarrollos instrumentales.
“Keep on runnin´”
siguió mostrándonos
a unos californianos muy roqueros,
de los años de “Escape”,
pero fue en “Who´s
crying now” donde algunos
soltaron un “Ohhh”
para describir la voz de Castronovo
que tomó las riendas
en este tema con Soto a los
coros. Con la marcha de Augeri,
Journey han querido dotar a
sus conciertos de otro aire.
Lógicamente, “Generations”
queda apartado y en su lugar
introducen cosas de la etapa
pre-Perry. En su debut homónimo,
había un tema llamado
“Mystery mountain”,
de atmósferas sinfónicas,
que Cain se encargó de
cantar si bien su micro no se
oía del todo bien dentro
de un sonido general bueno mas
no excelente.
La dualidad
“Escape” - “Frontiers”
marcó la velada porque
en esta parte central fue el
último el que indicó
el camino a seguir. Casi sin
solución de continuidad
cayeron “Edge of the blade”,
la buenísima “Chain
reaction” y un “Send
her my love” recuperado
para la causa, sobre todo porque
Soto la versioneó en
su disco de baladas que apareció
justo antes de su entrada de
Journey. Quizá la mejor
interpretación vocal
del puertorriqueño. Entre
medias, otra de las no habituales,
“Remember me”, la
canción más actual
que tocaron y que pertenece
a la banda sonora de “Armageddon”.
Un gran tema no demasiado bien
aprovechado por Jeff que, sin
embargo, se vino arriba con
la brutal “Lights”,
cantada a grito pelado por los
seguidores. A su conclusión
Soto se marchó a descansar
porque era, otra vez, momento
para Castronovo que se salió
en “Still they ride”
y no tanto en “Open arms”,
precedida de un emotivo solo
de Jonathan Cain en su eterno
piano rojo. Quizá la
opinión que tengo de
“Open arms” es subjetiva,
al público le encantó,
pero, personalmente, siempre
me resultó muy “pastelona”.
Aquí
entramos en un rato de concierto
en el que reconozco que me aburrí
un poco. “After the fall”
no estuvo mal pero le faltó
gancho. Otro as de la manga
lo tenían guardado Journey
gracias a “La raza del
sol”, cara B del single
“Still they ride”,
de corte muy latino y que recordaba
horrores al Santana menos comercial.
Es la típica composición
que adoran los músicos
porque así se pueden
explayar pero que los fans no
entendemos tan bien, sobre todo
si la unen con “La Do
Da” que huyendo del aire
latino sí que ofrece
esos desarrollos instrumentales
amplios. Para continuar con
el pasaje de “onanismo
musical”, Ross Valory
y Deen Castronovo se marcaron
unos solos normalitos, que rayaron
a menor altura de su calidad.
Encima estos solos los unieron
con la pequeña blues
jam que normalmente antecede
a “Lovin´ touchin´
squeezin´”, lo que
supuso más de veinte
minutos un tanto tediosos a
mi entender.
No obstante,
hasta el final se encargaron
de compensarnos porque con “Lovin´
touchin´squeezin´”
llegó la avalancha de
megahits por todos conocidos.
“Escape” me encantó
porque su estribillo es de mis
preferidos de Journey. “Faithfully”
fue la última oportunidad
de deleitarnos con Dino. La
comunión entre público
y baterista fue estremecedora
tanto que el propio Soto pidió
una ovación especial
para el bueno de Castronovo.
Quedaba la traca o chupinazo
definitivo donde a más
de uno la emoción le
invadió. Aquí
Jeff se resintió un poco
pero daba igual porque la audiencia
le llevaba en volandas en la
increíble “Don´t
stop believin´”
(¡cómo es posible
componer algo así de
maravilloso!) y con “Anyway
you want it” terminó
una actuación que había
durado más de dos horas
ininterrumpidas. Para unos señores
que no cumplen los cincuenta
en algunos casos no está
ni mucho menos mal, ya podían
tomar notar otros pesos pesados.
Tenía
que haber un postre (nos hubiera
gustado café, copa y
puro) y éste vino por
obra y gracia de una “Separate
ways” muy poderosa (excesivamente,
quizá) que sirvió
de adiós a una actuación
que genera diferentes conclusiones.
Creo que Soto le hace mucho
bien a Journey, el que no tenga
los registros de Steve Perry
no le incapacita como vocalista
de los de San Francisco. Es
más, les ha proporcionado
una energía de la que
carecían hace unos años
viendo su buen DVD de 2001.
Otra idea que me ronda es que
los Journey de 2007 son los
más duros de su historia.
No sé si habrá
nuevo disco pero los derroteros
irán por el hard más
que por el AOR. También
se puede decir que el repertorio
fue extraño, entiendo
que los fans de los discos más
radio fórmula americana
les pareciera malo porque negar
“Raised on radio”
resulta increíble (sobre
“Trial by fire”
y “Arrival” podríamos
discutir más). Encima,
la parte de los solos y composiciones
sorpresa no ayudó.
Eso sí,
después de estas reflexiones,
he de afirmar con rotundidad
que me lo pasé estupendamente,
mejor incluso que en Toto. Journey
me convencieron al 100%, me
alegro mucho de que Soto esté
ganándose un merecido
sueldo y espero que esto no
se rompa nunca y tengamos la
ocasión de volver a ver
esta formación…
salvo que regresara Steve Perry,
una utopía como dije
antes, pero eso son palabras
mayores.
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