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Comenzaremos
con una frase que podía
estar firmada por Perogrullo:
El metal está en constante
evolución. Pues sí,
en contra de la creencia de
los grandes e ignorantes medios
de comunicación, este
estilo musical no se aferra
al pasado sino que combina formaciones
que elaboran su propuesta con
un inconfundible sabor añejo
y bandas que intentan crear
tendencia. Sin duda, una de
las que en la última
década se puede considerar
cabeza visible de un subgénero
es .
Ubicados en
la prolífica escena de
Nueva Inglaterra, el quinteto
de Boston es claro exponente
del denominado metalcore, nombre
por el que son conocidos todos
estos grupos que mezclan las
melodías del heavy clásico
(eso sí, pasadas por
la turmix del death melódico
sueco) con las voces y los ritmos
propios del hardcore de segunda
generación, de aquel
que tiene sus orígenes
en el Brooklyn de mediados de
los ochenta con Sick Of It All,
Biohazard, Cro Mags y demás
luminarias.
Después
de muchos dimes y diretes, y
con una carrera muy exitosa
en su país a cuestas,
Killswitch se han lanzado a
la conquista del mercado europeo
de la forma que mejor saben,
tocando en directo. En esta
misma página podéis
leer aún la crónica
del Graspop 2004 donde, literalmente,
barrieron aquella enorme carpa
que se convirtió en un
campo de batalla (en el buen
sentido) como consecuencia de
la tremenda actuación
que dieron.
Ya habían
realizado alguna gira por el
viejo continente con anterioridad,
también el Reino Unido
era parada habitual, pero este
inicio de 2007 les ha llevado
a países como España
donde su seguimiento era probablemente
mayor del esperado porque la
sala Heineken presentó
un lleno como pocas veces he
visto en este local. Incluso,
muchos chavales se quedaron
en la puerta por no cumplir
la absurda norma de ser mayor
de edad para poder entrar. Y
es que la media de edad podría
rondar los veinte años,
con multitud de jóvenes
copando la pista dispuestos
a suprimir el partidito de entre
semana por un ejercicio físico
bastante más vigoroso.
Si bien durante
su periplo por Alemania, Austria,
Holanda, etc., The Haunted y
Bring Me The Horizon les habían
acompañado, la próxima
visita de los suecos a nuestro
país hizo poco recomendable
su presencia por lo que el colgado
de Peter Dolving, los hermanos
Bjorler y compañía
no cruzaron los Pirineos. Hubo
que buscar teloneros locales
y en Madrid fueron elegidos
Kaothic, una pedazo de banda
de aquí que hace un par
de años editaron su debut,
“Order to chaos”,
con el que no tuvieron demasiado
apoyo de su compañía.
No hacía mucho les habíamos
visto en la sala Silikona junto
a Autumnal, concierto que sirvió
para presentar a su cantante
Ciro, que aquella lluviosa noche
de noviembre sufrió la
presión propia del primer
concierto.
Esta velada
también suponía
llevar la carga de responsabilidad
encima porque no sé si
Kaothic han tocado alguna vez
delante de tanta gente. De su
solvencia como músicos
no cabe dudar porque, en mi
opinión, tanto el guitarra
Alberto Marín como el
bajista Gustavo Romero son unas
auténticas máquinas
con su instrumento, de lo mejorcito
que tenemos en España.
Tampoco hay que dejar de nombrar
a Marcos, el batería,
que aporta muchísima
contundencia a la base rítmica.
Ellos tres junto a Ciro entraron
en escena ante un público
bastante indiferente al inicio.
La propuesta
de Kaothic tiene en directo
sus pros y sus contras. Al ser
una música tan técnica
necesita que se den unas condiciones
de sonido idóneas para
que se distingan bien todos
los matices. Desde la posición
en la que nos encontrábamos,
esto no sucedió con lo
que los inverosímiles
solos de Alberto o las correrías
de mástil de Gustavo
quedaron oscurecidas y no dejaron
entrever que sobre el origen
de un metal extremo moderno
y progresivo en la frontera
del death (excepto en la voz)
los pasajes más variopintos
pueden surgir. Sin ser una copia,
ni mucho menos, la referencia
sería Meshuggah, si bien
los suecos están más
orientados a los riffs de guitarra.
