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JOURNEY + LENNON Sala La Riviera (Madrid) 24/03/2007

Al final va a haber que darle las gracias a las multinacionales, grandes medios de comunicación y demás que dieron las espalda al rock con clase y al metal desde principios de los noventa. Aunque sea de forma tardía y casi cercanos a la jubilación (por edad que no por ganas y prestancia) podemos disfrutar de una serie de acontecimientos históricos (no digo conciertos porque superan la trascendencia de estos) que nadie podría haber imaginado en su momento. Primero fue el turno de Toto, luego en Barcelona Foreigner y ahora llegaban Journey con una fecha única programada en España. Evidentemente, todo el que quiera puede ponerle infinitos matices a la situación.

En el caso que nos ocupa esto vendría por la ausencia de Steve Perry. Para muchos, no hay Journey sin el increíble vocalista pero esto es lo que hay, está Neil Schon, está Ross Valory, está Jonathan Cain… que no son unos “don nadies” en la trayectoria de este grupo paradigma del AOR. Como en este país somos así, hasta la propia semana del concierto no se colgó el cartel de “no hay billetes”. Increíble pero cierto y eso que en la mayoría de sitios tocan en locales, al menos, tres veces más grandes que La Riviera pero reitero que forma parte de nuestra idiosincrasia.

Desde un plano más personal, diré que con Journey me pasa un poco como con Toto, no soy megafan del grupo en el sentido de tener todos sus discos y pensar que son lo mejor que ha dado el mundo desde el descubrimiento de la rueda, pero a diferencia de los de Steve Lukather, Journey han escrito algunas de las canciones más emocionantes que jamás he oído. Además, también opino que Perry es más grande que Enrico Caruso (exagero), de los cinco principales de la historia del rock, sin duda. Por eso, poco después de salir a la venta, hubo que comprar la entrada porque nunca se sabe qué designios tienen los señores promotores.

La cola que había cuando te acercabas a la sala era de las que indican que va a ser una noche memorable. La media de edad era bastante alta pero sí que había algunos chavales bastante jóvenes que supongo que habrían entrado en el universo Journey con sus padres o algún tío roquero. En el ambiente se respiraba la excitación propia de “la primera vez” y, probablemente, la última. Aquí sí se podría hacer la similitud con la actuación de Toto, de ahí el murmullo, reflejo del desconcierto, cuando descubrimos el misterio del teclado en el centro del escenario. Una chica bastante guapa llamada Lennon apareció para ejercer de telonera. Con su instrumento y la voz estuvo veinticinco minutos que a la mayoría le sirvieron de música de fondo no desagradable para seguir charlando con los colegas. En el Reino Unido había sido el gran Danny Vaughn de Tyketto el que se había enfundado su acústica para deleitar a la gente con temas en solitario y de su banda. Una lástima porque siempre es un placer escuchar joyas como “Burning down inside”, “Wings” o “Forever young”. Por el contrario, ya digo que tuvimos un rato de sosería extrema aunque la chica no tenía mala voz. Se quedó en anécdota.

La espera llegó a su fin. De una forma sencilla, sin grandes alardes, salieron estos respetadísimos músicos a enfundarse sus instrumentos. La ovación fue de las que hacen época y como bienvenida Neil Schon nos ofreció un breve solo de guitarra en el que interpretó una versión personal del himno nacional, algo que viene haciendo en cada país durante la gira europea. Ya con Jeff Scott Soto en las tablas, el concierto comenzó con “Rubicon”, un tema curioso para empezar porque ni es muy marchoso ni es coreable. La gente se quedó un poco despistada con esta canción que cerraba “Frontiers”, uno de sus álbumes más míticos. Con “Stone in love” la cosa ya cambió y el público empezó a cantar al son de las melodías fantásticas de la guitarra de Schon pero fue durante “Ask the lonely” cuando empezamos a comprobar que esto era un evento especial para muchos. La sonrisa de la gente era visible y alguna lagrimilla seguro que cayó. Hasta yo que no era un entregado incondicional me rendí con la increíble “Wheels in the sky”, mi composición favorita de los americanos, interpretada con suma maestría por todos.

