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Los caminos
hacia el Pandemonio son, probablemente,
tan torcidos e inescrutables
como los que llevan al Cielo,
Parnaso, Valhala o como usted
quiera llamarlo. Cuando anunciaron
la gira conjunta de Kreator
y Celtic Frost, acompañados
de dos formidables bandas como
Legion Of The Damned y Watain
pensé que esa noche sacaríamos
billete directo a las profundidades
del infierno. Dos formaciones
míticas, unos exponentes
del thrash actual pero con muchas
tablas en el death y un grupo
como Watain, herederos “blackerizados”
(si se me permite la expresión)
del legado oscuro de Jon Nodtveid
y sus Dissection. En principio,
me pareció espectacular
que lo hicieran en La Riviera,
una sala con casi tres mil espectadores
pero viendo el éxito
que tuvieron Kreator en la extinta
Divino Aqualung, imaginé
que se podría afrontar,
aunque mis dudas seguían
una vez vista la paupérrima
convocatoria de Celtic Frost
en el Metalway. El ser jueves
tampoco ayudaba.
He aquí
la crónica de lo que
sucedió hasta la entrada
en el recinto. Veinticuatro
horas antes del inicio de la
descarga se comunica que el
concierto ha sido cambiado de
sala… ¡a Heineken!
Es decir, de tres millares a
setecientas almas en una lata
de sardinas. No sólo
eso, se airea el rumor de que
Legion Of The Damned y Watain
suspenden. A la mañana
siguiente, esto se confirma.
La razón son los problemas
logísticos. Es materialmente
imposible poner tres baterías,
entre otras cosas, en un escenario
tan minúsculo. Eso sí,
se nos asegura que los dos cabezas
tocarán su repertorio
completo (luego veremos que
eso no sucedió). ¿Qué
panorama queda? Un concierto
cortado por la mitad, digamos
que las extremidades porque
las constantes vitales (en este
caso, las estrellas del cartel)
seguían intactas, una
producción recortada
con respecto a lo que se podía
haber visto de acuerdo con fotos
y crónicas de gira, y
unos “paganinis”
con cara de tontos sin poder
protestar. A ver, a nosotros
nos sería muy fácil
no denunciar estos asuntos porque
la promotora (en particular,
su responsable de prensa) siempre
ha tenido un trato exquisito
con esta publicación
pero sería ocultar unos
hechos que, en mi opinión,
son lamentables. Tengo un ejemplo
muy claro que lo ilustra: Cuando
empieza a hablarse de esta posible
suspensión me llaman
la noche del miércoles
unos amigos de Alicante inquiriéndome
sobre este respecto. Les cuento
lo que sé y me comentan
si pueden seguir insistiéndome
al día siguiente porque
al mediodía salen en
coche para Madrid. Por motivos
laborales no pude recabar información
adicional hasta que a la hora
de comer me acerqué a
la sala. Hablé con Eric
de Watain y un roadie de la
promotora que me contaron con
exactitud qué iba a pasar.
Evidentemente, si un organizador
ve que va a resultar un fracaso
económico está
en su derecho de cambiar el
local pero no con tan poca antelación
e impidiendo disfrutar a los
fans de aquello por lo que habían
pagado. Sé que es lo
que viene en la entrada (la
posibilidad de alteración
de las condiciones del concierto)
pero eso no hay organización
de consumidores que lo resista.
Con estas premisas,
vayamos a lo que aconteció
de puertas para adentro. Media
hora antes del comienzo reprogramado
accedimos a la sala Heiniken
y según entrabas ya se
podía observar que sí,
que realmente el averno nos
iba a resultar cercano pero
no por los motivos previstos.
