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KREATOR + CELTIC FROST

Sala Heineken (Madrid) 22/03/2007

Los caminos hacia el Pandemonio son, probablemente, tan torcidos e inescrutables como los que llevan al Cielo, Parnaso, Valhala o como usted quiera llamarlo. Cuando anunciaron la gira conjunta de Kreator y Celtic Frost, acompañados de dos formidables bandas como Legion Of The Damned y Watain pensé que esa noche sacaríamos billete directo a las profundidades del infierno. Dos formaciones míticas, unos exponentes del thrash actual pero con muchas tablas en el death y un grupo como Watain, herederos “blackerizados” (si se me permite la expresión) del legado oscuro de Jon Nodtveid y sus Dissection. En principio, me pareció espectacular que lo hicieran en La Riviera, una sala con casi tres mil espectadores pero viendo el éxito que tuvieron Kreator en la extinta Divino Aqualung, imaginé que se podría afrontar, aunque mis dudas seguían una vez vista la paupérrima convocatoria de Celtic Frost en el Metalway. El ser jueves tampoco ayudaba.

He aquí la crónica de lo que sucedió hasta la entrada en el recinto. Veinticuatro horas antes del inicio de la descarga se comunica que el concierto ha sido cambiado de sala… ¡a Heineken! Es decir, de tres millares a setecientas almas en una lata de sardinas. No sólo eso, se airea el rumor de que Legion Of The Damned y Watain suspenden. A la mañana siguiente, esto se confirma. La razón son los problemas logísticos. Es materialmente imposible poner tres baterías, entre otras cosas, en un escenario tan minúsculo. Eso sí, se nos asegura que los dos cabezas tocarán su repertorio completo (luego veremos que eso no sucedió). ¿Qué panorama queda? Un concierto cortado por la mitad, digamos que las extremidades porque las constantes vitales (en este caso, las estrellas del cartel) seguían intactas, una producción recortada con respecto a lo que se podía haber visto de acuerdo con fotos y crónicas de gira, y unos “paganinis” con cara de tontos sin poder protestar. A ver, a nosotros nos sería muy fácil no denunciar estos asuntos porque la promotora (en particular, su responsable de prensa) siempre ha tenido un trato exquisito con esta publicación pero sería ocultar unos hechos que, en mi opinión, son lamentables. Tengo un ejemplo muy claro que lo ilustra: Cuando empieza a hablarse de esta posible suspensión me llaman la noche del miércoles unos amigos de Alicante inquiriéndome sobre este respecto. Les cuento lo que sé y me comentan si pueden seguir insistiéndome al día siguiente porque al mediodía salen en coche para Madrid. Por motivos laborales no pude recabar información adicional hasta que a la hora de comer me acerqué a la sala. Hablé con Eric de Watain y un roadie de la promotora que me contaron con exactitud qué iba a pasar. Evidentemente, si un organizador ve que va a resultar un fracaso económico está en su derecho de cambiar el local pero no con tan poca antelación e impidiendo disfrutar a los fans de aquello por lo que habían pagado. Sé que es lo que viene en la entrada (la posibilidad de alteración de las condiciones del concierto) pero eso no hay organización de consumidores que lo resista.

Con estas premisas, vayamos a lo que aconteció de puertas para adentro. Media hora antes del comienzo reprogramado accedimos a la sala Heiniken y según entrabas ya se podía observar que sí, que realmente el averno nos iba a resultar cercano pero no por los motivos previstos. Si con Opeth había un lleno brutal; si con Killswitch Engage aquello se desbordó, en esta velada se rozó (si no sobrepasó) la temeridad. Nunca jamás he visto tanta gente congregada en la antigua Arena. Este “overbooking” creo que fue muy negativo para mi percepción general porque el ambiente estaba tan cargado que la incomodidad me resultaba insoportable. A las ocho y dos minutos, con un pequeño telón con el logo del grupo (nada de la portada del “To Mega Therion” como en todos los sitios), la mesa disparó “Totengott”, la intro que anunciaba la salida de Celtic Frost. Y allí estaban ellos, de nuevo en España tras el mencionado festival veraniego. Las pintas, muy similares. Tom G. Warrior con su gorro y su ausencia; Martin Eric Ain, que cada día da más miedo en su papel de predicador del mal; Franco Sesa, que bien podía ser batería de Dark Funeral con tanto corpse painting y el temporero V. Santura de los blackers alemanes Dark Fortress.

