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Arnel Pineda…
¡cruza la pasarela! No
es que quiera empezar provocando
controversia pero reconozco
que esta fue la primera sensación
que me dejó el concierto.
Cuando utilizo la tan manida
frase del reality musical por
excelencia de nuestro país,
lo hago en varios sentidos que
intentarán ser aclarados
en los siguientes párrafos
porque unos son muy positivos
y otros no tanto.
Journey regresaban
a España poco más
de una año después
de su primera visita. Lo hacían
sin el vocalista que les acompañó
entonces, el gran Jeff Scott
Soto. En su lugar, el desconocido
filipino Arnel Pineda que hasta
hace unos meses se mal ganaba
la vida en una banda local de
versiones. El salto es aún
más exagerado que el
que recrea la película
“Rock Star”. Un
sueño hecho realidad
se queda corto para describir
la situación que vive
el joven asiático.
Atrás
queda la poco comprensible expulsión
de Soto. Es cierto que para
todos aquellos fans que siempre
esperan al doble o clon de Steve
Perry, el bueno de Jeff era
casi la antítesis en
registros pero, sinceramente,
creo que supo adaptar la mayoría
de temas a sus tonos lo que
unido al enorme carisma que
posee encima de un escenario
hacía que muchos nos
sintiéramos satisfechos
con su presencia en una formación
tan típica. ¿Cuál
fue, entonces, la raíz
del problema? Es difícil
de saber con exactitud porque
nunca fue explicada. Intentando
ser racional (y sin pensar mal
de la actitud de Neil Schon
y Jonathan Cain) una posible
explicación sería
el hecho de que Soto en Estados
Unidos es casi tan desconocido
para el fan medio de Journey
como Pineda algo que en Europa
no sucede. Por lo tanto, si
los capos del grupo consideraban
que las cualidades vocales de
Jeff no eran las adecuadas y
habían escuchado ciertos
comentarios en su país,
la solución no fue tan
dramática para ellos
como sí pareció
aquí en el viejo continente
donde, no sin razón,
se les puso de vuelta y media
por el trato que habían
dado a un excepcional vocalista.
Una vez descubierto
Arnel, vía Internet según
cuentan, su debut llegó
en festival de Viña del
Mar de Chile. En los vídeos
que nos han llegado se demuestra
que como cantante apuntaba manera
pero el veredicto era difícil
de dar hasta no verle encima
de las tablas entonando cortes
que para la mayoría de
los asistentes al evento habían
marcado su vida. Y es que hablamos
de Journey, una de las bandas
más veneradas por sus
fans.
Si bien en
marzo de 2007 La Riviera colgó
el cartel de “no hay billetes”
un par de días antes
del evento, en esta ocasión
estaba seguro de que esto no
sucedería. El precio
de la entrada había subido
excesivamente, era domingo,
mes de junio lleno de festivales,
etc. Lo que no me terminé
de creer hasta que empezó
fue la pobrísima entrada
que presentó el recinto.
No más de cuarenta por
ciento de su capacidad, lo que
equivale a decir que se superó
por poco la cifra de mil espectadores.
Ni me imagino hace cuánto
Journey no tocaban en un sitio
tan vacío.
Muy puntuales,
sin teloneros, y con la intro
de rigor acompañando
su salido, el quinteto irrumpió
en el escenario, saludaron levantando
levemente el brazo, se enfundaron
los instrumentos y comenzaron
la velada con “Never walk
Away”, el tema que abre
su nuevo álbum, “Revelation”.
Mucha gente aún no está
familiarizada con ese material
porque oficialmente había
sido lanzado esa misma semana
pero recibieron a los de San
Francisco con una clamorosa
ovación.