Si con Opeth había un
lleno brutal; si con Killswitch
Engage aquello se desbordó,
en esta velada se rozó
(si no sobrepasó) la
temeridad. Nunca jamás
he visto tanta gente congregada
en la antigua Arena. Este “overbooking”
creo que fue muy negativo para
mi percepción general
porque el ambiente estaba tan
cargado que la incomodidad me
resultaba insoportable. A las
ocho y dos minutos, con un pequeño
telón con el logo del
grupo (nada de la portada del
“To Mega Therion”
como en todos los sitios), la
mesa disparó “Totengott”,
la intro que anunciaba la salida
de Celtic Frost. Y allí
estaban ellos, de nuevo en España
tras el mencionado festival
veraniego. Las pintas, muy similares.
Tom G. Warrior con su gorro
y su ausencia; Martin Eric Ain,
que cada día da más
miedo en su papel de predicador
del mal; Franco Sesa, que bien
podía ser batería
de Dark Funeral con tanto corpse
painting y el temporero V. Santura
de los blackers alemanes Dark
Fortress.
Sin grandes
aplausos, en un clima de clama
tensa, encararon como ya hicieran
en julio, una deceleradísima
“Procreation (of the wicked)”
que unieron a “Visions
of mortality”. Con relación
a la primera, la gente no se
dio cuenta de que era ese tema
concreto hasta el estribillo,
lo cual da una noción
de lo mucho que la ralentizan.
El sonido era bueno, tal vez
la sección rítmica
algo más subida que las
guitarras en el inicio. Tom
flojete de voz, más hablando
que cantando en varias canciones
pero no es algo fundamental.
El problema radica en una materia
concreta. Como ya he comentado
alguna vez, los helvéticos
son una banda revolucionaria,
unos visionarios que hace veinte
años anticiparon todo
lo que iba a pasar dentro del
denominado metal extremo. Aquí
lo digo, y lo repetiré
siempre, a mí me gustan
más que, por ejemplo,
Kreator porque Celtic Frost
son especiales, tienen magia.
¿Qué ocurre? En
directo deben crear una atmósfera
propia y yo creo que aquí,
en nuestro país, no comprendemos
bien esto y sus descargas pueden
parecer desangeladas, distantes,
frías. Esa es la sensación
que yo tuve, casi no hubo conexión,
digamos, “espiritual”
con la audiencia. Incluso, a
mí, que reconozco ser
muy fan de los suizos, no me
llegaron salvo en un trozo puntual.
Después
del desconcertante (para los
no preparados) inicio, “Circle
of the tyrants” elevó
un tanto la temperatura aunque,
personalmente, creo que en esta
primera mitad fue la interpretación
excelente de “The usurper”
la que se llevó la palma.
Una vez más, Martin se
encargó de la comunicación
con los seguidores y echó
un discurso que para él
sería muy serio pero
a mí me resultó
cómico sobre todo al
decir: “¿Tenéis
miedo de la muerte?”.
La respuesta debería
ser sí, según
su parecer, pero nosotros, los
españolitos, tan cachondos
siempre respondíamos
“No”. Esta disfunción
emocional antecedió a
“Ain elohim” uno
de los dos únicos temas
que cayeron de “Monotheist”.
“Necromantical
screams” es otra de mis
preferidas pero reconozco que
sin las voces de Claudia María
Mokri no es lo mismo y se desluce
un poco el resultado final.
En Guernica me quejé
amargamente de la ausencia total
de referencias a “Into
the pandemonium”. En esta
gira tocaban dos pero incomprensiblemente
Celtic Frost recortaron en tres
temas el repertorio habitual.
Entre las damnificadas encontramos
a “Dawn of Meggido”
y, ¡horror!, “Sorrows
of the moon”. Por lo tanto,
de tamaña obra sólo
pudimos degustar una descafeinada
“Mesmerized” en
la que la fantástica
melodía de guitarra de
su estribillo quedó tapada
por el resto de instrumentos.
