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KINGDOM COME

Sala Arena (Madrid) 16/03/2007

Si un neófito de este tipo de música se hubiera acercado a la sala Heineken a ver este concierto habría pensado, sin ninguna duda, que el hard rock es un estilo decadente. ¿Por qué? Una entrada flojísima, un público desangelado que no animaba nada y una banda que cumplía de una forma pulcra pero con un vocalista ligeramente ensimismado, pensando que la fiesta no iba con él y que el destino le ha jugado una mala pasada no convirtiéndole en el sucesor directo de Robert Plant. Esta es la realidad aparente. Sin embargo, existe otro punto de vista, otra historia que aquí queremos contar.

A pesar de ser un grupo del que he oído casi todos sus discos, no soy muy fan de Kingdom Come. Para mí, sólo tienen un álbum sobresaliente, “In your face”, del cual su líder y alma mater, Lenny Wolf, casi reniega porque considera que se dejaron llevar demasiado por el momento en el que vivían, finales de los ochenta. Su debut homónimo fue fruto de una estrategia casi prefabricada de unos ejecutivos que vieron en ellos “los nuevos Led Zeppelin”. Los monstruos sagrados de entonces, Gary Moore, Ozzy y demás, les vilipendiaron (¿alguien se acuerda de la demencial “Led clones” de Gary Moore?) pero, aún así, lograron un importante éxito. Con “In your face” se alejaron bastante de esa etiqueta que les lastró y facturaron una obra poderosa de hard rock directo. De ahí en adelante, ya se sabe, la industria les devoró y el producto creado se vino abajo. Con todo, Lenny siguió discos con la denominación Kingdom Come, algunos buenos como el “Bad image”; otros regulares o pésimos, véase el infumable “Perpetual”. “Ain´t crying for the moon” es su reciente entrega de la que ya os dimos cuenta en estas páginas y que ahora venía a presentar en Madrid. Era, asimismo, la primera aparición de Kingdom Come por aquí que yo recuerde.

Pues bien, la expectación creada fue nula. Entre ciento cincuenta y doscientos nostálgicos acudimos a la llamada y, viendo la reacción ante las diferentes interpretaciones, creo que la mayoría estaban ahí engañados pensando que escucharían un repertorio basado en “In your face”. Craso error. No hablo de su primer álbum porque me sorprendió que, salvo excepciones, la reacción era la misma ante esos temas de hace dos décadas que ante los actuales: Nula. La gente estaba allí pasando el rato y viendo, eso sí, a una pedazo de banda… y eso que Wolf ha grabado casi todo en “Ain´t crying for the moon”.

Frank Binke, por sus movimientos, parece el padre de Robert Trujillo y cumple bien con el bajo arropando al notable Hendrik Thiesbrummel que no contento con darle bien a la batería, toca puntualmente los teclados. La labor a las seis cuerdas se la reparten entre Eric Foerster que quizá hace algún solo más con esa imagen que denotaría estar en grupos Mnemic o Soilwork, y Yenz Leonhardt, bajista de Iron Savior y Savage Circus (hasta en Lacrimosa ha estado), mutado a buen guitarra rítmica y magnífico en la labor de apoyo vocal a la estrella, un Lenny Wolf pletórico que, obviamente, recordó por instantes al mejor Plant, al de primeros de los setenta. No es un frontman muy comunicativo, vive en su mundo, pero hace lo que quiere con sus cuerdas vocales.

Dicho esto, es necesario comentar que Wolf cantará como los ángeles pero ha perdido el norte. Si piensa que la gente va a ir a verle a presentar sus nuevas composiciones, lo lleva claro. Yo había visto el set list de Rusia y aunque varió un poco, ya sabía lo que me iba a encontrar. Es loable que defienda su trayectoria pero es del todo punto incomprensible su empecinamiento. Lo que no se puede negar es que el tipo sale a las tablas y defiende lo que sea contra viento y marea. Desde luego, si sus álbumes posteriores a 1990 fueran la bomba, aquello habría sido histórico pero como Kingdom Come son de los navegan en el océano de la mediocridad se quedó en un muy buen concierto presidido por unos temas demasiado monótonos, abusando del medio tiempo denso.

“Gotta move now” dio inicio a la velada y, evidentemente, la audiencia se quedó parada porque hablamos de un corte de “Perpetual”, quizá el más aceptable entre el desaguisado de ese disco. El sonido era bueno y fue mejorando en cuanto distinguimos con nitidez la guitarra de Eric. La cosa continuó con “Only rainbows know” de “Master seven”, un trabajo de esos que no se encuentran con facilidad en las tiendas y tienes que ir a catálogos especializados para hacerte con él. Como es una buena canción, los pocos fans parecían disfrutar sin grandes alardes. Teóricamente, la primera ovación grande debería haber llegado con “Get it on” pero, sorprendentemente, sólo tres o cuatro respondieron. A esto contribuyó que al amigo Lenny le dio por interpretarla como en la revisión que hace en “Ain´t crying for the moon” y la pifió.

