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Si un neófito
de este tipo de música
se hubiera acercado a la sala
Heineken a ver este concierto
habría pensado, sin ninguna
duda, que el hard rock es un
estilo decadente. ¿Por
qué? Una entrada flojísima,
un público desangelado
que no animaba nada y una banda
que cumplía de una forma
pulcra pero con un vocalista
ligeramente ensimismado, pensando
que la fiesta no iba con él
y que el destino le ha jugado
una mala pasada no convirtiéndole
en el sucesor directo de Robert
Plant. Esta es la realidad aparente.
Sin embargo, existe otro punto
de vista, otra historia que
aquí queremos contar.
A pesar de
ser un grupo del que he oído
casi todos sus discos, no soy
muy fan de Kingdom Come. Para
mí, sólo tienen
un álbum sobresaliente,
“In your face”,
del cual su líder y alma
mater, Lenny Wolf, casi reniega
porque considera que se dejaron
llevar demasiado por el momento
en el que vivían, finales
de los ochenta. Su debut homónimo
fue fruto de una estrategia
casi prefabricada de unos ejecutivos
que vieron en ellos “los
nuevos Led Zeppelin”.
Los monstruos sagrados de entonces,
Gary Moore, Ozzy y demás,
les vilipendiaron (¿alguien
se acuerda de la demencial “Led
clones” de Gary Moore?)
pero, aún así,
lograron un importante éxito.
Con “In your face”
se alejaron bastante de esa
etiqueta que les lastró
y facturaron una obra poderosa
de hard rock directo. De ahí
en adelante, ya se sabe, la
industria les devoró
y el producto creado se vino
abajo. Con todo, Lenny siguió
discos con la denominación
Kingdom Come, algunos buenos
como el “Bad image”;
otros regulares o pésimos,
véase el infumable “Perpetual”.
“Ain´t crying for
the moon” es su reciente
entrega de la que ya os dimos
cuenta en estas páginas
y que ahora venía a presentar
en Madrid. Era, asimismo, la
primera aparición de
Kingdom Come por aquí
que yo recuerde.
Pues bien,
la expectación creada
fue nula. Entre ciento cincuenta
y doscientos nostálgicos
acudimos a la llamada y, viendo
la reacción ante las
diferentes interpretaciones,
creo que la mayoría estaban
ahí engañados
pensando que escucharían
un repertorio basado en “In
your face”. Craso error.
No hablo de su primer álbum
porque me sorprendió
que, salvo excepciones, la reacción
era la misma ante esos temas
de hace dos décadas que
ante los actuales: Nula. La
gente estaba allí pasando
el rato y viendo, eso sí,
a una pedazo de banda…
y eso que Wolf ha grabado casi
todo en “Ain´t crying
for the moon”.
Frank Binke,
por sus movimientos, parece
el padre de Robert Trujillo
y cumple bien con el bajo arropando
al notable Hendrik Thiesbrummel
que no contento con darle bien
a la batería, toca puntualmente
los teclados. La labor a las
seis cuerdas se la reparten
entre Eric Foerster que quizá
hace algún solo más
con esa imagen que denotaría
estar en grupos Mnemic o Soilwork,
y Yenz Leonhardt, bajista de
Iron Savior y Savage Circus
(hasta en Lacrimosa ha estado),
mutado a buen guitarra rítmica
y magnífico en la labor
de apoyo vocal a la estrella,
un Lenny Wolf pletórico
que, obviamente, recordó
por instantes al mejor Plant,
al de primeros de los setenta.
No es un frontman muy comunicativo,
vive en su mundo, pero hace
lo que quiere con sus cuerdas
vocales.
Dicho esto,
es necesario comentar que Wolf
cantará como los ángeles
pero ha perdido el norte. Si
piensa que la gente va a ir
a verle a presentar sus nuevas
composiciones, lo lleva claro.
Yo había visto el set
list de Rusia y aunque varió
un poco, ya sabía lo
que me iba a encontrar. Es loable
que defienda su trayectoria
pero es del todo punto incomprensible
su empecinamiento. Lo que no
se puede negar es que el tipo
sale a las tablas y defiende
lo que sea contra viento y marea.
Desde luego, si sus álbumes
posteriores a 1990 fueran la
bomba, aquello habría
sido histórico pero como
Kingdom Come son de los navegan
en el océano de la mediocridad
se quedó en un muy buen
concierto presidido por unos
temas demasiado monótonos,
abusando del medio tiempo denso.
“Gotta
move now” dio inicio a
la velada y, evidentemente,
la audiencia se quedó
parada porque hablamos de un
corte de “Perpetual”,
quizá el más aceptable
entre el desaguisado de ese
disco. El sonido era bueno y
fue mejorando en cuanto distinguimos
con nitidez la guitarra de Eric.
La cosa continuó con
“Only rainbows know”
de “Master seven”,
un trabajo de esos que no se
encuentran con facilidad en
las tiendas y tienes que ir
a catálogos especializados
para hacerte con él.
Como es una buena canción,
los pocos fans parecían
disfrutar sin grandes alardes.
Teóricamente, la primera
ovación grande debería
haber llegado con “Get
it on” pero, sorprendentemente,
sólo tres o cuatro respondieron.
A esto contribuyó que
al amigo Lenny le dio por interpretarla
como en la revisión que
hace en “Ain´t crying
for the moon” y la pifió.
