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JOURNEY

Sala La Riviera (Madrid) 8-VI-2008

Arnel Pineda… ¡cruza la pasarela! No es que quiera empezar provocando controversia pero reconozco que esta fue la primera sensación que me dejó el concierto. Cuando utilizo la tan manida frase del reality musical por excelencia de nuestro país, lo hago en varios sentidos que intentarán ser aclarados en los siguientes párrafos porque unos son muy positivos y otros no tanto.

Journey regresaban a España poco más de una año después de su primera visita. Lo hacían sin el vocalista que les acompañó entonces, el gran Jeff Scott Soto. En su lugar, el desconocido filipino Arnel Pineda que hasta hace unos meses se mal ganaba la vida en una banda local de versiones. El salto es aún más exagerado que el que recrea la película “Rock Star”. Un sueño hecho realidad se queda corto para describir la situación que vive el joven asiático.

Atrás queda la poco comprensible expulsión de Soto. Es cierto que para todos aquellos fans que siempre esperan al doble o clon de Steve Perry, el bueno de Jeff era casi la antítesis en registros pero, sinceramente, creo que supo adaptar la mayoría de temas a sus tonos lo que unido al enorme carisma que posee encima de un escenario hacía que muchos nos sintiéramos satisfechos con su presencia en una formación tan típica. ¿Cuál fue, entonces, la raíz del problema? Es difícil de saber con exactitud porque nunca fue explicada. Intentando ser racional (y sin pensar mal de la actitud de Neil Schon y Jonathan Cain) una posible explicación sería el hecho de que Soto en Estados Unidos es casi tan desconocido para el fan medio de Journey como Pineda algo que en Europa no sucede. Por lo tanto, si los capos del grupo consideraban que las cualidades vocales de Jeff no eran las adecuadas y habían escuchado ciertos comentarios en su país, la solución no fue tan dramática para ellos como sí pareció aquí en el viejo continente donde, no sin razón, se les puso de vuelta y media por el trato que habían dado a un excepcional vocalista.

Una vez descubierto Arnel, vía Internet según cuentan, su debut llegó en festival de Viña del Mar de Chile. En los vídeos que nos han llegado se demuestra que como cantante apuntaba manera pero el veredicto era difícil de dar hasta no verle encima de las tablas entonando cortes que para la mayoría de los asistentes al evento habían marcado su vida. Y es que hablamos de Journey, una de las bandas más veneradas por sus fans.

Si bien en marzo de 2007 La Riviera colgó el cartel de “no hay billetes” un par de días antes del evento, en esta ocasión estaba seguro de que esto no sucedería. El precio de la entrada había subido excesivamente, era domingo, mes de junio lleno de festivales, etc. Lo que no me terminé de creer hasta que empezó fue la pobrísima entrada que presentó el recinto. No más de cuarenta por ciento de su capacidad, lo que equivale a decir que se superó por poco la cifra de mil espectadores. Ni me imagino hace cuánto Journey no tocaban en un sitio tan vacío.

Muy puntuales, sin teloneros, y con la intro de rigor acompañando su salido, el quinteto irrumpió en el escenario, saludaron levantando levemente el brazo, se enfundaron los instrumentos y comenzaron la velada con “Never walk Away”, el tema que abre su nuevo álbum, “Revelation”. Mucha gente aún no está familiarizada con ese material porque oficialmente había sido lanzado esa misma semana pero recibieron a los de San Francisco con una clamorosa ovación.

El sonido, en un hecho que se repitió toda la noche, no era lo nítido que debía. Tanto los teclados como los coros quedaban en un segundo plano mientras que la mezcla general era un tanto opaca, no brillaba. Aún así, no era un desastre y se podía aceptar para empezar a valorar las prestaciones de un Arnel Pineda que salió con chata y pantalón negro, bastante elegante. Su juventud acrecentaba las arrugas de sus compañeros más cercanos, Schon y Ross Valory. Jonathan Cain sigue con el don de la eterna juventud junto a sus teclados o tocando la guitarra y el gran Deen Castronovo detrás de la batería le pegó muy duro, recordando en la distancia sus días de US Metal con Wild Dogs.

Pineda parecía un chico con zapatos nuevos. Con dos banderas de Filipinas entre el público y un buen puñado de compatriotas alentándole, iba de un lado a otro correteando ante la atenta mirada de sus jefes. Para un grupo de las características de Journey me pareció demasiado. Por momentos, me resultó un pollo sin cabeza moviéndose indistintamente a derecha e izquierda. En el apartado vocal, impecable, sus registros son sutiles y potentes al mismo tiempo. Quedaba ver cómo se desenvolvía en temas Perry.

Su primera prueba de fuego llegó rápido con uno de los tres hits definitivos de los californianos y una de las mejores canciones, en mi opinión, de la historia del rock. Los teclados de Cain quemaron entre el delirio de algunos para dar paso a “Separate ways”. Arnel cometió un error ya que entró antes pero no pasa nada, al fin y al cabo era la premiere europea y su segundo concierto. Algo que a muchos agradó y a mí no tanto fue que hasta en la pose al cantar parecía querer dejar claro que él es mucho más parecido a Steve Perry que su antecesor, de ahí mi sensación a “Operación Triunfo” que tuve. Es verdad, lo hizo muy bien pero está todavía en la transición que distingue al imitador del frontman.

