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Bonnie Raitt
es corredora de fondo, luchadora
incansable... una superviviente,
artística, política
y personalmente. Ganadora de
cuatro Grammys, lleva tocando
la guitarra desde que cumplió
18 años y editando discos
desde los 21. Su particular
timbre de voz, alma negra en
piel de mujer blanca, encandiló
al mas de millar de asistentes
en su concierto de Madrid en
el reencuentro de esta curtida
cronista norteamericana con
una ciudad que parece adorarla
y que conecta al dedillo con
su particular imaginería
de blues, rock y soul.
Sus canciones
hablan de acordes y desencuentros,
de vida y dolor y todas tienen
sabor a viejos himnos folkies,
apuntes country y la marca intachable
del personal estilo guitarristico
de la norteamericana que agradeció
ser valorada en este lugar por
su técnica slide guitar
(consistente en estirar los
acordes con la ayuda de un tubito
metálico colocado en
el dedo para pulsar sobre las
cuerdas al modo que hacían
viejos bluesman del Missisippi)
ya que en su país dijo
estar considerada tan solo como
una buena cantante. Raitt, nacida
en 1949 en Los Angeles, estuvo
acompañada de una más
que solvente banda de rock en
la que no había lugar
para los virtusiosimos y si
la sensación de que dominan
las tablas con discreción
y soltura ya que quiera ella
o no es la Raitt la que concentra
todas las miradas de atención.
Su presencia eclipsó
a sus compañeros, tanto
en las texturas de su voz curtida
(en un estado de forma impecable)
como cuando atacaba alguno de
los solos de guitarra. Canciones
con más de 30 años
pertenecientes a su debut fueron
cayendo junto a algunas de las
piezas de “Nick of time”,
su referente en los noventa
y con el que consiguió
el respeto y loas que durante
años de carrera se le
negaron. Sus canciones brillan
más en directo que en
algunas de sus insulsas producciones
en vinilo tal y como sonaron
esa noche en el escenario del
Conde Duque las interpretaciones
de su reciente disco “Silver
Linig”(Warner).
Son muchos
los escritores de canciones
americanos que reivindican la
figura de Bonnie Raitt como
una artista única dotada
de un talento exquisito para
interpretar todos los registros
posibles y prismas de la canción
popular norteamericana... Su
concierto en Madrid fue un abanico
expandido sobre esos territorios
musicales tan poco entendidos
en ocasiones en este lugar de
la vieja Europa. La fórmula
de Raitt y sus actuales compañeros
de viaje en los escenarios es
“sencilla” y directa,
sin alardes, ni innovaciones,
pero con pocas concesiones a
la monotonía. Dos horas
de rock roll y sabores añejos
encantaron a los asistentes
que hasta en tres ocasiones
hicieron salir a Bonnie Raitt
y a su banda para realizar otros
tantos bises.
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