Volvimos al
pasado más reciente de
la mano de la pesada “Didn´t
understand” de “Independent”,
otro de esos discos que los
antiguos fans de Kingdom Come
(dudo mucho que hubiera alguno
“nuevo”) tienen
borrado de su cerebro si es
que alguna vez se tomaron interés
en acercarse a él. Por
circunstancias que no vienen
al caso, estaba cansadísimo
y según caían
los minutos me venía
cada vez más abajo. Afortunadamente,
“Ain´t crying for
the moon” me hizo recobrar
un tanto la esperanza. El principio
de este largo tema me parece
excepcional con los teclados
y Wolf entonando con un aire
melancólico impresionante.
Además, su desarrollo
instrumental contribuyó
a hacer de él uno de
los cortes más brillantes
de la noche, también
porque se incrustó en
la mencionada “Didn´t
understand” y “Mother”,
otra del “Independent”,
que tampoco me acaba de entrar.
Si hay una
canción que no hubiera
escogido nunca de su debut,
esa sería “Seventeen”.
Como la ley de Murphy casi siempre
se cumple, fue la siguiente
en ejecutarse y, como me temía,
me dejó indiferente y
autoconvenciéndome de
que “Ain´t crying
for the moon” había
sido un espejismo. En este momento,
Lenny, que a veces se enfundaba
la eléctrica, cogió
la acústica y encaró
“Forever”, la más
destacada de “Independent”,
una buena balada que recibió
una calurosa ovación
por los pocos allí congregados
porque estuvo cargada de sentimiento.
De aquí en adelante,
hubo una especie de resurrección
porque me lo empecé a
pasar bien y disfrutar a pesar
de que Kingdom Come seguían
a lo suyo, con su surrealista
repertorio en el que también
tuvo cabida “Show down”,
otra del “Master seven”
que apareció de la nada
y que precedió al cenit
de la velada.
Por fin, Lenny
se acordó de que hubo
un tiempo en el que su banda
fue conocida por el mundo y
antes de que se perdieran en
la memoria colectiva habían
editado discos notables como
“Hands of time”,
del que se marcaron “Should
I” y lo hicieron de cine.
Encima, después de la
decepción con “Get
it on” y “Seventeen”,
a la tercera del debut fue la
vencida porque la increíble
balada blues “What love
can be” nos puso los pelos
como escarpias gracias a la
demostración de Wolf,
sencillamente alucinante. Aquí
sí que la audiencia respondió
y es que ante una composición
buena ejecutada con maestría
no hay tedio que se le resista,
ésa es la enseñanza.
Los minutos
caían pero el quinteto
ahí seguía de
nuevo con cosas más “oscuras”
como “Twilight cruiser”
del álbum homónimo
o “I can feel it”
que ya sí me hace aseverar
que “Independent”
es su trabajo preferido porque
no es normal que sonaran cuatro
canciones del mismo. El punto
y aparte llegó con otra
referencia a sus inicios, y
otro acierto porque “Living
out of touch” nos dejó
con buen sabor de boca aunque
pocos lo demostraran. Tímidos
aplausos cuando abandonaron
y algún coro futbolero.
Después, un silencio
interrumpido por las conversaciones
entre colegas.
Bien hicieron
los alemanes en salir rápido
pero en el colmo del desatino
en la elección de set
list, les dio por irse al “Twilight
cruiser” para intentar
“vendernos” “Can´t
put out and not take back”
que no está mal pero
no es lo que queríamos
escuchar en los bises y sí
composiciones como “Pushing
hard” con la que volvieron
a marcharse. Si no llega a ser
porque nadie se creía
que se piraban sin tocar “Do
you like it” la desbandada
habría sido masiva pero
ante un público a medio
camino entre pasota y atónito,
Eric Foerster encabezó
la segunda salida con las notas
del himno español que
empalmaron con la genial “Blood
on the land” mezclada
con “Not here to be your
friend,” segunda y última
presencia de su último
disco. Menos mal que esta vez
no se largaron porque ahí
no habría quedado ni
el tato. Y cuando ya cuatro
o cinco empezamos a decir “Do
you like it” porque eran
casi las once y ya sabemos cómo
se las gasta esta sala, Kingdom
Come tocaron su tema estrella
y si Lenny Wolf no quiere verlo
o reconocerlo es su problema
porque fue la canción
que más provocó
movimiento y cánticos
entre el respetable. La pena
es que las continuas peticiones
de “Stargazer” por
parte de un individuo no se
vieran recompensadas.
No obstante,
como el hombre debe tener un
ego que le llega desde Madrid
a su Hamburgo natal, se tenía
que despedir con otra “sorpresita”
para los despistados seguidores,
“Always on the run”,
magnífica canción
de “Twilight cruiser”
que puso fin a una actuación
de casi dos horas, en donde
el grupo estuvo, cuanto menos,
notable, el sonido ídem,
pero la selección de
temas parecía sacada
del bombo de la lotería.
Me parece muy bien que no se
quiera vivir del pasado pero
lo que no resulto lógico
es: 1) Si vienes a defender
tu disco, no toques sólo
dos temas; 2) De tu penúltimo
disco, sólo la primera
de la noche 3) Te dedicas a
tus obras intermedias, esas
que nadie conoce o nadie se
acuerda; 4) Ya que tienes una
intermedia obra buena, “Bad
image”, no la obvies;
5) Date cuenta de que la gente
se mueve con el corte de “In
your face”, sé
consciente y dales algo más
de él. Pero bueno, todo
esto es un brindis al sol. Yo
me lo pasé bien de algo
que no esperaba ni un aprobado
raspado. Así podré
contar a mis nietos que un día
vi a Kingdom Come… si
es que en la senectud no se
quedan en el fondo de mi memoria.
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