|
Podría
pensarse que el hecho de haber
permanecido durante toda la
actuación de KING CRIMSON
lo suficientemente cerca de
un cajón de graves me
produjo, por esas vibraciones
tan poderosas, serias alteraciones
mentales y dejó perturbadas
mis facultades sensoriales…
hasta tal punto que, en vez
de recordar que asistí
a un concierto, lo que pienso
es que sufrí una abdución.
Pero sé, de forma consciente,
que no sufrí ninguna
alucinación (aunque no
deja de ser cierto que las devastadoras
frecuencias de la “warr
guitar” de Trey Gunn debieron
descolocar todas mis entrañas
y mis neuronas).
Es verdad que
hacía tiempo que no tenía
esa sensación física
en un directo pero, en definitiva,
si al final tuve la impresión
de haber asistido a un fenómeno
paranormal —a medio camino
entre un concierto y un expediente
“X”— es porque,
no me cansaré de decirlo,
toda experiencia con esta banda
es como extraterrenal. La conjunción
de un sonido que desde la primera
hasta la última nota
es demoledor, con el nivel técnico
de unos músicos que tocan
en perfecta sincronización,
junto a la atmósfera
tan irreal e inquietante que
crean las composiciones y la
sobrenatural inteligencia para
(año tras año)
resultar atemporales, hace de
cualquier concierto de la formación
de Robert Fripp una vivencia
que escapa al raciocinio.
Está
claro que lo que para mí
supone el mayor atractivo de
KING CRIMSON, y en esta ocasión
más que en ninguna otra
de las anteriores que he podido
disfrutar, para otra gente resulta,
precisamente, lo más
criticable… es decir:
el hecho de acudir al concierto
de este grupo y encontrarse
exactamente con lo mismo que
ofrece la escucha de cualquier
trabajo suyo en estudio. Y no
voy a llevar la contraria, a
quien piense así, que
tiene razón (entre otros
motivos… porque es verdad).
Nadie puede negar que cuando
se va a un concierto de KING
CRIMSON ya sabe lo que le espera.
En definitiva, que no hay ningún
elemento sorpresa. Bien. Es
verdad. Pero tampoco quien argumente
esto, con lo que estoy de acuerdo,
puede ignorar que interpretar
en directo esas composiciones
tan endiabladas —y repetirlo
con la misma exactitud que en
la grabación— tiene
un gran mérito y que
esto es lo que la banda de Robert
Fripp nos ofrece, y lo que (los
que estén de acuerdo
conmigo) disfrutamos.
Dicho esto
no queda, por tanto, nada nuevo
que decir. Tan sólo insistir
en que desde el primer tema
hasta el bis, Robert Fripp en
las guitarras, Adrian Belew
(vocal y guitarra), Pat Mastelotto
como batería y Trey Gunn
con la increíble “warr
guitar” —que en
las frecuencias más bajas
es mortal—, la banda ejecutó
a la perfección el repertorio
elegido para esta ocasión
y que, esa sí fue la
única sorpresa, en vez
de consistir básicamente
en los cortes de último
trabajo titulado “THE
POWER TO BELIEVE” se centró
en el magnífico cd anterior
“THE CONSTRUKCTION OF
THE LIGHT”. Seguramente
por el hecho de escuchar de
nuevo en directo los temas que
ya interpretaron cuando vinieron
a la sala “La Riviera”,
pude constatar que este concierto
resultó todavía
más perfecto (si se me
permite la expresión)
que aquel. Eso sí, no
debemos ignorar que el escenario
y el espacio que ofrecían
el Cuartel Conde Duque eran
idóneos para un concierto
de estas características,
y sabiendo lo exigente que es
Fripp estas circunstancias le
ayudaron a tocar más
a gusto.
Eché
en falta que interpretaran el
genial tema “Eyes Wide
Open” de su último
trabajo —aunque a cambio
nos regalaron “One Time”,
que presenta similar estructura
a aquel (y es anterior)—
y que Adrian Belew estuviera
más... cómo decir...
más libre. Pero el grado
de control, de exigencia y de
seriedad del líder Robert
Fripp es implacable. Ahora bien
lo que es rigor interpretativo,
demostración de unas
facultades instrumentales fuera
de lo normal, ritmo intenso
en el repertorio, sonido realmente
espectacular y la satisfacción
de ver en vivo a unos genios,
eso... eso cumplió todas
mis expectativas una vez más
y, como he dicho y repetido
anteriormente, en esta ocasión
fue una experiencia propia de
un fenómeno extraterrenal.
Y no me arrepiento nada, desde
luego, de haber sido sacudido
por semejante descarga sonora...
aunque se pueda pensar que me
trastornó.
|


|