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El estar tocado
por una varita mágica
es un privilegio del que muy
pocos pueden presumir. Nosotros,
humildes mortales, nunca alcanzaremos
esa gloria ni rondaremos el
talento de la manera en que
otros lo hacen. En el mundo
de la música, Marillion
son una excepción. Puedo
comprender, y hasta entender,
que muchos no comulguen con
su propuesta; acepto, aunque
de peor forma, que otros tantos
se desengancharan desde la marcha
de Fish hace casi dos décadas;
pero de lo que no me quedan
dudas es que los que son envenenados
por el aguijón de sus
canciones llegan al punto del
fanatismo. Da igual “lo
que les eches” en disco
que para ellos siempre serán
“sus” Marillion
porque la nueva entrega de los
británicos, “Somewhere
else”, es un trabajo que
podría haber sido tachado
de controvertido. Ya lo comentaremos
en breve a la limón con
una entrevista que hicimos a
Steve Rothery pero con esta
obra el quinteto rompe completamente
con las sonoridades del genial
“Marbles” para adentrarse
de lleno en la modernidad del
pop rock actual, explorando
senderos que los acercan a Muse,
Radiohead o Coldplay. El camino
es peligroso pero ellos lo recorren
con clase.
Esto precisamente
es lo que venían a presentar
en esta gira porque el grupo
es de los enarbolan sus nuevos
discos con orgullo y desgranan
gran parte del material reciente.
Obviamente, esta visita también
estaba marcada (como en ocasiones
pretéritas) por la absoluta
ausencia de los cuatro primeros
discos, es decir, la época
Fish. Respetable pero incomprensible
para mí, como ya comenté
a propósito del “Marbles
tour 2004”. Y no, no es
que quiera vivir del pasado
porque, en mi opinión,
Hogarth es dios pero un guiño,
una perla, no tiene mayor trascendencia
y se agradecería.
Sea como fuere,
la sala se iba poblando lentamente
cuando saltaron a escena Vetusta
Morla. Totalmente desconocidos
para mí, este sexteto
madrileño propone una
música intimista, bastante
emotiva y con supuestas reminiscencias
del brit pop. Digo lo de supuestas
porque yo no tengo ni idea de
ese estilo y me enorgullezco
de ello. Encontrar unos teloneros
para Marillion sé que
es tarea harto complicada dada
su peculiaridad pero tal vez
un aire más roquero no
hubiera venido mal.
Me resulta
difícil valorar la actuación
de estos chicos de Tres Cantos
porque me siento tan alejado
del género que practican
que no me considero capaz de
decir si ellos son buenos o
malos. Yo me aburrí soberanamente
pero eso no quita para decir
que intentan crear atmósferas
con sus canciones. El que los
textos sean en castellano no
tiene mayor importancia porque
la voz de Pucho no termina de
abrirse paso, al ser intimista
no vocaliza del todo correctamente
y sólo entendí
palabras sueltas. No obstante,
tiene un bonito registro para
el estilo que desarrollan.
De entre los
temas que interpretaron, me
llamó la atención
la notable “Copenhague”
en un clima de serenidad que,
sinceramente, me gustó.
Otras como “Valiente”
o “Autocrítica”
no me llegaron en exceso. Repito
que si bien cumplieron y se
nota que tienen tablas porque
se han pateado casi todos los
locales de la capital, yo hubiera
preferido otra banda de apoyo
pero no quiero desmerecer a
Vetusta Morla, simplemente no
son lo que a mí me gusta
y se notó.
Diría
que, aproximadamente, la gente
que se acercó a Macumba
fue la misma en cantidad que
hace tres años a la extinta
Divino Aqualung. Ochocientas
personas sería la cifra
de asistentes que venían
dispuestos a aplaudir a rabiar
a sus ídolos porque,
reitero, para muchos de los
presentes Marillion es el grupo
de su vida y disfrutan de cada
segundo de su puesta en escena.
Con un telón teatral
de fondo y un juego de luces
cuidado, pasadas las nueve de
la noche los de las Islas irrumpieron
entre vítores. Comenzaron
con una gloriosa “Splintering
heart”, el corte que abría
“Holidays in Eden”.
Los escoceses tienen una gran
fortuna porque poseen decenas
de temas en su discografía
para combinar diferentes repertorios,
variarlos en cada gira e, incluso,
dentro de ella. Si mal no recuerdo,
de “Holidays in Eden”
cayeron la última vez
dos más típicas
como “The party”
y Cover my eyes” pero
ésa es la grandeza de
estos veteranos.
El sonido era
inmaculado. Sin embargo, Steve
Hogarth tuvo muchísimos
problemas las veces que se enfundó
su guitarra rosa y el propio
Rothery se vio obligado a cambiar
de guitarra alguna vez porque
no le convencía lo que
escuchaba. En cualquier caso,
ya quisieran el 95% de bandas
esa nitidez. El hecho de que
“Marbles” les haya,
de alguna manera, relanzado
no debe pasar por alto y así
en instantes significativos
esta obra salió a relucir.
Después de la bienvenida,
“You´re gone”
nos metió de lleno en
la velada. Esta canción
es excelente e intensa, sin
necesidad de ser cañera.
Hogarth, que
sigue siendo un monstruo como