Los treinta
y cinco minutos que dispusieron
fueron una lucha por ganar adeptos
a la causa. Aun centrándose
en “Order to chaos”,
nos mostraron un par de temas
de lo que será su próximo
disco. En particular, me quedo
con “Inmortal”,
su primera composición
en castellano, dedicada al productor
Big Simon, que tanto les ayudó,
y arriesgada apuesta de utilizar
nuestro idioma, imagino que
en aras de una mayor aceptación
nacional.
Aunque la sombra
de David Curtonates (a pesar
de sus discutibles pintas, un
cantante notable) es alargada,
Ciro mejoró un montón
respecto a lo demostrado en
Silikona. Sigue teniendo problemas
con las voces normales pero
su proceso de adaptación
va a más. Lástima
que el apoyo vocal de Alberto
apenas se distinguía.
El gran guitarra tuvo su buena
presencia escénica habitual
e incluso Gustavo, habitualmente
impertérrito, se atrevió
con el headbanging. Entre las
canciones de “Order to
chaos” las más
plausibles fueron “Hypocritical”,
de la que grabaron hace un tiempo
un interesante videoclip, y
“Spheres”, en mi
opinión su mejor tema.
Para concluir, recurrieron a
la versión del “Them
bones” de Alice In Chains
que cada vez se acerca más
a la original perdiendo un poco
la personalidad que el grupo
le imprimía.
No sé
cuál sería la
opinión del público,
a mí me gustaron a pesar
de los problemas antes comentados.
Eso sí, he visto a Kaothic
dar conciertos mejores con unas
condiciones más adecuadas.
Lo que os aconsejaría
es que aquellos que sintáis
curiosidad por la música
de calidad, técnica,
con estructuras novedosas y
bastante extremas, les deis
una oída. Ojalá
que sigan yendo para arriba
a nivel de reconocimiento porque
condiciones y cualidades les
sobran. Más grupos así
es lo que necesitaríamos.
La mayoría
de la gente estaba allí
con un objetivo único,
ver por fin a Killswitch Engage.
Hubo que esperar el rutinario
cambio de equipo y la limpieza
del escenario, el cual aprovechamos
para entablar conversación
con Mattias Larrede, el guitarrista
de Thirdmoon, la excelente banda
austriaca de death black, que
andaba por allí por motivos
que no vienen al caso. Desde
el final de la pista, donde
me ubicaba, era ya casi imposible
mover los pies por lo que, imagino,
las primeras filas serían
un hervidero que empezó
a botar en cuanto los americanos
pisaron las tablas de la sala.
Una pequeña autocorrección,
me refiero a los cuatro estadounidenses
y el sueco Peter Wichers, antiguo
guitarrista de Soilwork y que
sustituyó a mitad de
gira a Adam Dutkiewicz por los
problemas de salud de éste.
Con una imagen muy distinta
a la que nos tenía acostumbrados
(pelo corto y raya bien fijada),
Peter se acopló perfectamente
con Joel, el otro guitarrista,
y el resto de la banda. En ese
aspecto, la baja de Adam no
se notó en demasía
aunque sí nos acordamos
de su hiperactividad.
El supuesto
motivo de la gira era la presentación
de su reciente entrega “As
daylight dies”. Sin embargo,
cuando uno hace recuento de
lo que tocaron parecía
que estábamos en el tour
de “The end of heartache”.
Curioso y, en mi opinión,
significativo. Así, abrieron
con la primera de éste,
la magnífica “A
bid farewell”, y aquello
reventó. Tremenda la
reacción de la gente
cantando cada estrofa, cada
estribillo. Es más, considero
excesivo el karaoke metal que
hubo. ¡Para que luego
se quejen de los conciertos
de heavy clásico!.
Un aspecto
a resaltar es el sonido. Desde
donde yo estaba, igual que en
Kaothic, no se oyó bien,
los instrumentos no se distinguían
y las melodías de guitarra
(fundamentales en este grupo)
quedaron opacas por un sonido
nada pulcro ni nítido.
