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Cuando uno
cree que ha recorrido un camino
y parece alcanzar el objetivo
que se ha propuesto con la punta
de los dedos, resulta que hay
un poder oculto que te impide
lograr tu meta. Lo peor es que
no logras entender las razones
que te han llevado al relativo
fracaso. Podría ser una
especie de la Teoría
de la Mano Invisible de Adam
Smith pero aplicada de un modo
peculiar. Has ganado un concurso
que lo ven millones de personas
arrasando en la votación
popular; eres recibido en tu
país como un héroe;
se te rifan en algunos de los
mejores festivales europeos
e, incluso, te ofrecen plaza
en el prestigioso Ozzfest de
Estados Unidos,… Te metes
en el estudio para editar un
nuevo disco que, en principio,
no difiere de lo hecho anteriormente
(ni en estilo ni en calidad).
El cóctel es perfecto
para continuar con la inercia
positiva…
Pues no. “Deadache”,
la cuarta entrega de Lordi (quinta
si consideramos el primigenio
y olvidado “Bend over
and prey the lord”), salió
la última semana de octubre
de 2008. El destino era, obviamente,
reventar las listas de ventas
de Finlandia. Paradójicamente,
lo que sí consiguieron
con algunos de sus singles anteriores
a la ya famosa noche de mayo
de 2006 en la que consiguieron
ganar Eurovisión, no
llega con el nuevo trabajo.
Increíble pero cierto.
Repite que “Deadache”
puede ser un poco peor que “The
arockalypse” o “The
monsterican dream” pero,
en general, no difiere en exceso.
Definitivamente hay algo raro
en esto de la música.
Por supuesto, en el resto del
viejo continente la euforia
es aún menor que en su
patria lo que demuestra que
la victoria ni era un impulso
al heavy metal (Lordi son hard
rock por si a alguien se le
había olvidado) ni se
nos iba a respetar a partir
de ahora. Sencillamente en Eurovisión
ganaron unos “frikis”
que tuvieron un enorme impacto
visual con su imagen de monstruos
y una canción muy pegadiza.
La combinación perfecta
para la exaltación del
cutrerío en ese certamen.
Mientras el
mundo “civilizado”
se queda sin descubrir las verdaderas
bondades de un grupo interesante,
que no sobresaliente, el quinteto
de Finlandia se embarca en una
larga gira europea. En estas
páginas reseñamos
su anterior periplo por nuestras
tierras del sur. Lo calificamos
como decepcionante porque ofrecieron
un concierto soso, corto, sin
garra y con carencia de montaje
escénico. Esto último
lo atribuimos a que el tocar
en Heineken impide mostrar todo
tu teatro pero viendo lo acontecido
esta noche hemos de cambiar
el discurso. Para ser sincero,
esta tarde de domingo no tenía
el cuerpo para shows de los
que no cabía esperar
demasiado pero, aun así,
albergaba un pequeño
halo de esperanza. Ero eso u
olvidar los cinco minutos de
gloria del grupo para meterles
en mi particular baúl
de los recuerdos.
La visita de
2007 generó expectación
pero lejos de lo que, inicialmente,
cabría esperar porque
meter setecientas personas está
al alcance de cualquiera que
haya tenido un mínimo
de exposición mediática.
Colgar de nuevo el cartel de
“No hay billetes”
era el objetivo pero esta vez
la asistencia iba a ser mucho
más modesta. Siendo generosos
rondaríamos los cinco
centenares de seguidores por
lo que el local solo estaba
apretado en la pista quedando
bastante huecos en el resto.
Quizá unos teloneros
más interesantes podrían
haber supuesto el tirón
definitivo pero ni Fatal Smile
ni, sobre todo, Brandon Ashley
& The Silverbugs atraían
a nadie.
Estos fueron
los encargados de abrir la velada.
No tenía ninguna referencia
suya pero uno, que ya es perro
viejo, intuía que con
ese nombre no iban a dar mucho
juego. Efectivamente, sobre
uno intro que ya les delataba
aparecen cuatro individuos de
un pelaje moderno post gótico
y con un vocalista que se ha
repasado con nota los vídeos
de Tommy Lee con Methods Of
Mayhem. Aquello empieza a sonar
y no hay quien pare el desaguisado.
Mezclad Marilyn Manson con un
rollo más electro dark
tipo London Alter Midnight y
la típica actitud “destroyer”
en el escenario: ahí
tenéis a Brandon Ashley
& The Silverbugs.