El sonido,
en un hecho que se repitió
toda la noche, no era lo nítido
que debía. Tanto los
teclados como los coros quedaban
en un segundo plano mientras
que la mezcla general era un
tanto opaca, no brillaba. Aún
así, no era un desastre
y se podía aceptar para
empezar a valorar las prestaciones
de un Arnel Pineda que salió
con chata y pantalón
negro, bastante elegante. Su
juventud acrecentaba las arrugas
de sus compañeros más
cercanos, Schon y Ross Valory.
Jonathan Cain sigue con el don
de la eterna juventud junto
a sus teclados o tocando la
guitarra y el gran Deen Castronovo
detrás de la batería
le pegó muy duro, recordando
en la distancia sus días
de US Metal con Wild Dogs.
Pineda parecía
un chico con zapatos nuevos.
Con dos banderas de Filipinas
entre el público y un
buen puñado de compatriotas
alentándole, iba de un
lado a otro correteando ante
la atenta mirada de sus jefes.
Para un grupo de las características
de Journey me pareció
demasiado. Por momentos, me
resultó un pollo sin
cabeza moviéndose indistintamente
a derecha e izquierda. En el
apartado vocal, impecable, sus
registros son sutiles y potentes
al mismo tiempo. Quedaba ver
cómo se desenvolvía
en temas Perry.
Su primera
prueba de fuego llegó
rápido con uno de los
tres hits definitivos de los
californianos y una de las mejores
canciones, en mi opinión,
de la historia del rock. Los
teclados de Cain quemaron entre
el delirio de algunos para dar
paso a “Separate ways”.
Arnel cometió un error
ya que entró antes pero
no pasa nada, al fin y al cabo
era la premiere europea y su
segundo concierto. Algo que
a muchos agradó y a mí
no tanto fue que hasta en la
pose al cantar parecía
querer dejar claro que él
es mucho más parecido
a Steve Perry que su antecesor,
de ahí mi sensación
a “Operación Triunfo”
que tuve. Es verdad, lo hizo
muy bien pero está todavía
en la transición que
distingue al imitador del frontman.
Sin solución
de continuidad y ni tan siquiera
parar, Neil Schon ejecutó
un breve pero magistral solo
de guitarra, se dirigió
a la audiencia por única
vez para presentar a Arnel Pineda
y enganchar “Stone in
love”, casi queriendo
rememorar el orden establecido
en “Escape”. “Change
for the better” (¿indirecta,
tal vez?) fue la segunda parada
en “Revelation”
lo que provocó que la
excitación bajara, algo
momentáneo porque “Ask
the lonely” volvió
a calentar el ambiente y la
gente no paró de cantar
para acompañar al grupo.
Uno de las
composiciones que más
ganas tenía de escuchar
era “Wheel in the sky”,
mi preferida. Por los tonos
utilizados por Perry, éste
era uno de los cortes menos
adecuados a Soto. He de decir
que Pineda lo hizo francamente
bien marcando una a una todas
las inflexiones originales.
En mi opinión, el punto
álgido de la actuación.
Quizá por el esfuerzo
que había supuesto, se
retiró unos minutos a
descansar dejando paso al genio
Deen Castronovo para que cantara
“Keep on runnin´”.
En su anterior visita, lo más
grande de ese show fue descubrir
que Dino era un vocalista increíble,
maravilloso (probablemente el
sustituto más adecuado
para Perry), de ahí las
ganas de volver a disfrutar.
La roquera “Keep on runnin´”
no era precisamente donde Castronovo
brilla más (inolvidables
“Who´s crying now”
o “Faithfully”)
pero fueron las que yo creía
que eran pinceladas. Sin embargo
y por desgracia, fue la única
canción que Dino interpretó.
Considero que debería
ser un asunto a considerar,
no por desmerecer a Arnel Pineda,
sino por dar más cancha
a tan magníficos pasajes.
Era tremendo
ver cómo enlazaban los
temas sin detenerse ni para
respirar. Supongo que esto será
debido a que en los festivales
no se pueden extender durante
demasiado tiempo y hay que comprimir
el repertorio. No obstante,
el número de canciones
interpretadas fue bastante inferior
a giras pasadas. Esto unido
a que había que dar cabida
al nuevo disco hizo que se quedara
en el tintero más de
un clásico si bien la
dualidad “Frontiers”-“Escape”
continuó como en anteriores
ocasiones.