Volvimos al pasado más reciente de la mano de la pesada “Didn´t understand” de “Independent”, otro de esos discos que los antiguos fans de Kingdom Come (dudo mucho que hubiera alguno “nuevo”) tienen borrado de su cerebro si es que alguna vez se tomaron interés en acercarse a él. Por circunstancias que no vienen al caso, estaba cansadísimo y según caían los minutos me venía cada vez más abajo. Afortunadamente, “Ain´t crying for the moon” me hizo recobrar un tanto la esperanza. El principio de este largo tema me parece excepcional con los teclados y Wolf entonando con un aire melancólico impresionante. Además, su desarrollo instrumental contribuyó a hacer de él uno de los cortes más brillantes de la noche, también porque se incrustó en la mencionada “Didn´t understand” y “Mother”, otra del “Independent”, que tampoco me acaba de entrar.

Si hay una canción que no hubiera escogido nunca de su debut, esa sería “Seventeen”. Como la ley de Murphy casi siempre se cumple, fue la siguiente en ejecutarse y, como me temía, me dejó indiferente y autoconvenciéndome de que “Ain´t crying for the moon” había sido un espejismo. En este momento, Lenny, que a veces se enfundaba la eléctrica, cogió la acústica y encaró “Forever”, la más destacada de “Independent”, una buena balada que recibió una calurosa ovación por los pocos allí congregados porque estuvo cargada de sentimiento. De aquí en adelante, hubo una especie de resurrección porque me lo empecé a pasar bien y disfrutar a pesar de que Kingdom Come seguían a lo suyo, con su surrealista repertorio en el que también tuvo cabida “Show down”, otra del “Master seven” que apareció de la nada y que precedió al cenit de la velada.

Por fin, Lenny se acordó de que hubo un tiempo en el que su banda fue conocida por el mundo y antes de que se perdieran en la memoria colectiva habían editado discos notables como “Hands of time”, del que se marcaron “Should I” y lo hicieron de cine. Encima, después de la decepción con “Get it on” y “Seventeen”, a la tercera del debut fue la vencida porque la increíble balada blues “What love can be” nos puso los pelos como escarpias gracias a la demostración de Wolf, sencillamente alucinante. Aquí sí que la audiencia respondió y es que ante una composición buena ejecutada con maestría no hay tedio que se le resista, ésa es la enseñanza.

Los minutos caían pero el quinteto ahí seguía de nuevo con cosas más “oscuras” como “Twilight cruiser” del álbum homónimo o “I can feel it” que ya sí me hace aseverar que “Independent” es su trabajo preferido porque no es normal que sonaran cuatro canciones del mismo. El punto y aparte llegó con otra referencia a sus inicios, y otro acierto porque “Living out of touch” nos dejó con buen sabor de boca aunque pocos lo demostraran. Tímidos aplausos cuando abandonaron y algún coro futbolero. Después, un silencio interrumpido por las conversaciones entre colegas.

Bien hicieron los alemanes en salir rápido pero en el colmo del desatino en la elección de set list, les dio por irse al “Twilight cruiser” para intentar “vendernos” “Can´t put out and not take back” que no está mal pero no es lo que queríamos escuchar en los bises y sí composiciones como “Pushing hard” con la que volvieron a marcharse. Si no llega a ser porque nadie se creía que se piraban sin tocar “Do you like it” la desbandada habría sido masiva pero ante un público a medio camino entre pasota y atónito, Eric Foerster encabezó la segunda salida con las notas del himno español que empalmaron con la genial “Blood on the land” mezclada con “Not here to be your friend,” segunda y última presencia de su último disco. Menos mal que esta vez no se largaron porque ahí no habría quedado ni el tato. Y cuando ya cuatro o cinco empezamos a decir “Do you like it” porque eran casi las once y ya sabemos cómo se las gasta esta sala, Kingdom Come tocaron su tema estrella y si Lenny Wolf no quiere verlo o reconocerlo es su problema porque fue la canción que más provocó movimiento y cánticos entre el respetable. La pena es que las continuas peticiones de “Stargazer” por parte de un individuo no se vieran recompensadas.

No obstante, como el hombre debe tener un ego que le llega desde Madrid a su Hamburgo natal, se tenía que despedir con otra “sorpresita” para los despistados seguidores, “Always on the run”, magnífica canción de “Twilight cruiser” que puso fin a una actuación de casi dos horas, en donde el grupo estuvo, cuanto menos, notable, el sonido ídem, pero la selección de temas parecía sacada del bombo de la lotería. Me parece muy bien que no se quiera vivir del pasado pero lo que no resulto lógico es: 1) Si vienes a defender tu disco, no toques sólo dos temas; 2) De tu penúltimo disco, sólo la primera de la noche 3) Te dedicas a tus obras intermedias, esas que nadie conoce o nadie se acuerda; 4) Ya que tienes una intermedia obra buena, “Bad image”, no la obvies; 5) Date cuenta de que la gente se mueve con el corte de “In your face”, sé consciente y dales algo más de él. Pero bueno, todo esto es un brindis al sol. Yo me lo pasé bien de algo que no esperaba ni un aprobado raspado. Así podré contar a mis nietos que un día vi a Kingdom Come… si es que en la senectud no se quedan en el fondo de mi memoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.lennywolf.com

Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego