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Ya lo decía
mi madre, mucho antes de que
se “inventara” eso
del mestizaje musical, y es
verdad oye. Es cierto que los
negros tienen un sentido del
ritmo único. Y ¡Ojo!...
digo negros porque lo de “persona
de color” me parece ofensivo
por querer deformar una realidad.
¡De color somos todos,
qué leches!... y por
eso somos todos iguales, que
no sólo ellos son de
color. Bien. Efectuada esta
sincera declaración de
igualdad, a lo que íbamos:
que su sentido del ritmo es
ágil, contagioso, alegre
y universal sin perder su identidad...
¡Y no veas cómo
se mueven!... que era lo otro
que apostillaba mi madre.
En este sentido
Youssou n’ Dour, junto
con otros mundialmente conocidos
y reconocidos músicos
africanos, forma parte de los
máximos embajadores de
ese sentimiento, de esa capacidad
innata. Ya con Peter Gabriel,
cuando nos lo dio a conocer
(y ahora ya por su cuenta y
riesgo, y por méritos
propios), este músico
senegalés ha realizado
tal simbiosis entre la música
“occidental” (por
decirlo de alguna forma) y la
suya propia que hay que ser
obtuso para no disfrutarla —aunque
uno no sepa moverse tan bien—.
Pero no quisiera que nos confundiéramos.
La simbiosis (Del gr. simbiosis,
f. Asociación de organismos
de diferentes especies que se
favorecen mutuamente en su desarrollo.)
es “bidireccional”,
que no vaya a pensarse que es
que se han aprovechado de nosotros,
no. Ha sabido enriquecerse con
los sonidos y estructuras nuestras
pero nos ha dado esa frescura
y alegría que tiene el
ritmo natural del ser humano.
Y eso fue el
concierto. Una fiesta de ritmos
que, torpes algunos y de manera
soberbia otros (sobre todo los
compatriotas suyos que se adueñaron
de la parte central del foso),
bailamos sin descanso.
Ya me hubiera gustado a mí
moverme como lo hacían,
pero bueno... hice lo que pude
y lo disfruté, que es
lo que importa. Ahora bien,
lo que sí que disfruté
fue de una larga actuación
con un sonido impecable, limpio,
potente y de unos músicos
de verdad fabulosos... aparte
de la voz de Youssou n’
Dour que es todo un portento
de afinación, matices
y capacidad.
Lamentablemente
no puedo hablarte de temas concretos
que interpretó porque
no es de los músicos
que haya “estudiado”,
pero hizo un amplio repaso a
su discografía porque
fueron muchas las ocasiones
en que presentaba un tema y
la gente le aclamaba, señal
de que eran composiciones conocidas...
que yo reconocía una
vez que las empezaban. Tanta
era el júbilo de algunos
del público que, como
si fuera algo inevitable para
su cuerpo, se subieron al escenario
a bailar junto con el coro femenino,
coro que además de poseer
unas voces magníficas,
bailaba con una soltura envidiable.
En fin... que
de las actuaciones a las que
he acudido este mes de julio
en el Cuartel Conde Duque, esta
desde luego ha sido la más
bailonga, la más festiva
y alegre, con un sonido y una
interpretación genial.
¡Ah! Que se me olvidaba
(fundamental en este estilo
de música) la batería
y las percusiones estuvieron
impresionantes. ¡Qué
capacidad de ritmos! ¡Qué
juegos de tiempos! ¡Y
qué energía derrochaban
los músicos que tocaban
dichos elementos!... ¡Qué
pena no poseer esa capacidad
de ritmo que tienen, oye!
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