En una primera impresión, que no varió a lo largo del show, hay que señalar lo enchufados que estaban todos los miembros del grupo. Pienso que Soto, un habitual por estas tierras, les informó de cómo nos las gastamos los españoles cuando animamos pero no creo que fueran conscientes hasta que estuvieron en La Riviera. Tal vez por eso se les vio rejuvenecidos. Neil es el alma del grupo, de cada nota de su guitarra se destila elegancia; Ross Valory muestra su repertorio de muecas que le hacen parecer pariente lejano del feo de los hermanos Calatrava pero con un talento notable; por su parte, Jonathan Cain, un tipo que tenía fama de ser un pasota y cumplir sin más, estuvo muy activo sobre todo cada vez que tenía que enfundarse la guitarra que fue muchas veces más de lo que esperaba porque el repertorio de Journey tuvo un cariz eminentemente hard. Ellos tres forman el núcleo clásico de la formación pero me gustaría dedicar un capítulo aparte a los otros dos.

De Deen Castronovo no se puede decir que sea nuevo porque ya lleva un tiempo lo suficientemente considerable para ser considerado miembro por derecho propio. Como batería es excelente y entiendo que nadie echará de menos a Steve Smith pero es que “Dino” añade un extra, una voz prodigiosa, de registros muy parecidos a los de Steve Perry aunque sin la magia de éste, evidentemente. Por eso, como veremos, en algunas canciones él hizo de solista y los más “puristas” comentaban la posibilidad de que volviera Smith y se quedara Castronovo de voz principal, para mi gusto, una tontería pero bueno, para gustos los colores.

Queda hablar sobre Jeff Scott Soto. Intentaré ser objetivo. En mi opinión, Jeff es un crack, uno de los mejores frontman que he visto y un vocalista excelso. Todo un trotamundos sin la suerte que merecía al que no le ha importado juntarse con quien fuera para subirse a un escenario y deleitarnos con su actitud. Por lo que me han contado (y así lo reflejamos en la entrevista a Talisman) fue un pequeño palo para Jeff no ser el elegido para la gira de Queen. Sin embargo, algunas veces la vida te compensa y el turbulento proyecto Soul Sirkus le sirvió para que Neil Schon se quedara con su curriculum y en el momento en que Steve Augeri fue incapaz de continuar le buscaron como sustituto de urgencia hasta que le confirmaron en el puesto. Augeri, un hombre con poco o ningún carisma, tiene una tesitura mucho más parecida a Perry que Soto y eso es un handicap para Jeff. Es más, había oído algún fragmento de canción durante su tour americano con Def Leppard en el que Soto no daba la talla. Imagino que algo tendría que ver la responsabilidad de sentirse examinado, no sólo por los fans sino también por sus compañeros. Una vez asentado en Journey la cosa ha ido a mejor y no trata de ser Steve Perry porque nunca se acercará pero sí pone su voz más soul y profunda al servicio de un montón de composiciones míticas. Asimismo, aporta frescura y movilidad lo que contagia a sus compañeros. Es verdad que al final del concierto pierde un poco de fuelle y su voz se resiente pero considero que superó la prueba con nota alta configurándose como el sustituto más adecuado para Journey. Está viviendo un sueño y aprovecha cada instante. Seguro que habrá voces discordantes pero tendrán la esperanza de una realidad utópica.

Como todo no puede ser perfecto, para un profano como yo, después de la tremenda fase inicial, llegó una, un tanto larga, en la que se alternaron momentos brillantes con otros menos excitantes, con amplios desarrollos instrumentales. “Keep on runnin´” siguió mostrándonos a unos californianos muy roqueros, de los años de “Escape”, pero fue en “Who´s crying now” donde algunos soltaron un “Ohhh” para describir la voz de Castronovo que tomó las riendas en este tema con Soto a los coros. Con la marcha de Augeri, Journey han querido dotar a sus conciertos de otro aire. Lógicamente, “Generations” queda apartado y en su lugar introducen cosas de la etapa pre-Perry. En su debut homónimo, había un tema llamado “Mystery mountain”, de atmósferas sinfónicas, que Cain se encargó de cantar si bien su micro no se oía del todo bien dentro de un sonido general bueno mas no excelente.

