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En pleno día
grande de las fiestas patronales
de la capital, regresaban Lacrimosa
más de un lustro después
de la única visita que
nos regalaron en los Madriles
(¡toma casticismo!) allá
por la época del “Elodia”.
Era curioso ver la mezcolanza
de colores; por una parte, los
chulapos con los trajes típicos;
por otra, los góticos
aguardando en la cola de la
sala para ver a su banda favorita.
Y es que escasamente 300 metros
distaban entre Divino Aqualung
y la pradera de San Isidro,
centro neurálgico de
la celebración.
El grupo de
Tilo Wolff es especial. Para
mí, su música
es arte. No digo que sean mis
preferidos pero sí trascienden
únicamente del apartado
habitual de un estribillo, un
guitarra o una letra. Lacrimosa
son capaces de transmitir una
emoción tan peculiar
que no encuentro parecido alguno
con el resto de conjunto que
habitan el universo de las notas
y las estrofas. Desgraciadamente
su nueva entrega “Lichtgestalt”
llevaba una semana en la calle
y no había podido paladear
la magia de sus composiciones
porque esa es otra de las cualidades
de Lacrimosa. Jamás han
hecho un disco regular, todos
son de notable para arriba,
desde aquel lejano “Angst”
de 1991.
Para abrir
teníamos a los noruegos
Goth Minister, combo para mí
desconocido pero que acababan
de editar un álbum con
el sello Drakkar (el subsidiario
de BMG Alemania, no confundir
con la compañía
underground francesa). Me habían
conformado una idea preconcebida
de estos individuos que no concordaba
con la realidad. Pensaba yo
que era el típico grupo
con temas bailongos mas los
escandinavos no dudan en meter
guitarras potentes y baterías
contundentes en la mayoría
de su repertorio. En sus partes
más marciales no andan
lejos de las propuestas de Rammstein;
Desgraciadamente para ellos,
en calidad están a años
luz de los germanos.
Su puesta en
escena es muy curiosa. El cantante,
Bjorn Alezander Brem, es un
tipo que va con bastón
y ofrece gran parte del recital
elevado en una especie de púlpito
desde donde “predica”
la religión del goth
rock. El guitarrista parece
inmerso en un viaje astral en
el que se pregunta por qué
está ahí metido
y no tocando black metal de
tercera generación. Y
el batería no pega ni
con cola con el resto. Aún
así, tienen su gracia.
El mayor problema que les veo
es fruto de su monotonía.
Al cuarto tema estás
deseando que se acabe.
Desgranaron
casi al 50% cortes de su debut,
“Gothic electronic anthems”,
y su segundo esfuerzo, “Empire
of dark salvation”. No
sé, la compañía
tiene fe en el producto, bastante
adecuado para los pabellones
auditivos centroeuropeos, mas
a mí me dejan indiferente.
No agobiaron pero tampoco lograron
engancharme.
Las aproximadamente
1000 personas que poblábamos
el local aguardábamos
ansiosos la salida de Lacrimosa
porque, aunque antes no lo había
mencionado, otra de las características
del combo germano-suizo-finlandés
es que rara vez fallarán
encima de las tablas a pesar
del “factor Nurmi”
del que posteriormente hablaremos.
Como es propio en todas sus
giras, el nuevo álbum
tendría un protagonismo
significativo a lo largo de
las dos horas de actuación
con las que nos suelen deleitar.
Así, La intro del “Lacrimosa
theme” precedió
a “Kelch der liebe”
que recreó las primeras
atmósferas melancólicas
en este festivo día.
El sonido era sencillamente
majestuoso. Cada cosa en sus
sitio, los instrumentos bien
afinados y la voz de Wolff reinando
sobremanera en la noche. A pesar
de que se notaba que la audiencia
no estaba demasiado familiarizada
con la canción la acogida
fue más que calurosa.
Donde no hubo dudas fue en las
tres siguientes composiciones.