Con un solo
disco en el mercado, el cuarteto
de Turín parece que ha
tenido bastante repercusión
en Rusia porque, además
de ser asiduos por la antigua
Unión Soviética,
una compañía fuerte
de allí les ha distribuido
“Nothing lasts forever”.
Es innegable que salieron a
darlo todo, en particular el
susodicho Brandon Ashley, pero
la gente permaneció impasible,
indiferente ante su propuesta,
respondiendo con tímidos
aplausos al concluir cada canción.
En poco más de media
hora que se me hizo eterna desgranaron
ocho temas siendo “Abracadaber”
el elegido como carta de presentación.
Dentro de los infumables que
me parecieron, casi los prefería
cuando se calmaban (pocos momentos)
que cuando se dedicaban a meter
tralla industrial tamizada de
un tinte glammy trasnochado.
Entre sus supuestos hits interpretaron
la pesadísima “NRM”,
quizá la más metalera,
“Rebel smile” o
“Coma drama”.
Marchoso y
potencial single, “The
Kreel Biz Inc”, que si
no estoy mal informado apareció
en un Ep del mismo nombre anterior
al álbum. Por cierto,
mal ejemplo dan a la juventud
cantando chorradas como “Fight
for your right to suicide”…En
otras actuaciones de la gira
me contaron que aparecía
una dama vestidas con un par
de uniformes cortos (uno de
policía me parece). Las
magnitudes de la Heineken nos
privaron hasta de eso. Finalizaron
con “Rock n´ roll
suicide” (¡qué
manía con el suicidio!)
que es una homenaje / pequeño
plagio al “MOBscene”
de los Manson. He visto actuaciones
regulares, malas y muy malas;
ésta supera a casi todo,
básicamente porque como
grupo me repugna su música.
Una vez superado
este trance de los Brandon Ashley
& The Silverbugs (tardaré
semanas en recuperarme), llegaba
el turno de los suecos Fatal
Smile. No son neófitos
en nuestra ciudad puesto que
vinieron de teloneros de Winger.
Asimismo, estaba previsto que
en diciembre giraran junto a
Vince Neil pero la suspensión
del tour del vocalista de Mötley
Crue les dejó compuestos
y en medio de la nada, teniendo
que contratar un par de fechas
por Bélgica y Holanda
para pasar el rato. Con Winger
me parecieron un auténtico
horror por lo que tampoco esperaba
nada de los escandinavos aunque
traían a su nuevo vocalista,
Blade, que, por imagen y voz,
mejora con creces las prestaciones
del infame H.B. Anderson.
Por lo menos,
su estilo era algo más
parecido al de Lordi. Fatal
Smile poseen muchas influencias
de Los Angeles aunque a la hora
de la verdad, en mi opinión
no las saben plasmar. Sus riffs
son demasiado limpios y heavies
para sonar sleazy. Deberían
escucharse los últimos
discos de Hardcore Superstar,
el primero de Crash Diet, Hell
N´ Diesel, etc. Para mí
les falta esa rabia juvenil
que todos los demás demuestran
en sus composiciones. Iniciaron
su descarga con “Neo natural
freaks”, el tema que daba
título a su segunda obra.
Sin grandes alardes técnicos,
todos los instrumentos estaban
en su sitio y el que quisiera
podía, con matices, disfrutar
de estos muchachos comandados
por Y, un guitarrista que no
toca mal pero sí bastante
peor de lo que él se
cree.
El repertorio
se olvidó prácticamente
de su debut “Beyond reality”
(no me extraña) y se
entregó de manera principal
al reciente “World domination”.
“Out of my head”
y “Run for your life”
estuvieron entre las primeras
en ser interpretadas. Entre
medias, intercalaron cosas algo
más antiguos tipo “Common
people”, celebrada por
los poquísimos seguidores
de la banda que allí
se encontraban. Considero que
el concierto fue decayendo paulatinamente.
La causa es la falta de talento
que dejan entrever sus canciones,
planas, sin garra ni gancho.
Por ejemplo, su teórico
himno, “Hip M.F.”,
que apareció hace unos
años en un recopilatorio
de la chapucera discográfica
estadounidense Perris Records,
refugio de todas las bandas
sleazy de tercera de finales
de los 80, es monótono
hasta decir basta y la cadencia
de su estribillo soporífera.
Después
de otra aburridísima
“Straight to hell”,
quizá lo más aceptable
llegó al final, con otros
dos “singles” como
“Learn – love –
hate” y “S.O.B.”,
más movidas y pegadizas
dentro de un tono general discreto.