De todas las
composiciones recientes la que
mejor impresión causó
fue, sin duda, la balada “After
all these years”. Arnel
Pineda puso emoción y
la gente lo recompensó
con una espectacular ovación,
oyéndose algún
que grito de “Arnel, Arnel”.
“Lights” siempre
tiene el componente de participación
popular que la hace deslumbrar
en esa comunión banda,
seguidores que si se sabe maneja
bien y en las dosis justas,
resulta inapelable. Grandiosa
ejecución.
Un breve instante
de relax que aprovechó
Jonathan Cain para efectuar
un insípido solo de piano.
Por cierto, su fama de arisco
que el año pasado no
había demostrado, quedó
recogida en toda su extensión.
Ausente durante buena parte
del show, solo se despertó
para “asesinar”
con la mirada al pobre Arnel
Pineda cuando éste osó
hablar a la vez que él
y someterle a un marcaje especial
observando cada uno de sus movimientos.
Una actitud bastante pasota
y deficiente. El solo de piano
en Journey siempre suele venir
unido a otros de sus mayores
éxitos, “Open arms”,
como siempre demasiado melosa
para mi gusto.
Otro impás
para Pineda llegó en
la instrumental “The Journey
(revelation)” que sustituye
a los solos de Castronovo y
Valory. Parecía mentira
pero sólo llevábamos
sesenta minutos de actuación
y ya encaraban lo que era la
parte final del set list. “Escape”
fue el contrapunto de “Only
the young” donde a Arnel
se le vio un pelín fatigado
y es que el esfuerzo que tiene
que realizar es enorme. Otra
razón puede ser que se
reservara para darlo todo en
“Faithfully”, otro
punto cumbre, aunque me quedo
con lo que hizo Deen hace quince
meses.
“Wildest
dreams” culminó
la presentación de “Revelation”
(cinco temas en total) y se
confirmó como otra de
las que podría quedar
en futuros repertorio. Junto
a “After all these years”
la que más me enganchó
de la nueva entrega. El quinteto
estaba desbocado y el cierre
con “Don´t stop
believin´” y “Anyway
you want it” puso patas
arriba a los escasos asistentes
que rugimos como si fuéramos
tres mil. No llegaba a hora
y media pero muy bien aprovechada.
Tenía
la duda de si saldrían
para hacer un bis porque sus
mayores hits ya habían
caído. Me decantaba por
alguna balada de “Escape”
pero no, la sorpresa y alegría
de la noche llegó con
“Be good to yourself”,
solitaria y fugaz aparición
del injustamente denostado “Raised
on radio”. Aunque por
calidad merecen estar, puedo
comprender que “Arrival”
o “Trial by fire”
sean ignorados pero el caso
de “Raised on radio”
era mucho menos defendible.
Afortunadamente “Be good
to yoourself” nos hizo
felices. En contrapartida la
despedida definitiva, “Lovin´
touchin´ squeezin´”,
es una de las composiciones
que menos me gusta de Journey.
Noventa y cinco minutos para
decir adiós.
Personalmente,
disfruté pero me quedó
esa impresión extraña
de estar viviendo algo no natural.
Opiniones a la salida se oían
para todos los gustos. En general,
no había tanta disparidad
como con Soto pero a la gente
le faltaba algo. ¿Steve
Perry, quizá? No creo
porque entiendo que es una cosa
asumida. De todas formas, hay
que esperar, digerir el buen
“Revelation”, comprobar
si se consolida (esperemos que
sí) Arnel Pineda y rezar
a los dioses del rock para poder
volver a ver a esta banda seminal
de la música elegante,
accesible pero, a la vez, potente.
Así sea.
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