|
Las bandas
tributo no es algo que se estile
mucho en España. Una
vez metabolizados The Bon Scott
Band la sequía en este
aspecto ha sido significativa
aunque ahora quieren salir a
la luz algunos nombres como
La Leñera o Los Purpel.
Sin embargo, en el mundo anglosajón
sí es moneda de uso común
e, incluso, algunos son realmente
excepcionales como Atomic Punks
(de Van Halen) o Beatallica
(canciones de The Beatles tocadas
en el estilo de Metallica).
Había oído hablar
maravillas de estos Letz Zep
pero con el torrente de conciertos
al que acudimos la cita con
estos británicos que
homenajean a la que, en opinión
de muchos, es la mejor banda
de la historia del rock casi
pasó desapercibida. Craso
error para todos aquellos que
se perdieron esta impresionante
velada.
No vamos a
hacer aquí una disertación
sobre la validez de estas propuestas.
Cada uno que piense lo que quiera.
Habrá algunos que opinen
que esto no vale nada porque
simplemente es imitar a los
que compusieron las canciones
pero yo digo que aunque sólo
sea eso, resulta muy complicado
hacerlo mínimamente bien.
Además, si no estás
a la altura, haces el ridículo.
Para otra ocasión dejaremos
la discusión de cómo
sería si Led Zeppelin
saliesen al escenario porque
no hay comparación posible.
Aunque Robert Plant actualmente
no cante un pimiento (baste
mirar el show de Knebworth y
desde entonces han pasado 28
años) y Jimmy Page haya
arruinado su reputación
yendo de la mano de Puff Daddy,
verles junto a John Paul Jones
sería como un tributo
a la música que amamos.
Pero esa, repito, es otra película
distinta, de momento, de ciencia
ficción.
Tenía
dudas sobre la capacidad de
convocatoria de este cuarteto
de las islas pero más
de tres cuartos de entrada hicieron
que Heineken presentara un magnífico
aspecto para recibir, unos minutos
pasadas las nueve de la noche,
a Letz Zep bajo los acordes
de “Rock and roll”,
uno de los temas emblemáticos
del género. Había
gente que ya empezó a
viajar en el tiempo porque visualmente
teníamos ante nosotros
a toda una encarnación
de la banda donde cada uno tiene
bien aprendido su papel y lo
ejerce a la perfección.
Simon Jeffrey es el que lleva
las pintas más salvajes
muy al estilo John Bonham aunando
pegada y técnica detrás
de su kit de batería;
Steve Turner, desde que se ha
recortado el pelo, casi tiene
más pinta de haber estado
en Los Pecos pero le sirve para
dar el pego como John Paul Jones,
siempre en un segundo plano
dedicado al bajo y los teclados;
Chris Cawte toca como Jimmy
Page, con eso queda todo dicho.
Con un traje que evoca las época
más piradas de Page,
el juego de guitarras similar,
su forma de interpretar,…
sólo le falta la cara
porque en esto es un clon de
Joe Perry de Aerosmith; falta
Billy Kulke, el que tenía
la papeleta más complicada
porque el Plant original fue
incapaz de alcanzar sus prodigiosos
registros desde, aproximadamente,
1972 (si alguien no lo considera
así, que vea el DVD).
Al principio reconozco que no
me impresionó pero, poco
a poco, se fue calentado hasta
rozar el sobresaliente, sobre
todo en los tonos más
agudos.
El sonido no
estuvo lo bien que hubiera deseado
porque en los pasajes donde
Billy ponía voz grave
quedaba tapado por los otros
instrumentos. No obstante, se
fue corrigiendo y le podemos
dar un aprobado. “Celebration
day” fue la segunda en
ser ejecutada y acto seguido
cayó “Black dog”
con lo que el comienzo resultó
apabullante para muchos aunque,
paradójicamente, no para
mí porque ninguna está
entre mis preferidas. Es curioso
lo que me pasa con Led Zeppelin
ya que sus temas más
conocidos por las masas (esto
es relativo porque sacaríamos
veinte sin problemas pero me
ciño a seis o siete que
son inconfundibles) no me llaman
demasiado la atención.
Por eso, yo iba a disfrutar
muchísimo en la parte
central del concierto. “Heartbreaker”
con el riff increíble
presidiendo (aunque Billy no
la cantara demasiado bien) sirvió
de anticipo para ese blues llamado
“Since I´ve living
you” que se te clava en
el alma con el memorable diálogo
entre guitarra y voz. Donde
ya llegué al clímax
fue con “Baby, I´m
gonna leave you” mi canción
preferida de Led Zeppelin. Emotiva
a más no poder su interpretación,
me sorprendió gratamente
que fuera de las más
aplaudidas por la audiencia.
Para mí, ya había
merecido la pena y esta gente
se ha ganado con creces el calificativo
de “mejor tributo a una
banda que existe”.