Sin grandes aplausos, en un clima de clama tensa, encararon como ya hicieran en julio, una deceleradísima “Procreation (of the wicked)” que unieron a “Visions of mortality”. Con relación a la primera, la gente no se dio cuenta de que era ese tema concreto hasta el estribillo, lo cual da una noción de lo mucho que la ralentizan. El sonido era bueno, tal vez la sección rítmica algo más subida que las guitarras en el inicio. Tom flojete de voz, más hablando que cantando en varias canciones pero no es algo fundamental. El problema radica en una materia concreta. Como ya he comentado alguna vez, los helvéticos son una banda revolucionaria, unos visionarios que hace veinte años anticiparon todo lo que iba a pasar dentro del denominado metal extremo. Aquí lo digo, y lo repetiré siempre, a mí me gustan más que, por ejemplo, Kreator porque Celtic Frost son especiales, tienen magia. ¿Qué ocurre? En directo deben crear una atmósfera propia y yo creo que aquí, en nuestro país, no comprendemos bien esto y sus descargas pueden parecer desangeladas, distantes, frías. Esa es la sensación que yo tuve, casi no hubo conexión, digamos, “espiritual” con la audiencia. Incluso, a mí, que reconozco ser muy fan de los suizos, no me llegaron salvo en un trozo puntual.

Después del desconcertante (para los no preparados) inicio, “Circle of the tyrants” elevó un tanto la temperatura aunque, personalmente, creo que en esta primera mitad fue la interpretación excelente de “The usurper” la que se llevó la palma. Una vez más, Martin se encargó de la comunicación con los seguidores y echó un discurso que para él sería muy serio pero a mí me resultó cómico sobre todo al decir: “¿Tenéis miedo de la muerte?”. La respuesta debería ser sí, según su parecer, pero nosotros, los españolitos, tan cachondos siempre respondíamos “No”. Esta disfunción emocional antecedió a “Ain elohim” uno de los dos únicos temas que cayeron de “Monotheist”.

“Necromantical screams” es otra de mis preferidas pero reconozco que sin las voces de Claudia María Mokri no es lo mismo y se desluce un poco el resultado final. En Guernica me quejé amargamente de la ausencia total de referencias a “Into the pandemonium”. En esta gira tocaban dos pero incomprensiblemente Celtic Frost recortaron en tres temas el repertorio habitual. Entre las damnificadas encontramos a “Dawn of Meggido” y, ¡horror!, “Sorrows of the moon”. Por lo tanto, de tamaña obra sólo pudimos degustar una descafeinada “Mesmerized” en la que la fantástica melodía de guitarra de su estribillo quedó tapada por el resto de instrumentos.

Sin duda, hubo un rato espectacular que llegó con la interpretación sin pausas de “Dethroned emperor”, “Morbid tales” y la genial “Into the crypt of Rays”. Por fin, hubo algo de movimiento en la pista, no demasiado, y la gente parecía empezar a disfrutar. Además, estas tres composiciones van in crescendo en cuanto a velocidad y se notaba que la actuación había cambiado de cara al público a pesar de que Thomas Gabriel Fisher seguía en su universo, alejado de lo que ocurría en la sala. No obstante, los Celtic Frost de 2007 se sienten mucho más cómodos en los pasajes lentos, crípticos, indescifrables. No se entiende, si no, que elijan “Sinagoga Satanae” para despedir sus descargas. No sólo porque sea de “Monotheist” sino debido a que es, probablemente, la canción más oscura de su carrera, y eso es decir mucho. Más de diez minutos, con discurso tétrico en alemán y latín incluido. A mí me parece genial pero para escucharla en mi casa o si he estado ochenta minutos oyéndoles pero no cuando se han quedado bastantes cosas en el tintero. No sé, incluso recientes como “Progeny” o “Ground” quedarían mucho mejor ya que el público se quedó con una impresión un tanto confusa de lo acontecido.

Por mucho que los adore, difícil defensa tiene el concierto de Celtic Frost. A mí, reitero, me gustaron porque aprecio un montón su “freakismo”, su empeño por alejarse de lo convencional, el ser la base de tantas y tantas cosas que revitalizaron el metal en estas dos décadas pero entiendo que, si bien he ratificado mi idea de que Celtic Frost y los metalheads españoles son como el agua y el aceite, algo más de ganas sí serían de agradecer.

De la conclusión que hemos sacado con los suizos podemos extraer el hilo conductor de la apreciación de Kreator. Musicalmente, los teutones son una apisonadora y sus canciones poseen una contundencia contrapuesta con la de sus compañeros de gira. Esto significa que los que estaban ávidos de tralla, la tuvieron de sobra con Mille y compañía. Sin embargo, en mi opinión, su actuación fue bastante floja. Antes de desgranar en profundidad el desarrollo, diré por qué: 1. Falta de precisión en la ejecución de solos. Lamentable Sami en más de un tema. 2. Petrozza muy flojo de voz. 3. Es la cuarta vez que les veo de gira con “Enemy of god” y si bien han cambiado un par de canciones, me parece escaso bagaje, ya que las alteraciones son más de orden en la interpretación. 4. Las condiciones de la sala y la asfixia por las excesivas entradas vendidas, aunque esto no es culpa del grupo.

