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KILLSWITCH ENGAGE + KAOTHIC

Sala Arena (Madrid) 06/02/2007

Comenzaremos con una frase que podía estar firmada por Perogrullo: El metal está en constante evolución. Pues sí, en contra de la creencia de los grandes e ignorantes medios de comunicación, este estilo musical no se aferra al pasado sino que combina formaciones que elaboran su propuesta con un inconfundible sabor añejo y bandas que intentan crear tendencia. Sin duda, una de las que en la última década se puede considerar cabeza visible de un subgénero es .

Ubicados en la prolífica escena de Nueva Inglaterra, el quinteto de Boston es claro exponente del denominado metalcore, nombre por el que son conocidos todos estos grupos que mezclan las melodías del heavy clásico (eso sí, pasadas por la turmix del death melódico sueco) con las voces y los ritmos propios del hardcore de segunda generación, de aquel que tiene sus orígenes en el Brooklyn de mediados de los ochenta con Sick Of It All, Biohazard, Cro Mags y demás luminarias.

Después de muchos dimes y diretes, y con una carrera muy exitosa en su país a cuestas, Killswitch se han lanzado a la conquista del mercado europeo de la forma que mejor saben, tocando en directo. En esta misma página podéis leer aún la crónica del Graspop 2004 donde, literalmente, barrieron aquella enorme carpa que se convirtió en un campo de batalla (en el buen sentido) como consecuencia de la tremenda actuación que dieron.

Ya habían realizado alguna gira por el viejo continente con anterioridad, también el Reino Unido era parada habitual, pero este inicio de 2007 les ha llevado a países como España donde su seguimiento era probablemente mayor del esperado porque la sala Heineken presentó un lleno como pocas veces he visto en este local. Incluso, muchos chavales se quedaron en la puerta por no cumplir la absurda norma de ser mayor de edad para poder entrar. Y es que la media de edad podría rondar los veinte años, con multitud de jóvenes copando la pista dispuestos a suprimir el partidito de entre semana por un ejercicio físico bastante más vigoroso.

Si bien durante su periplo por Alemania, Austria, Holanda, etc., The Haunted y Bring Me The Horizon les habían acompañado, la próxima visita de los suecos a nuestro país hizo poco recomendable su presencia por lo que el colgado de Peter Dolving, los hermanos Bjorler y compañía no cruzaron los Pirineos. Hubo que buscar teloneros locales y en Madrid fueron elegidos Kaothic, una pedazo de banda de aquí que hace un par de años editaron su debut, “Order to chaos”, con el que no tuvieron demasiado apoyo de su compañía. No hacía mucho les habíamos visto en la sala Silikona junto a Autumnal, concierto que sirvió para presentar a su cantante Ciro, que aquella lluviosa noche de noviembre sufrió la presión propia del primer concierto.

Esta velada también suponía llevar la carga de responsabilidad encima porque no sé si Kaothic han tocado alguna vez delante de tanta gente. De su solvencia como músicos no cabe dudar porque, en mi opinión, tanto el guitarra Alberto Marín como el bajista Gustavo Romero son unas auténticas máquinas con su instrumento, de lo mejorcito que tenemos en España. Tampoco hay que dejar de nombrar a Marcos, el batería, que aporta muchísima contundencia a la base rítmica. Ellos tres junto a Ciro entraron en escena ante un público bastante indiferente al inicio.

La propuesta de Kaothic tiene en directo sus pros y sus contras. Al ser una música tan técnica necesita que se den unas condiciones de sonido idóneas para que se distingan bien todos los matices. Desde la posición en la que nos encontrábamos, esto no sucedió con lo que los inverosímiles solos de Alberto o las correrías de mástil de Gustavo quedaron oscurecidas y no dejaron entrever que sobre el origen de un metal extremo moderno y progresivo en la frontera del death (excepto en la voz) los pasajes más variopintos pueden surgir. Sin ser una copia, ni mucho menos, la referencia sería Meshuggah, si bien los suecos están más orientados a los riffs de guitarra.

Los treinta y cinco minutos que dispusieron fueron una lucha por ganar adeptos a la causa. Aun centrándose en “Order to chaos”, nos mostraron un par de temas de lo que será su próximo disco. En particular, me quedo con “Inmortal”, su primera composición en castellano, dedicada al productor Big Simon, que tanto les ayudó, y arriesgada apuesta de utilizar nuestro idioma, imagino que en aras de una mayor aceptación nacional.

Aunque la sombra de David Curtonates (a pesar de sus discutibles pintas, un cantante notable) es alargada, Ciro mejoró un montón respecto a lo demostrado en Silikona. Sigue teniendo problemas con las voces normales pero su proceso de adaptación va a más. Lástima que el apoyo vocal de Alberto apenas se distinguía. El gran guitarra tuvo su buena presencia escénica habitual e incluso Gustavo, habitualmente impertérrito, se atrevió con el headbanging. Entre las canciones de “Order to chaos” las más plausibles fueron “Hypocritical”, de la que grabaron hace un tiempo un interesante videoclip, y “Spheres”, en mi opinión su mejor tema. Para concluir, recurrieron a la versión del “Them bones” de Alice In Chains que cada vez se acerca más a la original perdiendo un poco la personalidad que el grupo le imprimía.

No sé cuál sería la opinión del público, a mí me gustaron a pesar de los problemas antes comentados. Eso sí, he visto a Kaothic dar conciertos mejores con unas condiciones más adecuadas. Lo que os aconsejaría es que aquellos que sintáis curiosidad por la música de calidad, técnica, con estructuras novedosas y bastante extremas, les deis una oída. Ojalá que sigan yendo para arriba a nivel de reconocimiento porque condiciones y cualidades les sobran. Más grupos así es lo que necesitaríamos.