Sin solución de continuidad y ni tan siquiera parar, Neil Schon ejecutó un breve pero magistral solo de guitarra, se dirigió a la audiencia por única vez para presentar a Arnel Pineda y enganchar “Stone in love”, casi queriendo rememorar el orden establecido en “Escape”. “Change for the better” (¿indirecta, tal vez?) fue la segunda parada en “Revelation” lo que provocó que la excitación bajara, algo momentáneo porque “Ask the lonely” volvió a calentar el ambiente y la gente no paró de cantar para acompañar al grupo.

Uno de las composiciones que más ganas tenía de escuchar era “Wheel in the sky”, mi preferida. Por los tonos utilizados por Perry, éste era uno de los cortes menos adecuados a Soto. He de decir que Pineda lo hizo francamente bien marcando una a una todas las inflexiones originales. En mi opinión, el punto álgido de la actuación. Quizá por el esfuerzo que había supuesto, se retiró unos minutos a descansar dejando paso al genio Deen Castronovo para que cantara “Keep on runnin´”. En su anterior visita, lo más grande de ese show fue descubrir que Dino era un vocalista increíble, maravilloso (probablemente el sustituto más adecuado para Perry), de ahí las ganas de volver a disfrutar. La roquera “Keep on runnin´” no era precisamente donde Castronovo brilla más (inolvidables “Who´s crying now” o “Faithfully”) pero fueron las que yo creía que eran pinceladas. Sin embargo y por desgracia, fue la única canción que Dino interpretó. Considero que debería ser un asunto a considerar, no por desmerecer a Arnel Pineda, sino por dar más cancha a tan magníficos pasajes.

Era tremendo ver cómo enlazaban los temas sin detenerse ni para respirar. Supongo que esto será debido a que en los festivales no se pueden extender durante demasiado tiempo y hay que comprimir el repertorio. No obstante, el número de canciones interpretadas fue bastante inferior a giras pasadas. Esto unido a que había que dar cabida al nuevo disco hizo que se quedara en el tintero más de un clásico si bien la dualidad “Frontiers”-“Escape” continuó como en anteriores ocasiones.

De todas las composiciones recientes la que mejor impresión causó fue, sin duda, la balada “After all these years”. Arnel Pineda puso emoción y la gente lo recompensó con una espectacular ovación, oyéndose algún que grito de “Arnel, Arnel”. “Lights” siempre tiene el componente de participación popular que la hace deslumbrar en esa comunión banda, seguidores que si se sabe maneja bien y en las dosis justas, resulta inapelable. Grandiosa ejecución.

Un breve instante de relax que aprovechó Jonathan Cain para efectuar un insípido solo de piano. Por cierto, su fama de arisco que el año pasado no había demostrado, quedó recogida en toda su extensión. Ausente durante buena parte del show, solo se despertó para “asesinar” con la mirada al pobre Arnel Pineda cuando éste osó hablar a la vez que él y someterle a un marcaje especial observando cada uno de sus movimientos. Una actitud bastante pasota y deficiente. El solo de piano en Journey siempre suele venir unido a otros de sus mayores éxitos, “Open arms”, como siempre demasiado melosa para mi gusto.

Otro impás para Pineda llegó en la instrumental “The Journey (revelation)” que sustituye a los solos de Castronovo y Valory. Parecía mentira pero sólo llevábamos sesenta minutos de actuación y ya encaraban lo que era la parte final del set list. “Escape” fue el contrapunto de “Only the young” donde a Arnel se le vio un pelín fatigado y es que el esfuerzo que tiene que realizar es enorme. Otra razón puede ser que se reservara para darlo todo en “Faithfully”, otro punto cumbre, aunque me quedo con lo que hizo Deen hace quince meses.

“Wildest dreams” culminó la presentación de “Revelation” (cinco temas en total) y se confirmó como otra de las que podría quedar en futuros repertorio. Junto a “After all these years” la que más me enganchó de la nueva entrega. El quinteto estaba desbocado y el cierre con “Don´t stop believin´” y “Anyway you want it” puso patas arriba a los escasos asistentes que rugimos como si fuéramos tres mil. No llegaba a hora y media pero muy bien aprovechada.

Tenía la duda de si saldrían para hacer un bis porque sus mayores hits ya habían caído. Me decantaba por alguna balada de “Escape” pero no, la sorpresa y alegría de la noche llegó con “Be good to yourself”, solitaria y fugaz aparición del injustamente denostado “Raised on radio”. Aunque por calidad merecen estar, puedo comprender que “Arrival” o “Trial by fire” sean ignorados pero el caso de “Raised on radio” era mucho menos defendible. Afortunadamente “Be good to yoourself” nos hizo felices. En contrapartida la despedida definitiva, “Lovin´ touchin´ squeezin´”, es una de las composiciones que menos me gusta de Journey. Noventa y cinco minutos para decir adiós.

Personalmente, disfruté pero me quedó esa impresión extraña de estar viviendo algo no natural. Opiniones a la salida se oían para todos los gustos. En general, no había tanta disparidad como con Soto pero a la gente le faltaba algo. ¿Steve Perry, quizá? No creo porque entiendo que es una cosa asumida. De todas formas, hay que esperar, digerir el buen “Revelation”, comprobar si se consolida (esperemos que sí) Arnel Pineda y rezar a los dioses del rock para poder volver a ver a esta banda seminal de la música elegante, accesible pero, a la vez, potente. Así sea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego