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Una suave brisa
primaveral envolvía el
patio de Conde Duque minutos
antes de la aparición
en escena del pianista y compositor
británico Michael Nyman.
Todo hacia presagiar una noche
de reencuentros y descubrimientos.
Se presentó, en esta
ocasión, Michael Nyman
al piano en Madrid con una de
sus permutaciones en forma de
banda compuesta por seis vientos,
dos violines, viola, chelo y
bajo eléctrico.
Con elegancia
y sobriedad, incluso parquedad
de palabras, Nyman aterrizó
en Madrid con la intención
de pasearnos por una parte de
su extensa obra compositora,
para piano solo o para piano
y orquesta. La enigmática
conjunción de los vientos
y el bajo eléctrico juguetearon
con los elaborados y repetitivos
fraseos de cuerda con un sonido
impecable desde las primeras
notas de la actuación.
El nivel emocional del concierto
fue subiendo enteros a medida
que los asistentes buceaban
y quedaban atrapados en el minimalismo
obsesivo que ofrecían
los interpretes en escena.
El arquitecto
Mies van der Rohe resumió
en la frase «Menos es
más» el ideario
de los minimalistas. Toda una
corriente de músicos,
también otros artistas
en diferentes disciplinas, lleva
más de medio siglo intentando
traducir eso en notas, oscilando
desde los precedentes de Satie
y sus amigos, a las influencias
de los mantras orientales. El
resultado ha sido música
repetitiva, que a partir de
frases musicales cortas y esenciales
van introduciendo variaciones
casi imperceptibles en cada
repetición para conseguir
una emocionante evolución
constante pero difícil
de apreciar. Durante muchos
años estos músicos
han sido parte de la vanguardia
musical, pero buena parte de
ellos no lograron romper la
barrera que les separaba del
gran público hasta que
Michael Nyman compuso las bandas
sonoras de “El contrato
del dibujante”, “El
cocinero, el ladrón,
su mujer y su amante”,
ambas de Peter Greenaway y recogió
un éxito masivo en 1992
con el score de “El Piano”
de Jane Campion. Nyman, para
muchos críticos especializados
representa el perfil más
comercial y asequible de esa
tendencia musical y gracias
al “éxito”
en el cine ha podido rentabilizar
el personal enfoque musical
por el que llevaba luchando
desde que a mediados de los
70 fundó su propia banda.
Nyman ha logrado
tras años de ser un artista
de culto, hechizar a un público
heterogéneo y muy amplio;
buena prueba de ello fue la
audiencia congregada en el Patio
del Conde Duque, puesto que
nada tenían que ver entre
sí, salvo el respeto
mostrado hacia la figura del
compositor durante toda la noche,
el ejecutivo cuarentón
trajeado (y señora) con
el seguidor veinteañero
de Maiden (camiseta incluida).
Tras cuarenta minutos de actuación
desaparecieron del escenario
los once músicos de su
banda y se quedo solo Nyman
a la derecha del escenario e
interpretó tres temas
de
“El Piano”. Utilizando
recursos de pianista clásico
Nyman pulsó con pasión
las teclas de su instrumento,
aunque bien es cierto que tuvo
algún problema con los
acordes rítmicos e incluso
se acopló parte de la
microfonía de su instrumento
durante sus interpretaciones
en solitario.
Las composiciones
más complejas y rápidas
de “El contrato del dibujante”,
“Prospero´s book”
y “Downing by the numbers”
fueron interpretadas, de nuevo
con la banda encima de las tablas
y jaleadas con entusiasmo por
una audiencia ya entregada de
lleno en ese momento. Hasta
tres bises, con sus correspondientes
saludos ceremoniales, tuvieron
que realizar, tras los más
de noventa minutos de su set,
la Michael Nyman Band. En el
último de ellos Nyman
de nuevo se sentó, con
una amplia sonrisa en su rostro,
solo ante su piano y dejo caer
las últimas perlas de
una inolvidable velada de acordes
y pasión.
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