Mi problema con Fatal Smile
es que me dejan una sensación
de indiferencia alarmante. Volvemos
al dicho español de “que
hablen de ti aunque sea para
mal”. Si yo aborrezco
un grupo puede que esté
equivocado y que otros, con
gustos distintos a los míos,
piensen exactamente lo contrario.
Pero si una banda de un estilo
que me gusta no me dice nada,
mal síntoma. Cuarenta
minutos de mi vida perdidos
en esto.
Después
de la “diversión”
que habíamos padecido,
mi convencimiento de que tendría
que haberme quedado en casa
era total. Si deben ser Lordi
los que tiren del carro para
adecentar la noche, peligro.
Al menos, eso creía yo.
Por lo pronto, ya la batería
estaba decorada con calaveras,
huesos y un espada que tendría
su protagonismo posterior. Además,
por las paredes de la sala estaban
puestos carteles de “Se
busca” de Charlene, la
niña protagonista de
una de las canciones de “Deadache”.
Curiosamente, me pareció
ver entre el público
a una especie de actriz que
se movía entre la gente
con unos ropajes un tanto extraños
y con pinta de haber salido
ayer del psiquiátrico
pero no puedo asegurar que no
fuera alguna despistada que
aún no había regresado
del desfile de carnaval.
Con la intro
“Scarctic circle gathering
IV” saltaron sin demasiada
pompa y rápidamente encararon
“Girls go chopping”.
Si bien en la pruebas de sonido
previos aquello parecía
que iba a ser un desastre, la
realidad es que los técnicos
se esmeraron sobremanera y únicamente
los coros quedaban tapados porque
el resto cabría calificarlo
de sobresaliente, tanto en nitidez
como en mezcla. Con esto se
anotaban ya un tanto. Enlazaron
con “They only come out
at night” y el público
empezó a animar. No obstante,
Mr. Lordi se puso un poco pesado
porque prácticamente
en todas las canciones pedía
las palmas y eso se debe hacer
en ocasiones puntuales, no sistemáticamente,
además de cuando a los
fans les salga de manera espontánea.
En cualquier caso, había
ganas pero se notaba que era
domingo.
Los finlandeses,
siguiendo una tendencia de los
últimos años en
la música, se centraron
mucho en su nueva entrega. Me
diréis que es lógico.
De acuerdo, aunque no es lo
mismo si tienes cuatro álbumes
que catorce. Así, interpretaron
“Raise hell on heaven”
tras la cual empezaron los numeritos.
Como si de un concierto de King
Diamond o Alice Cooper se tratara
aparecieron distintos personajes
en el escenario y, en breves
interludios, cada componente
del grupo tenía su papel
estelar masacrándolos.
El primero fue OX, el bajista,
que se encargó de liquidar
a un bicho parecido al troll
de las cavernas de El Señor
de los Anillos para regocijo
del respetable. No se seguía
una línea argumental,
simplemente rellenaban huecos
entre canciones pero es de agradecer
lo currado de la escenificación
para el mínimo espacio
que había.
El single que
anticipó “Deadache”,
“Bite it like a bulldog”,
no la considero especialmente
buena, sobre todo si antecede
a “Who´s your daddy?”,
una de mis favoritas de “The
arockalypse” y bastante
más adictiva. Otra mínima
pausa para que Mr Lordi saliera
como el Hombre del Saco, señal
de que llegaba “Blood
red sandman”, referencia
inicial a la época pre
Eurovisión y que sus
seguidores recibieron con vítores,
saltos y cánticos. Esto
relegó un poco a “Man
skin boots” si bien pienso
que es de las más destacadas
de “Deadache”.
En una de las
escasas charlas de Mr. Lordi
(aparte del agradecimiento habitual)
comentó que el próximo
tema a interpretar era la primera
vez que la tocaban en la gira.
“The night of the living
dead” sustituyó
a “Haunted town”
que venía siendo habitual.
Una pena porque me gusta más
“Haunted town” pero
vamos, “Night...”
sonó francamente bien
y sirvió para otro momento
hilarante porque Awa, la teclista,
se quedó sola ejecutando
una melodía tirando a
fúnebre que fue aprovechado
por un zombie y su dama de plástico
para bailar un vals hasta que
Awa dejó su instrumento
y los insertó con una
estaca. Nada novedoso ni memorable
pero efectivo. El corte que
da título a la última
obra resultó ser, a la
postre, el más aplaudido
entre todos los nuevos y tuvo
buena réplica en “Bringing
back the balls to rock”,
que es una canción muy
de directo.