No obstante, me han comentado
que en otras zonas esto no sucedía.
Dos días después
del concierto me explicaron
que habían comprimido
el sonido tanto que si estabas
a ras del escenario o por encima
se escuchaba mucho mejor que
en la pista (donde tus pies
quedan más de un metro
por debajo del escenario). No
sé si esto será
cierto pero quien me lo comentó
sabe de qué habla porque
es músico profesional
y técnico de sonido.
Sea como fuere,
ni tan siquiera la voz de Howard
Jones se apreciaba en toda su
intensidad aunque se le notaba
un poco cansada porque la gira
había sido larga y éste
era el último show del
segmento europeo. Lo que no
puede dudarse es de su entrega
porque sudó la camisa
moviéndose constantemente
en el pequeño escenario.
“Fixation on the darkness”
fue la primera referencia a
“Alive or just breathing”,
para mí su mejor disco,
a la que siguió “Daylight
dies”. Por cierto, que
yo recuerde de su debut de 2000,
nada de nada.
Creo que la
banda se quedó muy sorprendida
del apoyo que recibieron del
público. Esta situación
les hizo crecerse y sacar fuerzas
de donde casi no les quedaban.
Daba igual si era un corte nuevo
o de otras entregas, la audiencia
estaba por la labor y en cuanto
sonaba la primera nota de la
interpretación reconocían
la canción y empezaban
a cantarla. Eso sucedió
con “Breathe life”,
la imprescindible “When
darkness falls” o su último
single “My curse”.
Precisamente, de las composiciones
de “As daylight dies”
que cayeron, cuatro en total,
además de las dos ya
mencionadas “Unbroken”
y “This is absolution”,
la que mayor acogida tuvo fue
precisamente ésta última
con un riff que echa para atrás
y un gran duelo de guitarras
entre Joel y Peter.
Esperaba que
al ser la fecha postrera tocaran
alguna cosa especial pero no
fue así. He visto que
en algunas de sus actuaciones
han hecho la versión
del “Holy diver”
de DIO que grabaron para el
veinticinco aniversario de la
Kerrang pero no tuvimos la ocasión
de deleitarnos con ver las caras
de los jovenzuelos del público
que cuando nacieron, el tío
Ronnie ya casi había
entrado en la senectud. A todo
esto, el quinteto no paraba
demasiado. Iban a saco, con
breves pausas entre medias.
Killswitch seguían desmembrando
“The end of heartache”
con el tema título o
“World ablaze”,
intercalando entre ambas “Life
to lifeless”, quizá
la menos “conocida”
de la noche pero que a algunos
nos supo a gloria.
Con escasamente
cincuenta minutos de actuación,
Howard Jones anunció
que la siguiente iba a ser la
última canción
de la velada. Utilizando el
refrán de “sólo
te acuerdas de Santa Bárbara
cuando truena”, ellos
se acordaron que su nacimiento
deriva del hardcore únicamente
en eso de hacer conciertos en
un suspiro aunque sus composiciones
sean bastante más largas.
No obstante, sí que debemos
decir que su despliegue físico
es enorme y que, probablemente,
sacrifiquen la duración
de sus shows en pro a una intensidad
brutal muy propia de los conjuntos
de allende el Atlántico.
Con “Rose of Sharyn”
se despidieron unos minutos
para salir y regalarnos un solo
bis, la tremenda “My last
serenade” con la que culminaron
la hora escasa de descarga.
Los fans se
quedaron con ganas de más,
incluso muchos permanecieron
impasibles por si acaso pero
los de Massachusetts lo dejaron
para otra ocasión que
seguro llegará pronto
visto el éxito que cosecharon.
Objetivamente,
fue un concierto inmaculado
y sus seguidores lo corroborarán
con énfasis. Mi opinión
difiere un poco. A mí
me impactaron en el Graspop
y tenía ganas de verles
en un club pero las condiciones
(sonido en mi posición,
agobios y demás) no fueron
las idóneas. Aún
así, me pareció
una notable actuación
de uno de los grupos más
representativos del metal que
más vende en el siglo
XXI.
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Killswitch Engage

Kaothic





Killswitch Engage




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