cantante y un tremendo frontman,
anunció que acababan
de editar “Somewhere else”
y nos querían ofrecer
unas cuantas composiciones del
mismo. La primera de ellas fue
“Thankyou who ever you
are”, una de las mejores
y con unas inflexiones vocales
en el estribillo de quitar el
hipo. Los Marillion del siglo
XXI son originales y únicos,
aún más que habitualmente.
Sin margen de error, puedo asegurar
que sólo se podrían
asemejar, de lejos, a ellos
una banda como los holandeses
The Gathering en discos como
“Souvenirs” o Anathema
en sus momentos menos pasados
de vueltas. Con todo, “Somewhere
else” es más accesible
para el oyente y se demuestra
en el single “See it like
a baby”, en mi opinión
el tema más flojo en
estudio y también en
directo, facilón, excesivamente
comercial.
Con “Fantastic
place” llegaron los fallos
de la guitarra de Hogarth pero
no importó porque las
canciones de “Marbles”
ganan aún más
valor encima de las tablas gracias
a la teatralidad del vocalista
y la excelsa interpretación
del resto. Rothery queda siempre
en demasiado segundo plano para
ser un genio de las seis cuerdas;
Pete Trewavas combina sus imposibles
líneas de bajo con el
apoyo en los coros; Mark Kelly
es el que menos fama tiene pero
su labor con los teclados es
imponente; y de Ian Mosley poco
se puede decir, con ese aspecto
de venerable abuelo su precisión
como baterista es espectacular.
Reconozco que
Marillion me van a encantar
cada vez que les veo pero sería
faltar a la verdad si no dijera
que esa dualidad “Somewhere
else” – “Marbles”
que impregnó el concierto
dejó en el tintero muchísimas
imprescindibles. Siguiendo con
esta dupla, llegó la
novel “The wound”,
otra de las más destacadas
de la nueva entrega, probablemente
la más parecida en estructura
a las canciones de su predecesor
porque se fundió con
“The damage”, de
vuelta a “Marbles”,
como si fuera una sola. Independientemente
de lo que opine sobre la selección
del set list, me parecieron
unos minutos realmente emotivos
que nos sumergieron en un estado
que llegó al punto culminante
en “Somewhere else”
con esa triste melodía
que parece no querer terminar
nunca. Por el contrario, “The
last century for man”
me aburrió un poco sin
lograr atraparme.
Claro que
quizá es que se olvidó
su papel ya que después
llegó “Mad”
y opacó todo lo anterior.
Eso sí, me quejo y con
voz muy alta de que ésta,
que es una de las cinco partes
de las que se compone la increíble
“Goodbye to all that”,
fuera la única referencia
al memorable “Brave”.
Vale que puedan tocar lo que
les venga en gana pero esto
ya es demasiado para mí.
Con mi grado de exaltación
elevado casi al máximo
llegaron los recuerdos a “Anorakphobia”
en forma de “Separated
out”, una buena canción
sin más, y la magnífica
“Between you and me”,
otro cenit y en donde Hogarth
se volvió a lucir demostrando
que buena parte de lo que Marillion
representa en los últimos
tres lustros es gracias a sus
cualidades como cantante y a
su carisma. El evento estaba
a punto de finalizar pero tenía
que caer algo de “Afraid
of sunlight” y lo hizo
de la mejor manera posible,
con la genial “King”
que en la anterior gira no sonó
en Madrid. En mi criterio, uno
de esos temas imprescindibles
y que hacen de Marillion un
grupo especial.
Poco más
de noventa minutos sabían
a demasiado poco. La gente estaba
deseando más y así
lo hicieron saber. En poco tiempo,
el quinteto retornó con
unos bises más pausados
aún que la tónica
del concierto. Eso sí,
ojalá todos los pasajes
tranquilos fueran como estos
porque para continuar con la
traca “Afraid of sunlight”,
“Beautiful” significó
una grata sorpresa. Siempre
pensé que elegirían
el tema título pero no
me parece mal, ni mucho menos,
este otro corte. Por supuesto,
para mí una actuación
de Marillion no sería
tal sin “Easter”,
solitaria en la recuperación
del debut con Steve Hogarth,
“Season´s end”.
Puestos a pedir también
me resulta exagerado que ni
tan siquiera la otrora fija
“The uninvited guest”
haya sobrevivido en este revolucionario
repertorio que culminó
con “Faith”, la
canción que despide “Somewhere
else” que auguro que tampoco
pasará a la historia
aun siendo notable.
No obstante,
éste no podía
ser el adiós definitivo
ya que honrando y rindiendo
pleitesía a “Marbles”,
el colofón sí
que dignificó la historia
del grupo. “Neverland”
es apoteósica, épica,
intensa, emotiva, resume en
diez minutos lo que Marillion
son. Me parece un acierto el
redondear un show de dos horas
con ella. Repito que si hubiera
elegido yo, para nada se hubiera
asemejado a lo que había
sonado esa noche pero, de nuevo,
Marillion vencieron y convencieron,
no tanto como la pasada gira
pero estos son de los que no
bajan del notable alto.
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Marillion

Vetusta Morla


Marillion




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