La mayoría de la gente estaba allí con un objetivo único, ver por fin a Killswitch Engage. Hubo que esperar el rutinario cambio de equipo y la limpieza del escenario, el cual aprovechamos para entablar conversación con Mattias Larrede, el guitarrista de Thirdmoon, la excelente banda austriaca de death black, que andaba por allí por motivos que no vienen al caso. Desde el final de la pista, donde me ubicaba, era ya casi imposible mover los pies por lo que, imagino, las primeras filas serían un hervidero que empezó a botar en cuanto los americanos pisaron las tablas de la sala. Una pequeña autocorrección, me refiero a los cuatro estadounidenses y el sueco Peter Wichers, antiguo guitarrista de Soilwork y que sustituyó a mitad de gira a Adam Dutkiewicz por los problemas de salud de éste. Con una imagen muy distinta a la que nos tenía acostumbrados (pelo corto y raya bien fijada), Peter se acopló perfectamente con Joel, el otro guitarrista, y el resto de la banda. En ese aspecto, la baja de Adam no se notó en demasía aunque sí nos acordamos de su hiperactividad.

El supuesto motivo de la gira era la presentación de su reciente entrega “As daylight dies”. Sin embargo, cuando uno hace recuento de lo que tocaron parecía que estábamos en el tour de “The end of heartache”. Curioso y, en mi opinión, significativo. Así, abrieron con la primera de éste, la magnífica “A bid farewell”, y aquello reventó. Tremenda la reacción de la gente cantando cada estrofa, cada estribillo. Es más, considero excesivo el karaoke metal que hubo. ¡Para que luego se quejen de los conciertos de heavy clásico!.

Un aspecto a resaltar es el sonido. Desde donde yo estaba, igual que en Kaothic, no se oyó bien, los instrumentos no se distinguían y las melodías de guitarra (fundamentales en este grupo) quedaron opacas por un sonido nada pulcro ni nítido. No obstante, me han comentado que en otras zonas esto no sucedía. Dos días después del concierto me explicaron que habían comprimido el sonido tanto que si estabas a ras del escenario o por encima se escuchaba mucho mejor que en la pista (donde tus pies quedan más de un metro por debajo del escenario). No sé si esto será cierto pero quien me lo comentó sabe de qué habla porque es músico profesional y técnico de sonido.

Sea como fuere, ni tan siquiera la voz de Howard Jones se apreciaba en toda su intensidad aunque se le notaba un poco cansada porque la gira había sido larga y éste era el último show del segmento europeo. Lo que no puede dudarse es de su entrega porque sudó la camisa moviéndose constantemente en el pequeño escenario. “Fixation on the darkness” fue la primera referencia a “Alive or just breathing”, para mí su mejor disco, a la que siguió “Daylight dies”. Por cierto, que yo recuerde de su debut de 2000, nada de nada.

Creo que la banda se quedó muy sorprendida del apoyo que recibieron del público. Esta situación les hizo crecerse y sacar fuerzas de donde casi no les quedaban. Daba igual si era un corte nuevo o de otras entregas, la audiencia estaba por la labor y en cuanto sonaba la primera nota de la interpretación reconocían la canción y empezaban a cantarla. Eso sucedió con “Breathe life”, la imprescindible “When darkness falls” o su último single “My curse”. Precisamente, de las composiciones de “As daylight dies” que cayeron, cuatro en total, además de las dos ya mencionadas “Unbroken” y “This is absolution”, la que mayor acogida tuvo fue precisamente ésta última con un riff que echa para atrás y un gran duelo de guitarras entre Joel y Peter.

Esperaba que al ser la fecha postrera tocaran alguna cosa especial pero no fue así. He visto que en algunas de sus actuaciones han hecho la versión del “Holy diver” de DIO que grabaron para el veinticinco aniversario de la Kerrang pero no tuvimos la ocasión de deleitarnos con ver las caras de los jovenzuelos del público que cuando nacieron, el tío Ronnie ya casi había entrado en la senectud. A todo esto, el quinteto no paraba demasiado. Iban a saco, con breves pausas entre medias. Killswitch seguían desmembrando “The end of heartache” con el tema título o “World ablaze”, intercalando entre ambas “Life to lifeless”, quizá la menos “conocida” de la noche pero que a algunos nos supo a gloria.

Con escasamente cincuenta minutos de actuación, Howard Jones anunció que la siguiente iba a ser la última canción de la velada. Utilizando el refrán de “sólo te acuerdas de Santa Bárbara cuando truena”, ellos se acordaron que su nacimiento deriva del hardcore únicamente en eso de hacer conciertos en un suspiro aunque sus composiciones sean bastante más largas. No obstante, sí que debemos decir que su despliegue físico es enorme y que, probablemente, sacrifiquen la duración de sus shows en pro a una intensidad brutal muy propia de los conjuntos de allende el Atlántico. Con “Rose of Sharyn” se despidieron unos minutos para salir y regalarnos un solo bis, la tremenda “My last serenade” con la que culminaron la hora escasa de descarga.

Los fans se quedaron con ganas de más, incluso muchos permanecieron impasibles por si acaso pero los de Massachusetts lo dejaron para otra ocasión que seguro llegará pronto visto el éxito que cosecharon.

Objetivamente, fue un concierto inmaculado y sus seguidores lo corroborarán con énfasis. Mi opinión difiere un poco. A mí me impactaron en el Graspop y tenía ganas de verles en un club pero las condiciones (sonido en mi posición, agobios y demás) no fueron las idóneas. Aún así, me pareció una notable actuación de uno de los grupos más representativos del metal que más vende en el siglo XXI.


Killswitch Engage

 

 

 

 

 

 

 


Kaothic

 

 

 

 

 

 

 

 


Killswitch Engage

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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