Otro pequeño
parón en el Kita, en
vez de hacer el solo de batería
tan aburrido que nos temíamos,
utilizó sus minutos estelares
para con la espada antes mencionada
y en un especie de ceremonia
japonesa, con gong incluido,
rebanar la cabeza de otro monstruo
que, curiosamente, era clavadito
al entrañable Eddie de
Iron Maiden. Con el “trofeo”,
cuan ministro Bermejo y sus
jabalíes se tratara,
adornó uno de los lados
de su batería. De esta
forma, continuó el concierto
con “Monster, monster”,
uno de los temas más
antiguos que interpretaron de
su ya lejano “Get heavy”
(aunque no ha cumplido siete
años ese disco). Evilyn
quedó un poco ensombrecido
y pasó desapercibida.
Fueron los únicos minutos
aburridos de la velada porque
el solo de guitarra de Amen,
sin ser horrible, no aportó
demasiado. Fue colorido porque
se dedicó a meter riffs
o melodías de canciones
muy conocidas como “Sweet
child o´ mine” pero
poco más. Estábamos
llegando al final pero en vez
de tirar de clásicos,
se dedicaron a seguir presentando
“Deadache” con la
salvedad de “Wake the
snake”, grandísimo
tema de “The monsterican
dream”. El momento más
espectacular de la actuación
llegó con “Dr.
Sin is in” en el que Mr
Lordi se enfundó su bata,
sacaron una mesa de operaciones
y un muñeco para ser
convenientemente diseccionado.
Esto hizo que un corte normalito
cobrara vida gracias a la escena
que montaron. El adiós
acaeció con “Missing
Miss Charlene” en el que
imaginé que saldría
la chica esa que paseaba con
sus “trapitos” entre
el público pero no, con
lo que la duda me quedó
de si era de la función
o había venido así
expresamente.
Se apagaron
las luces y el escenario quedó
vacío. El público
permaneció en silencio.
Una calma tensa que se rompió
al grito de “Lordi, Lordi”
con el que nuestros protagonistas
reaparecieron en las tablas
de la sala. Quedaba el arsenal
definitivo que comenzó
con “Would you love a
monsterman?” en el que
la voz se hizo acompañar
de unos coros pregrabados por
única vez en la noche,
dato a tener en cuenta para
afirmar, nuevamente, que esta
gente no son ningún producto
de marketing sino una banda
real. Que te guste más
o menos, es otra cosa, pero
que aman el rock como nadie
es incontestable. Por fin, cuando
ya casi había perdido
la esperanza, llegó “Devil
is a loser”, en mi opinión
el mejor tema del grupo. No
tenía dudas pero como
el tiempo pasaba ya empezaba
a ponerme nervioso. Me entristece
que “Heaven is your hell”
se les olvide pero si no hubiera
sonado “Devil is a loser”
me habría cabreado. Con
ella se volvieron a largar.
La verdad es
que lo comentábamos David
y yo. Si pasaran de “Hard
rock Hallelujah” habría
que hacerles la ola y encumbrarles.
No porque sea mala, que, sin
ser la leche, no está
mal sino porque se reirían
del mundo con un par de narices.
Obviamente, esto es una utopía
porque con ella se consagraron
en Europa aunque fuera de una
forma sorprendente. Con micrófono
de hacha iluminado incluido
pero sin alas (esas las utilizó
en “Devil is a loser”)
Mr Lordi irrumpió una
vez Awa concluyó la intro.
Por cierto, que dentro de un
sonido sobresaliente “Hard
rock Hallelujah” rompió
esa tónica. Lo que pasa
es que a sus seguidores ya les
daba igual. Les comprendo porque
la actuación de Lordi
esta noche comparada con la
de 2007 fue antitética.
Si aquella vez nos encontramos
a un grupo apático, hoy
vivimos un más que notable
show de hard rock.
No sé
qué les deparará
el futuro. Si he de apostar,
diría que caída
en picado. Ojalá no ocurra
así porque Lordi tienen
mucho que decir, tanto en estudio
como en directo. No son los
salvadores de nada pero tampoco
lo pretenden. Simplemente, intentan
que nos divirtamos con ellos,
y a fe que lo hicimos.
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Lordi


Brandon Ashley & The Silverbugs


Fatal Smile




Lordi






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