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Las ideas se
desgastan en las manos de los
artistas mediocres. Usan y abusan
de ellas distorsionado su significado,
de forma que sus aristas se
erosionan y aquello que al principio
fue provocador, inquietante
o revolucionario-conviene no
olvidar que toda idea valiosa
contiene alguno de esos ingredientes,
o la suma de todos a la vez-acaba
reducido, en sus manos, a la
condición de mera banalidad
o simple moda pasajera. Tan
solo la disciplina intelectual,
por supuesto también
la disciplina moral, y el talento
(lo primero puede adquirirse
a base de mucho esfuerzo; lo
segundo no, o se tiene o no
se tiene... así de simple)
consiguen que las excelentes
ideas de tono introspectivo
aguanten el paso del tiempo
y sean germen a su vez, de nuevos
proyectos, nuevas estaciones
por recorrer. Massive Attack
se encuentran, desde hace más
de una década, entre
ese tipo de talentos disciplinados,
entre aquellos que no han asfixiado
su capacidad compositora y expanden,
como lujosos embajadores del
conflicto interior, su creatividad
haciendo partícipe a
todo aquel que conecte con su
imaginería.
Tensión
interna que sencilla y magistralmente
no acaba de estallar, magnetismo
animal, musical y escénico,
son tan solo tres pinceladas
que sintetizan el apasionante
e impecable espectáculo
que ofrecieron Massive Attack
a los asistentes a su concierto
de en el Auditorio del Parque
Juan Carlos I, segunda cita
en la gira española de
presentación de su cuarto
trabajo discográfico,
"100th window". Massive
Attack fueron los encargados
de abrir, esa primaveral tarde,
la segunda edición del
Festival Schweppes Urban Mix,
que este año propuso
en Madrid las actuaciones de
Thievery Corporation y Bjork.
La cantante
Dot Allison, que en la actualidad
también forma parte del
colectivo Attack, actuó
en calidad de telonera durante
35 minutos ofertando pop dulzón,
un tanto tedioso, de guitarras
acústicas y voz suave
que prácticamente pasó
desapercibido entre los pocos
espectadores que en ese momento
estaban en el recinto.
Ropas caras
y olor a Channel número
5, nutrida representación
de la "gente guapa"
de la capital, convivían
con olores dulzones de psicotrópicos,
veinte añeros y algunos
personajes periféricos,
aunque fueron los primeros los
que predominaron entre el numeroso
público que lleno este
auditorio al aire libre. Un
reloj cronógrafo, situado
en el margen superior izquierdo
del escenario, revelaba sin
ser conscientes de ello la cuenta
atrás del ansiado encuentro
con el grupo pionero del estilo
que se conoce por “trip-hop”,
aunque a día de hoy hayan
superado con creces ese acotamiento...
La banda salió
al escenario cuatro minutos
después de las diez y
media de la noche, las primeras
notas de "Future proof"
se entremezclaron con un chorro
luminoso de unos y ceros de
color verde que nadaban y parpadeaban
en la pantalla gigante
instalada al fondo del escenario.
El cañón láser
terminó por sumergir
a los asistentes en una marea
digital. Con el público
un tanto boquiabierto, la irrupción
de 3D, Robert del Naja, no hizo
más que desatar el delirio.
Ciertas emociones tardías
resultan gratificantes, aunque
por supuesto con la misma carga
del consiguiente arrebato al
iniciar el viaje, y proporcionan
momentos de felicidad indescriptible.
La traducción en directo
de esta composición resultó
pura pulsación cardiaca,
ya que el punto oscuro (y atractivo)
del último disco se potencia
mas en escena. Con "Future
proof", canción
que abre "100th window",
iniciaron una actuación
que se caracterizó por
la fragmentación de las
canciones mediante silencios
y pausas (jugando con las dinámicas,
los tempos) y el intercambio
de diferentes músicos
e instrumentistas durante todo
su concierto.
Un ensordecedor
griterío estalló
cuando apareció en escena
un desgarbado y tranquilo Daddy
G. Él y 3D, interpretaron
“Risingson”, deliciosamente
envolvente aunque esta versión
en directo no incluyó
los samplers de la Velvet Underground
ya que potenciaron la presencia
de las guitarras y base rítmica
en el desenlace del tema. La
información fluía
en la pantalla, códigos
binarios, datos de situación
de Madrid, temperatura, población.
De ahí a una conexión
mundial, viaje global a través
de la pantalla para acabar en
Madrid de nuevo, deliciosa elipsis
visual y sonora ya que casi
tanto protagonismo tuvo la música
como la puesta en escena plagada
de acertados elementos multimedia
y centrada en torno a un monumental
panel luminoso en el que, aparecían
mensajes pixelados con constantes
referencias pacifistas. Así,
en "Risingson", preguntas
como "¿Dónde
están las armas de destrucción
masiva?" o "¿Es
el mundo más seguro?"
se solaparon por encima del
fraseo de 3 D y Daddy G.
El sonido
fue perfecto, envolvente, en
las primeras filas y frente
al escenario, no tanto, lamentablemente,
en ambos laterales del recinto.
En el concierto de Madrid actuaron
seis cantantes, 3D y Daddy G,
además de sus cómplices
habituales: Horace Andy, Sarah
Nelson y Liz Fraser. Dot Allison,
telonera, puso también
su grano de arena a las voces.
Suyas fueron las interpretaciones
en "Black milk" y
"Teardrop", que popularizó
la cantante de Cocteau Twins,
Liz Fraser, en el álbum
"Mezzanine". Un colectivo
al servicio de la música,
esa sensación queda de
nuevo tras verles desfilar por
escena sin ningún tipo
de afán de protagonismo,
puesto que el intercambio en
escena de los miembros del colectivo
esta en función de la
composición que ejecuten
Horace Andy,
dotado de una voz cadenciosa
interpretó magistralmente,
junto a Sarah Nelson, "Hymn
of The Big Wheel", una
optimista canción que
el colectivo de Bristol compuso
junto a Neneh Cherry hace ya
más de doce años.
"Name taken" devolvió
al grupo al último disco,
para luego dar un giro de 180
grados y volver a los orígenes,
a "Blue lines", el
disco que abrió el camino
para que muchos artistas no
tuvieran prejuicios para explorar
territorios trip-hop. La voz
de Sarah Nelson sedujo en cada
pliegue, en cada arista, subiendo
o diluyéndose como denotaron
sus interpretaciones en “Safe
from Harm” y “Unfinished
Simpathy”, dos temas insignia
de ese disco “Blue Lines”
La combinación
explosiva de ritmos, reggae,
dub, funky y jazz se hizo palpable
en "Hymn of the big wheel"
y "Safe from harm",
al mismo tiempo que se proyectaban
los escalofriantes datos del
gasto mundial en armamento,
la "factura final"
de la pasada guerra de Irak
o el número de hectáreas
que se estaban destruyendo en
ese preciso instante. Otra composición
de “Mezzanine”,
"Inertia Kreeps",
cerró la actuación
antes de los bises, que comenzaron
con Dot Allison supliendo los
registros grabados por Sinnead
O'Connor en "What your
soul sings".
Más
de dos horas de concierto y
el público chillón,
con una sonrisa de oreja a oreja,
demandaba más. Provocadores,
inquietantes y revolucionarios,
persiguiendo la pulsión,
Massive Attack consiguieron
esa noche una pagana comunión
con su público al agitarnos
los sentidos. El fascinante
fin de fiesta llegó con
"Unfinished Sympathy",
otro recuerdo a 1991 en forma
de batidora rítmica que
contó incluso con los
emocionales arreglos de cuerda
de una espléndida violinista.
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