La dualidad “Escape” - “Frontiers” marcó la velada porque en esta parte central fue el último el que indicó el camino a seguir. Casi sin solución de continuidad cayeron “Edge of the blade”, la buenísima “Chain reaction” y un “Send her my love” recuperado para la causa, sobre todo porque Soto la versioneó en su disco de baladas que apareció justo antes de su entrada de Journey. Quizá la mejor interpretación vocal del puertorriqueño. Entre medias, otra de las no habituales, “Remember me”, la canción más actual que tocaron y que pertenece a la banda sonora de “Armageddon”. Un gran tema no demasiado bien aprovechado por Jeff que, sin embargo, se vino arriba con la brutal “Lights”, cantada a grito pelado por los seguidores. A su conclusión Soto se marchó a descansar porque era, otra vez, momento para Castronovo que se salió en “Still they ride” y no tanto en “Open arms”, precedida de un emotivo solo de Jonathan Cain en su eterno piano rojo. Quizá la opinión que tengo de “Open arms” es subjetiva, al público le encantó, pero, personalmente, siempre me resultó muy “pastelona”.

Aquí entramos en un rato de concierto en el que reconozco que me aburrí un poco. “After the fall” no estuvo mal pero le faltó gancho. Otro as de la manga lo tenían guardado Journey gracias a “La raza del sol”, cara B del single “Still they ride”, de corte muy latino y que recordaba horrores al Santana menos comercial. Es la típica composición que adoran los músicos porque así se pueden explayar pero que los fans no entendemos tan bien, sobre todo si la unen con “La Do Da” que huyendo del aire latino sí que ofrece esos desarrollos instrumentales amplios. Para continuar con el pasaje de “onanismo musical”, Ross Valory y Deen Castronovo se marcaron unos solos normalitos, que rayaron a menor altura de su calidad. Encima estos solos los unieron con la pequeña blues jam que normalmente antecede a “Lovin´ touchin´ squeezin´”, lo que supuso más de veinte minutos un tanto tediosos a mi entender.

No obstante, hasta el final se encargaron de compensarnos porque con “Lovin´ touchin´squeezin´” llegó la avalancha de megahits por todos conocidos. “Escape” me encantó porque su estribillo es de mis preferidos de Journey. “Faithfully” fue la última oportunidad de deleitarnos con Dino. La comunión entre público y baterista fue estremecedora tanto que el propio Soto pidió una ovación especial para el bueno de Castronovo. Quedaba la traca o chupinazo definitivo donde a más de uno la emoción le invadió. Aquí Jeff se resintió un poco pero daba igual porque la audiencia le llevaba en volandas en la increíble “Don´t stop believin´” (¡cómo es posible componer algo así de maravilloso!) y con “Anyway you want it” terminó una actuación que había durado más de dos horas ininterrumpidas. Para unos señores que no cumplen los cincuenta en algunos casos no está ni mucho menos mal, ya podían tomar notar otros pesos pesados.

Tenía que haber un postre (nos hubiera gustado café, copa y puro) y éste vino por obra y gracia de una “Separate ways” muy poderosa (excesivamente, quizá) que sirvió de adiós a una actuación que genera diferentes conclusiones. Creo que Soto le hace mucho bien a Journey, el que no tenga los registros de Steve Perry no le incapacita como vocalista de los de San Francisco. Es más, les ha proporcionado una energía de la que carecían hace unos años viendo su buen DVD de 2001. Otra idea que me ronda es que los Journey de 2007 son los más duros de su historia. No sé si habrá nuevo disco pero los derroteros irán por el hard más que por el AOR. También se puede decir que el repertorio fue extraño, entiendo que los fans de los discos más radio fórmula americana les pareciera malo porque negar “Raised on radio” resulta increíble (sobre “Trial by fire” y “Arrival” podríamos discutir más). Encima, la parte de los solos y composiciones sorpresa no ayudó.

Eso sí, después de estas reflexiones, he de afirmar con rotundidad que me lo pasé estupendamente, mejor incluso que en Toto. Journey me convencieron al 100%, me alegro mucho de que Soto esté ganándose un merecido sueldo y espero que esto no se rompa nunca y tengamos la ocasión de volver a ver esta formación… salvo que regresara Steve Perry, una utopía como dije antes, pero eso son palabras mayores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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