No contentos
con eso, Chris Cawte se enfundó
la guitarra roja de doble mástil
y llegaron los minutos dedicados
a “Houses of the holy”.
Empalmaron sus tres temas más
gloriosos: La rítmica
“The song remains the
same”, “The rain
song” y la brutal “No
quarter”, otra de esas
canciones que jamás se
olvidan, una vez la escuchas.
Seis composiciones increíbles
seguidas, casi sin pausa. Creo
que a todos se nos caía
la baba, la mayoría estaban
impresionados en especial con
Chris, que es un escándalo
el tío. Pero su demostración
no quedó ahí porque
no podía faltar (para
seguir con la masterclass en
Led Zeppelin) una “Dazed
and confused” ampliada
para que Cawte cogiera el arco
de violín (¡hasta
en eso llevan la lección
aprendida!) y rememorara los
mejores días de Jimmy
Page. Eso sí, que con
el dinero de esta gira cambie
el arco que está muy
usado je, je… En total,
más de un cuarto de hora
de desarrollo instrumental que
culminó con una ovación
atronadora.
Una vez pasada
esta emoción, ¿llegaría
el descanso? Bueno, si consideráis
como tal un mini set acústico,
sí. En formato mini,
sólo hicieron dos temas;
el primero “Gallows pole”
que tan fantásticamente
revisaran Page y Plant en su
proyecto conjunto de los noventa;
y el segundo, una marchosa y
divertida “That´s
the way”. Ambas canciones
fueron acompañadas por
las palmas del animadísimo
público. No soy demasiado
fan de las cosas desenchufadas
pero en Led Zeppelin es normal
porque significaba una parte
importantísima de su
propuesta.
Con “Kashmir”
nos adentramos en otro de sus
himnos por excelencia. Personalmente
opino que ni es de sus mejores
canciones (tiene más
fama que calidad en comparación
con otras) y que la atmósfera
que consigues oyéndola
en casa con las luces apagadas
no se capta en directo, ni de
lejos. En este punto, voy poner
un “pero” matizado.
El concierto fue la leche en
bote (hablando en plata) y los
tipos se salieron. Ya sé
que los Led Zeppelin que han
quedado en los anales son, básicamente,
los de sus seis primeros discos
pero me dio pena que no tocaran
nada de “Presence”
o “In through the out
door”. “In the evening”
o “Nobody´s fault
but mine” hubieran sido
la bomba. Es más, de
“Physical graffiti”
únicamente sonó
“Kashmir” pero en
su descargo señalar que
en esta gira estaban tocando
tres horas y aquí vieron
recortado su repertorio en más
de cuarenta y cinco minutos
(ya se sabe lo que ocurre en
Heiniken y sitios similares)
con lo que hubo que eliminar
algunas canciones programadas
que sí interpretaron
en otros lugares como “Going
to California” (lágrimas),
“When the levee breaks”
(llantos) o “Trampled
underfoot” (berrinches),
entre otras.
Llegábamos
a la sección final con
“Moby dick” y el
momento de gloria de Simon “Bonzo”
Jeffrey con el solo de batería,
golpeo con las manos incluido.
Clavadito en su ejecución.
Por fin, lo que muchos esperaban,
“Stairway to heaven”,
como siempre comento cuando
llega el caso, dentro de la
nómina de canciones “desechadas
por hastío” de
tantas veces repetida en bares,
radios y demás. Como
aquello era una fiesta, también
me uní al coro de voces
que impresionó a la banda
y desfasé con la aceleración
guitarrera de su conclusión.
Ya que era todo tan pulcro en
relación al formato primigenio,
se la podían haber saltado
a la torera como hacían
los homenajeados en su época
je, je... claro que aquéllos
se lo podían permitir,
eran los más grandes.
Viendo que el tiempo se les
echaba encima se despidieron
con uno de los cinco riffs más
carismáticos del hard,
“Whole lotta love”,
que tampoco entra en mi top
veinte zeppeliano.
La audiencia
les vitoreó en su marcha
de las tablas y volvieron cuando
casi ni se habían ido
(lo dicho, la premura) para
cerrar la velada con la alucinante
“Inmigrant song”
y su agudo bestial muy bien
logrado por Billy Kulke. Dos
horas y doce minutos de precisión,
técnica, nostalgia, pasión
y todos los adjetivos que queráis
añadir. A mí me
pareció un concierto
soberbio, magnífico,
el que dieron estos Letz Zep.
Animaría a todos los
escépticos a que si se
vuelven a pasar por la península
acudan a su llamada. Al fin
y al cabo hay otros que conservan
el nombre o lo alteran levemente
(¿Credence Clearwater
Revisited? ¡Por dios!)
para manchar la imagen de formaciones
míticas. Este cuarteto
británico rinde homenaje
a sus héroes y lo hace
con elegancia y maestría.
Un 10 para ellos.
|








|