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MASSIVE ATTACK + DOT ALLISON

Madrid. 29 Mayo 2003. Auditorio Parque Juan Carlos I

Las ideas se desgastan en las manos de los artistas mediocres. Usan y abusan de ellas distorsionado su significado, de forma que sus aristas se erosionan y aquello que al principio fue provocador, inquietante o revolucionario-conviene no olvidar que toda idea valiosa contiene alguno de esos ingredientes, o la suma de todos a la vez-acaba reducido, en sus manos, a la condición de mera banalidad o simple moda pasajera. Tan solo la disciplina intelectual, por supuesto también la disciplina moral, y el talento (lo primero puede adquirirse a base de mucho esfuerzo; lo segundo no, o se tiene o no se tiene... así de simple) consiguen que las excelentes ideas de tono introspectivo aguanten el paso del tiempo y sean germen a su vez, de nuevos proyectos, nuevas estaciones por recorrer. Massive Attack se encuentran, desde hace más de una década, entre ese tipo de talentos disciplinados, entre aquellos que no han asfixiado su capacidad compositora y expanden, como lujosos embajadores del conflicto interior, su creatividad haciendo partícipe a todo aquel que conecte con su imaginería.

Tensión interna que sencilla y magistralmente no acaba de estallar, magnetismo animal, musical y escénico, son tan solo tres pinceladas que sintetizan el apasionante e impecable espectáculo que ofrecieron Massive Attack a los asistentes a su concierto de en el Auditorio del Parque Juan Carlos I, segunda cita en la gira española de presentación de su cuarto trabajo discográfico, "100th window". Massive Attack fueron los encargados de abrir, esa primaveral tarde, la segunda edición del Festival Schweppes Urban Mix, que este año propuso en Madrid las actuaciones de Thievery Corporation y Bjork.

La cantante Dot Allison, que en la actualidad también forma parte del colectivo Attack, actuó en calidad de telonera durante 35 minutos ofertando pop dulzón, un tanto tedioso, de guitarras acústicas y voz suave que prácticamente pasó desapercibido entre los pocos espectadores que en ese momento estaban en el recinto.

Ropas caras y olor a Channel número 5, nutrida representación de la "gente guapa" de la capital, convivían con olores dulzones de psicotrópicos, veinte añeros y algunos personajes periféricos, aunque fueron los primeros los que predominaron entre el numeroso público que lleno este auditorio al aire libre. Un reloj cronógrafo, situado en el margen superior izquierdo del escenario, revelaba sin ser conscientes de ello la cuenta atrás del ansiado encuentro con el grupo pionero del estilo que se conoce por “trip-hop”, aunque a día de hoy hayan superado con creces ese acotamiento...

La banda salió al escenario cuatro minutos después de las diez y media de la noche, las primeras notas de "Future proof" se entremezclaron con un chorro luminoso de unos y ceros de color verde que nadaban y parpadeaban en la pantalla gigante

instalada al fondo del escenario. El cañón láser terminó por sumergir a los asistentes en una marea digital. Con el público un tanto boquiabierto, la irrupción de 3D, Robert del Naja, no hizo más que desatar el delirio. Ciertas emociones tardías resultan gratificantes, aunque por supuesto con la misma carga del consiguiente arrebato al iniciar el viaje, y proporcionan momentos de felicidad indescriptible. La traducción en directo de esta composición resultó pura pulsación cardiaca, ya que el punto oscuro (y atractivo) del último disco se potencia mas en escena. Con "Future proof", canción que abre "100th window", iniciaron una actuación que se caracterizó por la fragmentación de las canciones mediante silencios y pausas (jugando con las dinámicas, los tempos) y el intercambio de diferentes músicos e instrumentistas durante todo su concierto.

Un ensordecedor griterío estalló cuando apareció en escena un desgarbado y tranquilo Daddy G. Él y 3D, interpretaron “Risingson”, deliciosamente envolvente aunque esta versión en directo no incluyó los samplers de la Velvet Underground ya que potenciaron la presencia de las guitarras y base rítmica en el desenlace del tema. La información fluía en la pantalla, códigos binarios, datos de situación de Madrid, temperatura, población. De ahí a una conexión mundial, viaje global a través de la pantalla para acabar en Madrid de nuevo, deliciosa elipsis visual y sonora ya que casi tanto protagonismo tuvo la música como la puesta en escena plagada de acertados elementos multimedia y centrada en torno a un monumental panel luminoso en el que, aparecían mensajes pixelados con constantes referencias pacifistas. Así, en "Risingson", preguntas como "¿Dónde están las armas de destrucción masiva?" o "¿Es el mundo más seguro?" se solaparon por encima del fraseo de 3 D y Daddy G.

El sonido fue perfecto, envolvente, en las primeras filas y frente al escenario, no tanto, lamentablemente, en ambos laterales del recinto. En el concierto de Madrid actuaron seis cantantes, 3D y Daddy G, además de sus cómplices habituales: Horace Andy, Sarah Nelson y Liz Fraser. Dot Allison, telonera, puso también su grano de arena a las voces. Suyas fueron las interpretaciones en "Black milk" y "Teardrop", que popularizó la cantante de Cocteau Twins, Liz Fraser, en el álbum "Mezzanine". Un colectivo al servicio de la música, esa sensación queda de nuevo tras verles desfilar por escena sin ningún tipo de afán de protagonismo, puesto que el intercambio en escena de los miembros del colectivo esta en función de la composición que ejecuten

Horace Andy, dotado de una voz cadenciosa interpretó magistralmente, junto a Sarah Nelson, "Hymn of The Big Wheel", una optimista canción que el colectivo de Bristol compuso junto a Neneh Cherry hace ya más de doce años. "Name taken" devolvió al grupo al último disco, para luego dar un giro de 180 grados y volver a los orígenes, a "Blue lines", el disco que abrió el camino para que muchos artistas no tuvieran prejuicios para explorar territorios trip-hop. La voz de Sarah Nelson sedujo en cada pliegue, en cada arista, subiendo o diluyéndose como denotaron sus interpretaciones en “Safe from Harm” y “Unfinished Simpathy”, dos temas insignia de ese disco “Blue Lines”

La combinación explosiva de ritmos, reggae, dub, funky y jazz se hizo palpable en "Hymn of the big wheel" y "Safe from harm", al mismo tiempo que se proyectaban los escalofriantes datos del gasto mundial en armamento, la "factura final" de la pasada guerra de Irak o el número de hectáreas que se estaban destruyendo en ese preciso instante. Otra composición de “Mezzanine”, "Inertia Kreeps", cerró la actuación antes de los bises, que comenzaron con Dot Allison supliendo los registros grabados por Sinnead O'Connor en "What your soul sings".

Más de dos horas de concierto y el público chillón, con una sonrisa de oreja a oreja, demandaba más. Provocadores, inquietantes y revolucionarios, persiguiendo la pulsión, Massive Attack consiguieron esa noche una pagana comunión con su público al agitarnos los sentidos. El fascinante fin de fiesta llegó con "Unfinished Sympathy", otro recuerdo a 1991 en forma de batidora rítmica que contó incluso con los emocionales arreglos de cuerda de una espléndida violinista.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

www.massiveattack.co.uk