Sin duda, hubo
un rato espectacular que llegó
con la interpretación
sin pausas de “Dethroned
emperor”, “Morbid
tales” y la genial “Into
the crypt of Rays”. Por
fin, hubo algo de movimiento
en la pista, no demasiado, y
la gente parecía empezar
a disfrutar. Además,
estas tres composiciones van
in crescendo en cuanto a velocidad
y se notaba que la actuación
había cambiado de cara
al público a pesar de
que Thomas Gabriel Fisher seguía
en su universo, alejado de lo
que ocurría en la sala.
No obstante, los Celtic Frost
de 2007 se sienten mucho más
cómodos en los pasajes
lentos, crípticos, indescifrables.
No se entiende, si no, que elijan
“Sinagoga Satanae”
para despedir sus descargas.
No sólo porque sea de
“Monotheist” sino
debido a que es, probablemente,
la canción más
oscura de su carrera, y eso
es decir mucho. Más de
diez minutos, con discurso tétrico
en alemán y latín
incluido. A mí me parece
genial pero para escucharla
en mi casa o si he estado ochenta
minutos oyéndoles pero
no cuando se han quedado bastantes
cosas en el tintero. No sé,
incluso recientes como “Progeny”
o “Ground” quedarían
mucho mejor ya que el público
se quedó con una impresión
un tanto confusa de lo acontecido.
Por mucho que
los adore, difícil defensa
tiene el concierto de Celtic
Frost. A mí, reitero,
me gustaron porque aprecio un
montón su “freakismo”,
su empeño por alejarse
de lo convencional, el ser la
base de tantas y tantas cosas
que revitalizaron el metal en
estas dos décadas pero
entiendo que, si bien he ratificado
mi idea de que Celtic Frost
y los metalheads españoles
son como el agua y el aceite,
algo más de ganas sí
serían de agradecer.
De la conclusión
que hemos sacado con los suizos
podemos extraer el hilo conductor
de la apreciación de
Kreator. Musicalmente, los teutones
son una apisonadora y sus canciones
poseen una contundencia contrapuesta
con la de sus compañeros
de gira. Esto significa que
los que estaban ávidos
de tralla, la tuvieron de sobra
con Mille y compañía.
Sin embargo, en mi opinión,
su actuación fue bastante
floja. Antes de desgranar en
profundidad el desarrollo, diré
por qué: 1. Falta de
precisión en la ejecución
de solos. Lamentable Sami en
más de un tema. 2. Petrozza
muy flojo de voz. 3. Es la cuarta
vez que les veo de gira con
“Enemy of god” y
si bien han cambiado un par
de canciones, me parece escaso
bagaje, ya que las alteraciones
son más de orden en la
interpretación. 4. Las
condiciones de la sala y la
asfixia por las excesivas entradas
vendidas, aunque esto no es
culpa del grupo.
Dicho esto,
cuando se apagaron las luces
y comenzó la intro “The
patriarch” el bullicio
hizo presagiar que se liaría
el mismo mosh pit que acompaña
cada visita de los de Essen
a Madrid. Con una pantalla que
casi no cabía en la que
fueron pasando las portadas
de todos sus álbumes,
el cuarteto saltó a las
tablas con “Violent revolution”
y la Heineken se puso a botar.
¡Hasta los botellines
saltaban en la barra! Ya en
este corte, Sami Yli-Sirniö
hizo un solo paupérrimo,
no sé qué le pasó
pero el caso es que estuvo fatal.
Acto seguido, y tras una breve
salutación de Mille,
enlazaron con “Pleasure
to Kill” y aquello ya
parecía la tercera guerra
mundial sin armas de destrucción
masiva, salvo alguna zapatilla
que voló entre las cabezas.
El sonido no era malo pero en
los temas más cañeros
como éste, no se distinguían
especialmente bien todos los
matices de la música
de Kreator.
Como digo,
recuperaron alguna canción
semiolvidada como la excelente
“Some pain will last”
de “Extreme agression”
que fue de lo mejorcito, si
no lo más destacado de
la velada. La gente, en un cuarto
de hora, ya estaba rendida ante
los alemanes y yo pienso que
estaba en otro concierto porque
mi impresión no era tan
favorable. Con “Enemy
of god” la pantalla proyectó
las imágenes del videoclip
que hicieron para ese tema y
“People of the lie”
es un clásico que sirve
de vehículo de conexión
con el público que adora
corear el estribillo. También
de las que clavaron.
Una composición
que me sorprendió muchísimo
que tocaran fue “Europe
alter the rain” de “Renewal”.
Está muy bien que se
decantaran por un corte “menor”,
la lástima es que a mí
no me gusta nada pero bueno,
otra vez será y está
por llegar el día que
oiga “Ander the guillotine”
o “Blind faith”.
De regreso a lo más actual,
“Suicide terrorists”,
gran canción pero cuatro
veces oída en el plazo
de dos años quedándose
en el tintero otras joyas de
“Enemy of god” como
“Dystopia”, “Dying
race apocalypse” o “One
evil comes” que si no
suenan ahora no lo harán
nunca. Otra golosina parecía
venir al anunciar “Awakening
of the gods”, del seminal
EP “Flag of hate”,
pero de los más de siete
minutos originales, la cosa
quedó en tres que unieron
en forma de medley con “Renewal”,
o sea que expectativa frustrada.
Esta parte,
que fue tomada como descanso
activo entre la audiencia, se
desbordó en el momento
de, como dice Petrozza, sentir
la agresión con “Extreme
agression” en donde tuvo
lugar la anécdota de
la zapatilla que hemos comentado.
“Phobia” es la referencia
de “Outcast” y única
representante de la extraña
segunda mitad de los noventa
que vivieron Kreator ya que
“Cause for conflict”
y “Endorama” nunca
están incluidos en los
repertorios desde su “resurrección
thrasica”. A mí
esto me parece perfecto, no
tanto que nada se oyera de “Terrible
certainty” ya que los
germanos también se apuntaron
al carro de tocar menos y no
interpretaron la poco escuchada
“Behind the mirror”
pero claro, eso a la gente se
le olvida cuando le dan “Betrayer”
que no poco mucho repetida sobra,
considero que es fundamental
cada noche.
La despedida
vino, en mi criterio, en forma
de reivindicación y validez
de esta fructífera etapa
que están viviendo. Así
“Voices of the dead”
del último y “Reconquering
the throne” del anterior,
es decir, música del
siglo XXI pero sin perder las
raíces, como sí
ocurrió en su momento,
pusieron el punto y seguido
ante un público exhausto
pero con ganas de más,
no en vano apenas habían
tocado setenta minutos. De nuevo
la pantalla funcionando para
mostrar el clip que acompaña
al primer bis que cayó,
otra reciente, “Imposible
brutality”, canción
que se multiplica en directo
y que para mí debe ocupar
cartel en futuras giras con
“Phobia” o “People
of the lie” por su cariz
coreable, y el final, como siempre,
de la mano del medley “Flag
of hate/Tormentor” con
imágenes, fotos y referencias
de artículos de los ochenta
siendo curioso observar la cara
de crío de un Jürgen
“Ventor” Reil que
volvió a ser el mejor
de los cuatro. Sinceramente,
sin los condicionantes anteriores
seguro que hubiera disfrutado
mil veces más con Kreator
pero esta noche reconozco que
mi percepción es que
estuvieron simplemente correctos.
Eso sí, ya digo que probablemente
esté equivocado porque
la gente salió muy satisfecha
aunque ya se sabe que aquí
tira mucho eso del “burro
grande, ande o no ande”…
Con todo, la foto del concierto
es a la salida, aunque aún
dentro de la sala, ver el tenderete
que se habían montado
los tipos de Watain con sus
velas negras metidas en botellines
en una pose no demasiado oscura
ni satánica. Impagable.
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Kreator


Celtic Frost





Kreator



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