“Schakal”
es piedra angular del cambio
de sonido que Lacrimosa experimentaron
en “Inferno”. Elegida
como single, sus guitarras destilan
elegancia sin huir del punto
metalero de contundencia que
tanto atrae al sector más
cañero de los fans. Me
sorprendió que interpretaran
tan pronto “Alles lüge”
que es un clásico incluso
sin estar en ningún larga
duración. Y retrotrayéndonos
al pasado, a mi amado “Einsamkeit”,
la genial “Tranen der
sehnsucht” que, si bien
en directo nunca logra el misticismo
del estudio, actualmente les
queda mucho más oscura
que en el “Live”
donde daban demasiada prioridad
a las guitarras.
Otra vez de
vuelta a “Inferno”,
una habitual de los directos,
“Vermachtnis der sonne”,
fue ejecutada prácticamente
unida a la coreada “Malina”,
del, para mí, infravalorado
“Echos”, quizá
uno de los discos que mejor
representa “los dos mundos”
de Lacrimosa y un paréntesis
en la carrera “heavy”
del grupo iniciada hace una
década. En este instante
se da paso al único lunar
que presenta esta formación.
La señorita Anne Nurmi
deja cede su teclado a Tilo
y ocupa el centro de las tablas.
Seré todo lo sincero
que pueda. En estudio reconozco
que temas como “No blind
eyes can see”, cantados
por la muchacha, me encantan.
Sin embargo, viéndola
en vivo considero que 50 tomas
no han sido suficientes para
que quede registrada esa voz.
Sin ser tan bochornoso como
en su primera visita a Madrid,
Nurmi no da la talla cosa que
quedó demostrada, primero,
en “The turning point”
inicial referencia a “Elodia”,
trabajo que contaría
con amplia representación
en la velada.
Afortunadamente
el efecto Nurmi se disipó
con los acordes de la excepcional
“Lichtgestalt”,
single de su reciente entrega
con todo merecimiento. Tras
esta, una joya de sus primigenios
días, “Seele in
not”, la mítica
“canción del gato”,
como cariñosamente la
llaman algunos amigos. La alteraron
un poco en su inicio mas, en
conjunto, funcionó. “Apart”
es otra de esas composiciones
que cala hondo entre el público
ya que posee su puntito demagógico
con estrofa en español
incluida. Más cortes
nuevos como “Letze ausfart:
Leben” o la brillante
“The party is over”
se intercalan con temas diferentes
épocas, sea “Halt
mich”, “Dur nacht
und flut” o “Not
every pain hurts”, medio
arruinada por Anne. La despedida
después de más
de 90 minutos que se pasaron
rapidísimos vino con
“Stolzes herz”,
uno de sus pasajes más
emblemáticos, con ese
in crescendo tan espectacular
y la parte central completamente
heavy. Las ovaciones fueron
atronadoras. No tardarían
en volver a salir.
Únicamente
dos discos faltaban para completar
el extenso repaso a su catálogo.
Desafortunadamente “Satura”
no suele aparecer demasiado
en sus giras y es una pena,
pero así son las cosas.
El que no podía faltar
era “Fassade” aunque
sólo sea en la conocida
“Der morgen danach”,
también ampliamente celebrada
por la concurrencia como todas
hasta el final. Eso sí,
me dio tiempo a descubrir que
una canción lenta que
a mí no me dice demasiado
como “Ich verlasse Haut
dein herz” es un favorita
de la mayoría.
Un segundo
y definitivo regreso llegó
con la famosa “Alleine
zu zweit” para confirmar
que “Elodia” es
su álbum estrella entre
los fans. Lo que me temía
(y lo digo así porque
la odio) sucedió: Cerraron
con “Copycat”, lo
peor que ha hecho Lacrimosa
en su carrera de largo. Este
punto negro no disminuye la
sobresaliente apreciación
de la actuación. Lástima
que siendo tan extensa obviara,
para sorpresa general, la tremenda
“Siehst du mich im licht”
que pensaba sería pieza
fundamental en todos sus repertorios.
Con todo, la banda de Tilo (él
es el centro, él es la
estrella, él es el alma
del grupo) volvió a mostrar
su calidad en Madrid. Esperemos
que no tarden otros cinco años
en volver.
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Goth Minister




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