|
Evidentemente,
como era de esperar para ver
de nuevo a Jon Anderson, Alan
White, Steve Howe, Chris Squire
y ... ¡Después
de tantos años al mismísimo
Rick Wakeman!... acudió,
acudimos, en masa todos los
miembros de “parque jurásico”
que no queríamos perdernos
lo que, a mi juicio, puede ser
de las últimas actuaciones
de esta legendaria formación,
y en una de sus formaciones
más legendarias. Digo
lo de “jurásico”
no con pretensión de
humillar, sino haciendo un guiño
cariñoso a esos grupos
considerados “dinosaurios
del rock”… y porque,
salvo una pequeña parte
del público, el resto
teníamos más golpes
que la cafetera de “yongüein”.
Y lógico
fue el exhaustivo repaso que
dieron a su repertorio más
clásico. Así pudimos
escuchar en directo temas como
“And You And I”,
“Don’t Kill The
Whale”, “Roundabout”,
“I’ ve Seen All
The Good People” y un
larguísimo etcétera
en una actuación que,
como siempre ofrece este grupo,
duró sobre dos horas
y media. Vamos, que aunque nos
quedamos con ganas de más
la verdad es que salimos más
que satisfechos.
Si cabe, a
mi juicio, criticar algo (ya
que al final alguna gente me
comentó que no notó
esto) es que la primera hora
—más o menos—
el sonido fue flojo. No tuvo
la ecualización, la contundencia
y el empaste que me esperaba.
Tan es así que en los
primeros temas me pareció
apreciar falta de sincronización
entre ellos y hasta algunos
“desafines”. Y el
caso es que estoy tan convencido
de esto que, sin moverme del
sitio que ocupé (entre
otras cosas porque no había
dios que pudiera moverse de
lo apretaditos que estábamos
en el “foso”) poco
a poco el sonido fue mejorando
hasta llegar a ser ¡ese!...
ese sonido que me esperaba,
que siempre ha caracterizado
a Yes y que sabía que
encontraría.
Salvando esto,
ver a estos genios, ha sido
nuevamente una experiencia inolvidable,
sobre todo escuchando temas
que nunca había tenido
la suerte de ver en directo
y que pensaba que nunca podría
disfrutar. No es que sea un
admirador a muerte de Rick Wakeman,
pero reconozco que como componente
primigenio imprimió un
estilo a los teclados de Yes
que no se lo salta ni un guardia...
y poder escucharle allí
en vivo esas melodías
tan personales fue todo un gozo.
No es que el resto de los componentes
quedara eclipsado por este músico,
porque es imposible teniendo
el tremendo nivel que tienen
todos y cada uno de ellos, pero
después de tantos años...
era como el más esperado.
Realmente si
hubiera que destacar a alguno
por encima del resto, sería
el guitarrista Steve Howe que,
dentro de su característica
discreción en escena,
mantuvo en todo momento un pulso
interpretativo impresionante
y que, cuando realizó
su sólo de guitarra,
se llevó al respetable
“ de calle”. Por
su parte Chris Squire, el tremendo
bajista (en todos los sentidos),
volvió a ser el componente
más “rockero”
en poses, espíritu y
sonido dando esa fuerza visual
de la que el resto parece que
adolece o pasa. Eso sí,
porque detrás la batería
de Alan White encajaba a la
perfección y reforzaba
la base rítmica de manera
soberbia.
Jon Anderson,
como siempre, místico...
simpaticote y, aunque más
justo de voz que en otras ocasiones
(y es que la edad no perdona),
demostrando que todavía
posee una tesitura cristalina
y de las más inconfundibles
del rock. En definitiva, no
sé si será el
último concierto que
vea de esta gente, pero después
de aquel fabuloso concierto
en el estadio del Rayo Vallecano
(hace la tira), este si es una
despedida no podría haber
sido mejor, en serio. Y sobre
todo con ese apoteósico
final de concierto que puso
a todo el público en
pie.
Bueno, los
que estaban sentados, que nosotros
aguantamos todo el rato como
jabatos allí en el foso.
De verdad, se podrá decir
que su música está
ya pasada de moda, sí...
pero que sus composiciones son
irrepetibles por la originalidad,
personalidad y nivel de interpretación,
eso no puede negarse. Como no
puede negarse tampoco que son
conciertos irrepetibles porque
son bandas únicas.
|



|