Dicho esto, cuando se apagaron las luces y comenzó la intro “The patriarch” el bullicio hizo presagiar que se liaría el mismo mosh pit que acompaña cada visita de los de Essen a Madrid. Con una pantalla que casi no cabía en la que fueron pasando las portadas de todos sus álbumes, el cuarteto saltó a las tablas con “Violent revolution” y la Heineken se puso a botar. ¡Hasta los botellines saltaban en la barra! Ya en este corte, Sami Yli-Sirniö hizo un solo paupérrimo, no sé qué le pasó pero el caso es que estuvo fatal. Acto seguido, y tras una breve salutación de Mille, enlazaron con “Pleasure to Kill” y aquello ya parecía la tercera guerra mundial sin armas de destrucción masiva, salvo alguna zapatilla que voló entre las cabezas. El sonido no era malo pero en los temas más cañeros como éste, no se distinguían especialmente bien todos los matices de la música de Kreator.

Como digo, recuperaron alguna canción semiolvidada como la excelente “Some pain will last” de “Extreme agression” que fue de lo mejorcito, si no lo más destacado de la velada. La gente, en un cuarto de hora, ya estaba rendida ante los alemanes y yo pienso que estaba en otro concierto porque mi impresión no era tan favorable. Con “Enemy of god” la pantalla proyectó las imágenes del videoclip que hicieron para ese tema y “People of the lie” es un clásico que sirve de vehículo de conexión con el público que adora corear el estribillo. También de las que clavaron.

Una composición que me sorprendió muchísimo que tocaran fue “Europe alter the rain” de “Renewal”. Está muy bien que se decantaran por un corte “menor”, la lástima es que a mí no me gusta nada pero bueno, otra vez será y está por llegar el día que oiga “Ander the guillotine” o “Blind faith”. De regreso a lo más actual, “Suicide terrorists”, gran canción pero cuatro veces oída en el plazo de dos años quedándose en el tintero otras joyas de “Enemy of god” como “Dystopia”, “Dying race apocalypse” o “One evil comes” que si no suenan ahora no lo harán nunca. Otra golosina parecía venir al anunciar “Awakening of the gods”, del seminal EP “Flag of hate”, pero de los más de siete minutos originales, la cosa quedó en tres que unieron en forma de medley con “Renewal”, o sea que expectativa frustrada.

Esta parte, que fue tomada como descanso activo entre la audiencia, se desbordó en el momento de, como dice Petrozza, sentir la agresión con “Extreme agression” en donde tuvo lugar la anécdota de la zapatilla que hemos comentado. “Phobia” es la referencia de “Outcast” y única representante de la extraña segunda mitad de los noventa que vivieron Kreator ya que “Cause for conflict” y “Endorama” nunca están incluidos en los repertorios desde su “resurrección thrasica”. A mí esto me parece perfecto, no tanto que nada se oyera de “Terrible certainty” ya que los germanos también se apuntaron al carro de tocar menos y no interpretaron la poco escuchada “Behind the mirror” pero claro, eso a la gente se le olvida cuando le dan “Betrayer” que no poco mucho repetida sobra, considero que es fundamental cada noche.

La despedida vino, en mi criterio, en forma de reivindicación y validez de esta fructífera etapa que están viviendo. Así “Voices of the dead” del último y “Reconquering the throne” del anterior, es decir, música del siglo XXI pero sin perder las raíces, como sí ocurrió en su momento, pusieron el punto y seguido ante un público exhausto pero con ganas de más, no en vano apenas habían tocado setenta minutos. De nuevo la pantalla funcionando para mostrar el clip que acompaña al primer bis que cayó, otra reciente, “Imposible brutality”, canción que se multiplica en directo y que para mí debe ocupar cartel en futuras giras con “Phobia” o “People of the lie” por su cariz coreable, y el final, como siempre, de la mano del medley “Flag of hate/Tormentor” con imágenes, fotos y referencias de artículos de los ochenta siendo curioso observar la cara de crío de un Jürgen “Ventor” Reil que volvió a ser el mejor de los cuatro. Sinceramente, sin los condicionantes anteriores seguro que hubiera disfrutado mil veces más con Kreator pero esta noche reconozco que mi percepción es que estuvieron simplemente correctos. Eso sí, ya digo que probablemente esté equivocado porque la gente salió muy satisfecha aunque ya se sabe que aquí tira mucho eso del “burro grande, ande o no ande”… Con todo, la foto del concierto es a la salida, aunque aún dentro de la sala, ver el tenderete que se habían montado los tipos de Watain con sus velas negras metidas en botellines en una pose no demasiado oscura ni satánica. Impagable.


Kreator

 

 

 

 

 

 

 

 


Celtic Frost

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Kreator

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego